febrero 19, 2011

Para Florence Cassez

Ariel González Jiménez
Analecta de las horas
ariel2001@prodigy.net.mx
Milenio

En forma de misiva, el autor aborda el caso de quien, sin proponérselo, ha trastocado una relación diplomática y conseguido sembrar nuevas dudas sobre la justicia en México.

Señora:

En caso de que tenga oportunidad de conocerlas, considere estas palabras como las más despasionadas que jamás hubiera leído o escuchado. Algo así como las que —de acuerdo con testimonios diversos y pruebas que resultan irrefutables— usted era capaz de proferir a algunas de las víctimas de los brutales secuestros de que participó. Porque es obvio que usted no sentía gran cosa, ¿no es así? Nada personal. Era un asunto digamos profesional, en donde lo que importaba era el resultado económico que se obtendría más allá de la forma que tenían algunas de sus amenazas, por terribles que fueran (como esa de mutilar dedos).

Fácil sería adoptar un tono ligero o irónico para hablar de todo esto, pero francamente el tema no se presta para ningún chiste. Por lo demás, siempre he creído indigno abusar —como hacía usted, según las víctimas que la acusan— de la situación de franca debilidad o impotencia en que pueda encontrarse alguien. Usted ahora está presa, al igual que contra su voluntad lo estaban todos a quienes la banda de la que formaba parte tomaron como rehenes. En esas condiciones cualquiera puede tomar ventaja cobarde, y le aseguro que eso no está entre mis objetivos.

Su caso es muy grave y ha venido escalando proporciones inimaginables a partir del momento de su detención, cuya grotesca “reconstrucción” policiaca ha sido tan sabiamente explotada por sus defensores, que usan este hecho para exonerarla de toda culpa, no dejando ni siquiera la sospecha, más que obvia, de complicidad.

No es difícil instalar la duda sobre la justicia mexicana, y si además ésta se encarga de filmar “por encargo” de las principales televisoras nacionales su penosa actuación, cualquiera venido de fuera puede alegar un montaje siniestro contra una pobre chica extranjera. Corre usted con la suerte, además, de que el más entusiasta comprador de esta versión en la que usted es víctima de las corruptas autoridades mexicanas es ni más ni menos el primer ministro de su país, Nicolás Sarkozy.

Qué fácil es entonces que un secuestrador —como hizo uno de los miembros de su banda— alegue que fue torturado al momento de rendir su declaración; y que usted sea vista prácticamente como una moderna Juana de Arco, chivo expiatorio de una policía infame.

Y sin embargo, las pruebas en su contra, para quien quiera verlas, están ahí desde el día de su captura (una jornada en la que, no lo olvidemos, fue aprehendida junto con su pareja en la propiedad donde fueron liberadas algunas de sus víctimas). Dicha flagrancia fue estúpidamente echada a perder por la policía mexicana al buscar reproducir la escena como para una película mexicana, pero el hecho es que usted se encontraba allí y es muy difícil creer que ignoraba las actividades de su novio.

He visto una y otra vez la foto donde aparecen sus padres y usted departiendo alrededor de una mesa junto con él. Ellos sí, supongo, no tenían la menor idea de la clase de yerno que estaban por tener, pero luego de que los he visto en otra foto arropados por un grupo de la Asamblea Nacional francesa es claro que los legisladores galos olvidan o no tienen la menor conciencia de la peligrosidad del personaje con que ellos aparecen retratados en México jugando al billar o charlando amenamente.

El escritor Jim Thompson decía que hay poco más de treinta formas de escribir un relato (él confesó haberlas practicado todas), pero que sólo había una trama: las cosas nunca son lo que parecen.

Viéndola a usted cuesta trabajo, es cierto, creer que es la misma que Cristina Ríos Valladares y su hijo Cristian, de 11 años, así como Ezequiel Yadir Elizalde, señalan como la mujer de acento francés que los amenazaba y que incluso le sacó sangre al niño para demostrar que lo tenían en su poder.

El “montaje” de la policía mexicana tuvo lugar después de su captura. Pero ésta no tuvo ningún elemento de reconstrucción: ahí estaban los principales de la banda, usted incluida, y sus víctimas. El montaje que usted denuncia tuvo lugar, pero no la exime, como pretende su defensa, de los hechos que la incriminan.

Acabo de leer cuidadosamente lo que el Premio Nobel de Literatura, Jean-Marie Gustave Le Clézio, ha dicho en torno de los efectos diplomáticos que inesperadamente ha cobrado su caso luego de que fuera condenada a 60 años de prisión y de que un tribunal colegiado en materia penal le negara el amparo.

El escritor, como muchos otros, siente “indignación ante la arrogancia y el menosprecio de Sarkozy y su gobierno en cuanto al sistema jurídico mexicano”, y eso lo dice precisamente atendiendo lo que aquí argumentamos: estaba en la escena del crimen, no tiene vuelta de hoja y no hay forma de negarlo, por más mareados que estén quienes la defienden y por muchas deficiencias que tenga nuestro sistema de procuración de justicia.

Del impacto que todo esto ha tenido en el Año de México en Francia apenas es necesario añadir algo: la manipulación del asunto por parte de las autoridades francesas ha dado pie a una confrontación que hubiera parecido descabellada de sólo imaginarse.

Al final, viendo el retrato que le hizo en prisión el artista Pablo Elizondo, creo que debemos ser capaces de sentir, como dice Le Clézio, “compasión por la familia de Florence Cassez”, por usted misma, y esperar “que sea posible en el futuro dar a la prisionera el socorro y la consolación de estar cerca de su familia, lo que ella, como todos los seres humanos, cualquiera que sea su culpa, merece”.

Comparto esto, Florence, porque sintiendo esta piedad, reivindicamos la condición humana tan negada y envilecida por los actos criminales de usted y sus cómplices. Adiós y buena suerte (no es difícil que gente como usted la tengan en este mundo).

Van cinco

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

En el 2012 López Obrador irá por su cuenta llueva o truene. Aún en el caso hipotético de que el PRD postulara a Marcelo Ebrard o se sumara al PAN para apoyar un candidato ciudadano

Oaxaca, Puebla y Sinaloa en 2010. Guerrero y Baja California este año. Cinco gubernaturas que, de otro modo, habrían caído bajo la aplanadora priista. La experiencia lo confirma. Las alianzas sí funcionan y han modificado radicalmente la escena política. No hay elementos para suponer un regreso inminente e imparable del PRI a Los Pinos en 2012. Los dados no están cargados ni el resultado asegurado.

Lo anterior, sin embargo, no borra un hecho innegable. La recuperación del PRI es palpable y está asociada al desencanto de la población. Muchos sectores razonan de manera directa y simple: más vale malo por conocido, que bueno por conocer. O son aún más tajantes: los priistas eran corruptos pero eficaces, los panistas también son corruptos, pero además ineficaces.

El problema, para los priistas y sus cálculos futuros, es que ésa es sólo la mitad de la ecuación. ¿La otra mitad? El rechazo al PRI sigue siendo real. No importa que se trate de electores de izquierda (PRD), de derecha (PAN) o flotantes (oscilan en cada elección). En determinado momento un grupo importante de ellos puede aglutinarse bajo un objetivo: ir contra los priistas.

Por eso las victorias en los cinco estados mencionados y por eso los resultados apretados en Hidalgo y Durango el año pasado. Por eso, también, la incertidumbre de lo que po- dría ocurrir en el Estado de México si efectivamente se fraguara una alianza PAN-PRD. Los números no mienten. Un electorado dividido a tercios genera dos efectos: a) una tendencia a la polarización en cada elección; b) que favorece a las fuerzas que traban una alianza.

Eso fue, exactamente, lo que describió y sugirió Felipe Calderón hace apenas unos meses. El "silogismo" no fue perfecto, pero sí contundente: a) el peor de los resultados imaginables en 2012 sería el regreso del PRI; b) no hay que descartar un candidato de la sociedad civil que unificase a los antipriistas; c) una elección plebiscitaria (sí o no al regreso del PRI) se traduciría en una victoria.

Perogrullo. Todo lo anterior rige para el Estado de México. Lo que suceda allí será crucial para el 2012. Quien triunfe obtendrá una ventaja estratégica. Se trata del estado con mayor número de electores, con una cantidad enorme de recursos públicos y con zonas conurbadas con la ciudad de México. Amén del impacto psicológico que tendrá hacia la elección presidencial.

Bajo ese panorama, la alianza PAN-PRD debería darse por descontada. Primero, porque todo indica que sin esa alianza ni el PAN ni el PRD tienen posibilidades de alcanzar la victoria. Segundo, porque la derrota en el Estado de México constituiría un tremendo golpe para el precandidato estrella del PRI. Y, tercero, porque sentaría un precedente hacia el 2012.

Nada, sin embargo, está escrito. La incógnita de esta ecuación tiene nombre y apellido: AMLO. Su oposición a la alianza es tajante. Es más, ya advirtió a su pupilo, Alejandro Encinas, que si él "transa" y acepta ir con Acción Nacional, entonces el Partido del Trabajo y Convergencia lanzarán un candidato por su cuenta con el apoyo de su Eminencia.

Ese tour de force tendrá un pronto desenlace. Porque si López Obrador se mantiene en su estrategia, los perredistas toparán con dilema: postular un candidato de unidad de toda la izquierda (Alejandro Encinas) o ir en alianza con Acción Na- cional, pero enfrentan- do la quinta columna de López Obrador.

Con un agravante adicional. La fuerza del "rayito de esperanza" en el Estado de México es considerable. No tanto como para obtener la victoria e imponerse sobre el candidato del PRI, pero sí para torpedear las posibilidades de victoria del candidato PAN-PRD. Dicho de otro modo, López Obrador no tiene la llave de la victoria, pero sí el boleto de la derrota de sus adversarios en el interior del PRD.

Este juego de sombras y de imágenes no se agota en sí mismo. Es, en sentido estricto, el primer round de la pelea por la candidatura del PRD a la Presidencia de la República. López Obrador está socavando el poder y la fuerza sus principales opositores (Nueva Izquierda de Jesús Ortega). Al hacerlo le cierra el camino a Marcelo Ebrard y le envía una advertencia: hacia el 2012 la izquierda marchará unida o dividida, tú decides.

El mensaje descifrado tiene las mismas claves del Estado de México. López Obrador irá por su cuenta llueva o truene. Aún en el caso hipotético de que el PRD postulara a Marcelo Ebrard o se sumara al PAN para apoyar un candidato ciudadano. En ambos escenarios, "el rayito de esperanza" no tendría la capacidad de ganar la elección, pero sí de torpedear a sus adversarios.

El ultimátum es terminante: yo o el diluvio. Por eso lo que ocurra en los próximos meses será determinante y resolverá las principales incógnitas del 2012. El desenlace es de pronóstico reservado. Pero hay dos referentes a tomar en cuenta para prefigurar el futuro inmediato.

El primero es la personalidad del "rayito de esperanza". López Obrador ha hecho su travesía del desierto con la tozudez que lo caracteriza. Su fuerza proviene de una convicción: le robaron la Presidencia en 2006. Y también de una reivindicación: sólo él, y nadie más que él, tiene el derecho y la obligación de vengar el agravio.

A lo que agrega su propio cálculo "racional": si en 2012 logra polarizar la contienda con Peña Nieto, podrá aspirar a jalar en torno a su candidatura el voto antipriista y la victoria estaría al alcance de la mano. Él es el indestructible y... lo seguirá siendo.

¿Se equivoca? Por supuesto que sí. Pero lo que importa es lo que él cree y piensa. Y eso lo sabremos, con certeza, muy pronto.