diciembre 02, 2011

La foto más anhelada

Francisco Martín Moreno (@fmartinmoreno)
Escritor
fmartinmoreno@yahoo.com
conferenciasmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

No puedo dejar de ser novelista, es más, jamás dejaré de serlo, es parte de mi naturaleza. En este orden de ideas, echando a volar la imaginación, pienso que una de las grandes fantasías que podrían rondar por la mente tan ahora amorosa como antes violenta de López Obrador bien podría consistir en la posibilidad de ver el día de mañana una fotografía de Felipe Calderón encerrado tras las rejas de una prisión federal, acusado de tantos delitos que hoy el ya tierno y cariñoso tabasqueño de cualquier manera podría llegar a concebir.

Tal vez el enunciado anterior carezca de todo fundamento desde que López Obrador, el hombre que anteriormente ordenó la toma del Paseo de la Reforma y enloquecido de furia se colocó en el pecho la banda tricolor haciéndose llamar presidente legítimo, en nuestros días se ha convertido en un amoroso franciscano que va por la vida arrojando capullos perfumados mientras canta y repite sonriente: hermano árbol, hermano pájaro, hermana flor, hermano cielo, hermano universo y hermano ser humano, a quien debe cubrir de amor al igual que a las instituciones de la República a las que ya ama. Ahora se dirige a "la mafia del poder" que se adueñó ilícitamente del país como la oposición republicana. Hasta sus malditos enemigos, los famosos Chuchos, fueron tocados con su prodigiosa varita mágica. Ahora son duendes del bien que buscan con lágrimas en los ojos la unión de la izquierda. El amor todo lo puede.

¿Se acabará el "amor" cuando los perredistas rechacen el número de curules que les impondrá la nueva alianza de izquierda o perduraría el romance si AMLO volviera a perder las elecciones de julio...? ¿Es posible que, en lugar de la regeneración cantada, el antes furioso tabasqueño nuevamente derrotado, arroje las teorías amorosas por la borda y esta vez invite a la toma de calles, pueblos y ciudades con tal de no aceptar el veredicto final dictado por las autoridades electorales de la República. ¿Si López Obrador perdiera nuevamente las elecciones aceptaría resignadamente el resultado, como en su momento lo hicieron Mitterand y Lula, para buscar después una nueva oportunidad, o se volverá a poner otra banda en el pecho rechazando la decisión mayoritaria del electorado mexicano llamando mafioso a quien lo derrotó?

Me resulta evidente suponer con quién empezará López Obrador a saciar su insaciable apetito de venganza en el caso de llegar a la Presidencia y la respuesta no podría ser otra que buscar por cielo, mar y tierra a Calderón, recurriendo a todas las policías nacionales e internacionales, con tal de echar mano de su persona en el lugar en donde se encuentre. ¿Habrá pasado por la mente de Calderón el futuro que le podría esperar de llegar López Obrador a sucederlo como inquilino de Los Pinos?

Sólo que, además de López Obrador, muchos líderes priistas festejarían hasta la ebriedad el hecho de verlo encerrado en su carácter de ex jefe del Estado mexicano. ¿Qué tal la actual denuncia como genocida ante el Tribunal de La Haya? ¿Calderón es un sátrapa y tirano? ¡Vamos, hombre, seamos serios! ¿Quién puede negar la mano del ex ministro Góngora Pimentel, un esbirro jurídico de AMLO, en la denuncia interpuesta ante ese Tribunal? ¡Claro, perdón, se trata de una denuncia estrictamente amorosa! He ahí una simple probadita de lo que le espera a Calderón si López llegara al poder...

¿En qué escenario sería esto posible? Calderón apostó todo al triunfo de su hermana Cocoa en Michoacán y fracasó. Si a partir de 2012 el Presidente iniciara una guerra publicitaria a través de filtraciones en los medios que revelaran las fechorías cometidas por ex funcionarios priistas, con el propósito de exhibirlos como delincuentes ante la opinión pública y, a pesar de ello, el PRI volviera a ganar las elecciones federales, entonces es mucho más que claro que la represalia dinosáurica no se haría esperar. Hoy en día, y con justa razón, Moreira ya es enemigo jurado y mortal de Calderón. Si éste iniciara una campaña de desprestigio de priistas y fracasara, éstos perseguirían a Calderón en cualquier continente, acusado ya no sólo de genocidio, sino de cualquier otro cargo imaginable.

De acuerdo a lo anterior y dentro del contexto de mis propias fantasías políticas exclusivamente, sería conveniente que Calderón pudiera de alguna manera imaginar el futuro negro que le espera tanto si López Obrador o los priistas hechos jirones llegaran a Los Pinos después de una serie de batallas encarnizadas. Todo lo anterior es particularmente trascendente en la misma medida en que, la semana en curso, presenciamos un patético debate entre tres destacados panistas, en donde no pudieron apartarse de planteamientos vagos, de lugares comunes que no llegaron a impactar a la docena de cibernautas que lo presenciaron de principio a fin. Si gracias a la miseria de la clase política panista quedaran solamente López Obrador y Peña Nieto en la contienda electoral, el futuro de Calderón sería más negro que el hocico de un lobo, salvo que el Presidente tenga guardado un conejo en la chistera, un candidato mágico y oculto a los radares públicos. ¿Será? ¿Se habrá imaginado el Presidente las carcajadas que soltarían López Obrador y Peña Nieto encabezando a los priistas lastimados, de llegar a ver la foto anhelada de él, vestido con un pijama a rayas tras de las rejas en un penal federal..?

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