diciembre 08, 2011

Peña se despeña

Juan José Rodríguez Prats
Excélsior

A los hombres se les engaña
por unos días, a la historia
por unos años
pero los pueblos tarde
o temprano conocen
la verdad.


Benjamín Franklin.

Los productos artificialmente creados por la publicidad, al ser expuestos a la opinión pública sin sus habituales escudos protectores, suelen desinflarse. Adlai Stevenson, un gran político estadunidense, en los tempranos años 50 del siglo pasado, ya advertía del peligro de la mercadotecnia: "Hemos llegado a la peor degradación de la democracia: vender candidatos como cereales para el desayuno".

Enrique Peña Nieto, sin ningún escrúpulo y con actos anticipados de campaña prohibidos por la ley electoral y utilizando cuantiosos recursos del presupuesto del Estado de México, logró una gran penetración en la opinión pública y generó simpatías. Ciertamente ha pesado su atractivo personal, pero es notoria su pobreza discursiva y su problema para hilar algunas ideas sin recurrir a las tarjetas preparadas por sus asesores. Hoy afloran algunos problemas difíciles de vencer rumbo a la elección de 2012.

Peña tuvo la audacia de presentar el librito, que seguramente le hicieron, en la Feria Internacional del Libro, evento cultural de enorme relevancia mundial. México, la gran esperanza es una obra llena de lugares comunes y sin ninguna reflexión política de fondo. Fue una actitud atrevida, inconsciente e irrespetuosa utilizar esa tribuna para atraer los reflectores de la FIL. Grave error, en el pecado llevó la penitencia. Según Carlos Navarrete, Lázaro Cárdenas decía: "El hombre no llega hasta donde le dan sus capacidades, sino hasta donde se lo permiten sus limitaciones". Si Peña Nieto pretende seguir engañando con entrevistas a modo y con guiones preestablecidos, tendrá una tortuosa campaña y vivirá afligido esperando que llegue el uno de julio.

Peña fue cómplice y protector de Arturo Montiel, quien, ante amenazas de sus propios compañeros de partido de hacer públicos sus negocios, se vio obligado a declinar en la precampaña presidencial priista de 2006. En su libro, Peña Nieto alude a la corrupción en cuatro ocasiones. En la página 35 señala: "Durante los múltiples gobiernos del PRI se cometieron inaceptables actos de corrupción"; en la 53, como si descubriera el agua tibia, afirma: "Una democracia de resultados exige niveles de transparencia y rendición de cuentas veraces y oportunos."; en la 55, dice: "El gobierno debe poner el ejemplo y ser el principal promotor de prácticas que inhiban la corrupción". Por último, en la 172, otra vez al grito de ¡Eureka!, insiste: "Sólo con rendición de cuentas y transparencia del gasto lograremos fortalecer la moral de pago y la confianza de los contribuyentes". El problema más grave de México es la corrupción, eso es evidente. Por eso es lamentable que quien aspira a dirigir los destinos de esta nación no pueda decir: soy un hombre honesto y por eso quiero ser presidente.

La cultura de un político es tema recurrente desde las formas más embrionarias del Estado y son muchos los pensadores que han exigido sabiduría al hombre en el poder. Jesús Reyes Heroles hizo un ensayo de gran relevancia para refutar a José Ortega y Gasset, quien señalaba que no podía haber un hombre preocupado y ocupado a la vez. Esto es, un intelectual que ejerza el poder. Don Jesús lo rebatía señalando ambas profesiones como no compatibles, pero sí complementarias. Sugería un mínimo de preparación y de ideas claras de quien quiera ser político. Se refería también a la Historia como la maestra de la política.

No recuerdo a ningún gran líder sin una preparación profunda y sólida que le permitiera ser elocuente y convincente. En este caso, el PRI se deslumbró con las encuestas. En grave encrucijada se encuentra este partido: su candidato, único registrado ante la sumisión de todos sus correligionarios, cada vez se despeña más.

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