diciembre 14, 2011

El ego virtual

Héctor Aguilar Camín (@aguilarcamin)
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Algunos habitantes de las redes sociales, en las que soy ostensible neófito, han acudido en auxilio de mi ignorancia, recomendándome al menos una lectura extraordinaria: el ensayo The Public Life of the Virtual Self (La vida pública del ego virtual), de Ari Ezra Waldman, egresado de Harvard y profesor de la California Western School of Law.

Es una reflexión sobre el mito del anonimato en las redes sociales y sobre el daño moral que suponerse anónimo, y actuar como tal, ha traído a esa nueva ágora, volviéndola un refugio de marginales pero efectivas campañas de odio, estigmatización y hostilidad contra minorías políticas, sexuales, raciales o de menores de edad.

A Waldam le preocupa sobre todo la situación de estos últimos, para muchos de los cuales internet es una espada de doble filo: les da acceso a la riqueza del ciberespacio pero los hace vulnerables también a la hostilidad y a las conductas predatorias de otros.

La reflexión de Waldman tiene un amplio rango histórico, filosófico y legal. Compara la noción de “ego virtual”, generada en internet, con dos tradiciones filosóficas ilustres:

1. La noción de la autonomía radical del yo, presente en Kant y, contemporáneamente, en John Rawls, fuente de la mayor parte de la legislación sobre libertad de expresión de las sociedades modernas.

2. La noción aristotélica del individuo como parte de la polis: la pertenencia indisoluble del individuo a su comunidad, con la que lo unen lazos de solidaridad de valor igual o superior al de sus libertades individuales.

Queremos una comunidad virtual, concluye Waldman, de “ciudadanos digitales” no de individuos, irresponsabilizados digitalmente por el mito del anonimato, separados de cualquier noción de reglas solidarias, obligatorias para todos.

El “ego virtual” no es ni ha sido nunca anónimo, aclara Waldman. En su eslabón final, todos los egos virtuales son rastreables hasta su emisor corporal verdadero. Es posible entonces, desde las reglas de los intermediarios, saltarse el pretendido anonimato de los emisores y exigir a los emisores verdaderos conductas leales con la comunidad digital.

El anonimato en la red está en declive, dice Waldman. Cada vez más las interacciones anónimas en la red serán vistos como los “bastiones de la vergüenza”. Cita al efecto a Janna Anderson y Lee Raine, autores de Future on Internet, IV, del Pew Internet and American Life Project:

“El anonimato en línea gradualmente se volverá como el anonimato en el mundo real. Cuando nos topemos con él, pondremos una mano en la cartera y saldremos corriendo de la vecindad lo antes posible —a menos que estemos haciendo algo que nos avergüenza”.

(El ensayo de Waldman en http://ssm.com/abstract=1907886)

2 comentarios:

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