abril 06, 2011

Propuesta de un sistema forestal productor de semillas para reducir la importación de granos

Alfonso Larqué Saavedra
Miembro del Consejo Consultivo de Ciencias
Academia Mexicana de Ciencias, Coordinador Agronomía.
consejo_consultivo_de_ciencias@ccc.gob.mx
La Crónica de Hoy

Es difícil aceptar que México sea deficitario en la producción de granos para la alimentación. Este país es reconocido mundialmente por ser uno de los centros de origen de la agricultura, además por ser el sitio en donde se realizó la llamada “revolución verde”, que dio al mundo una opción para mitigar el problema del hambre y que motivó que se otorgara a un científico el premio Nobel de la Paz. En México existe la experiencia milenaria de saber hacer agricultura y además tenemos un país con una megabiodiversidad por demás reconocida en la que se incluyen organismos de importancia en la alimentación.

Los expertos que fundamentalmente están en las instituciones académicas tienen que hacer un análisis cuidadoso sobre la producción de granos para explicar por qué nuestro país ha alcanzado niveles de dependencia elevados, que según lo señalado en la Cámara de Senadores es de 95% en soya, 30% en maíz, 78% en arroz, y 50% en trigo.

En agricultura es conocido el principio básico que señala “con agua, tierra y tractor cualquiera es agricultor” y que es por supuesto válido en todo el mundo. Refiramos lo anterior, a lo que en nuestro país ocurrió en los últimos meses y que se debió al llamado cambio climático, que propició que se siniestraran —según los voceros autorizados— 600 mil hectáreas de maíz, 300 mil de sorgo, 200 mil de frijol y 100 mil de trigo, lo que agudizará seguramente la importación de granos. Debemos anotar que dichas plantaciones localizadas en el norte del país poseían, además de la semilla, esos tres grandes componentes y por supuesto que había capital. La respuesta oficial a lo ocurrido fue sencilla y directa: hay que voltear lo siniestrado y volvamos a sembrar, inyectando capital que compre semilla y fertilizante y que las máquinas sembradoras trabajen. Éste es el modelo de agricultura intensiva de altos insumos y que no es el interés del presente escrito analizar.

Recordemos que la agricultura es, en el más amplio contexto, tecnología para la producción de alimentos, sean del mar o la tierra. En la actualidad esas tecnologías las tienen que generar, probar y cotejar permanentemente las instituciones de investigación y académicas comprometidas con el ramo, porque ésa es su función y para eso fueron creadas. Ellas son las responsables de innovar para hacer los ajustes necesarios y hacer sustentables el o los modelos de producción de alimentos, antes de ser transferidas al sector productivo.

Pero habrá que preguntarse ante el escenario de tener que importar granos si existen propuestas alternativas o complementarias para atender dicha demanda, que se puedan probar para ser incorporadas y reducir importaciones. Es en este sentido que proponemos utilizar un modelo amigable al ambiente y menos demandante de altos insumos agrícolas, que consiste en incorporar la cosecha de semillas del Ramón (Brosimum alicastrum), que es un árbol perenne, para complementar la demanda de granos. Desde un punto de vista botánico, sabemos que este árbol crece fundamentalmente en Mesoamérica, que se desarrolla en diferentes ecosistemas, abunda en las selvas medianas y altas, y que proporciona alimento a la fauna silvestre.

La propuesta está basada en aprovechar un sistema utilizado por los mayas desde tiempos ancestrales, que complementaban la cosecha del maíz con las semillas de Ramón, como lo refiere la literatura especializada en artículos publicados en la revista Science, entre otras, y en las que se hace alusión al uso de dicha semilla para la alimentación. Se ha constatado la abundancia de este árbol en las zonas arqueológicas y se resalta que en la actualidad, en gran parte de los traspatios de las casas mayas, existen de 1 a 6 árboles de Ramón. Del análisis realizado sobre la veracidad del uso de este árbol por la población peninsular del sureste mexicano, se señala que en los últimos 100 años, éste es un árbol multiusos (Brosimum quiere decir alimento) que su follaje es forraje y las semillas son utilizadas en mezclas con maíz para hacer tortillas o consumido como golosina, entre otros muchos referentes en la alimentación.

Los informes del Instituto Nacional de la Nutrición de México, desde los años 50, y los análisis en laboratorios de Estados Unidos en años recientes, confirman que la calidad de la harina de la semilla del Ramón es alta comparada con harinas de otras gramíneas. En la actualidad existe una ONG de Estados Unidos que está promoviendo, con grupos de mujeres campesinas en Centroamérica y recientemente en algunas comunidades de México, el retomar el conocimiento ancestral del consumo de la semilla, preparando con su harina mezcladas con harinas de otros cereales, la elaboración de pan, galletas, etcétera.

En el sector pecuario todos declaran saber del Ramón y de sus bondades y señalan que existen publicaciones especializadas que han hecho sobre dietas con la semilla o con el follaje de este árbol. Dada esta amplia aceptación de las bondades del Ramón —que todos conocen— es oportuno y urgente trabajarlo y aprender su manejo agro silvícola, para incorporarlo por lo menos a este sector y desarrollar la ingeniería básica para integrarlo a la agroindustria de alimentos balanceados, que se verá afectada significativamente por los precios de los granos en el futuro cercano, debido a su escasez. A pesar de que la información de la bioproductividad de este árbol es dispersa y poco consistente, se estima que podría producir de 40 a 70 toneladas de semillas por hectárea por año, cantidad superior a lo que produce cualquier gramínea en sistemas intensivos.

La abundancia de árboles de Ramón en el sureste del país es suficiente para iniciar la cruzada para la incorporación del modelo de árboles perennes al de plantas anuales en la producción de alimentos en su más amplio contexto. En este momento, la cosecha de la semilla sería la tarea a desarrollar, conjuntamente con un poco de ingeniería para su almacenamiento, como sucede con cualquier otra gramínea. La recolección la podrían hacer, aunque no exclusivamente, las familias de comunidades campesinas, ya que en sus localidades es donde, al momento, se encuentran las poblaciones del Ramón y que al recibir un pago justo por dicha tarea podrían verse favorecidos en su economía que, como todos sabemos, es marginal. De manera simultánea habrá que favorecer el establecimiento de nuevas plantaciones. En el caso de Yucatán, por ejemplo, donde no hay suelo para desarrollar la agricultura intensiva, el modelo de producción a partir del Ramón, por los servicios ambientales que ofrece, sería altamente deseable.

La presente propuesta, que consideramos factible de implementarse para integrarla como un nuevo sistema agrícola con potencial agroindustrial, parte de la riqueza de la biodiversidad de México y de la experiencia de los que inventaron la agricultura y que, seguramente, ayudaría a mitigar la amenaza de mayores importaciones de granos.

TWAS (The Academy of Sciences for the developing World), Agricultural Sciences, 2010

Soledades

Sergio Aguayo Quezada (@sergioaguayo)
Reforma

Y el poeta se quedó solo cuando propuso pactar con el narco...

Si la ejecución de un grupo de jóvenes agita tanto a Morelos y al Distrito Federal es porque confirma que ahora sí la guerra llega a la vida diaria. Uno de los padres, el poeta Javier Sicilia, lanzó primero un durísimo "yo acuso" contra criminales y políticos; luego propuso, en entrevista para Reforma, un acuerdo con el crimen organizado, y fue rápidamente descalificado por los políticos: la mayoría calló; otros lo minimizaron aduciendo que quien se arrastra con el corazón dolorido es incapaz de razonar; sólo Calderón y López Obrador le dieron las condolencias pero no añadieron nada sustancioso. Revisé una semana de discursos y twitters de los aspirantes a llegar a Los Pinos, y la norma es el silencio o los lugares comunes.

Sicilia subraya la urgencia de pasar de la protesta a la propuesta porque una parte de la ciudadanía quiere decir algo sobre ese tema. Si el movimiento del 68 capturó el espíritu del cambio en un pliego petitorio de seis puntos y un transitorio, ¿existiría algún equivalente apropiado para esta etapa de agobio y desconcierto? Por supuesto.

Legalizar la marihuana. Éste es, sin duda alguna, el punto más débil de la política de Calderón y el que reduciría parte de los ingresos del crimen organizado. Mientras en Estados Unidos están hartándose de ganar dinero vendiendo "mota medicinal", aquí se inhiben y argumentan que Washington jamás aceptaría algo así. Olvidan que el vecino entiende las posiciones firmes, sobre todo cuando las legitima la razón y se arropan con algún método que capture la voluntad popular.

Embargo de armas estadounidenses a México. Cuando se piensa en lo asimétrico de la relación puede uno entender la timorata cautela de Tlatelolco; pero eso no debería frenar una campaña nacional de recolección de firmas para ser presentadas en la Embajada de Estados Unidos en México y exigir a Washington que frene el inmoral trasiego de 19 tipos de armas automáticas. Los tiempos electorales en el vecino país son al mismo tiempo obstáculo y oportunidad.

Armar a grupos vulnerables. Existen precedentes. Después de la Revolución se creó la Guardia Rural, un cuerpo equipado y entrenado por el Ejército para defender la reforma agraria. Cuando la vía armada se convirtió en opción para algunos grupos sociales la Guardia declinó. Tal vez sea el momento de reactivarla adecuándola a los tiempos porque, según una investigación inédita de Íñigo Guevara (integrante del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia, Casede), los pequeños pueblos de algunos estados se encuentran a merced de hordas de delincuentes bien organizados y armados.

Creación inmediata de un programa de emergencia para periodistas y defensores de los derechos humanos. Es una vergüenza que no se avance en este asunto por las mezquinas disputas entre las burocracias de Gobernación, la Procuraduría General de la República y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Está también pendiente que las dirigencias nacionales del PAN y el PRD cumplan con su compromiso escrito de avanzar en el tema.

Otros conflictos han ido dejando un abanico de prácticas que podríamos considerar en México. Entre ellas estarían los santuarios temporales para personas amenazadas en lugares de culto; los polígrafos y las pruebas antidoping para todos los candidatos a cargos de elección popular (incluyendo suplentes); la petición a los precandidatos a la Presidencia de la República para que dediquen al menos 50% de sus palabras públicas a presentar ideas sobre temas de interés general; prohibir durante un año frases como que llegarán "hasta las últimas consecuencias" o que "se castigará a los culpables" (hasta la demagogia tiene dignidad); y, finalmente, que los poderosos renuncien por un día al mes a sus escoltas.

Estos planteamientos supondrían que quienes gobiernan aceptan que tenemos un conflicto armado que afecta algunas regiones y que los cárteles son una realidad que no desaparecerá porque la neguemos. En un buen número de localidades las autoridades y las sociedades han llegado a entendimientos con ellos, porque reconocer lo inevitable ha sido una constante en la cúspide. ¿Alguien recuerda la impunidad concedida a los beneficiarios de un Fobaproa que seguimos pagando? ¿No lo vemos acaso cada día en las concesiones que hace Calderón y la SEP al grupo de Elba Esther Gordillo? ¿Ya se olvidaron las concesiones que hicieron a las televisoras Vicente Fox y la señora Marta?

El poeta habló desde el dolor, es cierto, pero sus palabras trascendieron la subjetividad para hacer planteamientos concretos que demuestran la urgencia de un pliego petitorio consensuado que sea la bandera de aquella parte de la sociedad que no se resigna a la pasividad y a las soledades.

Comentarios: www.sergioaguayo.org; Twitter: @sergioaguayo; Facebook: SergioAguayoQuezada

Rodrigo Peña González colaboró en la recopilación de información; Íñigo Guevara me propuso sugerencias sobre el fondo.

Tetas, mentiras y Greenpeace

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

No sé si sea cierto que una serpiente mordió el pecho de una modelo israelí y luego murió intoxicada por silicón. Pero sí sé que otra historia de tetas, que “mirar diez minutos a los pechos de una mujer puede alargar la vida de los hombres”, es patentemente falsa. Este descubrimiento de la gerontóloga Karen Weatherby supuestamente se publicó en la revista New England Journal of Medicine, y también circuló ampliamente.

Sé que es falsa porque mi colega Pere Estupinyà se tomó la molestia de verificar los hechos: no existe tal estudio. Y es que una de las características fundamentales de la ciencia es que se basa en evidencias. En datos confiables, comprobables.

Por eso me molesta la campaña de Greenpeace en radio, que afirma que “muchos alimentos que contienen cultivos transgénicos implican un riesgo para tu salud”. Sencillamente, es falso.

Cierto, hay preocupación sobre los posibles efectos que la modificación genética de vegetales pudiera tener en la salud de sus consumidores. Pero hasta ahora, más allá de ciertas alergias (riesgo que existe con cualquier vegetal) toda la evidencia indica que no hay tales daños.

Pero en su página web Greenpeace insiste: “Nadie garantiza que el consumo de alimentos transgénicos sea seguro para la salud de los consumidores en el mediano y largo plazos”. Cierto, pero decirlo así implica que los riesgos existen hasta que no se demuestre lo contrario. Bueno: hasta el momento ningún estudio ha hallado efectos dañinos, a pesar de que han sido consumidos por millones de personas durante más de 15 años. La información de Greenpeace, repetida acríticamente por los medios, es tendenciosa.

El verdadero —y muy real— peligro de los transgénicos es la contaminación genética que pueden causar a los cultivos nativos, y las condiciones criminalmente injustas que algunas compañías biotecnológicas imponen a los agricultores que los usan.

En todo caso, como pide Greenpeace, valdría la pena etiquetar los productos transgénicos para que el ciudadano decida si los consume. Pero de ahí a propagar versiones tramposas que satanizan a estos cultivos —una opción válida para combatir el problema del hambre— hay mucho trecho.

'Pactar con el crimen' por Paco Calderon