diciembre 09, 2011

Me muero de la envidia

Francisco Martín Moreno (@fmartinmoreno)
Escritor
fmartinmoreno@yahoo.com
conferenciasmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

Mientras el mundo político y social se escandaliza ante la incapacidad de Peña Nieto de citar los tres libros que más le habían impactado en su vida; en tanto se practican un sinnúmero de esgrimas verbales y gráficas denunciando al candidato como un ignorante, como si México fuera un gigantesco país de lectores y Peña Nieto fuera un analfabeto expulsado de la academia a la que pertenecen millones de compatriotas doctos en literatura; mientras este debate provinciano llega a su fin y Peña Nieto es sepultado en una posición indefendible -¿quién puede ir en su rescate?- , en Brasil en 2010 se crearon tres millones de empleos, además de otros tantos que se contrataron en 2011 con todas las garantías laborales evitando economía informal.

Mientras se analizan burlonamente los conocimientos literarios de Peña Nieto, nos enteramos de que en ocho años, durante el gobierno de Lula, fueron rescatados 28 millones de brasileños de la pobreza y, por si lo anterior fuera poco, todavía se redujeron drásticamente los niveles de desnutrición, así como se dispararon los de escolarización de los niños y los jóvenes de Brasil.

Mientras se discute si las obras mal citadas de Krauze y Fuentes son impedimentos para que Peña Nieto llegue a la Presidencia, Brasil, colocado como la séptima economía mundial, aumentó el salario mínimo hasta 65% en cinco años, a pesar de que las voces agoreras del fracaso gritaban desaforadamente que la inflación era incompatible con el crecimiento. Falso: se contrataron millones de empleos, se aumentó la capacidad adquisitiva y se rescató a millones de brasileños de la miseria y la inflación no sólo no aumentó, sino que el consumo creció siete veces más en los sectores populares que con sus compras expandieron la industria y el comercio de ese país.

En tanto Cordero confundía a Laura Restrepo y el escándalo hipócrita se magnificaba en México, Brasil, en Brasil, la población brasileña se "bancariza" al extremo de que en un solo año 45 millones de brasileños llegaron a tener cuentas bancarias activas y el programa "Bolsa Familia", consistente en la entrega de tarjetas a las mujeres del hogar para que cuenten con el dinero para alimentación y la educación de su familia, alcanzó la cifra de 13 millones con los que se garantiza un bienestar mínimo para la sociedad de aquel país. Nadie se pregunta si Lula ha leído a Jorge Amado en su inmortal obra Doña Flora y sus dos maridos, sino que se constata que la desnutrición de Brasil se redujo 73%, se instalaron programas de lactancia materna, se promovió la agricultura familiar, se distribuyeron alimentos entre los más pobres, se entregaron millones de microcréditos para fomentar la economía local.

Mientras múltiples comentaristas de radio y televisión que no han leído un libro en su existencia, se solazan destruyendo las imágenes de los precandidatos a la Presidencia, en Brasil se construyeron, en 2011, 14 universidades federales con los recursos obtenidos del petróleo, porque no se nos debe olvidar que Petrobras logró colocar 75 mil millones de dólares en un solo día en los mercados financieros internacionales. ¿Acaso podría Pemex colocar siquiera 10% de esa cifra, en tanto México se extravía en un griterío provinciano discutiendo los títulos de las obras de autores mexicanos que muy pocos hemos tenido la fortuna de leer?

Mientras Lula estimulaba la economía brasileña e invertía decenas de miles de millones de dólares en la expansión petrolera de su país, nosotros desperdiciamos 20 mil millones de dólares derivados de las exportaciones petroleras, destinados torpemente a financiar la nómina burocrática que se eleva, en términos suicidas, a por lo menos cinco millones de presupuestívoros... Lula alega "que los ricos también se benefician cuando los pobres dejan de serlo", porque estos últimos finalmente contarán con recursos para consumir y comprar y estimular la expansión de las empresas de los ricos. Todos contentos. ¿Qué tal traer a colación que hoy el FMI le adeuda a Brasil 14 mil millones de dólares prestados por Lula para ayudar a salir de la crisis a los países ricos..? ¿Qué tal que Brasil habrá crecido durante este 2011 a una tasa de 6.5% y qué tal que gracias a la inversión en exploración petrolera se encontró en Brasil la tercera reserva de petróleo más grande del mundo, en la inteligencia de que Petrobras podría superar a Exxon, la mayor petrolera mundial cotizada en bolsa? Petrobras invertirá 244 mil millones de dólares en los próximos cinco años. ¿Qué tal..?

La envidia me corroe las entrañas, en tanto los medios masivos de comunicación y la sociedad en general disfruta morbosamente la ignorancia de un candidato a la Presidencia, en este gran jolgorio político. Mientras esto acontece, la miseria en México creció, la deserción escolar se disparó, los empleos se incrementaron muy escasamente; la generación de riqueza se estancó y la delincuencia organizada se aceleró, en tanto que Brasil acapara inversiones del mundo entero y rescata a millones de brasileños de la desesperación social. ¿También le vamos a echar la culpa a los gringos? En tanto todo esto sucede, México, un país petrolero, importa casi 20 mil millones de dólares de gasolinas por nuestra frustrante incapacidad de producirlas, entre otras razones, porque la principal empresa mexicana se encuentra secuestrada por una pandilla sindical de supuestos petroleros.

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