enero 28, 2011

Primavera árabe

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

Túnez es hoy lo que no pudo ser Irán hace dos años y lo que empiezan a soñar con ser otras naciones musulmanas, como Egipto o Yemen: un país en revolución democrática.

Un miserable puesto callejero en un pueblo olvidado de Túnez se convirtió en el epicentro de un terremoto que derribó la cleptocrácia montada por el presidente Ben Ali y que ha puesto a temblar a otros dictadorzuelos árabes.

El encargado de ese puesto ambulante, un joven universitario al que se le negó el futuro para el que se preparó, se quemó a lo bonzo cuando la policía del régimen tunecino le negó incluso la oportunidad de ganarse la vida vendiendo un puñado de frutas. El universitario desempleado, que en su vida no conoció otro gobierno que el de Ben Ali, tenía a sus 27 años todas las puertas cerradas, mientras asistía impotente al saqueo del país por parte del presidente vitalicio, su esposa (una peluquera sin estudios) y la familia de esta.

En su desesperación, Mohamed Buazizi se quemó totalmente y agonizó durante varios días hasta que murió sin haber llegado a saber que su martirio no fue en vano, que esa llama con la que se quemó prendió en su país en forma de rebelión popular y se extendió a otros países como un tsunami de fuego del que ruge el grito de ¡abajo la dictadura!

Tienen motivos estos gobernantes árabes para echarse a temblar: la democracia que llevan décadas pregonando es una gran mentira. Las elecciones que llevan ganando, convocatoria tras convocatoria, son una farsa en las que presidentes como el derrocado Ben Ali (23 años en el poder), el yemení Abdula Saleh (32 años) o el egipcio Hosni Mubarak (30 años) arrasan con resultados de risa, superiores siempre al 85 por ciento de los votos. El círculo vicioso se cierra con una prensa censurada o sumisa, una disidencia reprimida, una modernización económica que nunca llega y un reparto de la riqueza entre la clase dirigente.

Y mientras sucedía todo esto, Europa y Estados Unidos dormían. Peor que eso, bendecían estos regímenes (no sólo los nombrados, también las monarquías autoritarias de Jordania y Marruecos, las monarquías teocráticas y ricas en petróleo del golfo Pérsico o el gobierno argelino). Sacrificaban el deseo de libertad y modernización de estos pueblos árabes por una alianza sumisa, prooccidental, sin darse cuenta de que con ello perpetuaban unas dictaduras y una desigualdad social tan brutales que lo único que conseguían era lanzar a miles de jóvenes al islamismo radical.

Pero, ahora que ha sido roto este círculo vicioso la pregunta es por qué en Túnez y no, por ejemplo, en la vecina Libia. Las causas son múltiples, pero una muy importante es precisamente ese reparto de la riqueza. El coronel Gadafi (que cumplirá en septiembre 41 años mandando) o el sirio Bashar al Asad (una década en el poder que heredó de su padre, quien a su vez estuvo casi dos décadas) extendieron los privilegios del reparto a los militares, otorgando a dedo concesiones empresariales e incluso puestos en el gobierno.

La clave para que triunfara la revuelta tunecina fue el papel jugado por el Ejército. Tras acatar en un primer momento el “abran fuego” ordenado por Ben Ali, comprendió poco después que no le debía obediencia ni le unía lazos de lealtad, por lo que se pasó al bando del pueblo, al que liberó del dictador, que se vio así forzado a abandonar precipitadamente el país.

No es casualidad que esta revuelta haya sido bautizada como “revolución de los jazmines”, en clara referencia a esa “revolución de los claveles” portuguesa que acabó en 1974 con la dictadura de Salazar, cuando su ejército, en vez de disparar al pueblo, dejó que éste tapara los cañones de sus fusiles y tanques con flores.

En Irán, la revolución triunfó porque las fuerzas armadas abandonaron al shá, forzándolo al exilio, pero fracasó en 2009 porque la temible Guardia Revolucionaria se mantuvo fiel al régimen opresor de los ayatolás y de su aliado en el gobierno, Mahmud Ahmadineyad. Los iraníes no son árabes, pero comparten la misma ansia de libertad que sus hermanos de religión, así que sin duda estarán también muy atentos al resultado de estas llamaradas revolucionarias y al comportamiento de los militares.

En cualquier caso, lo que ha quedado claro es que si estos pueblos que empiezan a levantarse no cuentan (de momento) con el apoyo del Ejército, poseen al menos otra poderosa arma, la misma que también se usó en Túnez, donde se comprobó su asombrosa efectividad: el internet. El efecto llamada se multiplica casi al infinito con una red social a la que tiene acceso casi todo el mundo. A falta de soldados y policías a la vanguardia de la revolución son los jóvenes (y muy destacadamente las mujeres a cara descubierta) los que se están organizando estos días y están llenando las calles y plazas de El Cairo, Túnez, Alejandría, Saná y quién sabe cuántas ciudades más de otros países de la región se sumarán pronto, como Argel, Casablanca, Trípoli o Amán.

Los árabes están perdiendo el miedo y ya sabe lo que significa una victoria democrática.

El largo invierno se aleja. La primavera árabe ha llegado.

Holocausto y honor

Magdy Martínez-Solimán
Coordinador Residente de Naciones Unidas en México
El Universal

El secretario general de la ONU Ban Ki-moon afirma que “negar hechos históricos, especialmente en un tema tan importante como el Holocausto, no es aceptable. Tampoco es aceptable promover la eliminación de un Estado o un pueblo. Quisiera que este principio se respetara en la retórica y en la práctica por todos los miembros de la comunidad internacional”.

La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1948, fue ideada para que nunca más se repitiera el horror del genocidio perpetrado en Europa por el régimen nazi, acompañado por sus aliados del eje y precedido por la represión sin antecedentes tras la guerra civil en la España franquista.

El día que se observa hoy en todo el mundo fue instaurado por medio de la Resolución 60/7, aprobada por la Asamblea General el 21 de noviembre de 2005, por el que la comunidad internacional decidió recordar las tragedias humanas para no repetirlas en el futuro. Se estableció el día en el aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau, el más grande y conocido de los campos nazis de la muerte, para recordar a los millones de judíos, así como a los prisioneros de guerra, disidentes políticos, miembros de grupos minoritarios como los gitanos, homosexuales y personas con discapacidad, que fueron sistemáticamente asesinados por los nazis y sus simpatizantes.

Ban Ki-moon nos llama este año a rendir “especial homenaje a las mujeres que sufrieron en el Holocausto. Madres e hijas, abuelas, hermanas y tías que vieron cambiar irrevocablemente su vida, separarse sus familias y destruirse sus tradiciones. Sin embargo, a pesar de los horrendos actos de discriminación, privación y crueldad, siempre encontraron una manera de levantarse contra quienes las perseguían. Se sumaron a la resistencia, rescataron a quienes estaban en peligro, introdujeron alimentos de contrabando en los guetos e hicieron enormes sacrificios para mantener con vida a sus hijos. Su valor sigue sirviendo de inspiración. En este día en que conmemoramos el Holocausto, rindamos homenaje a estas mujeres y a su legado. Prometamos crear un mundo en que esas atrocidades no puedan repetirse. Bien sabemos todos que ese futuro no ha llegado aún. En todas partes del mundo mujeres y niñas siguen soportando violencia, abuso y discriminación. Las Naciones Unidas están absolutamente comprometidas a proteger y promover sus derechos humanos fundamentales”.

Aunque la razón no parece bastar para explicar el peor episodio de violencia salvaje y brutalidad asesina, científicamente planificada, de la historia de la humanidad, hemos de tratar de entender lo ocurrido, y explicar a los y las jóvenes lo que fue el Holocausto. Hemos en particular de intentar prevenir cualquier negación o simplificación de la historia.

Ver en el “otro” a un enemigo es resultado de un proceso de intolerancia, un valor corrosivo de la convivencia que Naciones Unidas lucha constantemente por erradicar. A través de este día queremos reflexionar, pero también llamar a actuar y condenar sin reservas cualquier manifestación de intolerancia religiosa, de acoso o violencia, contra personas o comunidades basada en su origen étnico o en sus creencias. Desgraciadamente nuestra historia registra no pocas manifestaciones de este tipo, crímenes individuales y colectivos y conflictos armados que han ensombrecido a la humanidad, desde guerras mundiales y civiles, hasta el asesinato de pacifistas, presidentes y reformadores, pasando por tragedias tales como la de Hiroshima, y las masacres en España e Irlanda, Burundi y Camboya, Ruanda y Centroamérica, Serbia, Bosnia y Croacia, y por supuesto, Auschwitz, Dachau o Treblinka como símbolos del Holocausto. En palabras de Eliezer Wiesel: Tanta violencia, tanta indiferencia.

El Holocausto fue parte de un proceso que se desarrolló durante un periodo suficientemente extenso y que, sin embargo, no se pudo detener ni evitar. La Carta de las Naciones Unidas, al tomar por propósito “salvar a las futuras generaciones del azote de la guerra”, nos habla del indestructible vínculo entre nuestra Organización y la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, a más de 60 años de esa tragedia, el principio de evitar a las generaciones presentes cualquier violencia generada por el racismo, la intolerancia o el antisemitismo, sigue vigente.

Desgraciadamente se da esta situación porque continúan las amenazas, pero afortunadamente sigue vigente como respuesta mejor articulada, más contundente, de los países del mundo ante la tiranía de la violencia. Hoy el principio que se levanta en contra del racismo y de la intolerancia es el mismo principio que defiende, como lo que nos distingue de las fieras, la dignidad de la conciencia humana.

Uno de estos ejemplos de dignidad lo representa con altura el diplomático mexicano don Gilberto Bosques Saldívar. Junto a proteger a judíos europeos y ciudadanos libaneses, dedicó su tiempo y arriesgó su vida para salvar otras, incluidas las de republicanos de mi país. México, tierra de asilo, acogió generosamente a las víctimas que salvó su eminente representante consular y es probablemente por ello, uno de los mejores lugares del planeta para sentirse arropado cuando recordamos el Holocausto y nos comprometemos a no olvidar el horror y, sobre todo, a no olvidar el honor con que actuaron muchos. Nuestra acción consiste en recordar los crímenes, no para quedar paralizados por el recuerdo ni para hacer bandera del dolor, sino para actuar y continuar impulsando la creación de un mundo de tolerancia y solidaridad, de libertad y de respeto a la diferencia. Ese es un mundo del que México es parte y al que contribuye, reforzando con su ejemplo estos valores universales.

“Manotazos” en Los Pinos

Francisco Garfias (@panchogarfias)
www.elarsenal.net
Arsenal
Excélsior

Fue necesario que el ex presidente colombiano César Gaviria manifestara a los diputados federales del PAN lo “desafortunado” que resultó que La Barbie y El JJ fuesen presentados en televisión con playeras de marca, novias de ensueño, residencias en colonias exclusivas, para saber lo que sucedió en Los Pinos cuando Felipe Calderón vio el trato de estrellas de cine que sus captores les daban a ambos delincuentes.

Una fuente de muy alto nivel, que habla seguido con el Presidente, jura que Felipe se puso “furioso” con lo de La Barbie. “La molestia creció cuando se repitió la escena con El JJ. En Los Pinos hubo manotazos y reprimendas. El Presidente ya estaba realmente encabronado”, recalcó.

Lo que no sabemos es por qué Felipe no fue más allá de los “manotazos y las reprimendas” y pasó a las sanciones y los ceses de los responsables.

Gaviria es de la idea de que a los delincuentes hay que presentarlos esposados, con camisa de prisionero y números. Mostrarles el poder del Estado, dejarles claro que, si violan la ley, lo van a pagar. “Por eso les dije allá adentro (a los diputados del PAN) que fue un error”, recalcó el hombre que enfrentó y derrotó al temido capo de capos colombiano, Pablo Escobar, a principios de la década de los noventa.

La fuente asegura que Calderón coincide plenamente con Gaviria en el tema de cómo debe presentarse a los delincuentes. Por eso vimos al JJ rapado y con ropa de cárcel, después de lucir su playera Polo.

Tuvimos oportunidad de preguntarle al colombiano cuáles habían sido sus sugerencias sobre otro tema importante para los mexicanos: la presencia de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico. Esto fue lo que respondió:

“El tema del narcotráfico en México se volvió un desafío de carácter militar. El país le tuvo que dar una respuesta militar. No creo que el Ejército esté fuera de sus funciones haciéndole frente a un problema que se volvió de carácter militar. Es seguro que se necesita una legislación adicional para protegerlo.

“Frente a lo que los cárteles de este país han hecho, uno tiene que demostrar poder… Lo que verdaderamente produce resultados en la lucha contra el narcotráfico es una buena inteligencia, una muy buena contrainteligencia, en lo que este país ha avanzado muy poco, y operaciones de comando, de grupos pequeños de policías, del Ejército o de la Marina”.

Ya encarrerado, les dijo a los diputados que las leyes colombianas de combate al narcotráfico son muy superiores a las mexicanas y que en materia de lavado de dinero estamos casi en pañales.

El colombiano fue uno de los dos invitados de lujo que asistieron ayer a la reunión plenaria que los legisladores panistas realizan en Toluca, Estado de México. La otra fue Margarita Zavala, la esposa del Presidente. El primero, conocedor como pocos de la agenda del narcotráfico, fue invitado por Josefina Vázquez Mota, coordinadora de los diputados del PAN, para que diera su opinión sobre la lucha contra el narco en México.

La segunda estaba programada para hablar en público. Hubo cambio de señales “por instrucciones de Los Pinos”. Los periodistas no pudimos escuchar el discurso “de corazón” de Margarita —así lo definió un diputado norteño— ni observar el video que el presidente Calderón, de gira por Davos, Suiza, dejó grabado para sus diputados del PAN.

La noche del miércoles recibí un mensaje en mi celular. El remitente es un legislador bien informado. Nos adelantaba el “madrazo” que le iban a dar a Manuel Añorve en la prensa nacional. “Lo quieren ligar con La Barbie…”, aseveraba. Y más adelante escribía: “Eso no es nada a como se van a venir los trancazos en el Estado de México…”

El legislador pidió discreción. “No publiques nada”, recomendó.

Al día siguiente confirmamos la veracidad de la información. Al candidato del PRI al gobierno de Guerrero lo acusaban de recibir 15 millones de dólares del famoso narcotraficante, para utilizarlos en su campaña. La versión la daba un “testigo protegido”, cuyo nombre clave es Mateo.

Los sospechosistas activaron de inmediato las alarmas. ¿Por qué dar a conocer ese tipo de información a 72 horas del arranque de la elección? Imposible no pensar en el uso faccioso de la declaración de Mateo, en la rentabilidad de un escándalo semejante en una elección que se adelanta muy cerrada.

Lo vimos en Jalisco hace años con el priista Arturo Zamora. Iba de puntero en las encuestas cuando lo acusaron de nexos con el narco. Después de la derrota electoral llegó la exoneración. La intención apareció como puramente electoral. El priista es diputado federal, y el gobernador es el panista Emilio González Márquez.

¿Se repetirá la historia? Pronto lo sabremos. Por lo pronto, la PGR ya desestimó las palabras del “testigo colaborador”.

22 años de conexión

Antulio Sánchez (@tulios41)
Internet
tulios41@yahoo.com.mx
Milenio

En pocos días más se cumplen 22 años de contar con internet en México. La primera conexión la efectuó, en febrero de 1989, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, al enlazarse con la Universidad de Texas, San Antonio. Poco después lo haría la UNAM vía satélite con el Instituto de Astronomía en la Ciudad de México y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Boulder, Colorado.

En este lapso, el crecimiento de la red ha destacado, pasó de ser usada por un puñado de usuarios en 1989 a 32 millones 897 mil 240 a fines de 2010, un poco más de 33 por ciento de la población. A fines de los 80 la red era un asunto totalmente masculino, pero hoy las mujeres conforman 49.3 por ciento de los cibernautas. En términos de edad también se ha diversificado el uso, al grado que en sus inicios eran únicamente los adultos quienes la usaban y ahora la mayor proporción (26.5 por ciento) recae en el grupo comprendido entre los 12 y 17 años.

Otro ejemplo del crecimiento de la red en el país lo tenemos en el incremento de dominios, lo que se refleja en el .com, el de mayor demanda: en 1992 (cuando se empezaron a dar los registros de dominio nacional) sólo había un dominio y al culminar 2010 se llegó a la cifra de 319 mil 731 dominios .com.

A 22 de años de haber llegado internet al país varias cosas están pendientes para apuntalarla, como implementar una auténtica política pública de estado que haga llegar la red a la mayoría de la población, pero al mismo tiempo se requiere impulsar conexiones de mayor calidad, de banda ancha, y explotar el uso de la fibra óptica, porque las conexiones ADSL no son de lo mejor, y avanzar en la oferta de auténticas conexiones de alta velocidad. Pero al mismo tiempo, se debe entender que la conexión por sí misma de nada sirve si no se acompaña de un sólido proyecto de capacitación y de estrategias para impulsar el desarrollo económico.

Por cierto, también se cumplen tres años del fin del navegador Netscape. En sus 13 años de existencia fue el primer browser comercial y quien realmente sacó a internet de la penumbra, porque estimuló a millones de personas para empezar a usar la red, y también fue la plataforma que impulsó la burbuja .com que, por cierto, revive hoy con las redes sociales.