diciembre 12, 2011

Honestidad de catálogo

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Es como pensar que un político pro Estado laico haga de unos cardenales sus consejeros. En el discurso está la contradicción. O viceversa.

Hace unos días Andrés Manuel López Obrador publicaba en el portal de su "gobierno legítimo" lo que él considera los fundamentos para una República Amorosa, que va muy de la mano a lo que declaró cuando se registró finalmente como el candidato del PRD, aquello de "elevar la honestidad a un nivel supremo...". Vaya cosa:

"Una persona sin apego a una doctrina o a un código de valores, no necesariamente logra la felicidad. Inclusive, en algunos casos, el triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, conduce a una vida vacía y deshumanizada. De ahí que deberá buscarse siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual: procurar que a nadie le falte lo indispensable para la sobrevivencia y cultivar nuestros mejores sentimientos de bondad.

"Cuando hablamos de una República Amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual, estamos proponiendo regenerar la vida pública de México mediante una nueva forma de hacer política, aplicando en prudente armonía tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor. Honestidad y justicia para mejorar las condiciones de vida y alcanzar la tranquilidad y la paz pública; y el amor para promover el bien y lograr la felicidad..."

No se puede negar el cambio en el discurso. Pero tampoco podemos pasar por alto que ese cambio lo llevó de un extremo a otro. De uno que invitaba a romper las leyes, a otro donde casi nos habla religiosamente. Menos aún, que éste nuevo discurso está lleno de ironías, que no intencionales, pero sí muy evidentes.

De nuevo AMLO hace de la "honestidad" su lema de campaña, aunque ésta vez de una forma menos propagandística y más de discurso. Para él, aquella es la cualidad principal, no sólo para gobernar, sino para ser, así, a secas. Es la virtud que más aprecia, la misma que quiere llevar a cada rincón del país. Hasta a la selva del sureste mexicano, al que ayer decíamos había ido a visitar al EZLN.

"Honestidad", caray. Pues qué irónico resulta que sus más allegados colaboradores no brillen precisamente por tan requerida virtud. René Bejarano y Dolores Padierna tienen un muy público expediente de corrupción y sí, de transas que incluso llevaron al primero a la cárcel. Y ni qué decir de su jefe de campaña, Ricardo Monreal, acusado del uso ilegal de más de 40 millones de pesos del ISSSTE zacatecano, cuando era gobernador de ese estado. Vaya honestidad valiente.

Y es que resulta ridículo que su nuevo discurso caiga incluso en lo cursi; pareciera un catálogo de moral y buenas costumbres. Más aún, que ése speech esté apoyado por gente de tan conocidas mañas. Tan ridículo como pensar que un político pro Estado laico haga de unos cardenales sus consejeros. En el discurso está la contradicción. O viceversa.

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