enero 03, 2011

El Presidente

Ezra Shabot
Analista político
El Universal

La penúltima semana del 2010, pude entrevistar al presidente Felipe Calderón en Los Pinos para la tercera emisión de Noticias MVS. Los temas que en ese momento generaban mayor interés eran la liberación de Diego Fernández de Cevallos y la explosión de ductos de Pemex en Puebla. En ambos casos, el primer mandatario insistió en que eran acciones del crimen organizado. La primera, a pesar del contenido social de los boletines del grupo secuestrador, y la segunda, como un “accidente de trabajo”, de quienes hacen enormes negocios ilícitos con la ordeña de ductos.

La guerra contra los delincuentes desde 2006 es considerada por Calderón como una decisión que no le permitía margen de maniobra. No hacerlo implicaba permitir a los grupos criminales apoderarse no sólo de regiones enteras en el país, sino abrirles la puerta para acceder a los altos mandos políticos, algunos ya infiltrados ahora, como sucedió en Michoacán. Haber puesto en el centro del debate nacional esta guerra generalizada contra el crimen, dañó seriamente la imagen del gobierno, más en medio de un desorden informativo de la propia administración, que apenas rectificó esta falla hace unos meses.

El desencanto de Calderón por los magros resultados legislativos, lo llevaron a concluir que a pesar de haber conseguido lo que consideró logros aceptables, es imposible avanzar más, debido a una lógica de poder que imposibilita acuerdos. La inexistencia de mayorías legislativas gobernantes, hace que las negociaciones se limiten a evitar el colapso social o económico, pero no profundicen para permitir grandes transformaciones favorables al Ejecutivo y su partido. Gobierno sin mayoría en el Congreso es sinónimo de inercia y falta de fuerza política real.

El tema de la sucesión presidencial también estuvo presente, y el compromiso de Calderón de no intervenir en la elección del candidato panista es, a pesar de las dudas que esto genera, producto de su propia experiencia pasada. Aquel panista que se asuma, o sea percibido como el favorito de Los Pinos, hallará serias resistencias dentro de la estructura partidaria que buscará, sin duda, un candidato que pueda deslindarse de una administración que de una u otra forma termina desgastada tras seis años en el poder. Para los panistas, proponer una tercera cadencia requiere de una figura excepcional que presente una propuesta distinta a la de Fox y Calderón. El argumento de la continuidad no es ya efectivo.

El Presidente se prepara para lo que será la última parte de su gobierno, en el entendido de que no contará ya con ningún apoyo en el Congreso, y de que varios de sus colaboradores cercanos estarán metidos más en su proyecto particular que en su responsabilidad pública. Las condiciones económicas previstas para el 2011, con un crecimiento mayor al 3% y una generación de empleo en línea con esta variable, le permitirán seguir manteniendo un respaldo significativo por parte de una clase media en franca recuperación después del golpe recesivo de 2009.

Para Calderón, 2011 es año de las decisiones rumbo al término de su administración y el cambio de mando. Es hora de hacer la contabilidad de la guerra contra el crimen; de resaltar áreas donde se dio un avance, y de concluir con la tarea de abrir el camino para una mayor competencia, principalmente en el área de las telecomunicaciones, donde los monopolios le siguen ganando la partida. El temor porque estos factores de poder definan la próxima elección con su fuerza mediática, no puede condicionar la labor de un gobierno que está obligado a romper con los obstáculos que limitan la competitividad, aunque esto implique perder la elección del 2012.

Dispersión

Roberto Zamarripa
tolvanera06@yahoo.com.mx
Reforma

A ojos de funcionarios del gobierno federal llegaron a fin de año datos inquietantes. Una de las encuestas conocidas en el primer círculo gubernamental establecía que a la pregunta de "¿Estaríamos mejor con López Obrador?", la respuesta afirmativa sumaba 53 por ciento de encuestados.

El dato no parece menor. El voto duro del tabasqueño no se esfuma y la percepción de que eventualmente el suyo habría sido un gobierno diferente -mejor que el actual- obviamente caló en el ánimo oficial.

Varios ajustes tratarán de hacerse no sólo en función de ese dato sino de un conjunto de situaciones que han preocupado al gobierno federal.

La elección del presidente panista fue una muestra del alcance de la división partidista y de la fractura del grupo calderonista. Restañar heridas de esa batalla no será nada fácil y más que la conclusión de una disputa interna parece ser el inicio de un largo y azaroso ajuste de cuentas entre panistas.

Pero donde las señales de alarma han sido activadas es en el gabinete de seguridad.

Lo acontecido en Apatzingán a principios de diciembre generó enormes inquietudes sobre la fragmentación en el aparato de seguridad del gobierno federal. Efectivamente, un operativo de inteligencia de la Policía Federal parecía tener ubicadas las casas de seguridad de los jerarcas de La Familia Michoacana, pero esos reportes no dieron el mapa completo a los operadores de la acción.

Lo que no tenían en su mapeo era la capacidad de resistencia de decenas de personas armadas que defenderían el territorio ante cualquier incursión máxime si era de la Policía Federal, ya que al Ejército le guardan un mayor respeto.

La incursión policiaca encontró una feroz resistencia casa por casa que obligó a los efectivos federales a retirarse ante el debilitamiento de sus fuerzas. El disparo de un misil hacia una de las casas ubicadas como zona de resguardo de los dirigentes de La Familia "salvó" el operativo. El misil destruyó la casa donde se resguardaba Nazario Moreno, conocido como El Chayo.

Cuando los elementos policiacos pidieron refuerzos, la respuesta del Ejército fue tardía y dejó, una vez más, al descubierto la división entre las fuerzas de seguridad federales. No se necesitaba de WikiLeaks para la confirmación: el Ejército no confía en la Policía Federal y viceversa y la Marina no confía en ninguno de los dos.

Tras esa desordenada incursión en las inmediaciones de Apatzingán, el gobierno federal trazó una estrategia de unificación de discurso y comenzaron a emitirse comunicados dando partes conjuntos de las acciones armadas en contra de grupos delincuenciales.

El 25 de diciembre fue emitida una de esas comunicaciones conjuntas donde sin pretexto alguno se dijo que el gobierno federal había intensificado sus acciones contra el grupo "del Pacífico" tratando de dar a entender que no existía un sesgo en el combate criminal.

A decir del comunicado, firmado por las secretarías de la Defensa, la Marina, Seguridad Pública y la PGR, una cuarta parte de las detenciones de narcocriminales ha sido de integrantes del Cártel del Pacífico y del total de decomisos de droga, 62 por ciento "se ha dado en los mercados y rutas asociados a las organizaciones delincuenciales del Pacífico y de los Beltrán Leyva, ubicadas en las entidades de Sinaloa, Sonora, Durango y Nayarit".

La narrativa gubernamental intenta corregir en dos vertientes: una, al firmar conjuntamente todas las dependencias de seguridad, limpiar la percepción de la división y enfrentamiento de las propias fuerzas gubernamentales; y dos, insistir que no hay un cártel consentido o protegido por alguna fuerza federal.

El reto gubernamental en el 2011 será remontar no sólo en el discurso, sino en el terreno de operación, la evidente división de sus fuerzas. La principal asignatura, la batalla contra el crimen organizado, sigue desarrollándose en medio de una competencia entre las fuerzas de seguridad, y la operación política que descansa en el propio Partido Acción Nacional no termina de superar la fractura del grupo calderonista, que derivó en la elección de Gustavo Madero como presidente nacional y en la tácita separación de un amplio grupo de dirigentes intermedios descontentos con los procedimientos desarrollados en el relevo partidista.

La sucesión presidencial de 2012 puede tener efectos de dispersión más que de cohesión. El 2011 aparece como un año donde el Gobierno de las Lealtades caminará entre las traiciones. El calderonismo comienza a ser historia.

Pluralidad y alternancia, fracasan en sólo diez años

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

¿Qué pasó? ¿Por qué nadie o casi nadie se ha ocupado de analizar y explicar a los ciudadanos el fracaso de una década?

Desde la década de los 60 —hace casi medio siglo— a los mexicanos se nos vendió la peregrina idea de que viviríamos el mejor de los mundos una vez que el PRI fuera echado del poder; cuando existiera pluralidad en el Congreso y fuera realidad la alternancia en el poder.

Por eso, durante las décadas que van de los 60 y el año 2000, los apóstoles de la democracia en que se erigieron los políticos del PAN, y una pujante izquierda emergente, convirtieron en estandarte de cambio, bienestar y puerta de entrada al paraíso, no sólo la caída del PRI, sino la llegada de la pluralidad, la alternancia y la transición democrática.

Así, y gracias a sucesivas reformas electorales, a lo largo de la década de los 90 se estimuló la alternancia, se ensayó la caída del PRI en gobiernos estatales, y se favoreció la llegada de azules y amarillos al poder estatal y a los congresos locales. En 1997 se dio un gran paso, cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. En el año 2000, finalmente, el PRI fue echado del poder presidencial.

Lo habíamos logrado como sociedad; las reglas electorales eran creíbles y confiables, ejemplo en el mundo; el PRI había sido depuesto y el Congreso federal era plural hasta lo impensable. Era realidad la división de poderes, la autonomía estatal, la alternancia, la pluralidad y parecía inminente la transición democrática. En el año 2000, México y los mexicanos parecían tocar la puerta a la democracia, la modernidad y el éxito. Tocar el cielo.

Hoy se cumplen diez años del inicio de ese sueño. Y tan sólo a una década del gran cambio, no parece descabellado concluir que fracasaron la alternancia, la pluralidad, la transición y —como lo señalamos en las dos últimas entregas de 2010—, también fracasaron los partidos opositores que durante medio siglo pregonaron que todo sería mejor sin el PRI. Y todo ha sido tan bueno, que en una de esas y el PRI regresa en 2012.

¿Qué pasó? ¿Por qué nadie o casi nadie se ha ocupado de analizar y explicar a los ciudadanos el fracaso de una década? ¿Por qué fracasaron los gobiernos del PAN y del PRD? ¿Por qué en no pocos estados de la República regresó el PRI? ¿Y por qué el PRI estaría de vuelta en 2012? Pareciera, en términos generales, que fracasaron la alternancia, la pluralidad y la transición. Pareciera que no existe diferencia mayor entre el PRI, el PAN y el PRD. ¿Qué falló? ¿Quién falló?

A la vuelta de diez años, México no es mucho mejor que el México de los años 80 o 90. En algunos casos, incluso, pareciera que vivimos severos retrocesos. Hoy, por ejemplo, cuando vivimos en democracia, cuando existen rendición de cuentas y transparencia, los gobiernos estatales son más autoritarios, impunes y antidemocráticos que antes. ¿Por qué? Porque, en los hechos, no existe ningún poder de equilibrio, capaz de someterlos, obligarlos a rendir cuentas y a pagar por sus fallas y pillerías. Hoy los gobernadores son virreyzuelos intocables.

Hoy, por ejemplo, el Congreso de la Unión es improductivo. ¿Por qué? Porque los partidos, sus líderes y legisladores, son incapaces de ponerse de acuerdo, de colocar por encima de sus vulgares intereses, el interés nacional. Y nada los obliga a ser productivos, a llegar a acuerdos, a legislar de manera eficiente sobre lo que permita conducir al país al primer mundo.

Hoy el Presidente y sus facultades se han achicado, hasta niveles de franca ineficacia; la ejemplar ley electoral y sus elefantes blancos —el IFE y el Tribunal— son insultantes castas divinas de burócratas enriquecidos y, para no variar, son una caricatura de lo que fueron; mientras la transparencia es una farsa empezando por su instituto, y los partidos son cueva de ladrones controlada por grupos familiares que saquen al país cada tres o seis años.

Hace medio siglo los opositores se quejaban de que el PRI era un monopolio del poder. Hoy, la partidocracia es el mismo monopolio del poder, incluidos PAN y PRD, y esas vulgares empresas familiares que son el PT, Convergencia, el PVEM y el Panal. Hoy todos esos partidos, sus líderes y gobernantes, son tanto o más corruptos, cínicos, transas y mentirosos que los político surgidos del viejo PRI, cuya caída debía dar paso al mejor de los mundos.

Algo falló, sin duda. Pero los ciudadanos no somos ajenos a la culpa. ¡Ahí vamos de nuevo en busca de un mesías, de un salvador que, además, nos hable bonito al oído! La culpa de los ciudadanos es igual al fracaso de los políticos. ¿O no?

2011

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

En su edición especial de la situación previsible del mundo en el año 2011, The Economist ofrece el siguiente resumen-pronóstico para México, al que agrupa, por cierto, con Canadá y Estados Unidos en la región de Norte América, no en la América Latina:

“Con elecciones a la vista en 2012, el opositor Partido Revolucionario Institucional (PRI) moderará su posición obstruccionista, y el Partido de Acción Nacional en el gobierno podría avanzar algo en su programa de reforma económica. Sin embargo, cambios que se consideran vitales para aumentar la tasa de crecimiento, como abrir a la inversión privada el sector energético y liberalizar las leyes laborales, son aspectos no negociables para el PRI y no pasarán. La autoridad del presidente Calderón se verá minada por el creciente recelo popular sobre la eficacia de su ofensiva militar contra el crimen organizado. La economía irá despacio, en sintonía con la de Estados Unidos, y la tasa de crecimiento caerá al 3%, después del 4.6% de 2010”.

La cuestión central de la región norteamericana, según la revista, será el esfuerzo de Estados Unidos por evitar una recaída. El crecimiento previsto para los intercambios del Tratado de Libre Comercio de la región es de 1.7 por ciento. El producto interno bruto de Canadá crecerá en 2.1 por ciento y el de Estados Unidos en 1.5%. Al final del año, el ingreso per cápita de los tres países, medidos en capacidad efectiva de compra, será de 48 mil 10 dólares para Estados Unidos, 40 mil 110 dólares para Canadá y 16 mil 100 dólares para México.

Prácticamente todos los países de América Latina tendrán un crecimiento económico superior al de México, con las dos únicas excepciones de Ecuador, que crecerá a 2.5% y de Venezuela que decrecerá 2.5%.

El más alto crecimiento de la región lo tendrá Chile, con 5.7%, seguido por Brasil, Perú y Paraguay, con 4.5%, por Colombia y Uruguay con 4.4% de crecimiento, Argentina con 4.0%, Bolivia con 3.8% y Cuba con 3.7%.

Pero sólo Argentina tendrá al final de 2011 un ingreso per cápita superior al de México, con 16 mil 290 dólares. Chile lo tendrá ligeramente inferior, en 16 mil 020 dólares por cabeza y Brasil estará en 11 mil 870, aunque según la revista, el acontecimiento central de la región latinoamericana será la consolidación de Brasil como estrella de los países emergentes, junto con Rusia, India y China (los famosos Brics).

Yo he pasado los últimos diez días en Puebla y en Quintana Roo. No he visto sino carreteras, tiendas, playas y restaurantes llenos. Lo cual no significa nada pero es lo que vi.