noviembre 11, 2011

Son republicanos, gracias a Dios

Fran Ruiz (@perea_fran)
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

No sabemos quién será el republicano que se enfrente a Barack Obama dentro de un año, pero los que se pelean por la candidatura presidencial están para echarse a temblar.

Por lo pronto, quien debe estar todavía temblando es el gobernador de Texas, Rick Perry. Hasta hace dos noches iba a pasar a la historia de EU como el gobernador que más veces ha firmado sentencias de muerte sin que le tiemble el pulso —234 condenas, 82 más que su antecesor, el ex presidente George W. Bush—, récord, por cierto, que le enorgullecía y por el que era muy aplaudido; pero, a partir de ahora, se le conocerá por protagonizar el espectáculo más bochornoso jamás ocurrido durante un debate entre aspirantes republicanos a la Casa Blanca.

Ocurrió la noche del miércoles, en lo que parecía otro anodino debate. Durante su intervención, Perry se quedó en blanco: “Cuando llegue a Washington suprimiré tres agencias gubernamentales: Comercio, Educación y …¿cuál es la tercera?”... tic, tac, tic, tac… “La EPA”, dijo su rival Mitt Romney, en alusión a la Agencia de Protección Medioambiental, a lo que Perry respondió con risa nerviosa “EPA…no. La tercera agencia sería… quitaría Educación, Comercio y”…tic, tac… “no puedo, oops!”

El lamentable lapsus, que fue recibido por el público presente con una mezcla de pena ajena y lástima, se ha puesto ya a la altura de aquel legendario primer debate televisado entre dos candidatos, ocurrido en 1960, cuando el sudor nervioso jugó una mala pasada al republicano Richard Nixon y fue decisivo para la victoria del demócrata John F. Kennedy.

La mala suerte para Perry es que, para colmo, el planeta entero puede ver, una y otra vez, su rostro idiotizado gracias a YouTube, o puede leer en Twitter comentarios mordaces como el escrito por una asesor de Bush, que describió el traspiés de Perry como el “equivalente humano al trasbordador Challenger”, el que explotó ante los ojos de los familiares de los astronautas y del presidente Reagan, cuyo rostro se petrificó de estupefacción ante las cámaras que lo grababan en directo. En resumen, que las posibilidades de que el gobernador texano se convierta en candidato republicano, y que encima gane a Obama, son tan pocas como la de cierto aspirante mexicano con apellido de animal. De hecho, Perry podría dedicarse a lo que mejor sabe hacer, a parte de firmas condenas a muerte: rezar.

Rezar, es, de hecho, a lo que se dedican muchos de los políticos que ambicionan o que han ambicionado la Casa Blanca, como la venida a menos Sarah Palin, quien hace unas semanas anunció que se retiraba de la contienda tras haberlo consultado ¡con Dios!





Y qué decir de la única mujer en la carrera, la estrella menguante del Tea Party, Michelle Bachmann, devota de la Iglesia Luterana Evangélica de Salem, probablemente la más radical de las diferentes corrientes evangelistas que profesan nada menos que 80 millones de estadunidenses.

El Dios al que reza Bachmann tiene varias, digamos, obsesiones. En la página web de los Luteranos de Salem equipara a los gays con “ladrones, asesinos, borrachos y violadores de la voluntad de Dios”. La aspirante republicana comparte esta doctrina al extremo de que su marido “cura” a gays en su clínica y lo hace, como no, mediante la oración. Hay, sin embargo, otra particularidad que hipoteca el sueño presidencial de Bachmann: su Iglesia considera que el Papa es la reencarnación del Anticristo, tal como profesaba Lutero hace cinco siglos. Por mucho que la congresista trate de tomar distancia y de repetir que ella no cree que Benedicto XVI sea el demonio “en sentido literal”, difícilmente tendrá el voto de los 70 millones de católicos estadunidenses.

Pasemos ahora a un candidato impertinente: Herman Cain. El ex rey de la pizza, quizá por que le sobra dinero y le falta madurez política, se siente a gusto lanzando al aire las propuestas más populistas o lo que se le ocurre sin medir las consecuencias, como su plan para levantar una valla eléctrica a lo largo de la frontera con México. Pero nada de toques inofensivos como los de plaza Garibaldi, sino descargas mortales, para que sepan los inmigrantes con quién están jugando.

Cain se hace el chistoso comparando a Estados Unidos con una gigantesca pizzería fortificada con vallas electrificadas, lo que bastaría para ser automáticamente expulsado de la carrera; pero no, resulta que ha hecho gracia entre los votantes republicanos que lo han colocado sorpresivamente en el liderazgo. Sin embargo, el estado de gracia del único aspirante republicano con el electorado conservador podría tener las horas contadas tras ser acusado de acoso sexual por cuatro mujeres.

Entre el “lapsus” de Perry y los problemas de falda de Cain, la carrera por la candidatura republicana parece ganada por el ex gobernador de Massachussets, Mitt Romney, cuyo bisabuelo, por cierto, se estableció en Chihuaha, huyendo de la persecución contra la poligamia de los mormones.

Que Romney pasee con orgullo su confesión mormona (que profesan sólo seis millones de estadunidenses) no es en sí un problema, pero sí lo es que mezcle sin complejos religión y Estado, y que afirme que “Dios creó a Estados Unidos para que dirija el mundo”, o que sea partidario de reintroducir la teoría de la Creación en las escuelas o que considere que el cambio climático “es una excusa de los intelectuales de izquierdas para controlarnos”.

Este es el nivel han caído los defensores del Grand Old Party contaminado ya sin remedio por el fundamentalismo del Tea Party.

Si Abraham Lincoln, el primer presidente republicano de EU, levantara la cabeza, no tendría dudas, votaría al demócrata Obama.

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