enero 17, 2011

La verdadera historia de la fuga de El Chapo

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Se van a cumplir diez años de la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán y aparecen versiones fantasiosas sobre el hecho que, en realidad, encubren lo que realmente ocurrió aquel viernes 19 de enero en el penal de Puente Grande, en Jalisco. La fuga de El Chapo se inscribió en una estrategia marcada por las dudas y los errores que se cometieron en las primeras semanas de la administración de Fox: allí destacaban la decisión, errónea, de separar las áreas de seguridad de la Secretaría de Gobernación, dejando muchas zonas grises en la toma de decisiones y los espacios de responsabilidad; el enfrentamiento del nuevo secretario de Seguridad Pública, Alejandro Gertz Manero, con prácticamente toda la estructura de seguridad que se había consolidado en los años anteriores: Wilfrido Robledo Madrid, Jorge Tello Peón, Genaro García Luna y muchos otros; las diferencias profundas entre la naciente SSP, Gobernación y la PGR que encabezaba entonces el general Rafael Macedo de la Concha, y la creación de una suerte de consejo de seguridad nacional que encabezaba Adolfo Aguilar Zinser y que nunca se supo qué atribuciones tenía.

En esos días previos a la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, se divulgaron por televisión, entregados por un abogado defensor de Rafael Caro Quintero, videos donde se “denunciaban” las “duras condiciones” de los detenidos en Almoloya. Fue asesinado quien fue director de esa cárcel, Pablo de Tavira y quien fue su segundo, tanto ahí como en Puente Grande, Juan Castillo Alonso, quienes habían establecido esas “duras medidas” de seguridad en el sexenio que acababa de concluir. Quien participó activamente en la divulgación de esos videos fue el entonces director del penal de Puente Grande, Leobardo Beltrán Santana, quien había sido director de Almoloya cuando los filmaron.

El Chapo había sido trasladado a Puente Grande luego de un intento de fuga en Almoloya planeado en 1995. En el penal tapatío había construido todo un esquema de protección y seguridad en torno suyo, de Luis El Güero Palma y Arturo Martínez Herrera, en el que participaban la mayoría de los custodios y las autoridades de esa cárcel. Fue entonces cuando se difundió, desde el ámbito federal, que la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Jalisco, Guadalupe Morfín, estaba solicitando que se disminuyeran las medidas de seguridad en Puente Grande.

En realidad, Guadalupe lo que estaba haciendo, tanto ante las autoridades de Jalisco como ante la Secretaría de Seguridad Pública y la CNDH, era denunciar ese sistema de protección y las agresiones que habían sufrido tres custodios que no habían aceptado participar en él y que habían presentado su declaración ante Morfín.

Las denuncias fueron ignoradas hasta que Jorge Tello Peón, entonces subsecretario de Seguridad Pública, pero con enormes diferencias con el titular, Gertz Manero, fue a ver qué sucedía en Puente Grande a pedido expreso de Morfín. Tello Peón, al llegar a Guadalajara, tuvo una reunión con Beltrán y otra con Morfín, escuchó el testimonio de los celadores que estaban protegidos por la Comisión local de Derechos Humanos y pidió refuerzos urgentes de la Policía Federal para retomar el control de esa prisión. Esos refuerzos llegaron en la noche y el operativo se instaló cerca de las 22.30 horas. A las 21.45 se había visto por última vez a El Chapo en Puente Grande. Ahora sabemos que a esa hora se trepó a un carro de lavandería, salió del penal y abordó un carro que lo estaba esperando. Se fugó media hora antes de que se estableciera el nuevo mecanismo de seguridad en el penal. Pero incluso así tuvo mayor protección: las autoridades de Puente Grande tardaron ocho horas en buscarlo dentro de la cárcel y más aún en dar la voz de alerta a Tello, la PGR y a la Sedena, que se enteraron de la fuga hasta las ocho de la mañana del día siguiente. La fuga se dio en forma intempestiva, porque se enteraron, por las autoridades del penal, del operativo que había ordenado Tello Peón.

Consecuencia de la fuga, calificada por el procurador Macedo de la Concha y por Tello Peón como una historia de “brutal traición y corrupción”, Macedo y Gertz terminaron profundamente distanciados; Tello renunció a la SSP y se alejó del sector público hasta hace unos pocos años; García Luna dejó la Secretaría para irse a crear la AFI, con prácticamente todos los mandos originales de la PFP; Robledo Madrid también dejó la SSP y regresó a la Secretaría de Marina. Beltrán estuvo preso, junto con numerosos custodios de Puente Grande, hasta hace poco.

Hoy se busca reescribir la historia, aunque la misma está documentada, tiene pocos héroes (Morfín, Tello) y muchos villanos y fue consecuencia de la corrupción y de una visión revanchista sobre una política de seguridad que se había iniciado el sexenio anterior con buenos resultados.

No más sangre

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Me parece muy injusta la campaña de medios contra el PRD. “Estado asesino”, dicen los cuadritos que debe uno pegar en FaceBook y donde sea para protestar. Más de veinte hombres fueron decapitados a hachazos, aún vivos, uno con sierra, en Acapulco. Sencillamente no creo que el gobernador perredista lo haya ordenado. Me parece imposible. Los asesinatos en el DF demuestra ineptitud de un gobierno, del PRD, que no garantiza la seguridad de sus ciudadanos. Pero de ahí a llamar “Estado asesino” a los variopintos gobiernos, PRI, PAN, PRD y legisladores de otros partidos, todo lo cual conforma el Estado, es un gran salto sin pruebas.

“Hay que decirle al gobierno: ¡Ya Basta!”, ordenan desde la trinchera de López Obrador. ¿Al de Guerrero? ¿Al del DF? ¿Al de Chihuahua? La penetración del narco en toda la sociedad quedó demostrada en la portada de Proceso donde aparece Julio Scherer abrazado por El Mayo Zambada. La “entrevista” blandengue no hizo sino dar voz al narco. Quizá me equivoco y Scherer se presentó ante El Mayo y al grito de: “¡No más sangre!... Ya párale, Mayo”, le puso un par de bofetones. El Mayito “lloró mil”, pero Calderón le ordena que siga a mate y mate, y sigue… ¿Así o más estrafalario?

¿Y el logo? “NO + mancha roja”. Dicen que es de Rius. El mismo que allá por los años 70 le endilgó la expresión “travolteados” a Travolta en Fiebre de Sábado y a Juan Gabriel. Sencillamente no entiendo a quién está dirigida tan sensata exigencia: No más sangre. No es sólo sangre: según peritaje hecho a los decapitados en Acapulco, el instrumento empleado fue un hacha y, en el colmo del horror, a uno le serrucharon la cabeza… vivo. Vivos todos. ¿A esas bestias les pedimos que se porten bien? El gobierno está obligado, por ley, a perseguir de oficio algunos delitos, el homicidio es uno y peor aún si es con las agravantes mencionadas.

Otro de los 10 intelectuales en la campaña es Epigmenio Ibarra, el mismo que así como fue moda cincuentera refritear como Los Hermanos Karambazo a los Karamásovi, así del éxito de una espléndida serie: Oz, una cárcel especial, hizo una versión para cárcel de mujeres y la llamó Capadocia, no porque ocurra en esa región del Asia Menor, sino para deslizar la subliminal insinuación de que las mujeres están capadas. ¡Y me acusan a mí de misógino!

¿Qué hacemos? En el norte ya ha habido manifestaciones “espontáneas” que exigen la retirada del Ejército. Los narcos pagan 500 pesos a cada manifestante.

Por si algo faltara, añadamos los traspiés a que nos tiene acostumbrados el Presidente. Según MILENIO, el presidente Felipe Calderón condenó a los jueces que pusieron en libertad a Rafael Barraza, quien no sólo confesó el asesinato de Rubí Marisol Frayre, sino llevó a las autoridades para mostrarles el lugar en que la medio sepultó. Marisela Escobedo, madre de la joven, se plantó a las puertas del Palacio de Gobierno de Chihuahua, en protesta por la liberación del asesino confeso de su hija. A su vez, la madre fue asesinada a quemarropa a las puertas del Palacio.

El caso indigna, pero se equivoca el Presidente en su crítica a los jueces al llamar “formalismo” al motivo de la liberación. La justicia, para serlo, se construye sobre formalismos. Y si la integración del caso por el Ministerio Público no permite condenar a un acusado debe ser puesto en libertad. Lo que el MP no asienta en actas no existe. Niegan que hubiera confesión del acusado en actas.

¿Estaba o no la localización del cuerpo en las pruebas de cargo? No lo sé. Pero no es un mero formalismo que deba estar. Los jueces no se pueden guiar por los diarios. Urge, pues, reformar el Ministerio Público, lo cual no se ha hecho en diez años de panismo y no se planteó en los años del PRI. Son esos formalismos los que nos defienden a los ciudadanos contra arbitrariedades de la autoridad: para detenerme exijo una orden de aprehensión, mi confesión no basta, etcétera.

También es cierto que jueces más sensibles, y, ante una abrumadora prueba de culpa ausente en la integración del caso, no se van en piloto automático. Hay allí una delgada línea que con buena voluntad supliría las fallas del MP. No la tuvieron. Pero vamos mal si dejamos de lado los “formalismos”: un día nos tocará, como en el poema de Brecht.

Para empeorar la situación, al crimen no ha llegado la “igualdad de género”: En 30 mil muertos no hay 15 mil mujeres. Ya se inventó el término feminicidio. Es que a los hombres es normal que nos maten.