diciembre 17, 2011

Calderón y el deslinde imposible

Ivonne Melgar (@IvonneMelgar)
Retrovisor
Excélsior

El Presidente no quiere sanas ni medianas distancias del abanderado

A 12 días de haber desatado el enojo priista por la advertencia de que ya habita entre nosotros la narcopolítica, el presidente Felipe Calderón logró ayer lo que bien podríamos calificar como el Consejo Nacional de Seguridad más terso del sexenio.

La amabilidad y los agradecimientos al gobierno por su apoyo en los operativos anticrimen provinieron de los gobernadores del PRI, con el coahuilense Rubén Moreira a la cabeza.

Ninguna reclamación. Cero quejas. Y por fin un acuerdo con fecha de caducidad: concluir la depuración de las corporaciones policiales en enero de 2013.

Aun cuando faltan 13 meses para verificar si el compromiso no se quedó en el papel, resulta significativo que los priistas hayan pasado del grito al “muchas gracias, Presidente”.

Es cierto, el doble lenguaje ha persistido en la actual administración: mientras los gobernadores lisonjean, los dirigentes del PRI impugnan.

Sin embargo, si observamos cómo se fue diluyendo la reacción del candidato presidencial tricolor Enrique Peña Nieto, quien equiparó la alerta de Los Pinos con una deliberada intención de polarizar el proceso electoral, el comportamiento de los gobernadores priistas este viernes en Palacio Nacional pareciera una señal de que rectificaron en la idea de centrar sus críticas en Calderón.

El Presidente logró en menos de dos semanas alinear a los actores de poder en torno al discurso de ahí viene el lobo. El peligro de la infiltración del narco en las campañas existe, secundó el gobernante capitalino Marcelo Ebrard. Y los cuestionamientos de los priistas fueron desplazados por aclaraciones en torno a los yerros de su abanderado.

Por ahora, las supuestas diferencias en torno a la estrategia de seguridad se dan sobre cuándo las Fuerzas Armadas regresarían a los cuarteles.

Pero todavía es muy pronto para descartar la posibilidad de que Peña Nieto o Andrés Manuel López Obrador tendrán como oferta de gobierno un viraje en esa materia.

Lo cierto es que Calderón no quiere ese deslinde. Y ocupa mucha energía en evitarlo.

Así que quien sea el ganador de la contienda interna blanquiazul, Santiago Creel, Ernesto Cordero o Josefina Vázquez Mota, el Presidente cuidará que nadie marque su raya con la agenda calderonista.

¿Pero es posible impedir el deslinde? La historia de la sucesión presidencial mexicana señala que se trata de un acto de poder que confirma y consolida al que llega.

El punto es cuándo y cómo se puede o se debe o, peor, se necesita, poner distancia con el Presidente. Un dilema que, en el caso del PAN, el futuro candidat@ resolverá en función a las descalificaciones de sus opositores, y en la medida en qué tanto le deba su postulación a Los Pinos.

Mientras tanto, resulta interesante desempolvar lo sucedido hace seis años y observar cómo actuó Calderón frente al presidente Vicente Fox que tenía en Creel a su delfín.

Aunque ya en campaña hubo comentarios referidos a la posibilidad de investigar a los hijos de Marta Sahagún, y no existió nunca cercanía afectiva con su antecesor, el recuento de aquellos días demuestra que en los hechos Calderón exige lo que dio.

En todo caso, lo que hubo fue distancia personal que relegó al ex presidente, cuyos cuestionamientos a la estrategia de seguridad, hicieron que el mandatario incluyera al sexenio anterior como parte del pasado negligente que dejó crecer al crimen organizado.

Pero en su precampaña, Calderón incluso le arrebató a Creel la defensa del gobernante de los chascarrillos.

En plena disputa del aval de los panistas, concluida la primera ronda de votación, el ex secretario de Energía que renunció al gabinete al día siguiente de que Fox se mostró molesto por su destape, aprovechó una declaración de Creel sobre la inseguridad y el desempleo para criticarlo.

“No comparto una estrategia de deslinde y menos de confrontación con el presidente Vicente Fox, al contrario, yo como candidato, sé que la imagen del Presidente me va a ayudar a ganar la elección constitucional el 2 de julio de 2006”, confió Calderón en septiembre de 2005.

En esa misma etapa, señaló que Creel debía ser investigado por sus nexos políticos con la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, a punto de ser expulsada del PRI.

Pero a finales de 2005, el candidato blanquiazul cambió de parecer y comenzó a buscar a la antes cuestionada sindicalista. “Voy por los votos de los maestros”, confesó, una vez que se filtró información de su acercamiento con la profesora.

La prensa de aquellos días da cuenta de tres lecciones: sí es posible vencer al delfín, las malas compañías del adversario pueden convertirse en buenos aliados y la impugnación al Presidente no da votos.

Pero seis años después, sólo la idea del deslinde persiste. Calderón no quiere sanas ni medianas distancias del abanderado del PAN. Y acaso por ello, en Los Pinos las otras dos premisas se han invertido: quieren a Cordero en la boleta, Y para vencer con el delfín, los aliados del adversario son vistos como malas compañías.

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