abril 18, 2011

Si no legalizan drogas, toda América Latina será como México: Vargas Llosa

Agencias en Montevideo
La Crónica de Hoy

El escritor peruano y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, dijo en una entrevista al diario El País de Uruguay que sin la legalización de las drogas toda América Latina será como México.

“No hay otro camino. Es un camino difícil y arriesgado, pero creo que la represión conduce a lo que estamos viendo: un crecimiento de la producción”, explicó.

“Creo que por el camino que vamos, a lo que nos va a conducir es a que toda América Latina sea lo que es hoy día México”, añadió.

Vargas Llosa señaló además que la corrupción es uno de los grandes problemas que no han sido resueltos en América Latina.

Opinó que las enormes sumas de dinero que se gastan en una política de represión del consumo conducen al crecimiento de la producción, la distribución y el consumo de las drogas.

Los países deben discutir la posibilidad de legalizar “al menos las drogas blandas en un primer momento, porque eso va a disminuir la delincuencia asociada al narcotráfico”, dijo.

El gobierno de México emprendió un combate contra el crimen organizado en diciembre del 2006, cuando el presidente Felipe Calderón anunció que este problema sería una prioridad durante su mandato. Desde esa fecha y hasta diciembre de 2010, al menos 34,612 personas han muerto de manera violenta, en situaciones relacionadas con el crimen organizado.

CHILE, EL EJEMPLO

El autor de la novela La Fiesta del Chivo consideró que Chile es un modelo para Latinoamérica, porque está a la vanguardia, crece de una manera admirable y está haciendo retroceder a la pobreza muy rápidamente. Además, inició reformas económicas y sociales que son importantes para garantizar la igualdad de oportunidades.

“Es el país que ha avanzado más”, dijo.

Los países que desde su perspectiva son “emblemas del pasado, del anacronismo, autoritarios” y “modelos fracasados”, son Venezuela y Cuba. Aunque, dijo que dan la impresión de que están dando “las últimas boqueadas” y que no van a durar.

La pelea por Michoacán

Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

Luisa María Calderón alcanzó 30% de las preferencias, el alcalde de Morelia, Fausto Vallejo, suma 29 por ciento.

La hermana del Presidente quiere ser gobernadora de Michoacán. Y por primera vez el PAN tiene posibilidades de disputar la plaza porque Luisa María Calderón, de 54 años, La Cocoa para los suyos, alcanzó hace tres semanas la delantera en las encuestas.

Es una precaria ventaja respecto a su principal competidor en el PRI, Fausto Vallejo, con quien tendría que protagonizar una pelea de cuerpo a cuerpo, pues mientras ella alcanzó 30% de las preferencias, el alcalde de Morelia suma el 29 por ciento.

La competencia se perfila aún más reñida, porque si bien el PRD se encuentra alicaído después del Michoacanazo, podría remontar su actual tercer sitio con el senador Silvano Aureoles, con 27% de las intenciones de voto, o con el diputado local Enrique Bautista, avalado por la otra familia política del estado, los Cárdenas.

De manera que después del Estado de México, con escasas oportunidades de pelea para el PAN, Michoacán será una operación electoral prioritaria para Los Pinos y para todos los aspirantes a la Presidencia.

Por eso, aunque faltan siete largos meses para la cita en las urnas, el domingo 13 de noviembre, los ánimos se caldean y las apuestas crecen, porque PRI, PAN y PRD pueden y quieren ganar. Pero sobre todo porque la hermana del Presidente puede convertirse en la primera gobernadora del estado.

De manera que un paso adelante o un tropiezo de Luisa María Calderón serán siempre encarecidos en el balance electoral de 2011.

Incluso en la elección interna blanquiazul, será vista con lupa la forma en que la ex senadora y ex diputada federal y local logré hacerse de la candidatura. Porque desde ahí tendrá que darse una operación política fina.

Si bien las cosas se acomodaron a favor de la precandidata cuando el secretario de la Función Pública, Salvador Vega, El Gallo, con arrastre en la entidad, pospuso sus aspiraciones, este martes comenzaron a complicársele, cuando Marko Cortés pidió licencia en el Senado para dedicarse a conseguir la candidatura panista.

Cercano a Santiago Creel, el legislador ya demostró en 2006 que no cede a las presiones, así vengan de Los Pinos, como ocurrió al negarse a dejarle el campo libre a su paisano Julio Castellanos hacia el Congreso.

Así que ser la hermana del Presidente jugará a favor y en contra de la hija del pionero del panismo michoacano, Luis Calderón Vega.

Quedan unos 100 días para la definición del abanderado azul y cualquier movimiento de Calderón en el estado tendrá connotaciones electorales. Y no sólo para los priistas y perredistas. Ya el propio Cortés planteó que se necesita una cancha pareja para evitar que los recursos federales beneficien a Luisa María.

Pero aún en medio del pataleo y las quejas, las giras presidenciales y las acciones gubernamentales continuarán, incluyendo la atención al violento Apatzingán, epicentro de La Familia, el grupo criminal que la actual procuradora federal Marisela Morales —cuando era titular de la Siedo— vinculó con los alcaldes y funcionarios del gobierno perredista de Leonel Godoy, escándalo que alcanzó a su medio hermano Julio César Godoy, ahora diputado sin fuero.

No es gratuito que en la Sedesol, el subsecretario de Desarrollo Social y Humano, sea Luis Mejía Guzmán, ilustre referente del panismo michoacano y mentor de los Calderón.

Y si bien habrá intentos por tildar la candidatura de Luisa María como expresión de nepotismo, su trayectoria política, ciento por ciento panista, acredita su peso personal.

Sicóloga, militante desde los 20 años, madre soltera, dejó huella en el Senado cuando en la legislatura 2000-2006 se enfrentó al Jefe Diego Fernández al presentar una iniciativa contra el tráfico de influencias y el conflicto de intereses en los legisladores, con dedicatoria al litigante.

Descrita en su página de Facebook como “excelente política moreliana, humanista, dama de hierro con pantalones”, la hermana del Presidente se convertirá en pieza clave de la guerra electoral que viene, marcada desde ya por la novedad del factor femenino.

No en balde, en una visita reciente a Morelia, la precandidata presidencial panista Josefina Vázquez Mota sentenció: “Tenemos que ganar Michoacán para ganar 2012”.

Tampoco es gratuito que el dirigente del PRI, Humberto Moreira, se encuentre diseñando una operación audaz en la tierra del Presidente, como establecer ahí su Comité Ejecutivo.

Quiere y puede hacerle pasar un muy mal rato a Felipe Calderón, con una dolorosa derrota.

Pero Luisa María confía en conseguir lo contrario: el triunfo personal, político y familiar de calderonizar Michoacán.

Frente al espejo

Denise Dresser
Reforma

"Pinche gringo", le grita un automovilista al pasar al lado de donde mi esposo recoge la basura en la calle, cerca del Bosque de Chapultepec. Y bueno, se puede entender el motivo de la confusión porque tiene el cabello rubio, los ojos verdes y mide 1.96. Pero resulta que es canadiense y aún más importante, es ser humano. Miembro de un grupo universal, cuyos derechos deberían trascender la raza, la etnia, el color de piel, la nacionalidad misma. Sin embargo -una y otra vez- se enfrenta a frases discriminatorias que son dardos, epítetos xenófobos que son flechas, expresiones intolerantes que revelan el rostro oscuro de México. Un país que es un maravilloso rompecabezas en su diversidad de etnias, culturas, edades, formas de pensar, de creer, de amar. Pero un rompecabezas incompleto todavía.

Porque aún hay millones de individuos a los cuales se les deja fuera, se les discrimina, se les odia, se les golpea, se les trata como ciudadanos de segunda clase. Por sexo, por discapacidad, por ser joven, niña o niño, persona adulta mayor. Por origen étnico, por apariencia, por nacionalidad, por preferencia sexual, por ser migrante. Indígenas a quienes se les niega el ejercicio igualitario de libertades y oportunidades. Mujeres a las cuales se les excluye y se les pone en desventaja. Homosexuales sometidos a la intolerancia sistemática, injusta e inmerecida. Ciudadanos a quienes se les violan sus derechos, a toda hora, todos los días. Como lo revela la primera Encuesta Nacional Sobre Discriminación, somos "una sociedad con intensas prácticas de exclusión, desprecio y discriminación hacia ciertos grupos" y "la discriminación está fuertemente enraizada y asumida en la cultura social, y se reproduce por medio de valores culturales".

Cuesta trabajo sabernos así, asumirnos así, vernos así. Usando la frase de Doris Sommer, México vive con una serie de "ficciones fundacionales". México se cubre la cara con la máscara de los mitos. El mito del país mestizo, incluyente, tolerante. El mito del país que es clasista mas no racista. El mito del país que abolió la esclavitud y con ello eliminó la discriminación. El mito del país progresista donde un indio zapoteca pudo ser Presidente. Esas ficciones indispensables, esas ideas aceptadas: el mestizaje civilizador, el indio noble, la mujer como Madre Patria, la revolución igualitaria, la cultura acogedora. Esas medias verdades que son como bálsamo, como ungüento, como antifaz. Esas mentiras aceptadas que ocultan la realidad de un país poco dispuesto a confrontarla. Donde nadie nunca se declara homofóbico o racista o machista o xenófobo o en favor de la violencia. Donde muchos por acción u omisión lo son y lo están.

De allí la importancia de colocar un espejo frente al rostro de México. De enfrentar la verdad de un país que -aún sin reconocerlo- ha tenido y mantenido dinámicas de discriminación, avaladas por el silencio y reforzadas por la invisibilidad. De allí la importancia de la segunda Encuesta Nacional sobre Discriminación que evidencia, enumera, enfrenta, expone. Un país donde 30.1 por ciento de las personas con educación secundaria no estarían dispuestas a permitir que en su casa vivieran personas con alguna discapacidad. Donde 28.1 por ciento no permitirían que vivieran personas de otra raza. Donde 30.1 por ciento no permitirían que vivieran extranjeros. Donde 32.5 por ciento no permitiría que vivieran personas con una cultura distinta. Donde 30.5 no permitiría que vivieran personas con ideas políticas distintas a las suyas. Donde 30.1 por ciento no permitiría que vivieran homosexuales o lesbianas. Donde no tener dinero, la apariencia física, la edad y el sexo son las condiciones más identificadas por la población cuya dignidad ha sido herida. Donde 3 de cada 10 mexicanos niegan o condicionan los derechos de los demás.

Estos prejuicios mutilan tanto a los que odian como a los que son odiados, robando a ambos de lo que podrían ser como personas. Impiden apreciar todo lo bueno que hay detrás de las apariencias. Revelan una cultura estrecha, temerosa, excluyente, en la cual una tercera parte de la población juzga con los ojos y no piensa con la mente. Evidencian el enorme desafío de nacionalizar la agenda antidiscriminatoria y educar a los mexicanos para la respeto a la diversidad. Estos prejuicios convierten a México en un lugar donde -parafraseando a Martin Luther King- los hombres y las mujeres son juzgadas por el color de su piel o por su preferencia sexual, y no por el contenido de su carácter.

Por ello, como señala Ricardo Bucio, el presidente del Conapred, es fundamental entender y cuestionar las propias percepciones y prácticas. Es imperativo conocernos de mejor manera, confrontar parte de nuestra realidad, entender que la igualdad es el sentido primigenio de la democracia y también su horizonte de llegada. Para que las mentes cerradas vayan acompañadas de bocas cerradas. Para que después de mirarse frente al espejo, ningún mexicano pueda decir "naco" o "joto" o "indio desarrapado" o "pinche gringo" sin avergonzarse por ello.

Narcocultura

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

El periodista más conocido en México, Julio Scherer, sale a toda la portada de su revista, Proceso, abrazado del Mayo Zambada al que hace una “entrevista” al estilo de las que acostumbran solicitar los candidatos en campaña para saltarse la absurda prohibición de contratar publicidad. Si pagan el favor, y de a cómo, nadie lo sabe.

Un lujoso seminario en Tijuana construido por el futuro cardenal Posadas que sería asesinado en confusas circunstancias en Guadalajara; las limosnas de narcos locales y piadosos que colaboran con una pintadita a la iglesia, además de dirimir conflictos y ayudar a los pobres en su región; la capilla a Jesús Malverde, santo de los narcos en Sinaloa, la Santa Muerte cumpliendo plegarias de criminales: “¡Ayúdame a que no me atrape la PGR!”, y le ofrecen misas y rosarios; aquel curita Montaño huido en el enredo del asesinato del cardenal Posadas (y reaparecido sin problemas), las sinfonolas de las cantinas cantando las glorias de los narcos, las pick ups con narcocorridos a todo volumen.

No es verdad que, como decía la frase de López Portillo: “La corrupción somos todos”, pero sí muchos. Aún recuerdo, en mis días de estudiante en el DF, una señora que pedía a su yerno, motociclista de tránsito: “Oiga, A, tiene usted qué morder más, su hijo lo necesita…”. Y tan oronda.

MILENIO reporta el lunes 28 de febrero: La Procuraduría General de Justicia del Estado de México detuvo al ex alcalde de Tlalmanalco, Raúl Fernando Sánchez Reyes, del PRD, presuntamente involucrado con una banda de secuestradores.

En el sur, la población lanza fruta y lonches a los migrantes que viajan encima de los vagones del tren: una solidaridad conmovedora.

Pero en San Fernando, Tamaulipas, 145 cadáveres (hasta el viernes 15 y contando…) enterrados en fosas clandestinas. Muchos de ellos, migrantes asesinados por no pagar cuota de “protección”, un autobús completo de desaparecidos y la hipótesis más aterradora: ¿está infiltrado el crimen en un pueblo de 60 mil habitantes? No hay pueblos de malhechores, pero tampoco llegan éstos de Marte: mucha gente no denuncia por temor, otra porque disfruta los beneficios del hampa pues el tejido social está infiltrado con metástasis de ese cáncer. No todos matan, algunos le agarran la pata. Los criminales tienen tías, abuelas, hermanas, primas a las que, para empezar, excluyen del trabajo y no les dan su cuota de género, pero, ¿luego? Ya los autobuses se niegan a cruzar el pueblo. San Fernando, ¿es nuestra más abominable degradación como mexicanos? No lo quiero creer. Pero hay gente aterrorizada y otra que recibe los beneficios del terror provocado por sus hijos, hermanos y nietos.

Y salen manifestaciones a gritar contra “la guerra de Calderón”. Tan bien que estábamos. Muchos creíamos que la violencia venía del combate contra la ocupación de territorios por narcos y secuestradores. Pero, comenta un amigo a quien no he pedido autorización para dar su nombre: “Lo peor es que la mayor parte de estos creadores [y creadoras] recibe una beca mensual del gobierno al que llama genocida. Con una mano cobran y con la otra escriben la pancarta. ¿No sería más honesto renunciar a ese dinero manchado de sangre que proviene de ‘los verdaderos asesinos’”, que son, dicen, los que ocupan la Presidencia de la República?

Vemos a la inteligencia mexicana sumida en una crisis patológica de imbecilidad. Y todo avivado por el soplador de todos los fuegos, Manuel Andrés López Obrador. Una pregunta de absoluta mala fe: ¿De qué vive ese desempleado, cómo paga a su hijo tenis de 14 mil pesos y, lo principal: cómo a podido recorrer el país y tener, dice, 2 millones 200 mil representantes?

Si algo debemos reclamar a los gobiernos es que manifestantes, como los del SME, quemen autos, golpeen ciudadanos, revienten asambleas de trabajadores de la CFE, tengan más de mil actas levantadas por actos de sabotaje a instalaciones eléctricas, y nadie se atreva a tocarlos ni con el pétalo de unos toletazos, el aroma de gas lacrimógeno o unos chorros de agua a presión que los arrastren con la basura a las alcantarillas. Su hogar.

¡Ya basta! Sí, me sumo: ¡Ya basta de impunidad para la clientela electoral! ¡Ya basta de calcular, primero, si aplicar la ley quita más votos de los que consigue! Estamos dando la temperatura adecuada a la incubación del huevo de la serpiente.

Y Calderón irá a la beatificación del Juan Pablo II: se merece sus fracasos, los cultiva y riega.

Las mentiras de mis maestros, (Cal y Arena), 10ª edición.

¿Quién perdió a México?

Moisés Nahím
mnaim@elpais.es
El País

Antes: México era percibido como el país latinoamericano con más probabilidades de llegar a ser un país desarrollado.

Ahora: es percibido, si no como un Estado fallido, sí ciertamente como una nación en la que vastas regiones e importantes instituciones están controladas por algunos de los criminales más poderosos y crueles del planeta. ¿Qué pasó? La respuesta no concierne solamente a los mexicanos. Estados Unidos y Europa, por ser grandes consumidores de drogas, también están tocados por lo que sucede en México, al igual que el resto de América Latina.

La lucha contra el 'narco' no es la guerra de Calderón; debe ser la guerra de todo el país

Una respuesta frecuente es que la actual tragedia mexicana es el resultado de décadas de tolerancia frente a los narcotraficantes. Hubo un pacto tácito de no agresión que políticos, gobernantes, medios de comunicación y líderes empresariales mantuvieron con los carteles. Otros argumentan que esto es culpa del presidente Felipe Calderón, quien, sin un plan claro, le declaró la guerra a los narcotraficantes, rompiendo así el equilibrio que mantuvo al país en relativa calma durante años. Otra explicación es que la enfermedad de México es importada: "Son los gringos. Estados Unidos importa la droga, nos genera criminales riquísimos y nos exporta libremente las ametralladoras que nos están matando", me dijo un amigo mexicano. La mala situación económica también es señalada como causa. Es un problema de valores, dicen otros. El presidente Felipe Calderón, por ejemplo, declaró hace poco que hay que seguir combatiendo a los criminales y fortalecer las instituciones, pero insistió en que lo más importante es reconstruir los valores de la sociedad. "Les cuento algo que hace reflexionar", dijo el presidente. "Capturamos un criminal que tiene 19 años de edad y llegó a declarar que él ha asesinado a más de 200 personas".

¿Quién tiene razón? Todos. No hay duda de que, durante décadas, los dirigentes mexicanos sucumbieron a la tentación de creer que su país era tan solo un "lugar de tránsito" entre los productores andinos y los consumidores estadounidenses. La ilusión enmascara el hecho de que los criminales a cargo del "tránsito" se hacen ricos y poderosos e inevitablemente terminan por controlar a políticos, jueces, generales, gobernadores, alcaldes, policías, medios de comunicación y hasta bancos. Además, en todos los países "de tránsito" parte del inventario es consumido localmente y parte de las importaciones es sustituida por producción local. También es cierto que el presidente Calderón "alborotó el avispero" y, al atacar a los carteles, desencadenó esta terrible guerra. Pero igual de cierto es que, de no haberlo hecho, el secuestro del Estado mexicano por parte de los criminales hubiese sido completo. Los feroces críticos del presidente no parecen darle mucha importancia a la urgente necesidad de contener la criminalización del Estado. Según ellos, el precio que ha pagado el país ha sido demasiado alto y los éxitos de Calderón en recuperar las instituciones públicas tomadas por los criminales son limitados y serán, en todo caso, efímeros.

Lamentablemente, muchos mexicanos, espantados por los horrores cotidianos y seducidos por las promesas de un regreso a la calma "si se negocia con los carteles", han abandonado a su presidente. Así, una guerra que ha debido, y debe ser, de toda la sociedad decente se ha convertido en "la guerra de Calderón". Y Calderón no la puede ganar solo. Rescatar para la decencia espacios que ahora están en manos criminales requiere de tiempo, sacrificios y el concurso de todos -políticos y líderes sociales, periodistas y militares, sindicalistas y empresarios, amas de casa y universitarios-. Esta no es la guerra de Calderón; debe ser la guerra de todo México. Pero los mexicanos están agobiados por décadas de frustración económica, expectativas de progreso que no se cumplen y políticos y políticas mediocres. Las estadísticas de asesinatos ocupan, con razón, los titulares.

Hay otros datos sobre México que también son sorprendentes: en el 94% de los municipios del país no hay librerías y el índice de lectores de libros es uno de los más bajos de América Latina. Según la Universidad Johns Hopkins, México tiene uno de los porcentajes más bajos del mundo de población activa ocupada en organizaciones civiles (0,04% en México; más del 2% en Perú y Colombia). Traigo a colación estos datos solo para sugerir que el problema de México y su guerra tiene múltiples ramificaciones que van desde la política de Estados Unidos sobre drogas o venta de armas hasta el consumo de libros o la precariedad de su sociedad civil organizada.

Para todo esto no hay soluciones simples, rápidas y que quepan en un párrafo. Pero la ineludible realidad es que el problema no es del presidente de turno. Es del país.