marzo 28, 2011

WikiFree

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

México no está identificado como un país donde la censura sea arma recurrente.

Y lo originado por Assange sigue dando. Y es que el tema que se puso sobre la mesa, gracias a esa ventilada de secretos diplomáticos, fue el de la libertad de compartir información. Internet se ha convertido en una herramienta indispensable, pues ha hecho una muy importante contribución a la velocidad de los tiempos, se ha adaptado a ellos y hasta ha sido motor de tales pasos. El mundo, hoy, ya no se imagina sin las cualidades del internet, porque incluso ha tomado el lugar de algunos elementos del entorno, se ha hecho parte del cotidiano para sociedades enteras. Se ha vuelto medio de búsqueda y divulgación.

¿Quién regula internet? ¿Los gobiernos? ¿Las grandes empresas que defienden sus intereses? ¿Nadie? Pensar que en un medio de difusión con las cualidades que posee internet no es, al menos, vigilado, es prácticamente imposible. Incluso para los usuarios más ordinarios o menos hábiles de las redes sociales, no les resultaría complicado darse cuenta cuando sus perfiles en este tipo de sitios son agredidos. A pesar de la dimensión del internet, éste es un medio que no está libre de los rastreos, de otro modo las policías cibernéticas no podrían funcionar. Pero, ¿es internet, el medio más libre de todos?

A bote pronto podríamos pensar que sí. La variedad de opciones que encontramos y lo fácil que es conectarnos a sitios cuyo origen está a miles de kilómetros de nosotros, no podrían decirnos otra cosa. Pero, en realidad, ése alcance del internet es su cualidad más explotada. ¿Cuántos nos hemos topado con el aviso en YouTube de que el contenido de algún video no está disponible porque viola derechos de autor en alguna región?

Ya sea por intereses económicos, políticos o sociales, internet en uno de los medios más censurados. Poníamos el ejemplo del video streaming, porque de todo lo que circula en la red, sus contenidos varían tanto, pueden ser trabajos artísticos (regulados por contratos según el país donde se realizan, ahí su interés), hasta armas peligrosísimas para la sociedad, como ganchos o recursos de grandes bandas dedicadas a la pornografía infantil.

Mire, según un análisis realizado por el programa OpenNet Initiative, la información que más se censura, es la que se encuentra en páginas personales como los blogs y después viene la de intereses políticos. Claro que muchas veces esa censura es, en realidad, una autocensura de sus autores.

Pero tambien está la restricción que llega con la promulgación de leyes de los países que la promueven. Cuando son producto de un régimen de autoridad, tiene tres causales: las que protegen las “buenas costumbres” de la cultura del país (en ésta opción encontramos, sorpresivamente, a Inglaterra), la que se utiliza para mantener “estable” la vida política del territorio que censura (Libia, el mejor y más coyuntural ejemplo de ello), y la que se ocupa de guardar la seguridad nacional (evidentemente, Estados Unidos, de ahí la gran ofensa que les resultó el tema WikiLeaks).

Según investigaciones de Reporters Without Borders, y que no nos extraña, países como India, China o Arabia Saudita, son quienes mantienen su red de internet con filtros tan rígidos, que incluso páginas que pudiéramos considerar inofensivas, como Google, están vigiladas y amordazadas para no mostrar nada que pudiera contraponerse a sus intereses o cultura. Incluso en estos días se habla de un nuevo episodio de esa censura Google-China, tras los recientes acontecimientos en Medio Oriente. Allá, lo vigilan todo.

Afortunadamente, México no está identificado como un país donde la censura sea arma recurrente. Sin embargo, algo extraño es que se hayan encontrado bandas importantes de pornografía en nuestro país. Aquí se tiene acceso a casi todo tipo de información, lo que incrementa los riesgos.

Y es que internet es un recurso que bien vale una discusión global sobre cuáles deberían ser sus límites y atribuciones. Porque es reprochable que exista censura cuyo único objetivo es el sometimiento, pero también lo es que no haya suficiente vigilancia que bien podría impedir la ejecución de delitos tan inhumanos como el de la pornografía infantil. La línea entre la censura y la libertad, el arma de doble filo de éste, el medio que caracteriza nuestros tiempos... Siempre apostaré por la libertad en un régimen democrático y dentro de un Estado de derecho.

Acuerdo y (des)Acuerdo

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Se entiende que a alguien no le parezca necesario ni conveniente el acuerdo firmado por distintos medios sobre cómo informar sobre la violencia sin volverse vocero involuntario de los violentos.

Lo que no se entiende es que atribuyan a ese acuerdo el propósito de censurar a alguien. El acuerdo es voluntario, lo asume quien quiere y lo cumple cada quien a su manera.

No hay nada que exigir o reprochar a quien no participa del acuerdo. Tampoco a quienes participan de él. Es un acto libre de asociados libres.

Por mi parte no sólo he firmado el acuerdo, sino lo he promovido y lo defiendo abiertamente. Me parece que los firmantes del acuerdo tratamos de dar una respuesta profesional a un desafío serio que enfrentan no sólo los medios, sino la sociedad misma, de la cual esos medios son el espejo y el sistema nervioso. (Si el sistema nervioso exagera el espejo humea de más)

El problema es cómo mantener informada a la sociedad de la violencia que la aqueja sin sobredimensionar ni multiplicar esa violencia en la imaginación social, en la conciencia pública. El acuerdo ofrece una respuesta colegiada a ese problema, que han tenido y resuelto razonablemente otras sociedades, la colombiana, por ejemplo, de cuya propuesta el acuerdo mexicano incorpora muchas lecciones.

Creo que ningún periodista serio puede negar que el crimen organizado es un problema serio, quizá “el” problema serio del país. Y que un escenario central de ese problema son los medios de comunicación.

En mi opinión, lo fundamental es no colaborar involuntariamente con los propósitos de intimidación social del crimen organizado. Queremos informar a la sociedad, no aterrorizarla. Creo que está claro ya para los profesionales de la comunicación que los medios son un campo de batalla en la guerra contra el crimen. Y que los barones del crimen organizado tienen buen instinto mediático, saben usar a los medios para lograr sus fines. Saben usarnos.

Para mí, un asunto fundamental en todo esto es no equivocarse sobre quién es el enemigo de los medios y de la sociedad en esta guerra.

Nadie pide callar los errores, ineficiencias y violaciones de garantías en que ha incurrido el gobierno en su lucha contra el narco. Lo que se pide, o al menos lo que pido yo, es no confundirse sobre quién es el enemigo de los medios y de la sociedad.

Ese enemigo es el crimen, no quien lo combate, y hay que tener una estrategia para combatirlo en todos los ámbitos.

El acuerdo es una respuesta a este problema desde los medios. A los que no les guste, pueden proponer otra. O ninguna. Cada quien.

Consulta ciudadana Estado de México 2011