abril 20, 2011

'Los castro' por Paco Calderón



"Going public" de Slim, FCH y AMLO

José Carreño Carlón (@josecarreno)
Académico
El Universal

Las estrategias de comunicación puestas en marcha por el presidente de la república, FCH; por el propietario del todo-México-es-territorio-Telcel, Carlos Slim, y por el autollamado presidente legítimo de México, AMLO, recuerdan el tránsito de la consigna del populismo ruso del siglo antepasado, de “la ida al pueblo”, al concepto de “la ida al público”, going public, que los mercados financieros y el marketing político acuñaron el siglo pasado.

Going public se aplica a las empresas que acuden al financiamiento del público a través de la venta de acciones en las bolsas de valores. Y en la comunicación política el concepto se mueve entre las estrategias que buscan llegar directamente al público a través de los medios de comunicación —por encima de los sistemas de representación, como el congreso o los sindicatos— y las estrategias que buscan llegar directamente al público incluso por encima de los medios convencionales de comunicación, a través de las redes sociales y de la movilización casa por casa.

Y aquí hay que empezar por reconocer la exitosa mezcla de estrategias de cabildeo con el poder y de ida al público del dueño de las empresas monopólicas de telecomunicaciones. La ida al público incluye el financiamiento del público no sólo a través del mercado bursátil, sino de formas extralimitadas de obtención de flujos de efectivo de los particulares a través del manejo discrecional de tarifas que, en los diversos niveles, le permite su condición monopólica.

Y esta forma de obtención del financiamiento del público se ha podido mantener a su vez gracias al cabildeo y a diversas formas de control del sistema político: el Legislativo, el Judicial y algunas zonas de la administración. Pero lo más notable hoy son los frutos de su estrategia de ida al público, con sus mensajes a través de los medios, potenciados por su condición de primer transferidor de recursos a las empresas informativas, entre otras, por la vía de la inversión publicitaria.

El público contra el público

Y allí está la portada del diario de la izquierda mexicana, en campaña desde el fin de semana contra la multa que le impuso al consorcio el órgano antimonopolios. Una estrategia de ida al público, para movilizarlo a favor de un monopolio que extrae de ese público más de 70 mil millones de pesos de más, al año, sólo por concepto de la diferencia entre la tarifa determinada por la autoridad y la tarifa que impone discrecionalmente el operador dominante por concepto de interconexión a los otros operadores. El público movilizado contra el público.

A su vez, el anuncio del nuevo sitio electrónico de la Presidencia de la República para la interacción directa de los funcionarios con los particulares se inscribe también en la estrategia de la ida al público. De hecho, el concepto de Going public surgió en la comunicación presidencial de Estados Unidos, primero, como una estrategia de gobiernos sin mayoría en el Congreso, para encarecerles a los legisladores su resistencia a apoyar el programa del Ejecutivo, a través de la movilización del público a favor de la prédica presidencial directa por televisión. Y después, con el surgimiento de internet, para ir directamente al público eludiendo la mediación negativa de la propia televisión y de los demás medios convencionales.

Público y poder diluido

Pero un problema de esta estrategia en México está en que el poder monopólico de las telecomunicaciones, enfrentado al poder diluido del sistema político, mantiene estancada la cobertura de internet en un raquítico 30% de la población, menos de la mitad de la meta que se puso el actual gobierno.

Quizás por eso AMLO insiste en la movilización a ras del suelo, comunidad por comunidad, la fórmula original de la ida al pueblo del populismo ruso. Sólo que, a diferencia de la pureza proverbial de aquellos jóvenes de la Rusia zarista, nuestro populista tropical aparece contaminado por formas tradicionales de corrupción y mentira del sistema político y mediático en que se nutre.

Los turistas

Sergio Aguayo Quezada (@sergioaguayo)
Reforma

Un turista ejemplar prepara con enorme cuidado sus desplazamientos; sólo así acumula conocimientos y vivencias. El turista común y corriente, por el contrario, flota sobre las realidades sin querer entenderlas ni relacionarse con ellas; ¿qué hacer para que nuestros gobernantes dejen de comportarse como turistas de tercera?

Un ejemplo claro de lo anterior han sido las reacciones y el manejo poco brillante de gobernantes y políticos ante la decisión de quitarle a Acapulco el Tianguis Turístico que se realizaba en el puerto desde hace 36 años.

La Secretaría de Turismo federal (panista) anunció súbitamente que el dichoso tianguis sería itinerante. Al alcalde (priista) le salió la estirpe guerrera y convocó a taxistas y lancheros a movilizarse por tierra y mar; no sería extraño que pronto los veamos en el Distrito Federal instalados en guapachoso plantón mientras regalan a transeúntes y curiosos miles de cocos borrachos. El perredismo, por su parte, ya condenó con adjetivos la afrenta al gobierno (perredista) de aquel estado, mientras que los agitados estados de Durango, Nuevo León y Quintana Roo piden que el tianguis se haga en sus territorios.

Todos ellos se desviven en elogios al benéfico turismo. Ninguno bosqueja algún proyecto para reducir los niveles de violencia que están ahuyentando a los visitantes (según encuesta de Reforma publicada el 19 de abril de 2011, 59% de viajeros temen usar las carreteras durante esta Semana Santa). Tampoco tienen un proyecto de largo plazo y la norma, cuando gobiernan, es hacer algo para destruir los atractivos naturales de este país. La tolerancia oficial hacia el urbanismo salvaje devasta manglares, agota o contamina ríos y arroyos, invade zonas protegidas.

Morelos tiene vocación para el turismo por su ubicación y sus recursos naturales. En los últimos años, las autoridades de los tres niveles compiten en la destrucción del medio ambiente. La fórmula que han encontrado son los cambios de uso de suelo que permiten las construcciones irracionales e ilegales que violentan las reglas más elementales del urbanismo.

En un par de columnas escritas durante el último año narré la decisión del cabildo perredista de Jiutepec de cambiar el uso de suelo, lo que permitió la construcción de 280 casas en un terreno apto para 47. También conté sobre la oposición de vecinos -entre los cuales me encuentro- al fraccionamiento La Cantera y las demandas jurídicas contra la decisión del Ayuntamiento. El forcejeo ha tomado rumbos inesperados.

Los vecinos solicitaron al Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) y al Fondo de la Vivienda del ISSSTE (Fovissste) que suspendieran el otorgamiento de créditos para adquirir viviendas en La Cantera hasta que se decida el fallo del juicio actualmente en curso. Es una forma de proteger la inversión de los trabajadores. El Infonavit, que encabeza Víctor Manuel Borrás, aceptó la petición lo cual abre un resquicio para la corrección de aberraciones; el Fovissste, dirigido por Manuel Pérez Cárdenas, se ha mostrado reticente porque para ellos basta con que la presidencia de Jiutepec autorice el fraccionamiento. Tras esta disparidad está la ausencia de una estrategia federal de largo plazo para darle integralidad y viabilidad al turismo en Morelos.

Andrés Manuel López Obrador visitó hace poco Jiutepec y compartió la mesa de honor con el presidente municipal perredista que ha consecuentado y tolerado empresas depredadoras del medio ambiente (y cuya renuncia pidió Javier Sicilia). López Obrador actúa de esa manera porque su prioridad es la candidatura a la Presidencia y a ella somete la atención a problemas cotidianos de las comunidades. ¿Y qué decir de Felipe Calderón que se va de turismo religioso al Vaticano en lugar de visitar San Fernando, Tamaulipas, como sería su deber? (véase de Roberto Blancarte, "Nuestro presidente católico", Milenio, 19 de abril de 2011).

Al comportarse como turistas frívolos, nuestros gobernantes y políticos marginan a la sociedad que desesperada busca soluciones de cualquier tipo. Quienes viven en Petatlán, Guerrero, optaron por "sacar a la calle al Padre Jesús, el 'Tata Chuy', cuya imagen 'milagrosa' estuvo durante 47 años sin salir de su santuario". Buscan en el cielo lo que los partidos les niegan: restablecer la "paz en Guerrero" y regresar "el turismo a la región" (El Universal, 17 de abril de 2011).

¿Será necesario que saquemos a peregrinar fotos de Manuel Gómez Morin, Lázaro Cárdenas del Río y Valentín Campa para ver si sus herederos mejoran como gobernantes? Sería simpático pero ineficaz. Mejor presionemos a favor de la legalización de la marihuana, reunamos firmas para pedir a Washington un embargo a la exportación ilegal de armas de asalto a nuestro país y participemos en la marcha del próximo 8 de mayo contra la inseguridad.

Comentarios: www.sergioaguayo.org; Twitter: @sergioaguayo; Facebook: SergioAguayoQuezada
Colaboró en la búsqueda de información Rodrigo Peña González

AMLO: ¿guadalupano?

Enrique Aranda
De naturaleza política
Excélsior

Cerca ya la conmemoración litúrgica de la Pasión y Muerte de Jesucristo, jueves y viernes próximos, en más de uno de los principales centros católicos del país comenzó a cobrar fuerza un movimiento orientado a contrarrestar la manipulación que de diversos símbolos religiosos, y de manera particularmente burda de la Virgen de Guadalupe, vienen haciendo Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores.

En las últimas semanas, ciertamente, no han sido escasas las voces que, tanto en el ámbito político-político como en el estrictamente religioso, han llamado la atención sobre la mal disimulada pretensión del lopezobradorismo, agrupado ahora en torno al denominado Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), de favorecerse mediante “el manejo —manipulación, diríamos nosotros— del sentimiento católico de la mayoría de los mexicanos…”, cuando desde siempre el tabasqueño y los suyos se han ostentado como políticos liberales, laicos, “de cepa juarista…”

El malestar de la jerarquía y de dirigentes de asociaciones cercanas a ella está centrado, de manera específica, en la alusión —“irreverente, grosera…”, según algunos— que de la emblemática imagen se hace en el himno del Morena donde, explícitamente, se alude a la “morena imagen/Guadalupana morena/Madre de la nación/, protege la lucha mexicana/(y) cuida las urnas en la elección”.

¿De cuándo acá el rijoso López Obrador se asumió religioso y, más, católico y activo promotor del guadalupanismo? Es cierto que ya en el pasado reciente sorprendió cuando se presentó como un promotor del amor al prójimo, la solidaridad humana y el perdón… ¿Será que la imagen de violento que de manera más que justa tienen de él millones de connacionales resulta un pesado fardo si de apostar, otra vez, por la Presidencia se trata?

Habrá que esperar para sopesar el resultado de tal apuesta; por lo pronto, sin embargo, bien podría asegurarse que la misma redituará escasas ganancias…

Asteriscos

* Al filo del mediodía de hoy, en el supuesto de que tanto la encuesta de GEA-ISA como la de Ipsos-Bimsa coincidan en ello, Martha Elena García deberá ser investida abanderada de la coalición panista-perredista que irá por la gubernatura de Nayarit… aunque, a decir de no pocos, las posibilidades de que el ungido sea el perredista Guadalupe Acosta Naranjo no están canceladas ni son pocas…

* Sin establecer sanción aún, puesto que la determinación de la misma corresponderá al IFE, Gobernación decidió avalar el resolutivo que juzga culpable de transgredir disposiciones del Cofipe al sacerdote Hugo Valdemar Romero que, en su momento, llamó a votar en contra del PRD. Salvo cambio de última hora, ni el cardenal Juan Sandoval de Guadalajara ni la Arquidiócesis Primada de México correrán una suerte similar…

Veámonos el lunes 25 con otro asunto De naturaleza política

Mexicanos primitivos

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

El fenómeno civilizatorio es un proceso de actualización constante: es evidente que los seres humanos ya no afrontamos las adversas condiciones de los tiempos pasados pero —justamente por no ponernos al día— seguimos teniendo comportamientos muy parecidos a los del individuo de la tribu primitiva.

El rechazo a las diferencias, por ejemplo, no es otra cosa que una reacción instintiva de un grupo que, al advertir que uno de sus miembros no sigue ciertas reglas, teme por su supervivencia. Hay de normas a normas, desde luego, y no es lo mismo ser un sujeto antisocial (sociópata, en la terminología clínica) que una persona, digamos, con preferencias sexuales distintas a las de los demás. Mientras más primitiva sea una sociedad mayor será su incapacidad para la tolerancia y menor será también su disposición para reconocer, y admitir, las “desviaciones” de los individuos. Para una colectividad moderna los homosexuales son ciudadanos como cualquier otro y con los mismos derechos que todos los demás. Sin embargo, hoy mismo existen sociedades que castigan la homosexualidad… ¡con la pena de muerte! Son las mismas que no conceden garantías a las mujeres, que no admiten la libertad de expresión, que no permiten elecciones ni la presencia de partidos políticos y que, encima, te obligan a profesar una religión, es decir, a rendirle pleitesía a un Dios cuya presencia es tan forzosa como la de la autoridad civil.

No se han dado cuenta, en estos lugares, que los individuos pueden ejercer plenamente su soberanía sin que ello signifique un peligro para la cohesión de la sociedad. Tampoco se han enterado de que Dios es un asunto opcional, es decir, una cuestión que tiene que ver con la conciencia particular de cada quien. La fe, con perdón, no puede ser obligatoria.

Aquí, profesamos doctrinas que ya no nos sirven de nada y que, por el contrario, se oponen empecinadamente al proceso modernizador. No nos parecemos, por fortuna, a las sociedades medievales de Irán y Arabia Saudí. Pero necesitamos todavía quitarnos muchas telarañas de la cabeza.