marzo 08, 2011

Ebrard y AMLO, a punto del quiebre

Adrian Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

No será, desde luego, una ruptura total ni definitiva, pero es cuestión de semanas para que los caminos políticos de Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador se bifurquen.

El siempre cuidadoso Ebrard, que se había cuidado de no ofender a López Obrador ni con una gráfica de una encuesta, dijo a la cadena estadounidense CNN que él sería el candidato presidencial de la izquierda “si hoy se hicieran las encuestas’’.

Ebrard explica que, los datos objetivos de su ventaja sobre López Obrador son la diferencia en el tipo de liderazgo y en ideas; cómo lo ve el electorado y sus posibilidades de crecer y atender las necesidades del país.

Y aunque reconoció que su principal rival en la carrera presidencial es el tabasqueño, afirmó que él tiene la ventaja.

"Si hubiese hoy una encuesta contundente respecto a quién debe representar a la izquierda, y el ganador resulta ser Andrés Manuel, pues adelante, todos lo apoyaríamos, pero no hay tal", dijo textualmente el jefe de gobierno de la capital.

Ebrard crecido lento pero paulatinamente en los últimos sondeos y es, desde luego, mejor visto por un amplio sector de la población que dejó de creer en el proyecto de López Obrador.

No se exagera si se colocan en extremos contrarios los proyectos de ambos, la forma de hacer y ver la política, aunque los dos enarbolen la bandera de la izquierda mexicana.

Pero, como dijo un perredista, “hasta en las izquierdas hay clases’’.

Es cuestión de tiempo.

En México se dice que “lo cortés no quita lo valiente’’ y sin embargo ayer presenciamos dos episodios políticos lamentables, que dejan ver que la cortesía, en tiempos de guerra electoral, también es una baja.

En el primer caso, por acción u omisión –cualquiera de las dos es grave-, el gobernador del estado de México Enrique Peña Nieto no fue oficialmente invitado a Los Pinos para la presentación de un auto Fiat que se fabricará en Toluca.

Peña figuraba como uno de los oradores en el evento, pero la realidad es que no fue invitado por la casa Presidencial aunque sí lo hizo la armadora de autos; la cortesía debió correr de parte de Los Pinos que fueron los anfitriones.

En el otro caso, el secretario de Educación Pública del DF, Mario Delgado, fue echado de una escuela primaria en la que inauguraría una jornada con el título de “Escuela para Padres’’.

La orden de sacar a Delgado fue del director de los Servicios Operativos del DF, Antonio Ávila, quien justificó la orden con el argumento de que las escuelas “son para enseñar y no para actos políticos o de campaña’’.

Lo malo de la estrategia es que victimizaron a Delgado que ahora argumenta que él solo quería contribuir a mejorar la educación a través del taller para padres.

¿Qué no era eso lo que propone el secretario Alonso Lujambio?

La promesa para el futuro de no regresar al pasado

Poncho Vera (@ponchovpof)
ponchov@exafm.com
La Crónica de hoy

Quien se atreva a hacer promesas para el futuro las debe hacer mediante de un planteamiento de tiempos mejores, prósperos, sustentado con verdaderos argumentos. No se valen discursos huecos y sin fondo.

No me parece ni moral ni ético hablar de que el futuro no será como el pasado sucedido hace casi 12 años, eso no tiene argumentos para pensar que las cosas serán mejores. Lo que pasó ya es historia, y hay que ver hacia adelante, con aseguramientos de que los tiempos que se han vivido recientemente cambiarán para bien.

Es importante estudiar el pasado, conocer los errores que se han cometido, intentar no repetirlos, pero eso sí, no nos podemos aferrar a ellos, porque entonces nos mantendremos encerrados en una esfera de culpabilidad pasada.

Si pretendemos que las cosas no serán como fueron hace 12 años, nunca lograremos un progreso, nos mantendremos en una muy desafortunada mediocridad, que conservará a nuestro país en un total estancamiento. Intentar seguir culpando a los que han hecho daño a la nación no nos llevará a nada.

Dejemos las equivocaciones pasadas atrás, es más, vamos a enterrarlas, y veamos lo que viene, vayamos hacia delante.

Hoy ¿qué tenemos?... habrá que pensarlo, y con base en eso, hacer los ajustes necesarios al plan de los años que se vienen. Nada de concentrarnos en lo que sucedió hace tiempo.

Es un asunto de honestidad el tomar la responsabilidad de nuestros propios errores, para entonces así lanzar proyectos. Reconocer los propios errores cuesta trabajo, pero se tiene que hacer; es fácil ver y hablar lo malo que han hecho otros.

Doce años son varios, quizá no para cambiar definitivamente al país, pero sí para lograr avances importantes. La cooperación de muchos ha dejado bastante qué desear, pues han puesto baches profundos; sin embargo, el tiempo ha sido considerable para superarlos y si no se ha logrado es porque algo se está haciendo mal.

Seguir pensando en los años oscuros y perversos de un sistema político mexicano corrupto, represivo, tramposo y desigual es importante, pues nuestra memoria no debe de olvidar lo que ha lastimado a la sociedad, pero hay que pensar en los desafíos que se nos presentan ahora, los cuales son muy diferentes a los que tenía el país en el año 2000.

No quisiera que mi querido México regresara a las décadas de los sesenta, setenta, ochenta y noventa; sin embargo, en este nuevo siglo, no me quiero detener a pensar en eso, más bien prefiero concentrarme en lo que viene, en los retos que son muy diferentes. El mundo ya cambió, y creo que debemos concentrarnos en los nuevos desafíos que son más complejos.

¿Tiempos pasados fueron mejores?

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

El PRI fue el partido gobernante la mayor parte del siglo XX, hasta que en 2000 perdió la Presidencia. Sin embargo, el PRI ha sabido administrar su capital político; ha creado un nuevo reparto de posiciones, tanto en su grupo de gobernadores como en sus fracciones parlamentarias y en la dirección del partido. Ahora, casi dos sexenios después de alternancia panista, el PRI se prepara para regresar a Los Pinos. No se podría decir que quiere regresar al poder, porque nunca se fue, pero sí tiene posibilidades de volver a la Presidencia, según las mediciones de intención de voto de hoy, que no necesariamente serán las mismas de julio del 2012.

Hasta ahora, la carga de la explicación de lo que pasa con un posible regreso tricolor a Los Pinos está más en los efectos y desgastes que han tenido los gobiernos panistas y la crisis de la izquierda después de la sucesión del 2006. La corta memoria de los electores, que ven con simpatía al PRI, quizá ha olvidado de qué se trata. Menos de 12 años han bastado para volver a posicionar al PRI como un competidor fuerte para el 2012. ¿Cómo se construye ese viaje a la nostalgia de que tiempos pasados fueron mejores?

El partido que creó Calles —para darle cauce institucional a la rotación del poder entre caudillos y generales, tuvo una transformación hacia la organización corporativa con Cárdenas y llegó a su institucionalización civil de partido hegemónico con Alemán— enfrenta hoy nuevos retos y desafíos. Entre efectos mediáticos, la política se ha convertido en parafernalia y ha borrado los proyectos de país. El PRI ha navegado con una bandera de pragmatismo, pero está muy lejos de una definición sobre qué haría con el país si regresa a la Presidencia.

Se habla de Peña como el mejor posicionado, pero a las personas que hablan de porcentajes de intención de voto les pido que digan una sola idea del gobernador y, acto seguido, se quedan en silencio. Las evaluaciones de lo que ha hecho Peña en Edomex no son positivas: con mucho más presupuesto, han aumentado la delincuencia y la pobreza y ha bajado la competitividad (Enfoque, 6/III/2011).

Hace unos días, Beltrones escribió: “¿Y cuando gane el PRI la Presidencia?” (Reforma, 4/II/2011). No hay que adelantarse tanto porque aún correrá mucha agua bajo el puente antes de julio del 2012. En ese texto se dice que el PRI tiene el reto de explicar su proyecto, lo cual indica que no se conoce. Pero el centro del artículo es una enumeración de las cosas que ahora sí haría el PRI, es decir, un conjunto de buenas intenciones. Porque son políticas y proyectos que el PRI no hizo cuando gobernó ni tampoco lo ha hecho como oposición. Se habla de promover reformas económicas, pero no se dice qué harían con el neoliberalismo que se implantó como proyecto entre 1985 y 1993. Se afirma que ahora sí se pagaría la deuda social con la pobreza y desigualdad, cuando lo único que hizo son programas de focalización y transferencias económicas, que están lejos de ser solución eficaz. Se dice que ahora sí se fortalecería a los órganos reguladores, cuando lo que han hecho PRI y PAN es debilitarlos de forma sistemática. Ahora sí haría una reforma fiscal que le dé viabilidad al Estado, o sea, una reforma que el PRI no hizo nunca como gobierno y menos como oposición. ¿Por qué creer que ahora sí? Así siguen las buenas intenciones, como reordenar el gasto federal, es decir, las enormes sumas que tienen los gobernadores y que usan para fines electorales, en aplicaciones de un gasto opaco. Por supuesto no faltó la promesa de eficacia y honradez, que cierra con un afán de que ellos lo harían mejor que los panistas.

Moreira llega a la presidencia del PRI y lanza un fuego de adjetivos: “No nos atemorizan las alianzas impúdicas”. Otra vez hay una condena moral en contra de las coaliciones opositoras. Según Moreira, se afirma que se ganará la Presidencia y que no se va a regresar al pasado. El problema es que no está claro qué futuro quieren, porque ya se sabe que el PRI es un conjunto acomodaticio de grupos e intereses que están lejos de lo que se necesita para consolidar la democracia. Esto no significa que el panismo haya gobernado como prometió, pero ese es otro problema. Lo importante es entender de qué está hecha la parafernalia del PRI, que ya se siente ganador, cuando todo indica que sigue siendo el de siempre…

A pesar de todo, va

Federico Reyes Heroles
Reforma

México es hoy un mejor país que hace 50 o 25 años. México será mejor país dentro de un cuarto de siglo. El lance no tiene nada de temerario, de hecho debería ser un lugar común pues los datos lo avalan. Y sin embargo decirlo suena a ingenuidad, a demagogia, a mentira. Así de confundidos andamos. La confusión no es gratuita, basta con ver el desfile de obsesiones, vanidades y frivolidades de nuestros gobernantes -de todos los frentes- para ratificar la magra calidad profesional de quienes nos gobiernan. El ambiente político está tan envilecido que ya ni siquiera se registran los avances y cambios en la vida cotidiana de decenas de millones de mexicanos. Pero el país, a pesar de sus gobernantes, mejora y seguirá mejorando.

Se dieron a conocer los resultados del Censo 2010. En él vienen algunos datos muy relevantes que por supuesto se perdieron entre los dimes y diretes de la comedia política. 112.3 millones de habitantes es la población total, un poco por arriba de lo esperado. En una década la tasa de crecimiento poblacional pasó de 1.9 a 1.4%. Sin embargo, las tendencias de largo plazo se confirman; en dos décadas la población dejará de crecer, se estabilizará con alrededor de 135 millones. La tasa de fecundidad ha descendido; en el 2010 se reportan 1.7 hijos por mujer en edad fértil. México está ya por debajo de la tasa de reposición -2.1- lo cual nos sitúa mucho más cercanos al comportamiento de los países desarrollados. Increíble, pero en un futuro no muy lejano habrá que vigilar que la tasa no se desplome para evitar problemas como los de Rusia, Japón o España e Italia con decrecimientos severos y necesidad de "importación" de mano de obra.

Por primera ocasión los niños menores de 10 años disminuyeron en alrededor de 300 mil. México tendrá que reubicar escuelas y maestros porque la demanda cambia sin pausa. El descenso en la fecundidad y la mortalidad anuncia el envejecimiento. En el 2000 el promedio de edad era de 22 años, en el 2010 es de 26. Somos todavía un país de jóvenes pero no por mucho tiempo. Por supuesto las disparidades regionales son fuertes. No es casual que los municipios con un mejor Índice de Desarrollo Humano presenten menor tasa de fecundidad: ahí está el círculo virtuoso del desarrollo. La esperanza de vida sigue en ascenso, es muy cercana ya a la de los países ricos. Hay áreas de oscuridad, por ejemplo el embarazo de adolescentes -entre 12 y 19 años- que ronda los 300 mil al año no disminuye. El total se acerca a un millón de madres en esa edad. Los especialistas advierten del fracaso de las políticas públicas en ese rubro.

Pero los cambios cualitativos no se quedan atrás. Aumento de 50% de uniones libres en dos décadas. Disminución sensible del catolicismo, alrededor de 4% en 10 años. Crecimiento de evangélicos y protestantes, 7.6%. Uno de cada cuatro habitantes mayores de 20 es soltero o está separado. Casi uno de cada cuatro hogares es dirigido por una mujer. Los hogares unipersonales -típicos de las sociedades desarrolladas- se duplicaron en 10 años. El número de mexicanos viviendo en casas independientes aumentó 7.2%; una cuarta parte de la población habita en este tipo de vivienda. Las políticas de la última década han sido exitosas. De continuar, el ritmo el rezago se abatirá.

El surtimiento de los hogares mejora, no hay duda: refrigeradores 82%; lavadoras 66.4%; radio casi 80%; televisor 92%. Un 45% de los hogares tiene automóvil. Incluso la computadoras se multiplicaron por tres y hoy están en el 29.4%; simplemente proyectando el ritmo -sin que hagamos algo por mejorarlo que también se puede- en el próximo censo la gran mayoría de los hogares tendrá ese objeto icónico del siglo XXI. Esperemos que las entidades más pobres del sur no se rezaguen y que el internet vaya de la mano. Incluso en servicios hay mejoría, los derechohabientes de instituciones crecieron en 25 millones. En educación, que es un área crítica, la población de 15 años y más sin escolaridad -una de las grandes vergüenzas nacionales- disminuyó, poco, pero disminuyó 2%. La que cuenta con educación superior avanzó cinco puntos. El analfabetismo cayó a 6.9%, podría ser menor.

Nada más lejano a mi intención que provocar relajamiento en las exigencias. Para nada, los cambios han ocurrido a pesar de la mediocridad de nuestro crecimiento, 2.1% en promedio. Han ocurrido a pesar de la falta de visión de nuestros gobernantes. Qué envidia escuchar al presidente chileno anunciar la intención de terminar con la pobreza extrema en los próximos cuatro años. Ni los bicentenarios pudieron inyectar más sensatez a las acciones: 25% de las escuelas públicas no tiene agua potable. Ésa es una prioridad. La inequidad sigue siendo un estigma nacional pero los señores legisladores son incapaces de presentar al país una reforma fiscal omnicomprensiva y redistributiva. Vergüenzas hay y muchas. Ojalá y el Censo les recuerde de qué deberían estar hablando. Porque México va, a pesar de ellos.

Solos NO pueden

Federico Döring
Excésior

El Partido de la Revolución Democrática reconoció que existe el riesgo de perder en delegaciones y posiciones en la Asamblea Legislativa, como en 2009, por eso busca alianzas en la ciudad.

Esta semana los partidos de izquierda que integran el frente Diálogo para la Reconstrucción de México (DIA) alcanzaron un acuerdo para ir en alianza por la jefatura de Gobierno del Distrito Federal. La idea es crear el frente común que les permita cerrar el paso al Partido Revolucionario Institucional y al Partido Acción Nacional.

La idea NO debería tener nada de extraordinario salvo porque suena muy prematuro, pero NO lo debe ser tanto en el contexto de la agenda pendiente de Marcelo Ebrard en el DF. Con ello aparentemente se rechaza de tajo la posibilidad de una alianza en la ciudad similar a la de otras entidades, pero quizá la intención no es cerrarle el paso al PRI sino construir el vehículo para poder designar al candidato de Ebrard.

Tanto tiempo de anticipación es parte de la planeación de Ebrard para sellar el apoyo del Consejo Estatal del PRD para la alianza antes de pedir licencia en busca de Los Pinos. Ya una vez obtenido dicho beneplácito la candidatura podría ser parte del arreglo institucional por la candidatura presidencial. Lo más destacable es que se reconoció que existe el riesgo de perder delegaciones y posiciones en la ALDF como lo hicieron en 2009 al dividir su voto.

Es una contienda bis a bis, el PAN puede vencer en varias candidaturas al PRD, pero con esta alianza se pretenden alinear a los partidos que la integran y sobre todo, a los recursos del GDF que serán desviados para operar esas campañas y movilizar a sus votos corporativos. La mayoría, no TODOS, los nuevos triunfos de Acción Nacional en 2009 obedecen a esa razón.

Ebrard que en esa época no controlaba al PRD del DF tuvo que recurrir al PT en Iztapalapa para vencer a René Arce y a Convergencia para postular varios ex priistas que no pudo sacar a competir a través del PRD por las cuotas de las tribus. Ahora irán juntos en reconocimiento a que individualmente no se tienen confianza para enfrentar al PAN.

Sin duda además lo hacen conscientes del enorme riesgo que les representa para conservar el GDF dos grandes factores en las dos delegaciones más grandes de la ciudad, a saber, Arce en Iztapalapa y Joel Ortega en Gustavo A.Madero.

Más allá de la lógica netamente partidista del PAN, PRD y PRI, esos dos actores políticos pueden ser en una elección cerrada a tercios los grandes definidores de la nueva realidad de nuestra ciudad. Como sea la noticia es doblemente buena pues reconoce que Ebrard NO las trae todas consigo en el DF y que no han encontrado una figura y/o liderazgo capaz de garantizarles el triunfo sin tener que ceder espacios a los otros partidos de izquierda; y porque favorece el escenario de una elección a tercios y menos atomizada que al PAN le favorece en sus estrategia electoral.

Las más recientes encuestas indican que es falso que Ebrard sea “el mejor alcalde del mundo”, pues la primer minoría electoral del DF no ha definido una intención de voto y le da lo mismo votar por cualquier partido y está en espera de las candidaturas, es decir, NO están enamorados de la forma de gobernar del PRD ni de Ebrard que tampoco es el PRD.

La falta de un liderazgo visible, real y consolidado de la nueva persona que encabece esa misión en el 2012 en el Distrito Federal le hará aún más difícil conciliar al interior las diversas candidaturas, por eso la nueva y superada camisa de fuerza para evitar rupturas y tránsfugas. Sólo faltan unos meses para que la batalla comience, de entrada se ve que el Gobierno del DF y el PRD no están listos y por eso este anuncio, enhorabuena por ellos y por la ciudad.

Una pesadilla de AMLO

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

Hace unos meses lamenté que PAN y PRD hubieran descartado, de entrada, la posibilidad de una alianza en el Estado de México. No entendía cuáles eran los incentivos para dejarle el campo abierto al PRI. Mucho menos comprendía cómo el actor más vociferante de la izquierda podía haber apoyado alianzas similares sólo para rechazar ésta, la más importante, a la hora buena. ¿Por qué Andrés Manuel López Obrador le hacía la vida tan fácil a Enrique Peña Nieto? No lo entendía porque me faltaba despejar una variable fundamental: ¿quién es, para López Obrador, el auténtico rival a vencer?

Recurramos a la ficción. Supongo que López Obrador habrá tenido esta pesadilla de manera recurrente. La escena comienza en los últimos meses de 2011. Después de que la alianza PAN-PRD ha derrotado a su candidato en el Estado de México por escaso margen, Peña Nieto ha perdido algunos puntos en las encuestas. Pero a seis meses de la elección presidencial sigue siendo el gran protagonista. Aunque su ventaja ya no es de 20 sino de 15 puntos, todo el priismo sabe que Peña es su único boleto de vuelta a Los Pinos: la unidad interna no ha flaqueado ni un instante. Mientras tanto, el PAN sigue sin hallar un candidato. Ernesto Cordero no cuaja, Alonso Lujambio no ha logrado zafarse del estigma del SNTE y Josefina Vázquez Mota no ha generado el apoyo necesario. Marcelo Ebrard, por su parte, no ha dejado de crecer. Las alianzas lo han reivindicado como estratega y eso le ha ganado popularidad y reconocimiento en las encuestas. De pronto, en un acto de pragmatismo antes que de panismo, Felipe Calderón cede y promueve a Ebrard como candidato aliancista para 2012. Al Presidente le ha costado trabajo, pero finalmente ha tenido que ceder. Así, en la pesadilla lopezobradorista, Marcelo Ebrard se vuelve candidato de la alianza PAN-PRD a la Presidencia de México en 2012. Conforme pasan los meses, Ebrard se acerca a Peña. López Obrador mientras tanto, se ha postulado por el PT y apenas pinta en los sondeos. Para mayo de 2012, las encuestas no mienten: tras una campaña durísima, Peña Nieto supera a Ebrard por sólo tres o cuatro puntos. Comienzan los cálculos. Toda la oposición le suplica a López Obrador que recapacite. Su obstinación, le dicen, le abrirá las puertas de Los Pinos al PRI. Pero AMLO no cree en nadie. Aunque no rebasa 8 por ciento, insiste en que ocurrirá un milagro, en que sus sondeos lo ubican mucho más arriba. Cuando llega el primer domingo de julio, Enrique Peña Nieto gana las elecciones por apenas dos puntos. López Obrador termina en el tercer sitio. Toda la oposición lo señala como el culpable de la derrota. Para 2018 tendrá 65 años: su carrera política ha terminado.

Al despertar, con sudores fríos, López Obrador entiende que en un enfrentamiento entre Peña y Ebrard, la candidatura lopezobradorista se convertirá en un lastre para el candidato de la alianza PAN-PRD. Antecedentes le sobran: si Ralph Nader, el candidato del Partido Verde, no hubiera insistido en su aspiración quijotesca, Al Gore habría vencido con cierta facilidad a George W. Bush en 2000. Antes respetado, Nader es, desde entonces, persona non grata para buena parte de la opinión pública en Estados Unidos. López Obrador no quiere el destino de Nader ni cree merecerlo. A pesar de su clara desventaja en las encuestas, cree que puede ganar en 2012. ¿Qué hacer para evitar que la pesadilla se vuelva realidad?

En ese escenario, el primer rival a derrotar no es Enrique Peña Nieto. Por eso la estrategia es clara: primero, desacreditar a toda costa la idea misma de las alianzas como estrategia electoral. Después, mover sus piezas para golpear al hombre que las promueve: su carnal, Marcelo Ebrard. Habrá que ver cómo lidia el jefe de Gobierno con la activa animosidad lopezobradorista, con el fratricidio que acaso sea su propia pesadilla o, quizá, su más anhelado sueño.