diciembre 01, 2011

De “loquitos” y “tontitos”

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

¿Qué es lo que pretenden ese puñado de ciudadanos que demandaron al Presidente, como para provocar tamaño escándalo?

Para nadie es novedad que un grupo de ciudadanos mexicanos -motejados como los "abajofirmantes"- demandaron ante la Corte Penal Internacional a Felipe Calderón y a un puñado de sus colaboradores, por supuestos crímenes de guerra y lesa humanidad, a causa de la lucha contra el crimen lanzada por el Presidente mexicano.

Según los simpáticos "abajo firmantes", distintas fuerzas policiacas y militares mexicanas, comandadas por el presidente Calderón, habrían cometido crímenes contra la humanidad y, por eso, el mandatario mexicano debe ser juzgado por la Corte de La Haya, igual que se juzga a genocidas, sátrapas y dictadores.

Sin embargo, lo que pocos ciudadanos de a pie saben, y lo que oculta la prensa especializada en sembrar odio, es que la demanda contra Felipe Calderón -presentada ante la CPI- es lo más parecido a una broma de mal gusto, un mal chiste o una tomada de pelo. ¿Por qué? Porque esa demanda no reúne uno solo de los supuestos para acreditar crímenes de guerra, de lesa humanidad o genocidio, presuntamente cometidos por Felipe Calderón y sus colaboradores, y porque es totalmente incorrecto el procedimiento para la denuncia de ese tipo de delitos.

Y si estamos ante una vulgar tomada de pelo, obliga la pregunta. ¿Qué es lo que pretende ese puñado de ciudadanos que demandaron al Presidente -motejados entre la llamada izquierda como "los loquitos de Andrés"-, como para provocar tamaño escándalo? ¿Quién está detrás de ese escándalo; qué pretenden y por qué la desbocada reacción del presidente Calderón? Vamos por partes.

En realidad la iniciativa de enjuiciar a Felipe Calderón en la Corte de La Haya es una vieja estratagema de venganza y odio estimulada por un sector mediático adicto a Andrés Manuel López Obrador. La idea nació de esa farsa chabacana llamada "No Más Sangre", que se gestó en el diario La Jornada. "No Más Sangre" se presentó como una organización preocupada por la violencia y contra la criminalidad, pero en el fondo no era más que un instrumento maniqueo de venganza contra Felipe Calderón. ¿Venganza de qué?

De lo que el grupo propagandístico de AMLO -atrincherado en el diario La Jornada- llama "el robo de la elección presidencial"; venganza contra "el espurio e ilegítimo de Felipe Calderón". Y si lo dudan, una perla. El lunes 9 de mayo, en la página La Otra Opinión, publicamos un análisis sobre la marcha que el domingo 8 de mayo encabezó Javier Sicilia, además de un hallazgo revelador.

Que en una carpa instalada frente a Bellas Artes, directivos de La Jornada arengaban contra "los crímenes de Calderón". Micrófono en mano, el editorialista y en distintos momentos directivo de La Jornada, Pedro Miguel, igual que el cartonista, Rafael Barajas (El Fisgón), ilustraban a los manifestantes sobre la supuesta responsabilidad de Felipe Calderón en la violencia criminal, al tiempo que llamaban a sumarse a las firmas para "llevarlo a juicio" a la Corte Penal Internacional.

Curiosamente, otro editorialista del grupo selecto de los directivos de La Jornada, John Ackerman, encabezó la demanda contra Calderón ante la CPI junto con Netzaí Sandoval Ballesteros -ambos estrechamente vinculados por Eréndira Sandoval Ballesteros, esposa del primero y hermana del segundo- quienes, por pura casualidad -igual que otros de los abajo firmantes-, son parte del selecto grupo de asesores de AMLO. ¿Qué es lo que pretenden?

Aquí lo dijimos desde hace años: tumbar a Felipe Calderón. Y hoy, una vez que no lo consiguieron, intentan desacreditarlo y contribuir a que en julio de 2012 el PAN resulte derrotado. Y seguro lo van a lograr, pero con ello le harán una valiosa contribución al PRI, a Enrique Peña Nieto. Pero en su maniqueísmo y en su formidable capacidad de engañar a los ciudadanos de a pie, también le hacen un invaluable favor a los cárteles de la droga y del crimen organizado. ¿Por qué? Porque los "abajo firmantes" consiguieron lo que no lograron los cárteles del crimen; hicieron aparecer a Calderón -a los ojos de no pocos ciudadanos- como el que mata a los mexicanos. O sea, los barones de la droga son blancas palomas. El malo es Calderón. ¿Qué tal?

Y como en política nadie sabe para quién trabaja, los "loquitos" abajo firmantes aparecen como aliados del crimen organizado y como aliados del PRI de Peña Nieto. Ahora sólo falta saber por qué el enojo de la casa presidencial, en donde quedaron en calidad de "tontitos".

¿Qué pasó con Calderón, por qué el enojo? Dicen los que saben que es un plan con maña, que pronto se verá la renta electoral. Y algo sabe de eso el huésped de Los Pinos. Al tiempo.

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