enero 10, 2011

Desarmados

Germán Martínez Cázares
Ex Presidente nacional del PAN
Reforma

Estaba dispuesto a suicidarse, cuando un doctor le diagnosticó una enfermedad grave y agresiva. Se lo confesó con imperturbable estoicismo a Carlos Castillo Peraza. Era un mexiquense valiente. Veterano militante panista. Obrero y soldador en su juventud. Periodista de la Escuela Carlos Septién García. Parlamentario indómito. Diputado federal en tres ocasiones y miembro de la Asamblea del Distrito Federal. Prácticamente solo dirigió la revista La Nación, donde con su vieja máquina de escribir Remington heredó el testimonio escrito de más de 25 años de la lucha panista.

Gerardo Medina Valdés nació en el municipio de El Oro, en el estado de México. Volvería a morir al ver a su partido desesperado, desarmado, dispuesto al suicidio político.

¿Qué llevó al PAN mexiquense a quedar secuestrado en la estrategia electoral de quienes no reconocen al presidente Calderón? ¿Por qué algunos panistas se sienten destrozados sin coalición?

El poder político depositado por los ciudadanos a los panistas, en la entidad más poblada del país, no se cuidó. Los valores encarnados por Gerardo Medina se dilapidaron en las manos de aventuras personales, riñas internas, escándalos, excesos, incluso, quizá, corruptelas y delitos de panistas.

¿No fue señalado un alcalde de Atizapán, de autoría intelectual, en el asesinato de una regidora? ¿Cómo olvidar el sueldo del tristemente célebre actor y alcalde de Tultitlán, Antonio Ríos, 46 mil dólares anuales más del que cobró, entonces, Tony Blair en Inglaterra, o el pago mensual del presidente del necesitado municipio de Ecatepec, Agustín Hernández Pastrana, de más de 420 mil pesos al mes? Ésas y otras opulencias obligaron al entonces diputado federal, Felipe Calderón, a impulsar una reforma constitucional para lograr una remuneración pública decente.

El Congreso local mexiquense fue testigo, en dos legislaturas distintas, de actos emblemáticos de nuestra torpeza. Uno, el derroche de una mayoría panista de 29 diputados, fugada entre líos y depravaciones de 13 representantes traidores al PAN. Otro, más reciente, dejó en duda la rectitud panista: aprobaron las cuentas públicas irregulares de Arturo Montiel.

Algunos de los últimos ayuntamientos panistas terminaron sus mandatos en medio de impresiones serias de mal manejo del dinero público, como Atizapán y Cuautitlán; otros enfrascados en reyertas y, alguno, con un beso de Judas, corteja el favor de Peña Nieto. Sin omitir el ridículo de la mentira del "clon" del alcalde de Toluca, para promover su imagen.

Durante el último proceso de selección y designación de candidatos, las manifestaciones de panistas llegaban a la sede del Comité Nacional, alentadas y patrocinadas -me temo con gasto público-, por uno u otro palacio municipal, enfrascados en guerra fratricida. El desfiguro llegó a fingidas huelgas de hambre.

Muchos panistas mexiquenses abrazaron la política como mercadeo de intereses y "chambismo", sin control ni compromiso cívico.

Esa historia de vergüenza, y su onerosa factura, se está pagando hoy. No tener candidato a gobernador es mera consecuencia. ¿Cómo invitar a un ciudadano limpio y probo a ese tiradero interno? ¿Cómo alentar nuevas generaciones de panistas con ese comportamiento público?

Además, durante las vacaciones navideñas, con nuestra ausencia, perdimos la iniciativa de la coalición que arrinconaba al PRI; dejamos a los perredistas moderados a merced de López Obrador; provocamos la unidad de la izquierda que amenaza al PAN; entregamos la bandera opositora al diputado Encinas y, por tanto, regalamos la retórica de la alternancia. Todo sin someter a los priistas al mínimo desgaste.

Castillo Peraza libró del suicidio al mexiquense vertical Gerardo Medina, ¿quién salvará al PAN del estado de México? Luis Felipe Bravo Mena no aceptaría participar como candidato, pero su talento y mesura para encabezar el partido -al menos por el tiempo electoral-, le recuperaría, de entrada, junto a otros panistas mexiquenses, el rostro de honradez.

'No le hagan sombra al Presidente'

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

A todos, felicidades, convencido de que este 2011 no será, en general y tampoco en lo personal, tan oscuro como 2010.

Este 2011 estará marcado, pese a la persistencia y el efecto desestabilizador de la violencia, por los reacomodos políticos de cara a la elección presidencial del año próximo. El gobierno federal, tan reacio a realizar movimientos que envíen señales más o menos claras sobre los rumbos de su sucesión, realizó el viernes pasado una serie de cambios que van en esa dirección pero que parten ya de la convicción de que cualquier aventura aliancista está rota. Sin embargo, todavía quieren esperar: la consigna que manejan, en Los Pinos y en el gabinete, acertada o no, es clara: no son tiempos, dicen, de hacerle sombra al Presidente

En los hechos, se designó en Energía y en Comunicaciones y Transportes, a dos de los mejores hombres del equipo de Ernesto Cordero, el secretario de Hacienda y quien aparece como el candidato que desde Los Pinos más se quisiera impulsar a la contienda de 2012. Con la mayoría de los movimientos anunciados, son cada vez más las posiciones del gabinete de funcionarios cercanos a Cordero: José Antonio Meade en Energía y Dionisio Pérez-Jácome en Comunicaciones, son dos secretarios jóvenes y que pueden desarrollar muy bien su tarea. El problema es con quién llevará Cordero la SHCP, sobre todo si, como se espera, aún faltan más de seis meses, por lo menos, para que deje esa posición si finalmente busca la candidatura. En el PAN no sobran, precisamente, los especialistas económicos: muchos de los que comenzaron en posiciones financieras importantes han emigrado a otras dependencias o a la iniciativa privada, otros se han ido con Agustín Carstens al Banco de México y los que podrían tener un origen o una relación con el PRI ya se están acomodando en ese partido. Cordero se fortalece en el gabinete pero tendrá un equipo políticamente más débil.

Da la impresión de que algunos de estos movimientos no estaban pensados originalmente así, pero algo catalizó las cosas, probablemente la decisión del PRD de lanzar a Encinas en el Edomex, con todo lo que ello implica, debe haber convencido a Los Pinos de que había que comenzar a mover sus piezas. Juan Molinar Horcasitas, del que no se duda de su cercanía con el presidente Calderón, gastó todo lo que pudo su capital como secretario de Comunicaciones y Transportes con costos políticos muy altos, y su situación era ya insostenible en esa dependencia. Pérez-Jácome, que es un administrador muy eficiente, parece que se ocupará, sobre todo, del programa de infraestructura, pero le dejan en Comunicaciones una agenda pendiente con innumerables enconos que pueden ocuparle tiempo y espacio. Colocar a Meade en Energía sólo se comprendería si ello implica un mucho mayor peso de la Secretaría sobre Pemex y la CFE. Lo cierto es que ni uno ni otro parecían estar encaminados a esas responsabilidades hace apenas dos semanas.

Quizás el caso más claro es la salida de Luis Felipe Bravo Mena de la secretaría particular. Bravo Mena se había convertido en un operador muy importante para el Presidente pero la decisión del PRD de lanzar a Encinas y con ello abandonar cualquier posibilidad aliancista, obligaba al PAN a tener un candidato competente. Y allí todo hace suponer que deberá ir Bravo Mena, cuya primera campaña en el Estado de México, en Naucalpan, fue a fines de los 80. Sorprendió la llegada de Roberto Gil a la secretaría particular: no por la confianza que le tiene el Presidente ni por su capacidad (Gil sigue siendo uno de los políticos jóvenes con mayor futuro en el panismo… si lo dejan), sino porque había salido muy golpeado de la contienda interna del partido. Pero mayor sorpresa generó que públicamente el presidente Calderón le haya encargado a Gil las relaciones con los otros Poderes de la Unión y los interlocutores políticos. En los hechos, mientras el secretario de Gobernación José Francisco Blake parece cada vez más el coordinador de las distintas áreas de seguridad, el encargo a Gil desde la secretaría particular parece refrendar que el Presidente querrá manejar la política-política directamente desde Los Pinos.

Lo que no ha cambiado en todo esto (y no tendría por qué hacerlo en el tramo final del gobierno), es la decisión presidencial de trabajar con un equipo cercanísimo y que no se abre a grupos ajenos al calderonismo. Mientras tanto, lejos de allí, Santiago Creel ya comenzó a buscar una candidatura que hoy parece lejana, y Josefina Vázquez Mota confirmará, antes que cualquiera del entorno de Los Pinos, esa búsqueda en las próximas semanas, con un perfil propio. Ahora habrá que ver si a los hombres más cercanos al calderonismo les alcanza el tiempo para la reconversión de funcionarios en precandidatos.

La guerra de Calderón es ineludible

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

El prestigioso semanario The Economist, en la edición dedicada a las perspectivas de 2011, señala que México le irá ganando poco a poco la batalla a las organizaciones criminales. Textualmente: […] “it may become clearer that the government is starting to win”, o sea, “posiblemente quedará más claro que el gobierno está comenzando a ganar”.

Los opinadores catastrofistas-tremendistas-derrotistas no habrán de celebrar mucho esta apreciación de las cosas. La “guerra” de Calderón, en tanto que se trata de una estrategia de combate directo, es criticada por quienes propugnan políticas dirigidas a resolver los problemas de fondo de este país: la educación, la justicia social, el empleo, la economía, etcétera. Y, sí, es cierto: estaríamos mucho mejor si tuviéramos el nivel educativo de Finlandia y si el aparato de justicia no estuviera tan corrompido y si una reforma fiscal nos permitiera dedicar más recursos a la salud y si el Estado invirtiera grandes sumas en investigación y desarrollo, bla, bla, bla… Todos estamos de acuerdo en esto.

El problema es que los narcos y los sicarios ya están ahí; ya operan, ya asesinan y ya perpetran aterradoras atrocidades. Nos podemos preguntar si la violencia que despliegan es resultado directo del acoso que padecen. Tal vez. En este sentido, Calderón estaría agitando el avispero. Pero el hecho de que se hayan puesto tan respondones justifica, precisamente, la intervención de un Estado mexicano que está obligado a actuar para neutralizar a tan peligroso poder paralelo.

La famosa forcé de frappe de Francia se basa en la fuerza de disuasión que tiene un ejército equipado de armas nucleares. ¿Qué poder de disuasión tendría el Estado mexicano si se queda cruzado de brazos ante la realidad de unas mafias del narco que, encima, le han lanzado un abierto desafío?

No he sabido de ningún sicario al que, a estas alturas, se le pudiera amansar con lecturas de Shakespeare. El único lenguaje que entiende esa gente es el de las ametralladoras. Tan simple como eso.