noviembre 09, 2011

Quiso ser César y acabó siendo Nerón

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Silvio Berlusconi fue “asesinado” (políticamente) no muy lejos de donde murieron asesinados (de verdad) los emperadores Julio César y Nerón. Obviamente, il Cavaliere quiso morir como el primero, traicionado por los suyos, a sabiendas de la tremenda injusticia que cometían, a sabiendas de que el pueblo romano lo idolatraba; y así pasó Julio César a la historia (hasta le dedicaron un mes en su honor).

El primer ministro italiano lo preparó todo para morir así: “Si debo morir lo haré en el Parlamento”, decía a sus más cercanos, con la esperanza de que luego citaran estas fingidas palabras a la prensa. Luego dijo: “¡Quiero ver la cara de los traidores!” y cuando ocho diputados cumplieron su amenaza y lo abandonaron, anotó en su cuaderno para que todo el mundo lo viera: “8 traidores”.

Pero, que nadie se confunda: Berlusconi no murió como Julio César, murió como el infame Nerón, apuñalado también, pero chillando hasta el final.

Mientras Roma ardía a sus pies, Nerón se puso a tocar la lira; mientras Italia se hundía, Berlusconi anunciaba hace dos semanas a sus socios de la UE que los iba a sorprender ¡con un disco! No me extraña que Sarkozy y Merkel se miraran y sonrieran con complicidad cuando un periodista italiano les preguntó si confiaban en Silvio cuando prometió que iba a aplicar las medias de ajustes que el país necesitaba urgentemente.

No está bien eso de hacer leña del árbol caído, pero mucho me temo que Berlusconi, mientras se prepara para los juicios que le esperan, amenaza con hacerse cantante melódico. Dios no lo quiera.

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