noviembre 02, 2011

Terquearle o cambiarle

Manuel J. Jáuregui
Reforma

El puntero priista Enrique Peña Nieto y sus manejadores de imagen televisivos tendrán que tomar pronto una decisión: le terquean arrastrando la pesada ancla en la que se ha convertido el CACIQUE coahuilense Humberto Moreira, o bien deciden dejar de cargar el estorboso peso que puede frenar o descarrilar la marcha de Peña Nieto hacia Los Pinacates.

Moreira, cuando llegó a la presidencia del PRI, era una figura regional, no nacional: en el norte se le conocían sus mañas y cómo se las gasta, el que haya dejado a su HERMANO en la Gubernatura de Coahuila fue la primera pista para el resto del País de que este político tiene de moderno lo que una yunta.

Lo que ha salido a relucir desde entonces ya lo ha convertido en figura nacional, no por nada bueno, sino por haber arruinado caprichosa y fraudulentamente a un pobre Estado de por sí azotado por la violencia, la corrupción, y altos niveles de desocupación.

Sin ánimo de ofender a nadie, sólo siendo objetivos, el perfil que tiene HOY la Nación mexicana del presidente del PRI es uno que está totalmente REÑIDO con la modernidad que pregona su casi ungido candidato presidencial, Peña Nieto.

Es Moreira la ANTÍTESIS del mensaje que los productores, directores, guionistas y difusores de Peña Nieto pretenden divulgar.

Moreira se dice muy cercano a la señora Gordillo y promete realizar con ella una alianza (Panal-PRI) que, según esto, le dará a Peña Nieto UN MILLÓN DE VOTOS, pero más que eso, le dará la posibilidad al PRI de tener personal afín EN TODAS LAS CASILLAS del País, por aquello del "ratón loco", el "carrusel" y otras maquinarias inventadas por el viejo PRI, del cual Moreira resulta una prototípica remembranza.

Quedarse con Moreira al frente del PRI, enfrentando fuertes cuestionamientos reiterativos sobre la falsificación de documentos, el excesivo endeudamiento que tiene postrado a Coahuila y el enriquecimiento inexplicable de algunos cercanos colaboradores es como andar con un paraguas en la mano apuntando al cielo en medio de una tormenta.

Peña Nieto se verá obligado a responder por su encubrimiento de otra joya del priismo, su antecesor MONTIEL, y también a defender reiteradamente al presidente de su partido.

No sabemos qué decidirá Peña Nieto, mas lo que sí podemos afirmarles es que sabemos de primera mano que en una reunión con líderes empresariales se le preguntó al precandidato respecto a la evidente contradicción que representa el tener al frente de su partido a un espécimen que emana del Jurásico, y el mensaje que él (Peña Nieto) propone para México de modernidad en todo.

Por lo que sabemos la respuesta de Peña Nieto fue una mueca de desprecio (hacia la pregunta, no hacia el Tiranosaurio Moreirex) y cambió de tema.

No le gustó que le pisaran ese callo, lo cual significa que la primera reacción de la cúpula priista es y será DEFENDER al líder tricolor... ¡hasta que ya no puedan inventar excusas!

Llegará un momento en el que las pruebas que se acumulan en poder de la PGR (recordemos que ya la Procuraduría Fiscal presentó una denuncia ante esa dependencia) irán conformando un cuerpo delictivo que lo irá acorralando.

Entonces se verán obligados a darle una salida airosa, igual mandándolo a alguna candidatura pluripartidista como porro, o golpeador, al Senado, o algo por el estilo.

Ahora que hay mucha gente que por puro morbo quiere que Moreira siga al frente del PRI, quieren verlo rugir, agitar la cola y amedrentar por considerar que éste será un espectáculo extraordinario dentro de la COMPETENCIA política. De manera paradójica consideran que su permanencia al frente del PRI es DESEABLE, pues ABRE una posibilidad a otros contendientes, convirtiendo la competencia electoral en más pareja, pudiendo incluso coadyuvar a reducir la ventaja que Peña Nieto, por cortesía de la coalición televisiva que lo impulsa, ha logrado en las encuestas.

Queda aún mucho tiempo para que Moreira pueda hacer algo bueno por los demás... ¡quitarle puntos a Peña Nieto y cerrar la contienda!

No necesariamente suscribimos este punto de vista, pero reconocemos que no carece del todo de cierto mérito. Es como en la kermés, ¡quién no disfruta el juego del péguele y súmalo!

No hay comentarios.: