diciembre 09, 2011

La serpiente y la campaña en torno del amor

Diego Fernández de Cevallos
Milenio

Estamos a menos de siete meses de la elección presidencial y eso quiere decir que nos alcanzó el futuro. Solamente nos quedará soportar campañas costosísimas que, salvo excepciones, estarán cargadas de promesas y descalificaciones, prevalecerá la oferta impúdica y en muchas ocasiones irresponsable, apostando a la mala memoria de los ciudadanos

Una reflexión con base en tres ideas rectoras:

Primero. Me queda claro que “lo políticamente correcto”, si hablamos de “México Rumbo al 2012”, sería decirles que se abre una gran oportunidad para lograr cambios de gran calado, que en poco tiempo puedan reducir considerablemente la pobreza, abatir eficazmente las distintas formas de discriminación y someter al crimen organizado; dicho en pocas palabras, lo que San Agustín llamaba “la tranquila convivencia en el orden”, esto es, la paz.

Decir eso, para mí, es la estafeta recurrente en el discurso político; es una forma de engañar para obtener votos, es recurrir al viejo discurso político de quienes buscan, cerca de una elección, el poder, con el argumento de que al llegar nosotros y precisamente nosotros, todo se resolverá como consecuencia y por añadidura.

Eso no es cierto.

Es evidente que en la mayoría de la clase política predomina, por desgracia, el interés por el poder.

Segundo. Si hablamos de “México Rumbo al 2012” podemos hacer dos cálculos:

Uno, de acuerdo con el calendario natural y estamos a 23 días de llegar al 2012, nada estructural sucederá.

El otro, de acuerdo con el calendario político, estamos a menos de siete meses de las elecciones para la renovación de los Poderes federales.

Eso quiere decir que nos alcanzó el futuro y solamente nos quedará soportar campañas costosísimas que, salvo excepciones, estarán cargadas de promesas y descalificaciones, prevalecerá la oferta impúdica y en muchas ocasiones irresponsable, apostando, por supuesto, a la mala memoria de los ciudadanos.

Por ello, todo pronóstico es incierto, salvo que los tribunales electorales tendrán mucho trabajo.

Tercero. Hoy más que nunca es un imperativo categórico recordar a José Ortega y Gasset: “El hombre es él y sus circunstancias”.

¿Cuál es nuestra circunstancia como nación? Que teniendo todo a la mano para ganar el futuro, frente a un mundo injusto, desordenado y violento, estamos ante el abismo producido por la pérdida de valores éticos y cívicos que ponen en desgracia total a las sociedades de nuestro tiempo no sólo en México, también en muchas partes del mundo.

Esto significa que nos hallamos sometidos a la depredación y la barbarie que no conocen fronteras y hace imposible conocer algo diferente y asegurar de manera razonable un futuro mejor.

Tenemos que ir al fondo de la cuestión. Yo sí me quedo con la idea de Dante de que lo fundamental es encontrar el cómo resolver los problemas de fondo.

Claro que tenemos diferencias de diverso orden, pero finalmente hasta en el ámbito de lo legislativo en materia de trabajo podemos encontrar grandes coincidencias los partidos políticos de México. El problema es cómo.

Podríamos analizar uno a uno los distintos valores de nuestra cultura; veamos, por ejemplo, qué hemos hecho con la herramienta fundamental de toda relación humana y, por ende, en la política: me refiero a la palabra.

La palabra ha perdido valor y muy pocos se pueden sentir obligados a vincular su pensamiento con su palabra y a ésta con su comportamiento.

En la vida social se tolera al mentiroso constantemente y se abusa en tratos y contratos, se le acepta, se le reconoce y a veces se le considera inteligente, hábil y audaz.

En la vida política observamos que al abusivo, si es cínico y hace obras, sigue teniendo consideraciones, puede mantener su popularidad y se le admira y apoya, salvo que lo desnuden los medios de comunicación, porque entonces empieza a caer en desgracia.

Pero mientras pueda, con cinismo, con descaro y con bailoteo hace de las suyas con el patrimonio de la gente, y no pasa nada.

En la política mexicana cualquiera puede despreciar a todos y a todo y después presentarse como la segunda edición, corregida y aumentada, de Teresa de Calcuta.

Yo tengo la convicción de que en el México del 2012 se corre el riesgo de que el águila pierda frente a la serpiente, porque ésta sabe que puede mantener intocado su veneno, guardar el rencor, siempre que cambie de piel en campaña y proponga que todo se sustente en el amor.

¿Cuál es la solución?

¿Cuál es el qué?

Y ya lo hemos dicho todos, ¿el cómo?

Esto nos lleva a concluir que si el alma colectiva no recobra la memoria, la inteligencia y la voluntad, de poco servirán los esfuerzos de hombres y mujeres generosos.

Esto nos lleva a concluir que debemos emprender, a través de las familias, las escuelas, las iglesias y los medios de comunicación, una gran cruzada educativa y cultural en la que la memoria, el entendimiento y la voluntad, así como el valor de la palabra y el sentido del honor, sean presupuesto de todo lo demás.

Así las recetas tendrán sentido, los esfuerzos valdrán la pena y las instituciones estarán de verdad al servicio de las personas.

Solamente así, con ciudadanos de primera, podremos tener instituciones de primera y la democracia, además de flores, dará frutos.

Sin educación y cultura, no hay futuro. Sin educación y cultura no hay qué ni cómo que valga.

Posdata

El riesgo del narcotráfico está en todas partes y en todas las instituciones, y ninguna de ellas queda al margen en México. El que diga lo contrario está en su derecho, pero no hay ninguna institución, por sagrada que sea, que no corra el peligro de ser infiltrada de manera perversa por los señores del crimen organizado.

Los opositores del Presidente están en todo su derecho de criticar lo que les parezca mal, como también lo tiene él de defenderse, de ofrecer pruebas, como lo ha hecho. Siempre que se me pregunta sobre una acusación he sostenido lo mismo: el que acuse, que pruebe, y el mandatario ofreció unas que son públicas, como desplegados en diarios y audios.

Sería inocente o engañoso decir que el crimen va a respetar el ámbito de la política, más aún cuando todo lo que se discute en ese campo de alguna manera le afecta al hampa, para bien o para mal.

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