enero 18, 2011

'Bota Panal' por Paco Calderón



Libertades en manos de la Corte

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Poco después de que fue aprobada la reforma electoral de 2007, un grupo de quince intelectuales, periodistas, artistas, interpusimos un amparo que muchos en el mundo político calificaron como un absurdo, una locura. En los hechos, lo que decíamos en ese esfuerzo, que fue liderado en términos jurídicos por Fabián Aguinaco, es que la reforma constitucional aprobada en el ámbito electoral violaba los principios fundamentales de la Constitución. Entre otros puntos, la prohibición para cualquier ciudadano o institución de poder expresarse libremente, de poder disponer de espacios en radio y televisión para manifestar sus puntos de vista políticos o electorales era, es, una violación a uno de los principios fundacionales de la nación, el de la libertad de expresión. Se argumentó que el Constituyente no podía violar, por definición, la Constitución. Por supuesto que puede: esa reforma lo hacía, pero si la misma era permitida, el día de mañana ese mismo Constituyente podría, por ejemplo, discriminar por raza, sexo o religión a cualquier ciudadano o grupo social; podría, se trata de una exageración aunque sea válida, declararnos una monarquía hereditaria y, si la tesis es que, por definición, no puede violar la Constitución, todo ello sería válido y legítimo.

Lo cierto es que, luego de un largo proceso, esa demanda de amparo demostró no ser una locura y fue aceptada a debate por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y ésta deberá decidir el futuro de la misma. Podría validarla en el fondo del reclamo, anulando total o parcialmente la reforma electoral (lo deseable es que fuera invalidada en el ámbito específico reclamado, el referente a la libertad de expresión, porque si no obligaría a una reconfiguración casi completa de las leyes electorales) o, en la forma, porque en el proceso de aprobación de ese reforma en los congresos estatales se cometieron innumerables irregularidades.

El tema está en la Corte, ya hay una propuesta de resolución en manos de los ministros, para que éstos la estudien, pero en esto el tiempo es fundamental. Ya en las elecciones federales de 2009 pudimos comprobar que, en ese capítulo, la reforma fue un fracaso: una inundación de spots vacíos de contenido que hartaron a la ciudadanía y la alejaron aún más de los partidos, a costos políticos, económicos y fiscales enormes; una ciudadanía impedida de participar; el debate electoral más flojo de nuestra historia democrática. No podemos ir a la elección federal de 2012 con la misma ley y alejando aún más a la gente de la política y de los partidos. Cuando todos los sistemas democráticos del mundo buscan abrirse a la ciudadanía, acercar a la gente a la política, colocar todos los medios disponibles (muchos más, con las nuevas tecnologías) a su alcance, para enriquecer el debate, en nuestro caso cerramos canales y vías, ponemos cada vez más escollos, al IFE lo transformamos en un instrumento de censura absurdo y todo el debate queda en manos, ni siquiera de los partidos, sino de sus dirigencias, que son las que disponen de tiempos de publicidad gratuitos para usar como quieran mientras que nadie más puede acceder a los medios electrónicos, para expresar sus opiniones. Y en algunos partidos están esperando la resolución de este amparo para impulsar medidas aún más restrictivas, a tono con lo que ya han hecho Venezuela, Ecuador, Bolivia, de alguna forma Argentina, e incluso algunos países europeos, como Hungría.

El tiempo apremia porque el próximo primero de febrero comienza el periodo ordinario de sesiones y lo cierto es que, si en junio próximo no está definido el cuerpo legal que regirá los comicios de 2012, se tendrá que ir a ellos con las leyes aprobadas en 2007 y que regularon la elección de 2009. Tanto el ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, antes de abandonar la presidencia de la Corte, como su sucesor, el ministro Juan Silva Meza, se comprometieron a sacar al pleno el debate sobre ese amparo para que, en uno u otro sentido, la Corte se defina antes de que concluya enero. Pero los días han pasado y el dictamen sigue guardado y sin ser puesto a debate. No es un tema menor: se trata de una de las definiciones más importantes de nuestra historia política reciente y definirá las atribuciones del Congreso para reformar la Constitución pero, sobre todo, la salvaguarda de uno de los derechos fundamentales de los mexicanos y, por extensión, el de todos ellos. La política es demasiado importante para dejarla sólo en manos de unos cuantos.

Mourinho en el PRI

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

¿Qué está tratando de hacer Humberto Moreira, el presidente electo del PRI, repartiendo candela a diestra y siniestra? A la fecha de publicación de este texto, Moreira había intercambiado declaraciones, en sólo un par de semanas, con cuatro secretarios de Estado, los presidentes nacionales del PAN y el PRD, uno que otro aspirante presidencial y un buen número de legisladores. Moreira, famoso en las pantallas de televisión por sus notables dotes de bailarín y su habilidad para la refriega verbal chocarrera, llamó ninis a los miembros del gabinete, “pequeño de mente” a un secretario, “ignorante” a otro, aseguró que uno más le dio “ternura”, mandó callar a otro por haber pertenecido al PRI hasta hace unos años y citó a otro distinguido poeta de la sofisticada política mexicana cuando afirmó que el PRI sacaría de Los Pinos a “las víboras y las tepocatas”. Todo esto en la primera mitad del mes de enero. Y va por más: “tengo para todos”, dijo con una sonrisa.

¿De qué va todo esto? ¿Qué pretende Moreira con esta andanada retórica cuando faltan, además, 18 meses para la elección presidencial? Sospecho que todo se reduce a lo que podríamos llamar la “estrategia Mourinho”. Me explico. Humberto Moreira me recuerda a José Mourinho, técnico del Real Madrid. Mourinho, que acaba de ser nombrado mejor entrenador de futbol del mundo con todo merecimiento, tiene esencialmente dos grandes talentos: es, primero, un notable estratega y, después, un genio a la hora de concentrar toda la atención mediática que genera el equipo alrededor exclusivamente suyo. Por lo pronto, Mourinho me remite a Moreira por la segunda de sus virtudes. Mourinho habla después y antes de los partidos, lidia con los reporteros y los provoca, siembra polémica y cizaña, provoca a los rivales y cuestiona a los árbitros. Es, en suma, un personaje mediático fascinante que, con todo ese circo, busca una sola cosa: proteger a sus jugadores de cualquier presión y, sobre todo, de cualquier tropiezo mediático que pudiera traducirse en un problema en lo que realmente importa: el resultado en la cancha.

Es una apuesta interesante la del presidente electo del PRI. Como su alma gemela en Madrid, Moreira sabe que debe cuidar a su estrella de los reflectores, los micrófonos y, en la medida de lo posible, las preguntas incómodas. Cada día que Moreira pasa en el centro del escenario mientras Enrique Peña Nieto opera, callado, tras bambalinas es un día menos que el PRI debe esperar para volver a Los Pinos. Para tirarlo del pedestal, los rivales de Peña deben cuestionarlo, retarlo, provocarlo, tratar de sacarlo de sus casillas. Con Moreira como filtro, todo eso parece mucho más complicado. Además, la visibilidad de Moreira genera otra ventaja para el priismo. El partido necesita marcar un contraste con el PAN desde ahora, y la escaramuza cotidiana de Moreira logra ese cometido a las mil maravillas.

Pero el nuevo presidente del PRI debe tener cuidado. La soberbia es mala consejera, y es imposible no advertir la aparición de ese fantasma en las declaraciones del profesor coahuilense que, de pronto, puede más y sabe más de todo y que todos. En México hay que tener cuidado con lo que uno dice, cuánto lo dice y a quién se lo dice. No es casualidad, por ejemplo, que Moreira haya evitado liarse directamente con la figura presidencial. En una sociedad sensible a las formas, la impopularidad está a sólo un “cállate chachalaca” de distancia. Durante 18 días ha sido interesante y hasta divertido ver los pasos de baile de Moreira, oírlo retar a medio planeta, repartir más descalificaciones pasivo-agresivas que un comediante en su debut. Pero eso no quiere decir que el acto dé para año y medio. En México, la línea que divide la simpatía de la antipatía es muy, pero muy delgada. Y más cuando se trata del discurso público. Por eso no hay que llevar la analogía con José Mourinho demasiado lejos. Después de todo, Coahuila no es, ni por asomo, la liga de campeones.

De la intolerancia al insulto

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

Nada puede la llamada ecuanimidad, la soberbia impone su cuota y la mejor estrategia, la más cuidada, puede sucumbir y resbalar en el fracaso, caer en el error. Esto parece suceder en el caso de Enrique Peña Nieto al haber negociado con la profesora Elba Esther Gordillo —se asegura que por sugerencia de altos directivos de Televisa—, hacer presidente del PRI a un bravucón de plazuela, como lo ha demostrado ser el gobernador con licencia Humberto Moreira.

El presidente electo del PRI se distingue por un lenguaje lleno de adjetivos para insultar a sus adversarios políticos, llamar la atención de los medios, generar la confrontación sin sentido, y desprestigiar, aun más, la imagen negativa de la política. Parece lo suyo la argumentación de baja ralea.

El pobre uso del lenguaje de Moreira Valdés se ha mostrado en las recientes confrontaciones que sostuvo con el gobierno federal y los secretarios de Gobernación, Educación Pública, y de Desarrollo Social, para los que mencionó: “me los estoy llevando al baile” (Crónica, 13 de enero). El pasado 5 de enero en una reunión con organizaciones afines al PRI, parafraseó al presidente Vicente Fox, al mencionar: “vamos a sacar a todas las víboras prietas, a las tepocatas y las alimañas” de los Pinos.

En su campaña como candidato único para la presidencia del tricolor, decidido, el ex gobernador de Coahuila arremetió contra el gobierno federal, en vez de hacer lo que el país necesita: establecer puentes de comunicación que generen los grandes acuerdos entre las fuerzas políticas.

El 10 de enero, Moreira Valdés respondió un comunicado de la Secretaría de Gobernación, sobre evaluación de las perspectivas del país y reviró contra el secretario Francisco Blake Mora al señalar que a quien debe responder es “a los millones de pobres y jóvenes sin oportunidades en lugar de poner una cortina de humo a los problemas del país con críticas al viejo régimen” (El Universal, 10 de enero).

Se lanzó contra el Secretario de Educación Alonso Lujambio, llenándolo de insultos, y en el sector social señaló que durante los gobiernos del PAN, los programas sociales han fracasado, ya que se han generado más de 6 millones de nuevos pobres en México. Las críticas de Moreira tuvieron respuestas puntuales por parte del titular de la Sedesol, Heriberto Félix, y del de la SEP, quienes demostraron contundentemente que las cifras de Moreira son falsas.

Como respuesta a las declaraciones de los secretarios de Estado, el 13 de enero, Moreira calificó de nini al gabinete del presidente Felipe Calderón porque “ni saben, ni pueden”, y señaló que los miembros del gabinete “son unos montoneros, ¡cómo se vienen todos, pero para todos tengo! (EL UNIVERSAL, 14 de enero).

Sí es lamentable que en la hora compleja que vive el país, el nuevo presidente del PRI haga descender el nivel del debate político y atize el fuego de la confrontación político-electoral. Actitud que contrasta con el lenguaje sí, duro y a veces ríspido de Beatriz Paredes, pero nunca insolente, y menos rebajándose a la descalificación personal. No es con diatribas como se conseguirá convencer, sino con la fuerza de las ideas y la frescura de las propuestas como se logra en política influir realmente en la opinión de los ciudadanos. Tengo para mí que, la gente en general, ya desecha y deplora esa conducta.

Vale la pena analizar la gestión del profesor Moreira para darnos cuenta que su talante pendenciero no lo adquirió apenas fue ungido dirigente del priísmo nacional, sino que es una de las características intrínsecas de personalidad.

Su carrera profesional inició en 1985, como profesor de secundaria. Entre 1988 y 1994 fungió como mando medio en la Secretaría de Educación Pública en diversos encargos, entre otros ellos, secretario particular de Gilberto Guevara Niebla, mentor de la ahora líder magisterial Elba Esther Gordillo. La maestra nunca ha ocultado su preferencia por el profesor y ha apadrinado a éste y a sus hermanos Rubén y Carlos en sus respectivas carreras políticas, baste decir que el dirigente estatal en Coahuila del Partido Nueva Alianza es nada menos que Carlos Moreira.

La cima de la carrera política de Humberto Moreira llegó en 2005, cuando fue elegido gobernador. En 2006 ocurrió la explosión en la mina Pasta de Conchos, ubicada en piedras Negras, Coahuila. En ese entonces, la actuación del mandatario estatal se limitó a reprochar al gobierno federal la responsabilidad del incidente, pero nunca demostró un interés por auxiliar a los 65 mineros atrapados. Tampoco por los deudos de los que perecieron.

En 2008, envió al Congreso local una iniciativa que tenía como objetivo implementar la pena de muerte a los secuestradores que dieran muerte a sus víctimas. El Congreso de mayoría priísta aprobó la iniciativa e inició el procedimiento para poder solicitar al Congreso de la Unión la reforma al párrafo segundo del artículo 14 y adicionar un segundo párrafo al artículo 22 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Debido a que el Estado mexicano ha suscrito diversos Acuerdos y Tratados internacionales para abolir la pena de muerte, esta iniciativa fue rechazada y no se aplicó en Coahuila, quedando la pena de veinticinco a cincuenta años de prisión y multa, según marca el Código Penal de la entidad.

Con estas medidas se llegaría a pensar que el gobernador Moreira se lanzaría contra los secuestradores para abatir los índices de este delito en su estado. Sin embargo, el secuestro es uno de los flagelos que azotan con vehemencia a los coahuilenses.

Datos aportados por el Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que Coahuila se encuentra marcado como un foco rojo en materia de secuestro debido al crecimiento exponencial que se ha dado en la entidad de este ilícito. De enero a agosto del año pasado, se denunciaron 66 secuestros, cuando en años anteriores la cifra no rebasaba los 10. De igual manera, es preocupante que hasta octubre de 2010, sólo se había aplicado 17% del presupuesto dedicado a seguridad pública.

Muestra de su propensión a la intolerancia son sus declaraciones en contra de la Reforma Electoral de 2007, cuando declaró que esta modificación “atenta en contra del federalismo”, al grado de dar “facultades plenipotenciarias” al Instituto Federal Electoral (IFE) para que sancione los comicios en estados y municipios. Nada más alejado de la realidad. Tan errado fue su entendimiento que, a la postre, 31 estados aprobarían las modificaciones, y sólo Coahuila se negó a signar esta propuesta.

Humberto Moreira, mal acostumbrado a obtener la aprobación de sus propuestas e ideas por un Congreso local a modo, sólo utiliza el insulto como último, o acaso único recurso, para saltar a la palestra nacional. Es una pena.

Imaginación moral

Federico Reyes Heroles
Reforma


"El hombre está oculto bajo su palabra". Anónimo


Las armas de los gobernantes son muchas. Dineros, policías, armamentos, imágenes, burocracias sumisas y un largo etcétera. Sin embargo la más poderosa es la palabra. Cuando los gobernantes pierden el dominio sobre ella, caen. Cuando los ciudadanos dejan de creer en la palabra del gobernante, hay problemas. Pero también cuando los gobernantes hacen buen uso de ella, son capaces de conquistar a naciones enteras. Pero las palabras no son patrimonio de los gobernantes. Ellos las usan en su encargo y se van. Las palabras son de todos, de la ciudadanía, de ese poder que es permanente. Si las palabras no ayudan a mirar mejor las cosas, a propiciar entendimiento, lo que hacen es oscurecer. Vigilar el uso de las palabras es un acto de protección a un territorio común. Buenos y malos usos desfilan a diario frente a nosotros.

Barack Obama vive días nublados. Después del éxito en la aprobación de su programa de salud, Obama tuvo que enfrentar una fuerte derrota electoral que le dificulta su mandato. Obama pasó en meses de las nubes a los sótanos de la popularidad. Pero quizá lo más grave es el resurgimiento -incitado por Tea Party- de la derecha más intolerante. Las mirillas de la señora Palin y sus seguidores han provocado un encono cuyas consecuencias son difíciles de prever. En el mismo país en el cual es imposible conseguir ciertas medicinas sin la receta adecuada, las drogas y las armas, sobre todo estas últimas, circulan por amplias avenidas. Un joven afectado de sus facultades mentales, con un arma poderosísima, irrumpe en un mitin en Tucson, mata a seis personas y hiere a varias más, de manera muy severa a la representante demócrata Gabrielle Giffords. Ante la dolorosa sacudida nacional, Obama recurre a la palabra, su mejor arma.

En un mensaje de 32 minutos Obama alude a sentimientos muy profundos del estadounidense: Dios por supuesto, la oración, las Escrituras. Hasta aquí el discurso sería muy ajeno a las coordenadas mexicanas. Pero hay más. Obama también aludió a los intereses comunes, a las esperanzas de la nación, a la patria. A ese territorio en el cual -a decir de Ovidio- nos sentimos bien y que es propio de cualquier nación. Tocó los casos brutales de la niña fallecida, del juez Roll asesinado a mansalva. Obama habló de todos y cada uno de los asistentes heridos o muertos. Se detuvo en el caso de Phyllis Schneck, una bisabuela de Nueva Jersey, costurera, mujer religiosa, simpatizante de Giffords que cayó muerta. Un matiz hace de la señora Schneck un caso especial: era republicana.

Obama cuidó todos los detalles: hace héroe a Daniel Hernández que auxilió eficazmente a la congresista. Hasta aquí la respuesta de Obama podría ser una pieza profesional pero nada memorable. Sin embargo fue más allá, se encaminó a las motivaciones de la matanza, a la calidad del sistema de salud mental y por supuesto al delicado tema de las leyes que regulan el uso de armas. Es ahí cuando habló de la polarización y de la palabra en política. "Pero en tiempos en que nuestro discurso ha pasado a ser tan polarizado, tiempos en que estamos demasiado deseosos de echarles la culpa por todos los problemas del mundo a quienes discrepan con nosotros...". Se trata de Estados Unidos pero no en exclusiva. Obama remata "es importante que hagamos una pausa por un momento y nos aseguremos de estar hablando unos con los otros de una manera conciliadora, mas no hiriente". Critica las explicaciones simplistas y advierte que el caso no debe servir para que sus conciudadanos se ataquen mutuamente.

Obama fue al punto: "En vez de acusar o culpar, aprovechemos esta ocasión para ampliar nuestra imaginación moral, escucharnos unos a los otros más detenidamente, agudizar nuestro instinto de empatía y acordarnos de todas las esperanzas y sueños que tenemos en común". El tono de estadista y el cultivo cuidadoso de la palabra tuvo efectos inmediatos. La popularidad y aprobación de Obama ascendieron en horas, incluidas las opiniones de simpatizantes republicanos. En la Casa Blanca, deben de estar felices, pero eso es secundario. Lo más relevante es que en plena polarización Obama domeñó emociones e intereses electoreros y supo sacudir al país alrededor del tema de la intolerancia. Esa será su mejor cosecha histórica. Quizá no se reelija pero como estadista merecerá un sitio en la historia.

México también debería darse una pausa. Basta con revisar la prensa cotidiana para encontrar un desfile de agresiones y sandeces en todos los frentes. La palabra política mexicana está devaluada por un uso irresponsable e inmaduro. Vivimos un momento muy delicado y los intereses pequeños y mezquindades predominan. Vamos a un proceso electoral y a nadie conviene el encono. Gane quien gane aquí nos vamos a quedar. Debemos ampliar nuestra imaginación moral. Hay mucho veneno saliendo de las bocas de los responsables de conducir al país. Ese veneno se queda circulando. Démosle a México una pausa.