febrero 11, 2011

Santa Carmen de Macuspana, Virgen de los Malbañados

Vía @ontobelli

¿Empezamos mal con Encinas?

Miguel González Compeán
miguelgoco@gmail.com
La Crónica de Hoy

La presencia de Alejandro Encinas como candidato del PRD es una buena apuesta para ese partido. Sin embargo, está manchada por las pifias de su partido, el caudillismo que los domina y una pésima lectura de la ley. En efecto, Encinas es un hombre respetable y respetado. Su larga trayectoria de lucha y su mente bien amueblada en la izquierda mexicana, es encomiable y merece el reconocimiento apropiado. Alejandro ha sido una de esas voces racionales en el proceso de democratización de la vida política mexicana.

Por todo lo anterior, no se entienden algunas cosas de su postulación y del manejo que le han dado a la cuestión legal que nubla su candidatura y sus posibilidades electorales. Alejandro Encinas ya ha competido por la gubernatura del Estado de México, allá en los inicios de los años noventa. Lo hizo habiendo probado su residencia en aquel estado y con el apoyo mayoritario de su partido.

Después de una muy mala votación a su favor, se regresó al Distrito Federal y desde aquellos años ha sido jefe delegacional, diputado Federal, secretario de Gobierno con Andrés Manuel López Obrador y Jefe de Gobierno del DF, mientras AMLO se lanzaba a su fallida aventura electoral. O sea que ha vivido en el DF, por más de 15 años ininterrumpidos sirviendo como funcionario al Gobierno del DF desde distintas trincheras.

Es ahí donde el puerquito tuerce el rabito. En una rabieta, por la posible alianza con el PAN en la elección del Estado de México, AMLO impuso la candidatura de Alejandro Encinas para empezar a negociar. Andrés Manuel, pasa por alto el asunto de la residencia como la pasó por alto para su candidatura en el 2000 al gobierno de la ciudad. Y, en efecto, ¿por qué no? AMLO logró, en aquellos años, convencer al Consejo Electoral del IEDF, que su residencia era legítima y, con un chantaje, en el que cayeron la mayoría de los consejeros locales de aquella época, se le dio el registro a su candidatura y logró su objetivo.

Mi asombro es cómo, poco a poco, Encinas ha ido tejiendo hacia allá. Con un añadido, el día de ayer, jueves, declaró voz en cuello. Cito de memoria: “Mi candidatura es viable, sólo es necesario llegar a un acuerdo y permitir mi registro” (sic) y recontra sic.

O sea que el precandidato Encinas, además de parecer el Juanito del Estado de México, ahora quiere llegar a su candidatura brincándose la ley y con acuerdos entre los involucrados para que pueda presentarse a la justa electoral. Muy mal empezamos, digo yo. Qué puede esperarse de un candidato que está dispuesto, desde ya, a brincarse la ley e iniciar el proceso de acuerdito en acuerdito.

Lo lamento, porque Alejandro Encinas, no era ese tipo de político y además, para lo que se nos avecina en la elección del Estado de México, no permite más que el respeto y la adscripción a la ley, sin duda y sin negociación alguna. Ya veremos, pero cualquier inicio así, convertirá esa elección en un galimatías imposible de administrar.

El desafío peruano

Andrés Oppenheimer
El Informe Oppenheimer
Reforma

Durante una visita a Perú hace unos meses, varias personas me dijeron que el país estaba por buen camino y que -a diferencia de lo que ocurre en otros países- las próximas elecciones no serán ganadas por un candidato populista, sino por un político de centro derecha. Al principio, tuve mis dudas, pero todo parece indicar que así será.

Esta semana, el Presidente peruano Alan García dijo públicamente lo que yo había escuchado en conversaciones de sobremesa en Lima: que a daiferencia de lo ocurrido en las últimas elecciones, cuando el candidato respaldado por Venezuela, Ollanta Humala, estuvo cerca de ganar la presidencia, esta vez no hay ningún candidato populista entre los favoritos para ganar las elecciones del 10 de abril.

"Se acabó el peligro", dijo García, refiriéndose a la posibilidad de que la apertura económica de Perú, que ya lleva 20 años, pudiera ser revertida. "Cualquiera de los que aparentemente tienen ventaja podrá y deberá mantener lo sustantivo del modelo exportador, descentralista, democrático y de inversión en nuestro país", añadió.

Todas las encuestas coinciden en que más del 80 por ciento de los peruanos apoyan un "modelo de desarrollo modernizador, democrático y globalizado", dijo García.

En efecto, las últimas encuestas revelan que el ex Presidente Alejandro Toledo es el favorito, con alrededor del 30 por ciento de la intención de voto, seguido por Keiko Fujimori, la hija del ex Presidente Alberto Fujimori, y el ex alcalde de Lima, Luis Castañeda, con una intención del voto de alrededor del 20 por ciento cada uno. Los tres son políticos de centro derecha.

Humala ha quedado en un distante cuarto puesto en las encuestas, con alrededor del 11 por ciento de la intención del voto. Y lo que es más significativo aún, Humala ha tenido que suavizar considerablemente su discurso desde las últimas elecciones.

¿Por qué los peruanos respaldan a candidatos de centro derecha? En gran medida se debe a 20 años de estabilidad económica y creciente inserción en la economía global que han dado resultados, sacando a un significativo número de peruanos de la pobreza.

Ahora hay una masa crítica de votantes de clase media que se han beneficiado de las dos décadas de apertura económica, y que apuestan a la continuidad. La economía de Perú creció 8.8 por ciento en el 2010, y tuvo una inflación inferior a 2 por ciento.

Según las estimaciones del Banco Mundial, los índices de pobreza de Perú han disminuido del 54 por ciento al 35 por ciento de la población en la última década. Y García pronosticó que el índice de pobreza disminuirá al 28 por ciento para fin de año.

La actual campaña presidencial en Perú no gira en torno a qué modelo económico debería adoptarse en el país, sino en torno a cómo perfeccionar el modelo actual. No resulta sorprendente que el eslogan de Toledo -que aparece en carteles por todo el país- sea: "Con Toledo, al Perú no lo para nadie".

Pero lo cierto es que Perú todavía no ha salido del pozo. Aunque los recientes presidentes del país merecen crédito por haber mantenido el rumbo y mejorado las cosas, una parte de la estabilidad económica y política del país fue cuestión de suerte. Económicamente, Perú se ha beneficiado del alto precio de las materias primas. Políticamente, los candidatos de centro derecha se han beneficiado de la popularidad de Keiko Fujimori en las zonas rurales, que le ha quitado votos a Humala.

Más importante aún, tal como me lo señaló el empresario y escritor Ben Schneider, Perú enfrenta una nueva amenaza: la complacencia. Muchos peruanos creen, equivocadamente, que el país puede seguir creciendo y reduciendo la pobreza sin nuevas reformas económicas y educativas, explicó.

Mi opinión: Estoy de acuerdo. El crecimiento de Perú no será duradero si el país no toma medidas para mejorar sus niveles de educación, tecnología e infraestructura, para ser más competitivo a nivel mundial.

Según el Ranking de Competitividad Global publicado el mes pasado por el Foro Económico Mundial, Perú ocupa el puesto 73 entre 139 países, más de 40 lugares detrás de Chile.

En el último examen PISA para medir las habilidades de los estudiantes de 15 años en interpretación de textos, matemática y ciencia, Perú ocupó el sitio 63 entre 65 Estados. Entre los países latinoamericanos que participaron, Perú quedó al último.

En materia de patentes de invenciones, Perú registra apenas una patente por año en la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos. Corea del Sur, comparativamente, registra 8 mil 800 por año.

Perú merece crédito -como Chile, y más recientemente Brasil- por apostar a la estabilidad económica y a las inversiones. Pero para derrotar definitivamente a la pobreza, quien gane las elecciones deberá vencer el síndrome de la complacencia, y mejorar estas alarmantes cifras.

¿Aristegui o Calderón?

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

Creo que Carmen es una de las mejores entrevistadoras de México. No comparto, sin embargo, su manera de hacer periodismo.

Muchos me han pedido que opine sobre el caso de Aristegui. Con gusto lo hago. Era radioescucha frecuente de su programa. Creo que Carmen es una de las mejores entrevistadoras de México. Incluso, en este espacio, he llegado a citar entrevistas de su noticiero. No comparto, sin embargo, la manera de hacer periodismo de Aristegui. Tiene, sin duda, una postura política comprometida con una causa. Desde luego que se vale y, al parecer, es muy exitoso por los altos índices de audiencia que tenían sus programas. En lo personal me gusta más el periodismo objetivo y plural donde, como dice mi estimado Pepe Cárdenas, “se escuchan todas las voces”. No obstante la manera de hacer periodismo de Carmen, creo que su espacio era obligado para enterarse de lo que piensa una parte de la sociedad política de este país. En este sentido, espero que Carmen regrese pronto al aire.

En cuanto a su despido de MVS, desgraciadamente el asunto ya se convirtió en un asunto de fe. O se le cree a Aristegui, quien argumenta que su despido obedece a un berrinche presidencial, o se le cree al presidente Calderón, quien dice que él no tuvo nada que ver. Veo que unos le creen a Carmen, otros a Felipe. En lo personal me chocan estos dilemas de tener que tomar partido sin más evidencia que pura especulación.

MVS podría aclarar quién dice la verdad. Pero, aunque lo haga, el que aparezca como mentiroso pues dirá que la empresa también miente. En suma, este caso ya se convirtió en uno de esos típicos asuntos de la vida pública mexicana donde pesa más la fe que los hechos. Yo los asuntos de fe los reservo para el ámbito religioso-espiritual. Algunos de ustedes le creerán a Aristegui. Otros a Calderón. Yo me declaro escéptico esperando, como dije arriba, que la periodista vuelva pronto a la radio.

Hasta acá el tema de Carmen. Sin embargo, quisiera opinar sobre un tema colateral a este escándalo. Tiene que ver con el supuesto alcoholismo del Presidente. Aquí la evidencia demuestra que Calderón no tiene una adicción al alcohol. Conozco gente con esta enfermedad y sé que no hay manera de esconderla, mucho menos cuando se trata de una figura pública como el Presidente. Entonces, ¿por qué caracterizarlo como un borracho consuetudinario?

Muy sencillo: porque se trata de una campaña política en contra del mandatario que comenzó desde la elección de 2006. Un rumor propagado por la izquierda lopezobradorista para minar la imagen del político panista.

Primero ignoraron a Calderón ya que no lo consideraban como un candidato a la altura de López Obrador. Luego, cuando el panista subió en las encuestas, lo desdeñaron. Cuando Calderón los rebasó, se alarmaron y comenzaron a atacarlo. Ahí empezó a difundirse el rumor de que Felipe era alcohólico. Recuerdo a Federico Arreola diciéndolo a los cuatro vientos.

Cuando Calderón ganó la Presidencia, el lopezobradorismo prometió no dejarlo tomar posesión de la Presidencia. Cuando tomó posesión, prometieron no dejarlo gobernar. Cuando comenzó a gobernar, prometieron tirarlo. Cuando no pudieron tirarlo, prometieron hacerle la vida de cuadritos cuando dejara de gobernar. Y eso es lo que están haciendo los lopezobradoristas: atacando a un Presidente cuyo poder inevitablemente irá menguando hasta apagarse. Es muy claro que, al dejar Calderón la Presidencia, lo atacarán con todo su arsenal porque, como bien dice Héctor Aguilar Camín, el año más difícil del sexenio es el séptimo. ¿Quién defenderá a Calderón de estos ataques vengativos cuando sea ex presidente?

Todo depende de quién sea el próximo mandatario. De ahí que, para Calderón, sea muy importante que no llegue la oposición a gobernar. Por eso está operando activamente para evitar que lleguen el PRI o AMLO. Y si tiene éxito, además de los lopezobradoristas, los priistas quedan muy ofendidos con el activismo electoral de Calderón. Ya puede imaginarse usted la cantidad de estiércol que le lloverá al ex presidente donde eso de que es alcohólico parecerá un juego de niños.

En la cancha de los Vargas

Joaquín López-Dóriga
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Los hay que viven en la agonía del éxito inesperado. Florestán

El despido de Carmen Aristegui de MVS, el viernes pasado, y el silencio de sus protagonistas, la familia Vargas, la Presidencia de la República y ella misma, abrió un agujero negro de rumores y descalificaciones, imputaciones y mentiras que llevará tiempo superar.

El viernes 4, los directivos de MVS escucharon una pregunta: la posición de Aristegui, ¿es de ella o de la empresa?, a lo que le respondieron que era exclusivamente de la periodista.

Lo siguiente que se supo fue que Carmen había sido despedida por la familia Vargas por romper el código de ética que ella misma elaboró y presentó a la firma de su contrato.

Y así pasó todo el viernes, el sábado, el domingo, el lunes, el martes, con un vacío informativo en el que, a falta de argumentos, se llenó de insultos.

Pero nadie hablaba.

Llegó el miércoles por la mañana cuando Carmen leyó una declaración acusando a la Presidencia de la República de haber presionado a la familia Vargas para que la despidiera; que le exigieron la lectura de una carta disculpa, lo que rechazó, negando haber roto el citado código de ética y dedicando un amplio espacio a las concesiones de MVS que, exigió al gobierno le entregaran ya, y abriéndose la puerta para su regreso, el mismo lunes, si publicaban un comunicado rectificando al anterior sobre sus presuntas faltas a la ética.

Por la tarde, la Presidencia de la República emitió un comunicado negando haber intervenido en la salida y por la noche Roberto Gil salió a declarar que Calderón gozaba de cabal salud.

El punto es que Carmen dejó la pelota en la cancha de los Vargas, quienes tendrán que aclarar si violó o no el código de ética, lo que ellos denunciaron y ella rechazó; si éste existe, como afirman, y lo firmó o no, lo que ella rechaza; si la Presidencia de la República exigió su salida de MVS, lo que ella denuncia y en Los Pinos niegan, y si la familia cambió su cabeza, como denunció Aristegui, por las concesiones.

Todo esto sólo lo pueden aclarar los Vargas. Por eso digo que la pelota está en su cancha.

Es su turno.

Retales

1. HUMO BLANCO. Al aprobar en el Senado a Jorge Pardo Rebolledo como el ministro 11 de la Corte, hay que recordar que el presidente Calderón lo propuso en 2009 para ocupar el lugar de Genaro Góngora y fue bateado;

2. TELÓN. Primer acto: sale Santiago Creel y declara estar listo para ser presidente. Segundo acto: sale Gustavo Madero con una chistera y dice que tiene 10 precandidatos. Tercer acto: sale Creel y le dice quemamucho el sol. ¿Cómo se llamó? Asuntos de familia; y

3. LA CUOTA. La suplente de Gerardo Fernández Noroña, María Alma Velázquez, le exigió 50 por ciento de sus dietas que había ofrecido para obras en Iztapalapa, lo que no ha dado. Dijo que es diputado, no pendejo;

Nos vemos mañana, pero en privado.