marzo 14, 2011

Montiel puso a Peña; ¿Montiel lo tirará?

Ricardo Alemán (@laotraopinion)
Excélsior

¿De verdad nunca entendió lo que estaba en juego, y que tenía una larga cola que en cualquier momento pisarían sus adversarios?

Ahora resulta que el ex gobernador mexiquense, Arturo Montiel, es lo más parecido a una blanca paloma: ejemplo de honestidad, transparencia y —aunque resulte difícil de creer— que su caída del pedestal de precandidato presidencial del PRI fue producto de una horrible maquinación en su contra.

En pocas palabras, resulta que Arturo Montiel era el mejor hombre y el mejor político del PRI, no sólo para derrotar políticamente a Vicente Fox, sino para vencer en las urnas a Andrés Manuel López Obrador y a Felipe Calderón en la contienda de 2006. Resulta que por esa razón fue víctima de todos los poderes y las perversidades imaginables, para arrebatarle a los mexicanos la gloria de tener a un presidente como Montiel, único.

Es decir, que al tumbar a Arturo Montiel debido a sus corruptelas, al mal gobierno y al desparpajo de su gestión —al más puro estilo feudal—, en realidad los enemigos de México le arrebataron a todos los mexicanos la única, impensable e irrepetible posibilidad de tener al mejor presidente de la historia. Y, claro, ese presidente se debió llamar Arturo Montiel.

Por lo menos es el autorretrato —en narrativa íntima— que quiere “vender” a los mexiquenses y a los ciudadanos en general el ex gobernador Montiel, luego de un sexenio en el que fue visto como el símbolo de la peor corrupción del PRI: mexiquense y nacional. Lo anterior se desprende del libro Arturo Montiel, desde Atlacomulco —de Norma Meraz—, del cual el semanario Proceso difunde un extracto en su número en circulación.

Pero lo verdaderamente interesante del asunto —más allá de la versión interesada, simpática y chabacana que a manera de libro nos ofrece Montiel— es que el ex gobernador mexiquense ratifica que en política es lo más parecido a un chivo en cristalería, que cree que los ciudadanos y los mexiquenses tienen un problema de retraso mental y que parece dispuesto a sumarse a los muchos tiradores que tienen en la mira a su sobrino y heredero político, Enrique Peña Nieto. ¿Por qué?

Primero, porque acusa de haber sido víctima de un malévolo complot en su contra —sin ofrecer una sola prueba, salvo su poco creíble versión—, lo mismo a Vicente Fox que a Marta Sahagún, pasando por Roberto Madrazo; hasta llegar lo mismo al periodista Carlos Loret que al comediante Víctor Trujillo, en su personaje de Brozo, entre otros. Parece que nunca nadie le ha dicho a Arturo Montiel que para acusar se requieren pruebas; que para señalar de una perversión política como la que dice que se tejió en su contra, no basta con su poco creíble palabra.

Segundo, porque si lo que buscaba Montiel con esa versión a modo de su debacle político-electoral —convertida en libro— era lavar su imagen y su nombre, en realidad lo que consigue es ratificar que un ingenuo como el gobernador mexiquense que aparece en esa narrativa —que creyó y hasta firmó acuerdos con Roberto Madrazo, a pesar de la probada mitomanía del tabasqueño—, nada tenía que hacer en política.

¿De verdad nadie le dijo a Montiel que un mandatario que gobierna con el desparpajo, el autoritarismo y la nula transparencia, como lo hizo él en el Estado de México, era impensable que se convirtiera en candidato presidencial? Y, claro, eso no quiere decir que Madrazo era mejor. ¿De verdad Montiel nunca entendió que desde el momento en que —literalmente— Roberto Madrazo se robó la dirigencia del PRI, todos sabían que se quedaría con la candidatura presidencial?

¿De verdad nunca entendió lo que estaba en juego, y que tenía una larga cola que en cualquier momento pisarían sus adversarios? Y si no entendió nada de lo anterior, tampoco parece entender que su libro, grosero intento de lavarse la cara, en realidad se revertirá contra el único acierto político de su gestión: la designación de Enrique Peña Nieto.

Y, tercero, porque precisamente el regreso de Montiel —en los previos a la designación del candidato del PRI a la sucesión de Peña— es lo más parecido al “regreso de los brujos”. Y es que sólo a un chivo en cristalería se le puede ocurrir apalear el avispero del mayor escándalo del gobierno de Peña —que fue precisamente la corrupción de Montiel—, en momentos en que ya están presentes los dolores de parto del alumbramiento del candidato del PRI al gobierno mexiquense.

Montiel puso a Enrique Peña. ¿Montiel lo tirará? Al tiempo.

EN EL CAMINO

Todo indica que, al final de cuentas, Marcelo Ebrard se quedará con el control del PRD. Y claro, el nuevo presidente será uno de sus leales.

El récord

Roberto Zamarripa
tolvanera06@yahoo.com.mx
Reforma

El 22 de enero de 2004, cinco niños indígenas tlapanecos murieron en La Montaña de Guerrero por comer galletas contaminadas con insecticida. Los médicos carecían de equipo para lavados gastrointestinales.

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Un día después de cumplir 33 años de edad, el pasado martes 7 de marzo, Fernando Reina Iglesias -regidor del Partido Verde en Acapulco- rompió un récord Guinness al esquiar descalzo a una velocidad mayor a 240 kilómetros por hora tirado por un helicóptero. El notario público Manlio Favio Pano -un distinguido priista guerrerense, amigo de Reina y de Ernesto Rodríguez, el secretario de Turismo estatal- dio fe de la hazaña pero no de la legalidad del hecho, lo que lo mete en un predicamento.

El helicóptero que tiró al esquiador pertenece a la Secretaría de Salud de Guerrero; es un modelo Augusta, adquirido para emergencias médicas justamente porque alcanza velocidades de hasta de 270 kilómetros por hora.

El día del récord Guinness, la matrícula del aparato (XC-LKX) fue oculta para impedir su identificación de aeronave gubernamental. Al notario Pano le pasó de noche.

El artículo 44 de la Ley de Aviación Civil obliga a toda aeronave civil a llevar marcas distintivas de su nacionalidad y matrícula; ocultarla merece multa de 5 mil a 15 mil salarios mínimos (artículo 86).

El artículo 88 establece una multa de 500 a 5 mil salarios mínimos a quien realice vuelos acrobáticos, rasantes o de exhibición en lugares prohibidos; por vuelos de demostración, pruebas técnicas o de instrucción, sin la autorización respectiva la multa es de 300 a 3 mil salarios mínimos; y por volar sobre zonas prohibidas, restringidas o peligrosas, sin autorización de la Secretaría es de 200 a 2 mil salarios mínimos. Todas esas faltas fueron cometidas el pasado 7 de marzo.

Romper el récord Guinness en una nave gubernamental sin autorización de la SCT no está explícitamente penado en la ley pero sí se indica que cualquier infracción no prevista será sancionada con multa de 200 a 5 mil días de salario mínimo (artículo 89).

En caso de reincidencia, la SCT debe imponer una sanción equivalente al doble de lo estipulado. Reina usó el helicóptero-ambulancia varias veces como nave de entrenamiento.

La noche del 23 de febrero pasado, desde su Blackberry, el regidor despachó un tweet con una foto donde aparece al lado del secretario de Comunicaciones y Transportes, Dionisio Pérez Jácome. Ambos sonríen como grandes amigos.

¿Impedirá esa amistad que el secretario aplique la ley?

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El promedio de muertes maternas en Guerrero por cada 100 mil habitantes en 2009 fue de 107.8, siendo el peor récord en México con promedio de 62.2 por ciento de defunciones (Informe de Observatorio de Mortalidad Materna). Una de cada cuatro guerrerenses fallecidas no tuvieron atención médica por una de cada 10 a nivel nacional. En la región de La Montaña sólo hay cinco ginecólogos: uno por cada 17 mil mujeres. La media nacional es de uno por 2 mil mexicanas en edad fértil (Centro de Derechos Humanos Tlachinollan).

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Según su perfil de Twitter (reinaiglesias), el regidor es "un deportista que practica la política porque la veo como el conducto para mejorar nuestras vidas". Como funcionario dirige las políticas municipales de ecología y turismo. Miembro del Partido Verde, Reina presume en Facebook su frase favorita, la del panista Manuel Clouthier: "sólo está derrotado quien ha dejado de luchar".

Su tío Alejandro Iglesias le inculcó la afición al esquí. Alejandro, quien tenía el récord Guinness en la misma especialidad pero después fue arrebatado por Scott Pellaton, fue un empresario connotado y murió asesinado por desconocidos en enero de 2005 en un crimen que aún está impune.

La familia Iglesias -de gran tradición en Acapulco- está vinculada también al medio televisivo. Héctor Iglesias, otro tío de Fernando, es el gerente de Televisa Acapulco y connotado priista; participó en la comisión de entrega-recepción de la alcaldía de Acapulco tras el triunfo de Manuel Añorve en el 2008.

Reina Iglesias también es directivo de la Asociación de Discotecas en Acapulco. En esa calidad, declaró en febrero pasado que la afluencia de spring breakers al puerto caería 35 por ciento y anunció que sus discotecas Alebrije, Fiver y Papa Hill tendrían 85 empleados menos (El Universal, 21/02/11).

La versatilidad no quita el conflicto de interés. Esquía por las mañanas como afición personal con un helicóptero del gobierno, privando su uso para emergencias de salud; por las tardes diseña las políticas turísticas del puerto y por la noche atiende las discotecas -negocio privado- beneficiadas por las políticas que trazó en el ayuntamiento. Todo un récord.

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Según la OCDE, México tiene 1.96 médicos por cada mil habitantes. Guerrero tiene 0.70 médicos por cada mil habitantes, según el Observatorio de Política Social y Derechos Humanos. El peor récord nacional.

La guerra de las cifras

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Los mexicanos parecemos vivir en dos países muy diversos: en uno es imposible estar peor, en otro hay motivos de aliento. Uno vive debatiéndose entre sangre, injusticia, maldad de una mafia. Otro es un país mayoritariamente de clase media (categoría que oculta muchas y diversas posiciones económicas). Los números del Censo publicados por Héctor Aguilar Camín en MILENIO causan irritación entre los profetas del desastre: un 94 por ciento de los hogares tiene televisor y también son mayoritarios los que tienen refrigerador, teléfonos y otras comodidades que, la clase media de hace 50 años, a la que mi familia pertenecía, contemplaba en las tiendas.

Como siempre ocurre: ambas partes tienen algo de razón: tenemos 30 mil muertos, cierto, pero decirles “los muertos de Calderón” es perverso; un sistema judicial donde lo común es sentenciar inocentes y soltar culpables, pero la suspensión de Presunto Culpable no fue un acto de censura, sino demostración de que, todavía, un amparo ciudadano, así sea incómodo, lo admite un juez (jueza en este caso) para su revisión por un tribunal. Eso significa, sin más, que el Poder Judicial comienza a trabajar sin línea ni mandatos superiores.

Creo que la explicación de estos enfoques opuestos es sencilla y no está en la economía del país, sino en las necesidades de un grupo, cada día más reducido, furioso porque sus predicciones no se cumplen y llega fecha tras fecha perentoria sin el país se convulsione. El cantor de loas al presidente Díaz Ordaz por su patriótica defensa de la República el 2 de octubre del 1968, joven diputado Porfirio Muñoz Ledo, lleva cuatro años anunciando, como tantas sectas milenaristas, que ahora sí el mundo se va a acabar, al menos en México.

Mi padre tenía una bonita farmacia, pero en casa no teníamos teléfono porque era una fortuna comprarlo y una odisea de meses o años conseguir una línea, tampoco teníamos televisor. En los gobiernos municipales, estatales y federales, así como en los tres poderes no había sino un partido, el PRI. Los diarios traían contenido idéntico: boletines de prensa preparados por cada oficina.

Ese México está muerto, se fue, se acabó, pero hay quienes no se resignan. Y no es un mal de este país: hace unos años, en San José, Costa Rica, dije que cuando la cosecha de manzanas era abundante en California en México se podían comprar a dólar el kilo (era verdad entonces, hoy es, mínimo a dos dólares, pero también los salarios han crecido). Un personaje de morral y huaraches se levantó indignado, arrojó bilis y burlas, preguntó dónde estaba ese paraíso, y salió del auditorio. Bueno, hace dos semanas vi naranjas a 1.80 el kilo (no dólares, pesos), ya volvieron a sus 6 pesos tradicionales que todavía son .50 centavos de dólar.

Pero hay no más de una docena de intelectuales chic con gran penetración en los medios que pintan un país en demolición. Se mesan cabellos y barbas cuando el PAN pretende regular la vestimenta de las burócratas en Jalisco, y guardan ignominioso silencio cuando el PRD hace los mismo: Dice MILENIO que en Huatulco el (H.) Ayuntamiento del PRD prohibió minifaldas, pantalones ajustados y escotes al personal femenino que trabaja para la administración. ¿Y los hombres a los que se les abulta mucho la bragueta?...

Los zapatos deben ser cerrados y de preferencia con tacón... nunca sandalias o zapatos deportivos, vulgo: tenis. La altura correcta de la falda es a la rodilla como mínimo (¿encima o debajo?), y los pantalones ni ajustados ni cortos. A los dos días reculó. ¿No tienen nada mejor qué hacer? Unas puñetas, por ejemplo.

Tenemos a López Obrador callado cuando las alianzas PRD-PAN le convienen, como antes en Oaxaca y ahora en Coahuila, y lanzando rayos contra los traidores que hacen lo mismo en el estado de México. Tiene la corte imperial más pelele y sumisa de que se tenga noticia desde los tiempos de López Portillo (1976-82): lanza un día a Yeidkol Guaréver, y luego la humilla porque “dijo mi dedito” que debe ir Alejandro Encinas, a quien intenta hacerle lo que a “Juanito”: exponerlo a una votación de mitin para aceptar línea y tragar camote.

Los radical chic se equivocaron con aquel “Echeverría o el fascismo”, con Marcos, de nuevo con el “¡No pasarán!” al candidato Felipe Calderón, y con López Obrador, en quien ahora hasta Jesús Ortega ve un proyecto de “dictador perpetuo”. ¿No que no?

Nunca tan pocos intelectuales han causado mayor daño a un país.

Ideología mata amor: El sol de la tarde (Quimera).