diciembre 20, 2011

Extremos opuestos

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior


De casualidades e ironía. El fin de semana dijeron adiós dos personajes de la vida política mundial, a quienes cuesta trabajo encontrar un punto de coincidencia, al menos uno que no sea las enormes diferencias entre ellos.

Primero fue Václav Havel, escritor, dramaturgo y uno de los más grandes pensadores y sí, políticos del mundo. Último presidente de Checoslovaquia y primero de la República Checa, y quien nos deja un pensamiento sobre la república, que no sólo queda para la referida por él, porque nos queda a todos los que soñamos con un país entero y fuerte. Escribía Havel así en un ensayo titulado La república que yo sueño: “Puede ser que me pregunten con qué República sueño. Les contestaré: con una República independiente, libre, democrática; con una República económicamente próspera y, al mismo tiempo, socialmente justa. En otras palabras, con una República humana que sirva al hombre y por ello pueda esperar que el hombre le sirva también a ella. Con una República de hombres cultos, ya que sin ellos no sería posible resolver ni uno solo de nuestros problemas humanos, económicos, ecológicos, sociales y políticos...”. Más claro y más sensato, imposible.

Horas más tarde, nos enterábamos de la muerte de Kim Jong-Il. El dictador norcoreano que se mantuvo hasta el pasado sábado en el poder desde 1994. Uno de los últimos dictadores comunistas vivos en el mundo y que mantuvo a su país en una alerta constante de guerra, sobre todo contra Corea del Sur. Encabezó uno de los gobiernos más militarizados y duros del mundo, que se enfrentó en varias ocasiones con gobiernos de Occidente. Jong-Il fue prácticamente una bestia política a quien no le importaban nunca las condiciones de hambruna en que quedó sometido su pueblo; sólo él, su poder y su permanencia que hoy es una herencia, pues será su hijo, Kim Il-Un, quien aún no cumple los 30 años, un hombre al que se le dibuja tan caprichoso y desalmado como su padre, quien quedará al frente del gobierno norcoreano.

En la madrugada de ayer encontramos (gracias a Jesús Silva Hérzog Márquez) un texto escrito por el mismísimo Václav Havel sobre Kim Jong-Il:

“Kim Jong-Il es capaz de chantajear al mundo entero con ayuda de su ejército de un millón de hombres, armas nucleares, cohetes de largo alcance y la exportación de armamento y tecnología militar (...) Kim Jong-Il quiere ser respetado y temido en el extranjero, quiere ser reconocido como uno de los líderes más poderosos en el mundo moderno. Está dispuesto a dejar que su pueblo muera de hambre, y utiliza ésa hambre como arma para liquidar cualquier signo de vacilación a la lealtad a su gobierno. Mediante sus chantajes Kim Jong-Il recibe alimentos y petróleo, mismo que distribuye entre los leales a él...”

Pensamientos nada gratuitos. Hace un par de años un interesante análisis sobre el comportamiento de Kim Jong-Il concluía en similitudes con otros grandes líderes, como Hitler o Saddam Hussein. Coincidencias que lo unían a ellos, en 14, de desórdenes de la personalidad, de los cuales, los seis más importantes lo colocaron como un sádico, paranoico, antisocial, narcisista, esquizoide y esquizotípico. Este estudio fue realizado en la edición de septiembre de 2009 de la publicación Behavorial Sciences of Terrorism and Political Aggression, bajo el título, Anatomy of a Megalomaniac: Psychological Analysis of Kim Jong-Il Afar.

Dos personajes por completo distintos, donde tal vez la única coincidencia entre ellos haya sido lo alejadas que estuvieron siempre sus ideologías. Extremos opuestos que se fueron casi al mismo tiempo. Vaya ironía.

Addendum. Y lo que sí llegó al mismo tiempo fueron los arranques de precampaña en nuestro país. En sendos eventos, todos los aspirantes comenzaron a mostrar músculo para sentirse los meros, meros. En el caso del PAN, tanto Cordero como Josefina, estuvieron acompañados por su equipo, incluso el ex secretario de Hacienda retó al aspirante priista a debatir temas económicos, que es como su carta fuerte. El mismo Peña Nieto, en su arranque, declaró que todas las críticas que ha recibido estas últimas semanas se deben al “temor” que sienten sus adversarios; vaya forma de curarse en salud. El Peje, por su parte, primero en la Gustavo A. Madero, y después en Iztapalapa, se hizo aplaudir por sus seguidores, para que lo hagan sentir rey. Y Santiago Creel, quien, bueno, sigue haciendo su luchita y eso nadie lo puede negar.

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