marzo 31, 2011

La Morena y la Suprema

Pedro Salazar Ugarte
Investigador del IIJ-UNAM
El Universal

La presentación pública de un proyecto para gobernar a la nación merece celebrarse. Si además proviene de un actor político relevante, y en un contexto de confusión y de desánimo generalizados se propone como un plan alternativo, debe tomarse en serio. O, por lo menos, amerita una lectura atenta y desprejuiciada. Lo contrario supondría darle la espalda a la deliberación democrática y abonar en la cancha de quienes han reducido la política a la ocurrencia estéril. Por eso leí con atención el Proyecto Alternativo de Nación presentado por López Obrador. Su difusión es una invitación programática para el debate que no debe quedar en el vacío.

No pretendo realizar un balance general del texto ofreciendo un recuento de sus bondades y defectos. La mezcla de las generalizaciones con la subjetividad podría resultar insoportable. Prefiero centrar mi atención en una propuesta concreta que llamó mi atención desde que leí la reseña periodística del evento: promover una reforma constitucional para elegir democráticamente a los ministros de la Corte. Con ello, según advirtió AMLO, ese tribunal recuperaría “su independencia” y se pondría “realmente al servicio del pueblo”. Lo que sucede es que, para él, “la mayoría de los 11 ministros han sido nombrados por Salinas, Fox, Calderón, Diego Fernández de Cevallos y Manlio Fabio Beltrones y a ellos obedecen”. En congruencia con esta tesis, en el documento extenso se afirma que la propuesta busca evitar que el nombramiento de los ministros esté “sujeto a los chantajes o caprichos de los gobernantes en turno”. Vayamos por partes.

Primero el diagnóstico: ¿los ministros actuales han sido nombrados por esos personajes? No lo creo. Una cosa es que, en su calidad de titulares del Poder Ejecutivo, los dos ex presidentes y el presidente actual, cada uno en su momento, hayan integrado las ternas de las que han provenido las designaciones y otra que ellos hayan hecho los nombramientos. Por el contrario, desde hace años, los ministros han tenido el apoyo de todas las fuerzas políticas representadas en el Senado de la República. Incluidas las fuerzas de izquierda. De hecho, en los últimos nombramientos se ha rebasado ampliamente el requisito constitucional de las dos terceras partes de los senadores presentes. Así las cosas podemos estar en desacuerdo con algunas designaciones y/o con el desempeño de los nombrados pero, en definitiva, no podemos secundar la tesis de López Obrador.

En segundo lugar, más allá del diagnóstico, la propuesta en sí es errada. Quizá la fórmula de nombramiento actual no sea la ideal. Probablemente sería mejor que el Presidente propusiera sólo un candidato y que el Senado lo aprobara o lo rechazara como sucede en EU; o que la integración de la Corte fuera corresponsabilidad parcial de diversas instituciones, como sucede en muchos países europeos. Pero, en definitiva, los ministros no deben ser electos democráticamente. Eso no sucede en ningún Estado constitucional consolidado. La única excepción que conozco es la del Tribunal Constitucional Plurinacional boliviano (y francamente no me parece un referente en la materia). Lo que sucede es que la función de los jueces constitucionales es incompatible con esa fórmula de nombramiento. Su tarea no es la de representar a la ciudadanía sino la de proteger los derechos fundamentales de las personas. Y esta delicada labor con frecuencia se contrapone a la lógica de las mayorías democráticas. El mandato de los ministros no es un mandato popular sino constitucional: garantizar que los poderes públicos y privados, democráticos o no, se sometan a los límites que la Constitución les impone. De ahí la importancia de su independencia y de su imparcialidad (políticas e ideológicas). Rasgos esenciales de la función jurisdiccional que son incompatibles con la propuesta de AMLO quien, para colmo, pretende ser presidente de la República. Lo cual, dicho sea de paso, aumenta el despropósito. Al menos para quienes valoramos la división de poderes.

PAN-PRD: otras alianzas

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

En Coahuila se solicitó el registro de la coalición en que el PRD se adhiere a la candidatura del panista Guillermo Anaya, con impugnaciones internas. Y en Nayarit se está complicando la decisión de hacer candidato al chucho Acosta Naranjo

Con la presentación del informe final, que incluye los resultados definitivos, ayer concluyó el proceso de consulta en el Estado de México acerca de la alianza convenida, en principio, por Acción Nacional y el PRD. Esos partidos pidieron a Alianza Cívica y a Propuesta Cívica organizar ese ejercicio para conocer la opinión de los militantes y simpatizantes de esas formaciones políticas sobre la coalición que estiman necesaria para lograr la alternancia en una entidad que sufre gran atraso político por el dominio no sólo de un partido sino de un grupo dentro de ese partido.

Desde el mirador logístico y civil, la consulta ocurrida el domingo pasado fue satisfactoria. Con escasos recursos fue posible instalar en la vasta geografía mexiquense casi un millar de mesas electorales, a las que acudieron cerca de 250 mil personas, que en una amplia mayoría votaron por el sí. La proporción fue de cuatro por uno: casi 200 mil por la afirmativa contra casi 50 mil por la negativa. Movilizar a esa cantidad de ciudadanos, aparte los organizadores de la consulta, resultó un ejercicio de democracia participativa exitoso.

Alianza Cívica, Propuesta Cívica y el Consejo Ciudadano de la consulta cumplieron a cabalidad la encomienda que los partidos les confiaron. Toca ahora a los partidos, en sus propios ámbitos, adoptar las posiciones que la relación de fuerzas interna haga posibles. La conferencia de prensa efectuada ayer no era el espacio propicio para ese efecto, sobre todo porque se expresaba sólo una visión del conflicto que vive el PRD, y fue fácil embatir contra la otra visión que no tenía posibilidad de manifestarse.

A pesar de signos que hacia allá apuntan, no está dicho en definitiva que no cuajará la coalición en que se empeñaron las direcciones nacionales y estatales de PAN y PRD. Habrá que esperar, por lo tanto, el desenlace formal de la situación. Puede anticiparse, sin embargo, que si el PAN y el PRD en vez de coaligarse acuden a la elección de julio con candidato propio, abonarán el campo para que una vez más el PRI alcance la victoria, y el gobernador saliente se afiance en su aspiración presidencial.

Mientras tanto, en dos entidades más donde también habrá elecciones para gobernador en julio, las alianzas avanzan, aunque no sin tropiezos por lo que hace al PRD. En Coahuila, por ejemplo, la dirección estatal de ese partido, junto con las de Acción Nacional y Unidad Democrática de Coahuila solicitaron registro para la coalición Por un Coahuila libre y seguro. Sin embargo, el dirigente del consejo estatal (órgano diferente del comité respectivo) impugnó esa petición, y con ello al menos estorbará que se concrete la alianza. Ésta, sin embargo, es necesaria para que el PRD participe en la contienda. A causa de su debilidad creciente, que lo llevó a perder su registro para participar en comicios locales, ha tenido que aceptar el papel no de aliado sino de adherente. Se ha reducido al tamaño del tercer partido de esta coalición, UDC, nacido en Ciudad Acuña como una iniciativa personal de Evaristo Pérez Arreola, dirigente del sindicato del personal administrativo de la UNAM, que al jubilarse se retiró a su ciudad natal de la que fue alcalde.

El candidato de esa alianza es el panista Guillermo Anaya, senador por mayoría, y compadre del presidente Felipe Calderón. Ganó su escaño en Xicoténcatl de manera muy holgada: más de 100 mil votos sobre el PRI, que obtuvo la senaduría de minoría. Pero la fuerza del PAN en 2006 se debió al efecto Calderón. Dos años después, en los comicios locales, el poder de la familia Moreira se desplegó al punto de volver al carro completo en la elección legislativa (el PRI ganó los 20 distritos electorales) y el mayor número de municipios desde que el PAN se había vuelto competitivo y ganado, por ejemplo, la alcaldía de Torreón, que está de nuevo en manos priistas. Como se sabe, ahora el candidato del tricolor es Rubén Moreira, hermano del presidente nacional del PRI, que pidió licencia para que medie un cierto lapso y no sea tan ostensible la transmisión del mando de un hermano a otro.

A diferencia de Coahuila, en Nayarit el pacto entre PAN y PRD se fabricó en torno de un candidato perredista, con Acción Nacional como adherente. Pero podría fracasar si prosperan las tensiones dentro del segundo de esos partidos, y también las que no se finiquitaron en el PRI. Los partidos principales (y el pequeño Partido de la Revolución Socialista) convinieron en que el candidato sea Guadalupe Acosta Naranjo. Pero ha surgido una singular oposición a su candidatura, con la que tiene que lidiar para consumar su propósito.

Lo encara su compañera de bancada Martha Elena García de Echevarría. Su esposo fue gobernador en 1999, arropado por una ancha coalición con la que venció al PRI, su partido de toda la vida. A poco andar en su gobierno, perdió su condición de aliancista y enfrentó la oposición de algunos de sus apoyadores, no del PAN a que se afilió. Su esposa pretendió que ese partido la postulara para reemplazar a su marido. Al no conseguirlo, se sumó al PRD, que en 2009 la hizo diputada federal y ahora, con el visto bueno de los grupos contrarios a los Chuchos, podría poner en aprietos a Acosta Naranjo. Eso, sin contar con la resaca del proceso interno priista. El alcalde Roberto Sandoval se registró como candidato único, pero los senadores Raúl Mejía y Gerardo Montenegro no quedaron satisfechos y acaso alguno buscará ser postulado por un sector de la oposición.

Cajón de Sastre

¡Qué enredos produce en todos los frentes la pretensión de los mandos nacionales y estatales del PAN y el PRD de aliarse para ganar la gubernatura del Estado de México! La secretaria general de Acción Nacional salió a decir que el mismísimo presidente de la República, en una reunión con dirigentes partidarios, los había instado a perseverar en la hechura de esa coalición. Sin embargo, horas más tarde el secretario particular de Felipe Calderón la desmintió. Roberto Gil Zuarth negó que su jefe hubiera hecho una manifestación de ese alcance, pues se conduce con distancia respecto de los procesos partidarios. ¿Entonces la ex senadora Romero inventó su dicho? ¿Con qué objeto lo haría? Lo que probablemente ocurrió es que no se advirtió de lo obvio a los presentes en la reunión y las luces de alarma se encendieron cuando se hizo pública una instrucción privada.

El dedo

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

La acertada decisión de Peña Nieto de elegir, no a su amigo, sino al mejor posicionado, fue visto por muchos como el regreso de los brujos.

Como si trataran de descubrir uno de los grandes misterios del poder —en México y el resto del mundo—, en la última semana regresó a los textos de parte de la opinocracia doméstica, el folclor que simboliza al PRI de los años 50, 60 y 70 del siglo pasado.

Y es que, a propósito del “destape” de Eruviel Ávila como candidato del PRI al gobierno mexiquense, muchos desempolvaron la vieja retórica que se pensaba archivada, pero que se mantiene viva entre la clase política mexicana y la opinocracia, gracias a la terca realidad del autoritarismo y la necia cultura antidemocrática.

Así, con una dosis de cinismo, miopía y amnesia convenencieras, abundaron las opiniones de los que vieron en Peña Nieto el emblema y estandarte del viejo PRI, por cometer el acierto de “imponer”, elegir o empujar —como candidato a sucederlo— al más popular de los pretensos, al mejor dotado para una contienda a muerte y, en lógica política impecable, al que las encuestas señalan como ganador.

En pocas palabras, que la acertada decisión de Peña Nieto al elegir como “el bueno” no a su amigo o preferido, sino al mejor posicionado y al que garantice un resultado ganancioso, fue visto por muchos como el regreso de los brujos. De los brujos priistas, claro.

Dijeron que al elegir al mejor y no al amigo, con el PRI de Peña Nieto están de vuelta, no sólo la rancia práctica priista del dedazo que da y quita, sino las no menos antiguas “fuerzas vivas”, la “cargada”; los “tapados” y “el destape”; la autoritaria “disciplina”, la nada democrática “unidad” y —por supuesto— los baños de pueblo que exaltan el origen humilde del agraciado y su proclividad por servir “al pueblo”.

Lo curioso del caso es que todos esos opinadores tienen razón. Sí, en el “destape” que operó Enrique Peña Nieto en la persona de Eruviel Ávila, apareció todo el arsenal de las viejas prácticas del PRI, empezando por los tapados y el destapado; el dedo y el dedazo; la cargada propia de las fuerzas vivas, la disciplina y la infaltable unidad. Todo eso y mucho más.

Pero lo que no nos dicen esos opinantes que suelen militar, sea con la religión del mesías amarillo o con los delirios yunquistas azules —los extremos se juntan—, es que se niegan a ver, a escuchar y a pensar más allá de sus iglesias políticas y fanatismos ideológicos. ¿Por qué?

Porque igual que están arraigados en lo más profundo de la genética del PRI, las folclóricas taras del “dedo”, el “tapado”, el “destape”, la “cargada”, la “lealtad”, el “delfín”, la “unidad”… también son parte de la genética del PRD y del PAN. ¿Tienen dudas?

Algunas perlas. ¿Qué fue, sino un acto de destape, dedazo, con cargada, unidad, baños de pueblo, lealtad a toda prueba, disciplina, autoritarismo, ausencia total de democracia..?, el acto celebrado en el Auditorio Nacional, el domingo 20 de marzo, por Andrés Manuel López Obrador. Los priistas le dan brochazos de dizque democracia a sus actos de profundo autoritarismo, pero AMLO ni las formas guarda. ¿Por qué? Porque él es el jefe máximo, el único que opina, el que tiene la verdad absoluta, el candidato único, el orador único, el jefe único, el único que decide y… es Dios. Y ¡ay! de aquél que se atreva a desafiarlo, porque el “Rey Sol” lo expulsa del paraíso.

Por cierto, ¿qué, no fue AMLO el que impuso a Marcelo como candidato a jefe de Gobierno; no hizo campaña ilegal a su favor; no hizo jefe de Gobierno a Alejandro Encinas en un acto de profundo autoritarismo? Pero tampoco es una tara exclusiva de AMLO. En realidad la antidemocracia en el PRD es generalizada; está en Los Chuchos, el G-8, el grupo de AMLO, en el de Cárdenas…, es como la lepra: donde le punzan, sale pus. Eso del lado de los amarillos.

Pero los azules no cantan mal las rancheras. ¿Qué, no fue dedazo la llegada de los presidentes del PAN en tiempos de Calderón; no fue dedazo el de Fox con el perdidoso Creel; no fue dedazo la salida de la secretaría particular de Luis Felipe Bravo Mena y su unción como candidato al Edomex..? La lista de la antidemocracia panista es larga, pero no tan vieja. ¿Qué, Bravo Mena no fue ungido por los mismos métodos nada democráticos que los empleados por Enrique Peña; o por los métodos nada democráticos con los que AMLO destapó a la farsa Yeidckol Polevnsky como candidata al Estado de México?

Podrán decir misa. Lo cierto es que ni tricolores ni azules y menos amarillos se salvan de la tara del “dedo” y sus consecuencias.

EN EL CAMINO

Por cierto, ejemplo de civilidad y política, el encuentro entre Xóchitl Gálvez y Francisco Olvera.

Los Pinos, día de locos

Joaquín López-Dóriga (@lopezdoriga1)
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

Los partidos no buscan militantes,
sólo votantes.
Florestán


El de ayer fue uno de esos días de locura en Los Pinos, y de fiesta para el periodismo.

Todo comenzó por la tarde, cuando al término de la reunión periódica del presidente Felipe Calderón con la dirigencia de su partido, la secretaria general panista salió y reveló a los periodistas el contenido del encuentro:

El Presidente, dijo, está de acuerdo en que sigamos en la actitud en la que ha estado el PAN: abierto a una alianza (para el Estado de México) dispuestos a llevar a cabo una alianza y dispuestos, también, a honrar lo que los panistas, perredistas y mexiquenses dijeron el domingo, eso dijo el Presidente (Calderón), dijo Cecilia Romero a los reporteros.

Esto provocó una iracunda reacción del PRI, acusando a Calderón y a su secretario de Gobernación, presente en la reunión, de violar la ley electoral, y diciendo que ha claudicado a sus responsabilidades de presidente de todos los mexicanos para convertirse en jefe de campaña electoral de su partido político.

Para esa hora, la Presidencia de la República había suspendido un anuncio del Presidente previsto para las 19 horas en el que anunciaría el nombre del nuevo titular de la PGR en sustitución de Arturo Chávez Chávez, para dar paso a una declaración a los medios de su secretario particular, Roberto Gil, negando el dicho de la secretaria general del PAN y negando que el presidente Calderón los hubiera convocado a mantener la búsqueda para lograr una alianza con el PRD en las elecciones del Estado de México, desmentido que fue respaldado en un comunicado del PAN.

Gil también negó que el presidente Calderón, como dijera Andrés Manuel López Obrador, había ofrecido a Alejandro Encinas que fuera el candidato de la alianza PAN-PRD, lo que llevó a Jesús Ortega a reclamar que tanto el Presidente como Encinas y AMLO aclararan cuándo y cómo se hizo ese ofrecimiento.

Y todo en el terreno de lo creíble.

Gracias por el día de ayer.

Retales

1. ASAMBLEAS. El destino de esa alianza PAN-PRD se decidirá el sábado en el Consejo Nacional perredista y luego el día 10 en su consejo estatal. Ahí se medirá la fuerza de Jesús Zambrano y Dolores Padierna. El no del consejo a la alianza sería un triunfo para López Obrador;

2. ELECCIONES. En julio de 2006, con la presidencial, se realizaron elecciones en 4 entidades: DF, Guanajuato, Morelos y Jalisco, el PRI perdió las 4: el PRD ganó la Ciudad de México y el PAN las otras 3. En julio de 2012, con la federal concurrirán 7 elecciones de gobernador, las citadas más Chiapas, Tabasco y Yucatán, que serían 8 si se suma Baja California; y

3. PAVIMENTO. En estas condiciones las primeras elecciones de gobernador durante la próxima Presidencia serán hasta 2015, lo que daría al país 2 años de tregua electoral.

Nos vemos mañana, pero en privado.