noviembre 25, 2011

Suicidio y libertad

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

Ilya Zhitomirskiy apenas tenía 22 años de edad y parece que él fue quien decidió ponerle punto final a su existencia. Reconocido por su talento en la programación y las matemáticas, este joven de origen ruso había sido uno de los cofundadores del proyecto Diaspora (diasporafoundation.org), una ambiciosa red social alternativa a Facebook.

Varios comentarios han surgido en torno a su deceso, algunos hablan de su manifiesto deseo de querer cambiar el mundo, de su particular visión sobre el papel de las nuevas tecnologías que entraban en tensión con su misma situación emocional (http://bit.ly/uHP4Jz). Eso es algo que viven muchos desarrolladores de las nuevas tecnologías, algo destacable en el Valle de Silicio y que ha sido relatado por Po Bronson en El nudista del turno de noche.

Dichos desarrolladores se debaten entre el afán de notoriedad, de ser reconocidos públicamente y una enorme presión para cumplir con los tiempos y las demandas del capital de riesgo. Es cierto que tener ideales de grandes cambios sociales, como era el caso de Zhitomirskiy, era un objetivo personal que podía ser motivador y emocionante, pero tambien frustrante y doloroso cuando la presión y las demandas de quienes lo rodeaban se centraban sólo en los resultados y soslayaban las cuestiones emocionales o personales por las que atravesaba.

Emprendedores y talentos como Zhitomirskiy conviven en una constante tensión a diversas escalas, entre los experimentos, el impacto imaginado de sus creaciones y la escala de la agencia real (de la libertad efectiva para lograr lo que se proponen o valoran como importante). Es decir, los programadores como Zhitomirskiy son víctimas de los sistemas complejos y distribuidos que están mucho más allá de sus capacidades individuales para dominar o controlar.

En esencia, internet y las nuevas tecnologías permiten ver la vida de una manera que antes no era factible imaginar, se accede a nuevas escalas de experiencia y a formas de comunicación inéditas, ¿pero hasta dónde las mismas se tornan espacios para la agencia personal? Es decir, ¿cómo se puede, en estos tiempos, lograr que la individualidad persista “sanamente” y prospere en entornos cada vez más conectados y sociales? Y en tal sentido ¿hasta dónde llega la libertad digital?

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