febrero 09, 2011

Caso Aristegui: a confusión de las partes…

José Carreño Carlón
Académico
El Universal

Si la confesión de parte releva a la contraparte de ofrecer pruebas, la confusión aparentemente deliberada de todas las partes parecería hacerlas sentirse relevadas de ofrecer razones, argumentos y evidencias para fundamentar sus filias y fobias.

Confusión combinada con falta de interés por conocer al menos las bases de los temas de discusión, esa parece ser la mezcla explosiva de la ruta a la irracionalidad, los dobles raseros y la descalificación que parecería trazarse con cada tema sometido a la discusión pública.

El caso de la salida de Carmen Aristegui de MVS parece ideal para ilustrar nuestra actual patología mediática y política. Hasta la hora de enviar estas notas la conductora no había hecho comentario alguno sobre la rescisión de su contrato por parte de la empresa. Probablemente estamos ante una estrategia aplicada en circunstancias similares anteriores, de alentar las voces victimadas de sus simpatizantes y las respuestas de sus contrarios para colocar el tema en el centro del debate público y desde allí lograr en su momento el mayor impacto en su reaparición en escena.

Es una estrategia eficaz y válida de la comunicación política, pero muy debatible desde la perspectiva del periodismo, en cuanto a que se está ocultando así la información y la posición de una de las partes con tal de alentar el clima de confusión del que medra la causa política.

Los puntos a debate

Pero esto no debería impedir el análisis de una serie de aspectos: libertades informativas y de opinión frente a impunidad de comunicadores para la ofensa personal, la fabricación de cargos y el daño institucional. Derechos de operadores de medios frente a derechos de empresas mediáticas. Potestades de los periodistas y de las empresas informativas, frente al derecho de escrutinio y de exigir cuentas de esas potestades por parte de los involucrados y los afectados por las decisiones de los periodistas y sus empresas. Todos somos directa o indirectamente afectados por las malas decisiones de comunicación pública.

Una voz tan respetables como la de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI), que hizo ayer un llamado a favor de la conductora y en contra de su separación de la empresa, admite que las referencias de Aristegui “a la salud del presidente de la república no estaban sustentadas en hechos sino en apreciaciones subjetivas, a partir de una fuente de muy cuestionada verosimilitud”, pero que fueron manifestadas “en ejercicio de la libertad de expresión”.

Libertad y rendición de cuentas

Las preguntas son obvias. ¿Deben quedar impunes los daños causados por un ejercicio de la libertad de expresión que no se basa en hechos y parte de fuentes de muy cuestionada verosimilitud? ¿Los afectados —independientemente de lo que haya hecho o no la presidencia— tienen derecho o no a pedir una mínima reparación del daño, al menos en forma de disculpa pública? ¿La empresa informativa está atada de manos para aplicar correctivos a sus operadores por no sustentan en hechos sus apreciaciones y partir de una fuente de muy cuestionada verosimilitud?

Nadie debe poner en duda los derechos de los medios y de sus operadores —en cada escala de decisión— a decidir qué publicar y cómo hacerlo, pero nadie debería poner en duda los derechos de los afectados por las decisiones poco profesionales o poco éticas adoptadas.

Tampoco parece conducente negar el derecho de las empresas informativas a corregir a sus operadores, pero deben estar conscientes de que sus decisiones —igual que en toda esta cadena de derechos y responsabilidades— estarán sujetas al escrutinio y al debate públicos, y a la rendición de cuentas. Ojalá esta operación se hiciera en este y en los siguientes casos dejando de lado la confusión de las partes sin relevo de razones y pruebas.

Presidenciables

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Ayer vimos, en portada de Excélsior, una lista de nombres que vamos a estar escuchando al ser quienes, por ahora, ya son del grupo de suspirantes a las candidaturas presidenciales de sus respectivos partidos… A bote pronto: ¿cuáles son las debilidades y las fortalezas de cada uno(a)?

Ernesto Cordero

Fortalezas. El más cercano a Calderón tras la muerte de Juan Camilo. Economía es el rubro mejor evaluado en estos momentos del gobierno calderonista.

Debilidades. Sus niveles de “reconocimiento de nombre” son todavía muy bajos para un aspirante a la candidatura presidencial. Su trabajo partidista es insuficiente para los estándares panistas.

Santiago Creel

Fortalezas. Es el más conocido de los posibles suspirantes panistas. Ha sido crítico, pero no enemigo del gobierno de Felipe Calderón.

Debilidades. No es bien visto por el equipo cercano al Presidente. Su relación con las principales televisoras se lastimó hace cuatro años. Ha perdido una elección en el DF y una interna por la presidencial en el interior del PAN.

Javier Lozano

Fortalezas. Ha sido de los más mediáticos del actual gabinete presidencial. Se le percibe como un político asertivo en varias negociaciones de su rubro.

Debilidades. El tema del SME no lo ha resuelto satisfactoriamente. Tampoco ha podido impulsar la prometida reforma laboral.

Alejandro Martí

Fortalezas. Sería un candidato ciudadano natural para una alianza amarillo-azul. La gente no lo asocia con la partidocracia. Se le percibe como un ciudadano valiente y comprometido por su lucha en el tema de la seguridad.

Debilidades. Carece de experiencia política y gubernamental. Tiene bajos niveles de reconocimiento de nombre.

Alonso Lujambio

Fortalezas. Tiene una importante carrera y preparación académica. Es bien visto por el presidente Felipe Calderón. Es guapo (sí, ni modo, eso también cuenta).

Debilidades. Se le percibe débil en su trato con el sindicato encabezado por Elba Esther Gordillo. Se le ha criticado por los festejos bicentenarios. Sus resultados en materia educativa han mostrado poca mejoría, según la OCDE.

Francisco Blake Mora

Fortalezas. Actual secretario de Gobernación.

Debilidades. Actual secretario de Gobernación.

Josefina Vázquez Mota

Fortalezas. Tiene muy buen reconocimiento de nombre y opiniones positivas. Ha sabido construir carrera política propia, independiente a los gobiernos para los cuales ha trabajado (Fox y Calderón). Es mujer.

Debilidades. Es mujer. Se le percibe lejana en el equipo calderonista.

Juan Ramón de la Fuente

Fortalezas. Sería otro candidato ciudadano, respetado por las élites de izquierda y las de derecha. Goza de buena reputación entre la ciudadanía. A diferencia de Martí, tiene experiencia política y administrativa.

Debilidades. No ha permanecido vigente en la vida política nacional. Fue cercano a Andrés Manuel López Obrador.

Andrés Manuel López Obrador

Fortalezas. Tiene un importante reconocimiento de nombre y, todavía, una importante intención de voto. A pesar de sus yerros, sigue siendo una voz de peso en la izquierda mexicana.

Debilidades. Sus “negativos” en la opinión pública son los más altos de todos los presidenciables, lo cual hace su candidatura prácticamente inviable. Está confrontado con una proporción importante de la izquierda mexicana.

Manlio Fabio Beltrones

Fortalezas. Mantiene diálogo con todos los partidos y actores políticos. Es un “viejo lobo de mar”. Ha sido factor decisivo desde el PRI, con/y/o/contra el actual gobierno.

Debilidades. Se le percibe como un político ligado al viejo PRI. Está lejos en números del puntero Peña Nieto.

Marcelo Ebrard

Fortalezas. Ha logrado posicionarse como el candidato natural del PRD a Los Pinos. Su agenda de gobierno liberal lo ha mostrado como un político capaz de tomar decisiones políticamente costosas. Ha mostrado pensamiento estratégico.

Debilidades. No ha trabajado en su imagen y carisma personal. No ha tomado públicamente distancia de Andrés Manuel López Obrador. Está confrontado con sectores conservadores de la sociedad.

Enrique Peña Nieto

Fortalezas. Es el puntero en las encuestas. Alta presencia mediática. Sabe escuchar a sus asesores de imagen. Es guapo (otra vez, sí, ni modo, importa). Ha logrado crear la percepción de que va a ganar en 2012.

Debilidades. Varios pendientes en su gestión al frente del Edomex (feminicidios, caso Paulette, presencia de varios cárteles en Edodex, etcétera). El círculo rojo no lo percibe como un hombre de Estado. No ha probado, todavía, el canibalismo priista.

Los dos casos Carmen Aristegui

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Hay dos casos Carmen Aristegui. Uno es inaceptable, digno de la mayor protesta pública. El otro es lamentable, digno de inmediata corrección, porque entre las voces periodísticas de México no puede faltar la suya.

La historia es conocida pero no trivial. El fin de semana circuló la noticia de que la empresa Multivisión había terminado su contrato con Carmen, conductora del noticiario matutino más escuchado de la radio.

La empresa señaló como causa que la periodista faltó al código de ética de sus noticiarios, dando como noticia un rumor. Sólo que el rumor era que el presidente Calderón es un borracho, según la manta puesta en la Cámara de Diputados por un grupo del PT.

Carmen dio en parte por bueno el rumor al pedir que la oficina de la Presidencia aclarara, de manera formal y oficial, si el Presidente tenía un problema de alcoholismo, pues era un tema presente en las redes sociales, y de la mayor consecuencia para la vida pública.

Según su propia versión, la empresa habría pedido a Carmen disculparse, ésta se habría negado, a consecuencia de lo cual le fue rescindido el contrato. Consumado el hecho, surgió la versión de que la empresa había procedido así por petición del gobierno de la República.

Pocos creen que la empresa procedió por sí misma. Muchos creen que lo hizo por instrucción presidencial, pero nadie sabe de cierto qué sucedió ni puede aportar una versión estricta distinta de la que ha dado la empresa.

Aceptemos la duda de tantos pero distingamos entre una posibilidad y la otra, pues son de implicaciones y consecuencias radicalmente distintas.

Si la empresa procedió por instrucción, petición, sugerencia o inducción presidencial, tenemos un caso de censura inaceptable.

Si la empresa procedió por su propia decisión, sin que mediara presión política alguna, por así convenir a sus convicciones o a sus intereses, estamos ante un caso de cancelación de servicios profesionales.

En el primer caso hay un atentado a la libertad de expresión. En el segundo, el fin de un contrato.

Lo primero es intolerable y debería mover la protesta absoluta y unitaria del gremio. Lo segundo son gajes del oficio, un oficio cuya credibilidad se sustenta, por desgracia, en herir susceptibilidades y tocar intereses.

Lo cierto de toda certidumbre es que, como dije arriba, en el ágora periodística de México no puede faltar la voz muy polémica, sí, pero también muy oída y muy querida de Carmen Aristegui.