noviembre 28, 2011

Sabia virtud de conocer el tiempo

Leonardo Curzio (@leonardocurzio)
Analista político
El Universal

Uno de los más desconcertantes rasgos de la cultura nacional es la forma en que nos relacionamos con el tiempo. Ya lo han señalado distintos informes que miden la competitividad de los países, que un mexicano emplea cuatro o cinco horas para hacer lo que un nórdico desahoga en una hora. No tenemos esa urgencia del evangelio de Benjamín Franklin de que “el tiempo es oro”, ni tampoco nos sentimos aludidos por la excitativa de Séneca de ser tan avaros con nuestro tiempo como lo somos con nuestro dinero. Nadie te da 200 pesos, pero muchos podemos perder tardes completas en triviales conversaciones o en el dulce placer de no hacer nada. Nuestra relación con el Dios “Cronos” es tortuosa y patológica.

Ya es parte del anecdotario nacional aquello de la manipulación del reloj legislativo para decir que hoy es ayer o barbaridades de ese tamaño. También es motivo de escarnio popular el retraso de más de un año en el nombramiento de los consejeros del IFE. Todo da igual, el calendario avanza y buena parte de la clase política se comporta como si fuera inmortal y no estuviese sujeta a la norma del tiempo como cualquier otra persona o institución. Lo peor no es que seamos lentos para hacer casi cualquier cosa, sino la combinación fatídica de lentitud con anticipación de los tiempos para un puñado selecto de propósitos. No avanzan las reformas, ni se atienden los temas más delicados del país (hasta las obras van sumamente lentas) y en contraste los partidos políticos han adelantado casi tres meses (por decir lo menos) sus procesos de selección de candidatos. Han quedado tan abiertamente exhibidos al descubrir que (según el calendario electoral) el proceso de selección de candidatos debía darse a partir de mediados de diciembre. ¡Qué país tan curioso tenemos: las reformas nunca concluyen y las estelas de luz no se terminan, pero los candidatos salen del huevo como si fueran precoces sietemesinos! Yo me pregunto, ¿si los partidos políticos pusieran la mitad del empeño en sacar adelante las cosas importantes de la agenda nacional que ponen en la selección y promoción de sus candidatos, qué gallo nos cantaría? Porque eso no solamente no lo tienen a tiempo, sino que lo cocinan antes de tiempo, exponiéndose así a la vergonzosa alternativa de simular que habrá precampañas para elegir candidatos. Peña Nieto y López Obrador han reconocido que el llegar a la meta dos meses antes del calendario hace superfluas las prerrogativas de las precampañas y un buen gesto por su parte sería donar el dinero de las precampañas a una de las tantas causas justas y amorosas que dicen defender. Por supuesto, sus bases envilecidas aplaudirán lo que haga falta, porque para eso están. para aplaudir lo que su caudillo diga, pero los ciudadanos independientes se percatan de que las preocupaciones de la gente siempre pueden esperar pero las prioridades políticas de los caudillos no.

Qué curioso manejo del tiempo: lo que les importa a ellos sale con anticipación y lo demás lo mandan a las calendas griegas. Pero detengámonos en el funcionamiento general del país y observemos lo que ocurre fuera. En buena lógica, precampañas sólo debería tener el PAN, donde aparentemente hay una auténtica competencia pero, ¿es realmente necesario invertir casi ocho meses (súmele todos los adelantados) en elegir precandidatos y organizar campañas? Si lo vemos con frialdad eso mismo se podría hacer en seis meses. La izquierda resolvió en tres días (con dos encuestas) su dilema. El PRI ya tenía candidato desde hace seis años y el PAN va hacer una interna en la que participarán, en el mejor de los casos, más de un millón y medio de militantes. No encuentro justificación para perder tantos meses en repetir generalidades que ya convencieron a los convencidos y esperar hasta julio de 2012 para decidir quien será Presidente de la República me parece eterno.

España, en un año crítico, logró pasar una reforma constitucional, una modificación a las leyes laborales, tener campaña electoral y toma de posesión de un nuevo gobierno en 6 meses. Aquí si bien nos va, dentro de casi un año el nuevo gobierno tomara las riendas del país. ¿No es una absurda cantidad de tiempo y de energías perdidas en esa obsesión electorera en la que nos hemos metido? Yo digo que en ocho meses se podría seleccionar candidatos, hacer campaña, celebrar elecciones, desahogar impugnaciones y garantizar el cambio de administración y eso reduciría la polarización y ayudaría a la economía. Pero eso no parece preocuparles.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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