diciembre 15, 2011

¿A cuál crisis se parece?

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
El Universal

La crisis económica mundial, que lleva ya con nosotros entre tres y cinco años, depende de cómo la mida usted, no se parece a ninguna que hayamos visto los que tenemos menos de noventa años

De hecho, todo mundo compara la situación actual con la Gran Depresión, iniciada en octubre de 1929, con la caída en la bolsa de valores de Nueva York, desatada en 1931 con la quiebra de Credit Anstaldt en Austria, y renovada en 1937, en Estados Unidos.

Sin embargo, Matthew Lynn, periodista financiero británico, tiene una idea diferente. Él cree que la crisis actual no se parece a la de 1929, sino a la de 1873. En un artículo escrito ayer en MarketWatch, inicia diciendo: “En retrospectiva, no era difícil ver que los mercados se volvían peligrosamente inestables. Alemania había justo adoptado un nuevo sistema monetario, y Europa se había inundado de dinero barato alemán. Grecia había firmado una unión monetaria con Francia e Italia, pero luchaba para mantenerla funcionando. Los mercados financieros se habían desregulado. Nuevas tecnologías habían transformado la producción y las comunicaciones, permitiendo que el dinero se moviese entre fronteras a la velocidad de la luz. Y un nuevo poder industrial masivo inundaba el mundo con bienes manufacturados baratos, destruyendo viejas industrias. Cuando todo se vino abajo en un desastre monumental, no hubo sorpresa.”

Como se imaginará, no se refiere al momento actual, sino a 1873, una de las crisis más graves que ha sufrido la economía global, justo cuando empezaba esa primera globalización, que pronto se ordenaría bajo el patrón oro, dominado no por ese nuevo poder industrial que vendía manufacturas baratas (Estados Unidos) sino por la vieja Inglaterra, todavía el país más poderoso del mundo por los siguientes cuarenta años, hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial.

En su artículo, Lynn se refiere al nuevo libro que acaba de publicar (salió hace justo una semana, pero aún no lo he leído) en el que propone que consideremos que la actual crisis no será de corta duración. El título del libro es claro: La larga depresión: 2008-2031. Como el libro aún no lo leo, no puedo decirle por qué fija el final de la depresión en 2031, y no cinco años antes o después. Lo relevante, me parece, es que debemos considerar que este tipo de crisis no es cosa menor, y debe medirse en décadas. Tal vez su referencia en tiempo son los 23 años que pasaron de 1873 a 1896, cuando empieza el período exitoso de la primera globalización (justo con la Conferencia de Berlín en la que Europa se repartió África, no hay que olvidarlo).

Lynn propone cinco lecciones en su artículo. Primero, que las depresiones tardan un buen rato, y más cuando su origen es una crisis de deuda, como lo es la actual. Segundo, que es una depresión estructural. En 1873, la crisis, según Lynn tuvo su origen en especulación financiera, cambio tecnológico y la llegada de un nuevo gran jugador de la economía industrial. Muy similar a lo actual.

Tercero, el proceso es disparejo. No necesariamente todo el tiempo el crecimiento será muy inferior al que se tenía antes de la crisis, pero habrá momentos de claro estancamiento. Cuatro, no todo es malo. Hay innovaciones que permiten crecimiento, e incluso nuevas industrias se desarrollan durante este período depresivo. Pero el comportamiento general no es bueno.

Cinco, no se resuelve fácil. Al comparar la crisis actual con la de 1930, muchas personas proponen mayores gastos de los gobiernos, para recuperar la demanda, pero si la crisis actual no se parece a la Gran Depresión, sino a la crisis de 1873, la solución es errónea. Concluye Lynn este análisis con tres condiciones para el final de la crisis: La deuda debe regresar a niveles manejables; una nueva moneda de referencia debe crearse; y el euro debe desaparecer.

Como usted sabe, si ha leído esta columna recientemente, en este último apartado no estoy de acuerdo con Lynn. Es más, sigo creyendo que una secuencia de buenas decisiones en los próximos meses puede más bien complicarle la vida al dólar y recuperar la salud del euro, con lo que se habrían cumplido dos de las tres condiciones para la solución de la crisis. La otra, reducir la deuda, requiere al menos diez años de trabajo y ahorro, o de inflación y manejo financiero, lo que sea que se elija.

A reserva de leer el libro de Lynn y comentarlo con usted (tengo cuatro libros pendientes de comentar aquí), creo que la hipótesis es valiosa. Y tiene muchos puntos de coincidencia con otra hipótesis que he comentado con usted en estas páginas: las tecnologías de aplicación general. La crisis de 1873 es el prolegómeno a la llegada de la electricidad como nueva tecnología.

Ya le pensaré más al respecto para ofrecerle una explicación razonable, pero creo que salirse de la caja, y dejar de usar como referencia la Gran Depresión puede ser una muy buena idea. No hay que olvidar que la crisis actual sí es un problema de deudas, como no lo era la de 1929. Y si en aquél entonces un gasto adicional del gobierno no causaba mayor dificultad, hoy causa más daño que beneficio, algo que muchos economistas no quieren entender.

Desafortunadamente no tenemos muchos ejemplos de crisis como para poder analizar diferentes hipótesis e ir descartando las inadecuadas. Tenemos crisis globales con varias décadas de distancia, y las que pueden ilustrarnos no van más allá del siglo XVIII. Tal vez la crisis posterior a la Guerra de los Siete Años (las Revoluciones), otra al inicio del XIX, que no es claramente global, pero que tiene simbolismo, alrededor de 1848, la de 1873, la Gran Depresión y la actual. Cinco observaciones, y con eso hay que encontrar ideas. Por eso es más difícil estudiar ciencias sociales que naturales, pocos datos y confusos. Pero a ver si en este fin de año logro construirle una explicación decente, y la platicamos al inicio de 2012. Mientras, cerraremos el año comentado los libros que tengo pendientes. Espero que alguno le llame la atención para estos días de descanso.

No hay comentarios.: