enero 13, 2011

La fantasía de pactar con el narco

Julián Andrade (@jandradej)
julian.andrade@razon.com.mx
La Razón

En la serie The Wire dos policías conversan. Hablan del mundo de las drogas en Baltimore y concluyen: “ésta es de las guerras que nunca se ganan”.

Quienes patrullan las calles saben que el delito está a la vuelta de la esquina y que la apuesta es por contenerlo en niveles aceptables para la sociedad.

En el fondo todo el mundo intuye que el narcotráfico no puede ser derrotado, porque lo que venden es una mercancía apreciada y necesaria para quienes la requieren.

De eso viven los criminales, quienes además construyen todo un aparato delictivo que va más allá de las drogas: robo de autos, trata de personas, secuestro y extorsión, por mencionar sólo algunos.

¿Entonces hay que rendirse? Para nada, esa es una tontería que no tiene ni pies ni cabeza y que además no promueve nadie en su sano juicio.

La fantasía de un pacto con los criminales es eso, una ocurrencia que en la práctica se torna imposible, porque simple y sencillamente no hay con quién negociar.

Si bien hay grandes jefes de los cárteles, la estructura de estos grupos funciona en pequeñas células que tienen mando y vida propia. Por eso son tan contundentes las ejecuciones entre ellos, cuando alguien se pasa de la raya, o se mete en el negocio del otro.

De ahí también que sus alianzas sean momentáneas y sus acuerdos bastante endebles.

La idea de que se puede pactar con los narcos viene de un periodismo cargado de ficción en el que todo es posible.

Hay páginas y páginas que narran historias que son imposibles en la vida real, pero que generan expectativas en la sociedad.

¿Quién no recuerda las narraciones de los grandes capos, enemigos todos, tomándose un trago para pactar con los malvados políticos?

Por eso algunas encuestas señalan que hay una fracción más que considerable de la población que vería con buenos ojos el llagar a algún tipo de acuerdo con los maleantes.

A ellos hay que explicarles que esto no es posible por razones legales pero, más aún, por cuestiones prácticas.

El gobierno federal cayó en su propia trampa al insistir, sin denuncia ante la autoridad, que en el pasado no se combatió al crimen.

Eso no fue así y hay infinidad de datos para probarlo, entre ellos las detenciones de capos de la talla de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, (quien escapó de una prisión de máxima seguridad) Francisco Arellano y Héctor El Güero Palma, entre otros.

Otra cosa son los funcionarios corruptos que establecen acuerdos con los criminales, pero estos burócratas no pactan, más bien se venden para brindarle protección a estos grupos.

Ni la política de fantasía, ni el periodismo sin sustento, son un buen antídoto para el veneno de la desconfianza, que es el que permite que se elaboren las más disparatadas teorías.

Encinas y Godoy Toscano

Adrian Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

¿Qué tanto pesará en el ánimo colectivo el recuerdo de que el virtual candidato del PRD a la gubernatura del estado de México, Alejandro Encinas, ocultó durante tres días en su despacho en la Cámara de Diputados al hoy prófugo Julio César Godoy Toscano?

El asunto viene a cuento porque ayer la Procuraduría General de la República (PGR) emitió una nueva orden de aprehensión en contra del efímero diputado, a quien se acusa de pertenecer al cártel de “La Familia Michoacana’’.

Encinas dijo en su momento que su partido había respaldado al medio hermano del gobernador Leonel Godoy porque su caso se estaba utilizando como arma política para defenestrar al gobierno perredista de la entidad.

Cuestionó también los resultados del llamado “michoacanazo’’, que fue vendido como el más duro golpe al crimen organizado en la entidad para terminar siendo un verdadero fiasco, con todos los detenidos ya en libertad.

En el caso de Encinas, hasta los priístas le reconocen sus méritos políticos pero la ciudadanía sigue recordando que, como jefe de gobierno interino del DF, facilitó a Andrés Manuel López Obrador la toma de la Avenida Reforma y el Zócalo por más de 60 días después de la elección presidencial del 2006.

Y cuando el asunto parecía olvidado, Encinas se involucró nuevamente en el lance que sirvió para que Godoy Toscano protestara como diputado federal pese a las evidencias en su contra.

Al final, los perredistas que formaban parte de la Sección Instructora, responsable juicio político al michoacano, votaron a favor.

Encinas se limitó a exponer: “nos habían engañado’’.

Escalofriante por decir lo menos, fue la cifra de 15,273 asesinatos presuntamente relacionados con el crimen organizado, ocurridos tan solo en el 2010.

¿Qué país en el mundo podría competirle a México en ese renglón? ¿Qué país tendría el material humano y tecnológico para resolver siquiera el 10% de esos crímenes? ¿Cómo saber si todos esos asesinatos tienen relación con la delincuencia organizada o cuántos de ellos fueron aprovechados para saldar deudas familiares, pasionales, etcétera?

Lamentablemente para la política de comunicación de las instituciones encargadas de combatir al crimen organizado, la sola cifra mata cualquier declaración o acuerdo, por propositivo que sea.

Es mucha sangre.

Con más pena que gloria, el próximo sábado el panista-ex priísta Héctor Ortiz Ortiz, entregará el gobierno de Tlaxacala a un viejo conocido suyo, el tricolor Mariano González Zarur.

Ortiz Ortiz ganó la gubernatura hace poco más de seis años luego de una división interna del PRI y de que el PRD insistiera en llevar como su candidata a la gubernatura a la esposa del exgobernador Alfonso Sánchez Anaya.

Así que el gobierno de Tlaxcala regresará a las manos del PRI después de haber pasado por el PRD y por el PAN; en este último sexenio, lamentablemente para el estado, poco puede presumirse.

¿Sí o no a la alianza en el Edomex?

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

Unos dicen que sí, otros que no. Unos dicen que sí en un lado y luego dicen que no en otro. Si no la hay, el PRI va a ganar la gubernatura.

No acabo de entender si habrá o no alianza del PRD con el PAN para las elecciones de gobernador del Estado de México. Unos dicen que sí, otros que no. Es más, unos dicen que sí en un lado y luego dicen que no en otro. El mismo Alejandro Encinas, presunto candidato del PRD a la gubernatura, algunas veces niega la posibilidad de una alianza aunque en otras entrevistas deja abierta la puerta a esta posibilidad. Lo mismo con Luis Felipe Bravo Mena, precandidato del PAN, quien está a favor de una alianza pero tampoco acaba de vislumbrarla.

Las direcciones nacionales de estos partidos, así como las estatales, coquetean con la alianza. Sin embargo no definen reglas explícitas para elegir a un candidato aliancista. En suma hay una postura de “sí pero no o de no pero sí”.

Yo sigo sosteniendo que, sin alianza, el PRI va a ganar la gubernatura en el Estado de México. No porque sea mago. Son muchos los factores que me llevan a pensar esto. El gobernador priista Enrique Peña Nieto es muy popular en su estado. Tiene, además, una gran capacidad de operación electoral que ha demostrado en otras entidades de la República. Por lo que toca al partido, el PRI tiene una presencia real e histórica en el Edomex. Es el favorito de los mexiquenses; si bien no alcanza la mayoría de votos, casi siempre obtiene más que los perredistas y los panistas por separado. Agréguese a esto que Peña Nieto es el candidato presidencial más popular por lo que puede “vender futuro” a cualquier priista tentado a abandonar el partido en la presente coyuntura; esto abona a la disciplina partidista de los priistas mexiquenses y evita divisiones que pongan en peligro la victoria del tricolor.

Hoy por hoy, sin candidatos ciento por ciento definidos, sin campañas de por medio, me atrevo a afirmar que el PRI tiene todo para ganar en el Estado de México si el PRD y el PAN van con candidatos separados y se divide el voto antipriista. Estoy dispuesto a apostarlo.

Nótese que la condición es importantísima: ¿habrá alianza? En política nadie puede descartar ningún escenario. ¿Quién hubiera pensado, por ejemplo, que el PRD se aliaría al PAN en las elecciones de 2010 después de la gran animadversión que existía entre estos dos partidos por la elección presidencial de 2006? En este sentido, de entrada, no hay que descartar la posibilidad de una alianza en el Edomex como ocurrió el año pasado en cinco entidades.

Pero las alianzas son actos políticos muy difíciles de concretarse. Se necesita un candidato que aglutine a las dos fuerzas electorales. En el Estado de México no parece haber esta figura. Además se requiere que estén de acuerdo los liderazgos nacionales y locales de los dos partidos. De nuevo, en este rubro, no parece existir esta condición presente en el Edomex. Unos se expresan a favor de la alianza y cinco minutos aparecen otros que están en contra.

De esta forma, la posibilidad de una alianza ha resultado un proceso caótico. Al parecer, en el PAN y en el PRD están hechos bolas. Van y vienen declaraciones a favor y en contra. No sabemos qué va a pasar. Mientras tanto, el PRI cabalga en caballo de hacienda. El gobernador Peña Nieto se da el lujo de dilatar quién será el candidato priista y demuestra, así, que mantiene la disciplina política en el frente tricolor.

Se puede pensar que el PAN y el PRD están escondiendo sus intenciones verdaderas para distraer al adversario priista. Que están confundiendo a propósito. Que va a llegar el día en que finalmente anuncien que sí hay alianza y que el PRI, por tanto, está en peligro. Como si la política fuera un juego de ajedrecistas que mueven sus fichas en jugadas magistrales de largo plazo. Yo más bien creo que en este caso tenemos un juego caótico donde las circunstancias definen los movimientos de los jugadores, sobre todo de los opositores del PRI en la entidad mexiquense. En este sentido, hoy no veo las circunstancias alineándose a favor de una alianza antiPRI en el Edomex lo que significa que el PRI ganará en ese estado.

Pactar con los criminales es simplemente inmoral

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

El Estado mexicano es el responsable de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y, como todo sabemos, ha fallado estrepitosamente en el cumplimiento de esta primerísima obligación. Podemos entonces vociferar airadas reclamaciones y lanzar invectivas tan furiosas como justificadas. Pero, hasta ahí. Culpar al gobierno de Calderón de la inseguridad es un asunto bien diferente. Porque no es dicho gobierno el que asesina, el que decapita, el que tortura y el que secuestra. Son los criminales. Pensar que la inacción —es decir, la complaciente pasividad que exhibieron los regímenes anteriores ante la realidad del narcotráfico y la cómoda indolencia con que se acomodaron a un hecho gravísimo para la integridad de la nación— no sólo es una perspectiva viable, sino algo conveniente —aparte de deseable, adecuado y provechoso— es tal vez una postura entendible en aquellas personas que no tienen demasiados problemas de conciencia, pero se trata de algo esencialmente inmoral, por no decir peligroso y, encima, contraproducente.

No conozco a ningún Estado moderno que, en pleno conocimiento de causa, haya renunciado abiertamente a ejercer la fuerza legítima para combatir a sus enemigos. Este último término, estimados lectores, nos tendría que quedar muy claro y muy definido. Porque pareciera, a juzgar por las reacciones de la gente, que el Gobierno federal es el gran culpable de las ejecuciones, de los asesinatos y de las atrocidades que vemos todos los días. Pues no. Lo repito: quienes matan son los matones, quienes ejecutan son los sicarios y quienes extorsionan son los extorsionadores. Nadie en su sano juicio puede acusar al Gobierno de estar asesinando deliberadamente a sus ciudadanos. Su pecado, en todo caso, sería de omisión pero ¿acaso este gran problema nacional se gestó apenas en este sexenio?

Seamos justos. Y pensemos también como personas decentes: no es siquiera imaginable un pacto con los criminales. Pues eso.