diciembre 23, 2011

Sbohem Václav

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

Havel fue un personaje extraordinario para los que consideramos a la democracia liberal como la mejor forma de gobierno.

Termina 2011 con una mala noticia: la muerte de Václav Havel, un hombre que cambió, para bien, el destino de su país. Un héroe en una era donde las grandes figuras, junto con las grandes ideologías, han venido a menos.

Havel fue un personaje extraordinario para los que consideramos a la democracia liberal como la mejor forma de gobierno. En los años setenta, después de la vergonzosa invasión de los tanques soviéticos a Praga en la primavera de 1968, el dramaturgo Havel se convirtió en uno de los líderes de la resistencia al régimen autoritario comunista. En 1977 ayudó a fundar Capítulo 77, un manifiesto que demandaba al gobierno checoslovaco a adherirse a los estándares internacionales de derechos humanos. En 1978 escribió el ensayo El poder de los impotentes donde analiza la esencia de la represión comunista y los mecanismos que usa este tipo de regímenes para crear una sociedad resignada y tímida, con individuos propensos a la corrupción. Su activismo político le valió el ostracismo: sus obras teatrales fueron prohibidas y, en 1979, se le pidió que escogiera entre el exilio o cinco años de cárcel. Havel demostró su estatura al escoger la prisión.

En 1989, fue uno de los líderes que fundaron el Foro Cívico, asociación que unió a todos los movimientos opositores checoslovacos que pugnaban por un gobierno democrático. Disidentes, estudiantes y artistas manifestaron pacíficamente su rechazo al poderoso aparato comunista que estaba tambaleándose por el derrumbe de la Unión Soviética y su campo de influencia. El liderazgo de Havel fue factor fundamental para que 41 años de dictadura comunista terminaran abruptamente. Por su moral intachable, producto de predicar con el ejemplo, el otrora dramaturgo vedado se convirtió en el Presidente de su país; uno liberado del yugo comunista.

La presidencia de Havel no fue miel sobre hojuelas. Tuvo numerosas dificultades, producto de la transición tan abrupta del autoritarismo a la democracia. El momento más difícil que tuvo que enfrentar fue la partición, en 1993, de Checoslovaquia en dos naciones. Algunos que se rehusaban a la división, criticaron duramente al Presidente por no hacer más para impedirla. Pero Havel, al final, aceptó la realidad nacionalista. Renunció como Presidente de Checoslovaquia para convertirse en Presidente de la República Checa.

A pesar de las dificultades, después de 13 años de estar en el poder, Havel dejó a su país en una situación envidiable. Hoy, la República Checa es una democracia plena que ha completado la transición a una economía de mercado competitiva e igualitaria.

Intelectuales como Havel son generalmente un desastre cuando tienen la posibilidad de ejercer el poder. Su ingenuidad no les ayuda a enfrentar a políticos de tiempo completo quienes tienen todo el colmillo para desgastarlos. Sin embargo, el ex presidente checo tuvo los tamaños suficientes para capotear esta situación. A final de cuentas preservó su puesto por 13 largos años a pesar de ser criticado por ciertas acciones, como los muchos perdones presidenciales a criminales probados.

La principal fuerza de Havel fue moral. Como Presidente cumplió un papel de jefe de Estado. A pesar de que tenía ciertas facultades políticas como la disolución del parlamento, Havel supo ponerse por encima de la política cotidiana para convertirse en una figura representativa de lo mejor del pueblo checo. Pero la moral también fue su debilidad política. Havel nunca dejó de ser un crítico, lo cual impactó negativamente su popularidad. Constantemente les recordaba a sus conciudadanos que la democracia también dependía de ciertos estándares morales. Este idealismo lo distanciaba de los checos comunes y corrientes. Sus discursos eran sofisticados, lo cual dificultaba la comunicación en la era del sound bite televisivo.

Václav Havel, el gran estadista liberal, murió el domingo pasado. Hoy se llevará a cabo un funeral de Estado en su honor en el emblemático Castillo de Praga. Su legado perdurará. Porque hoy la República Checa ya no depende de un hombre, sino de instituciones democráticas. Y ese es, quizá, la mejor herencia de este personaje que cambió el destino de su nación para siempre. “Sbohem Václav”, que te vamos a extrañar.

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