febrero 07, 2011

La lucha contra el trabajo infantil

Gabriela Cuevas Barrón (@GabyCuevas)
gabrielacuevasbarron@hotmail.com
El Universal

La legislación mexicana no sólo prohíbe el trabajo de los menores de 14 años, sino también de los mayores de esta edad pero menores de 16 que no hayan terminado su educación obligatoria. A pesar de estas restricciones legales, y en contravención a los estándares internacionales, hoy en día existen familias que asignan a los niños la realización de ciertos trabajos de manera habitual.

Aunque los datos que arroja el Módulo de Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo señalan una tendencia a la baja en la tasa de ocupación de los menores de 18 años (al pasar de 12.5% en el año 2007 a 10.6% en el 2009), todavía nos encontramos por encima de países como Costa Rica y El Salvador, donde la tasa asciende a 6% y 7.1%, respectivamente.

Si bien este tema es preocupante por sí mismo debido a que representa un obstáculo para el pleno desarrollo de los niños y para el crecimiento nacional en el largo plazo, tiene como agravante las diversas prácticas que se caracterizan por ser nocivas para el desarrollo físico, síquico y social de los niños, tales como las jornadas laborales prolongadas, los bajos o nulos salarios, la falta de protección legal y la exposición a condiciones difíciles o peligrosas. De la encuesta mencionada se desprende que el 47.3% de los niños trabajadores no recibe ingreso alguno, mientras que el 25.1% sólo gana hasta un salario mínimo; el 27.2% labora en lugares con ruido excesivo, humedad, herramientas peligrosas, productos químicos, entre otras clases de riesgos; y el 40% tiene una jornada laboral de más de 25 horas semanales, lo que significa que trabajan más de 6 horas diarias.

Atendiendo a esta problemática, los países de América Latina han propuesto en La Agenda Hemisférica 2006-2015 de la OIT eliminar de manera progresiva el trabajo infantil, considerando las siguientes metas: 1) eliminar las peores formas de trabajo infantil para el año 2015; y 2) eliminar el trabajo infantil en su totalidad para 2020.

En esta ruta, el Código Penal Federal se reformó en marzo de 2007 a fin de prohibir el empleo de menores de edad en cantinas, tabernas, bares, antros, centros de vicio o cualquier otro lugar en donde se afecte de forma negativa su sano desarrollo físico, mental o emocional.
Sin embargo, todavía falta por avanzar en la erradicación de este flagelo, principalmente en lo que se refiere a la sensibilización de la sociedad sobre los costos y las consecuencias que conlleva la explotación de los menores de edad.

Buena parte de las acciones realizadas en otros países se han centrado en hacer visible el problema y promover la reflexión sobre el mismo, lo que también acarreará resultados positivos en el nuestro si tomamos en cuenta que el trabajo infantil es una práctica que ha sido ampliamente tolerada durante muchos años, a tal grado que algunas personas se han acostumbrado a ella.

Igualmente, debemos promover una eficaz coordinación interinstitucional y articular los esfuerzos de los tres órdenes de gobierno para romper el círculo de la pobreza, principal factor que ocasiona este problema.

De los 3 millones 14 mil 800 niños que trabajan en el país, la mayor parte lo hace por razones asociadas con la necesidad de aportar recursos (bienes o servicios) a su hogar: el 11.9% trabaja porque el hogar necesita de su aportación económica, el 28.6% lo hace porque el hogar necesita de su trabajo, el 20.2% porque desea aprender algún oficio, el 23.4% para pagar su escuela y sus propios gastos, y el 3.8% porque simplemente no quiere ir a la escuela.

Tomando en cuenta este panorama, debemos diseñar mecanismos que no sólo fortalezcan la integración familiar y eviten la deserción escolar, sino que también combatan de manera eficaz la pobreza. Con ello procuraremos el mayor bienestar posible a las familias y protegeremos el interés superior de los niños, lo que significa garantizarles un desarrollo integral y una vida digna.

El fin de las ideas

Jesús Silva-Herzog Márquez (@jshm00)
Reforma

Hace unos días murió uno de los grandes sociólogos norteamericanos del siglo. Su deceso apenas fue registrado por nuestra prensa. Daniel Bell, quien se llegó a describir como un especialista en generalidades, también era dado a las conciliaciones. Se definió como un socialista en lo económico, un liberal en lo político y un conservador en lo cultural. Si cada reino de la vida en sociedad tenía su propio régimen, no habría que esperar que una palabra nombrara los ideales de la eficiencia, la igualdad y la expresión. Nació en Nueva York hace 91 años. Pocos sociólogos como él tuvieron la capacidad de ver el sentido del futuro. No se dedicó a la ciencia ficción pero habló hace casi medio siglo de una sociedad en la que miles de terminales en casas y oficinas estarían enchufadas a una gran central de información. Desde su escritorio, cada uno se enteraría de lo que sucede en el mundo, pagaría servicios y compraría a distancia. En 1973 dijo que la computadora definiría el siglo XXI tal y como el coche había sellado el siglo XX. Acuñó la idea de la sociedad "post-industrial" anticipando la transformación de una economía concentrada en la producción masiva de cosas a una dedicada a prestar servicios; una sociedad en donde el conocimiento sería el recurso más preciado. En uno de sus trabajos más polémicos advirtió que el capitalismo no estaba marcado por una contradicción económica sino por un choque de carácter cultural. Si el capitalismo dependía de cierta ética del trabajo, el éxito del sistema terminaría destruyendo esas virtudes por el enamoramiento al consumo.

No escribía para sus colegas sino para cualquiera con interés en las ideas. El fin de la ideología fue considerado por el Times Literary Supplement como uno de los libros de reflexión más influyentes de las últimas décadas. La ideología cuya muerte anticipaba en el título era esa especie de religión secular que enciende la pasión política: un cuerpo de ideas que lo explican todo, que exigen adhesión absoluta y que pretenden cambiarlo todo. La ideología de la que habla Bell ofrece una brújula para orientarse en el mundo: un atajo para saber en dónde se encuentra uno y a dónde nos dirigimos. Nociones herméticas que se separan de los intereses materiales de la gente. El adelanto de Bell era que esas ideologías totalizadoras irían perdiendo fuerza frente al cálculo de lo conveniente. La política dejará de regirse por grandes banderas para seguir los acomodos del pragmatismo. El tono de Bell era ciertamente antirromántico, pero no cínico. Enfriaba los ardores de la política ideologizada para saludar el valor de ideas concretas y negociables, para darle la bienvenida a propuestas atractivas que no necesitaban cobijarse en una visión del universo.

En México podríamos celebrar igualmente el ablandamiento de los linderos ideológicos, la porosidad de las ideas, la inmersión en lo concreto. Los extremos se han ido diluyendo y parece haber una competencia por el centro político. Todo esto parece natural por las condiciones de competencia y hasta benéfico. Pero lo que hemos visto en las últimas jornadas va más allá de un enfriamiento. No hemos presenciado el eclipse de las ideologías sino la demolición de cualquier referente. No extraño en las campañas locales un fogoso litigio entre comunistas y cristeros, lamento su sinsentido, la ausencia absoluta de claves para descifrar su significado. He leído varias veces los reportajes que dan cuenta de las marometas, brincos y traspasos de la clase política de Baja California Sur. Francamente no entiendo nada. Sé que un exdirigente del PRD de aquellos tiempos de la dignísima resistencia contra el "fraude" ha respaldado al abanderado del PRI y es, al mismo tiempo, candidato del partido del clientelismo magisterial. Por fortuna no esconde sus luces: "Lo importante -dice- son las personas, no los partidos". En Guerrero un priista le ha ganado al PRI para recibir el aplauso entusiasta... del PAN. Ese partido que hablaba de la necesidad de cultivar con paciencia cuadros y simpatizantes se entrega a la idea de que no hay elección tras la siguiente y que lo único que vale es que pierda el PRI. Los herederos de Gómez Morin no tienen empacho de festejar a los priistas que, con métodos priistas, son capaces de ganarle al PRI.

Insisto: no se trata de exigir certificados de pureza. Toda política abierta implica el derecho a la infidelidad. Pero lo que está pasando en México alcanza niveles francamente grotescos. No es extraño que tengamos uno de los niveles más altos de insatisfacción con la democracia en el continente. A la política democrática no solamente le exigimos eficiencia, también le demandamos brújula: un arreglo que nos permita identificar en los partidos una tradición y ciertas persuasiones. Lo que vemos es el circo desvergonzado del personalismo. La alianza opositora debe postular a Enrique Peña Nieto como candidato a la Presidencia de la República. Podría evitar la desgracia de que ganara el PRI.

BCS: pierde Peña Nieto, ganan PAN y PRD

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

Luego de Guerrero, las de Baja California Sur se convirtieron en otra muestra contundente del fracaso de las ideologías partidistas en México.

La alianza PAN-PRD —de Marcelo Ebrard y Felipe Calderón— recetó una nueva derrota electoral a Enrique Peña Nieto, el aventajado presidenciable del PRI que, de confirmarse la victoria del PAN en Baja California Sur, sumaría el segundo revés electoral de 2011, y la quinta derrota en los últimos siete meses para el PRI.

Hasta las 21:00 horas de anoche eran claras las tendencias de que el candidato del PAN, el ex perredista Marcos Covarrubias, aventajaba en las preferencias electorales al priista Ricardo Burgos y al perredista Luis Armando Díaz, en un proceso electoral caracterizado por el batidillo ideológico en que se enfrascaron todos los partidos.

Y es que por increíble que parezca —y por descocado que resulte—, ayer en Baja California Sur el PAN de Felipe Calderón arrebató el gobierno al PRD de Narciso Agúndez, con un candidato surgido del PRD que respalda Marcelo Ebrard, en una alianza de facto PRD-PAN. ¿Usted entendió el batidillo? Bueno, pues de ese tamaño es el trapecismo ideológico, la farsa doctrinaria y la promiscuidad político-electoral.

Y será el sereno, pero luego de Guerrero, las de Baja California Sur se convirtieron en otra muestra contundente del fracaso de las ideologías partidistas en México. Es decir, que en la realidad político- electoral mexicana, la partidocracia ya no es alternativa ideológica para los electores. Y los ejemplos abundan.

En Baja California Sur existen casos de trapecistas que le disputarían las capacidades al mejor de los cirqueros del mundo. El caso emblema es el del patriarca de la dinastía que hoy aún gobierna en el sur de la península. Nos referimos a Leonel Cota Montaño, un vivales de la política que hasta 1999 era un feliz priista de toda la vida, hasta que su amigo y gobernador Guillermo Mercado le negó la candidatura para sucederlo en el poder.

Entonces desapareció la lealtad y Cota Montaño renegó del PRI, y pronto encontró a su media naranja oportunista en Andrés Manuel López Obrador, quien no sólo lo afilió al PRD, sino lo hizo su presidente. Y sin la menor convicción, Cota Montaño fue jefe de la izquierda mexicana, para luego militar en el PT y al final ser candidato a alcalde de Los Cabos, en el Partido Nueva Alianza. El congruente de Leonel Cota Montaño ha militado en cuatro partidos políticos.

Pero no es todo. Buena parte de los candidatos que ayer compitieron por distintos puestos de elección popular —desde los candidatos a gobernador, pasando por los candidatos a alcaldes— han pertenecido por lo menos a dos partidos, sean el PRI, PAN y PRD, PT, Convergencia, PVEM y Panal, y hoy van por un tercer partido. El mejor ejemplo es el del candidato del PAN al gobierno de Baja California Sur, Marcos Covarrubias, quien sin pudor brincó del PRD al PAN. Lo mismo hicieron cuatro candidatos a alcaldes, que pasaron del PRD y el PRI al PAN.

¿Qué diferencia ideológica existe hoy entre los izquierdistas del PRD, PT y Convergencia y los derechistas del PAN? ¿Qué diferencia se puede ver entre el PRI, el PVEM y el Panal? Pero tampoco existe ninguna diferencia entre PAN, PRD y PRI. Y eso quedó claro en las elecciones de Baja California Sur, en donde resultó evidente que los políticos son iguales, y que lo que cambia son los emblemas del partido que utilizan para continuar viviendo de la política, nunca para la política.

Pero las interrogantes van más lejos. ¿Por quién votaron ayer los electores de Baja California Sur? Está claro que no lo hicieron por el PAN, tampoco por el PRI, y menos por el PRD. ¿Por qué no votaron por esos partidos? Porque igual que especialistas y conocedores de la ciencia política, los sudcalifornianos no encuentran diferencia alguna entre la derecha, la izquierda o el centro. En realidad sufragaron por una débil esperanza de cambio, esperanza que depositaron en el PAN, sin pensar mucho que Marcos Covarrubias es del mismo grupo depredador del PRD saliente.

Pero lo que pocos saben es que desde hace semanas, el CEN del PRD ordenó cancelar todo apoyo a su candidato Luis Armando Díaz, en tanto Nueva Alianza casi canceló su activismo político-electoral. De esa manera, se produjo una nueva alianza de facto, PAN-PRD, y se alzaron con el triunfo el PAN de Felipe Calderón y el PRD de Marcelo Ebrard. Y claro, Humberto Moreira, el nuevo presidente del PRI, perdió su primera elección.

EN EL CAMINO

El PAN se queja del gorila Fernández Noroña. Olvidan que tienen su propio Noroña, que es además el “cuñado incómodo”.

Nuestra imagen urbi et orbi

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

No lo dice la reina Isabel II de Inglaterra, sino la Secretaría de Salud mexicana: México tiene el primer lugar mundial en obesidad: somos un país de panzones (y panzonas, para no ser misógino y hacerlas menos). Y eso no nos genera preocupación, sino exhibicionismo de las panzas.

Nadie hace más escarnio de los mexicanos que los mexicanos en los estadios del Mundial de Futbol y de Juegos Olímpicos. Sospecho que la Secretaría de Salud debió de pagar a los burdos cómicos de Top Gear —un programa de la BBC acerca de autos— sus chistes más al estilo rústico de la TV mexicana que en el famoso humor británico, para hacer campaña contra las panzas que le cuestan cientos de millones de pesos al año en tratamientos.

Si el programa inglés con el trío de chistosos digno de nuestra TV fue un promocional de Salud debemos felicitar a sus publicistas porque estuvo tan bien diseñado que lo vimos luego sin remedio hasta los que nos negábamos a verlo. Y ha calado más que la prohibición de comida chatarra en escuelas. Los conductores de Top Gear no tuvieron que revisar encuestas, de seguro han visto cada dos años, en mundiales y Olimpiadas las tribunas ocupadas por mexicanos inconfundibles por dos elementos:

a) El escarnio: en el extranjero, los mexicanos van a estadios con unos sombrerotes ridículos que nadie jamás ha usado aquí: hacen caricatura de sí mismos; b) La gordura: se sacan las camisetas y exhiben desbordantes lonjas.

Las televisoras enviaron a Atenas 2004 a tarados que se trataban de hacer chistosos en las calles. Un año después, aclarar que era mexicano casi me cuesta el buen precio ya negociado en un hotel de Poros porque el dueño había visto a los mexicanos subir las patas en las butacas de los barcos, ocupar lugares con sus cámaras y rascarse las panzotas. Nos odiaba. Debí aclarar que yo también había sentido vergüenza al verlos en TV.

Nos quejamos por la ignorancia de tres ingleses respecto de nuestra cultura como si no hubiera sido una locutora mexicana quien hizo a Grecia parte del “imperio otomí” (lo juro), un mexicano borracho el que se meó sobre la llama al Soldado Desconocido bajo el Arco del Triunfo en París y la apagó. Llama que no se apaga nunca.

Y qué hay de la comitiva oficial, con el presidente Fox a la cabeza, que en China jugó a las escondidillas entre los soldados de terracota que resguardan al primer emperador. “Una, dos, tres por…”. ¿Cómo se llamaba aquella señora que pusieron al frente de la Cultura y las Artes? Y las burlas de los mexicanos que de variadas formas durante el último mundial llamaron caníbales a los sudafricanos, en olvido total del canibalismo de aztecas y otros aborígenes americanos.

Me comentó Gil Gamés: Si Estados Unidos exigiera disculpas cada que se insulta a su país, no les alcanzarían las 24 horas del día. Como diría Juárez: Entre los individuos como entre las naciones a los ricos les resbalan las ofensas, los pobres son jarritos de Tonalá. Y al lloriquear difunden la ofensa. Hacemos como aquel candidato presidencial que en célebre debate se quejó de otro: Es que me ha dicho mariquita… Si nadie lo sabía, ya lo sabe.

En cuanto a la flojera mexicana: la imagen que damos no es la de esa inmensa mayoría de empleados cumplidos, sino la del Sindicato de maestros haciendo huelgas en Oaxaca año con año y negándose a ser evaluados, además de asesinar, como ya han hecho, al que dé clases, e incendiar uno que otro archivo y edificio; los datos dicen que tenemos el último lugar en educación dentro de la OCDE e ínfima en las pruebas PISA. Las noticias dicen que el SNTE exige el derecho a vender o heredar su plaza. La imagen es la de Antorcha Campesina o Los 400 Pueblos cerrando vialidades notorias y durmiendo, sí, durmiendo todo el día en la calle, panza al sol; la de diputados jugando a fastidiarse durante las sesiones; la del SME que llevó a la quiebra a su empresa: la mala imagen la hemos construido nosotros.

Engrudo

No nos hagamos bolas con cuánto es el ingreso de una familia pobre. Con el que sea, si la propuesta del senador Beltrones venciera la resistencia del PRI más viejo, apoyaría, en primer lugar, a los pobres, ya que, como diría Román Revueltas, “hasta nuevo aviso” de Pitágoras, pasar de un IVA al 16% a uno al 12% es una reducción y no un aumento. Esa reducción la verían los pobres en gastos mayores como renta, ropa, calzado, electricidad, gas que pagan 16% de IVA. Con lo así ahorrado pagarían su 12% en alimentos fuera de la canasta básica y exenta, y aun les sobraría.

El sol de la tarde (Quimera, 2009).