abril 27, 2011

Es la hora de luchar

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Candidato del PAN a la gubernatura del Estado de México

La historia está llena de momentos que cambian su curso. Los grandes hombres y mujeres que han sido los protagonistas de su tiempo fueron quienes entendieron las circunstancias, observaron la realidad y atendieron el llamado a la acción. Son personas que pusieron a disposición toda su capacidad, experiencia y talento al servicio de la gente e hicieron propios los reclamos sociales. Reza el dicho popular que a cada capillita le llega su fiestecita y al Estado de México le llegó el momento de cambiar.

Los mexiquenses nos preguntamos: ¿por qué siendo el estado de la república que más recibe presupuesto de la federación tiene una deuda tan elevada? Quienes tienen fresca la memoria recuerdan a políticos que se han enriquecido inexplicablemente como Arturo Montiel. Él es un ejemplo de cómo el poder público ha servido a los intereses de sus grupos políticos o de sus familiares.

Los años transcurren y las personas que viven en el norte y sur del estado sólo han podido encontrar en la migración a la Unión Americana una opción para encontrar un empleo que les permita enviar remesas a sus familias desde el exterior. Habiendo tanta riqueza en las grandes extensiones de tierra fértil, con agua para sembrar, con climas que propician el cultivo de flores, granos y demás vegetales, la gente se pregunta: ¿por qué no existe un apoyo decidido y un compromiso real para ayudarles a progresar en sus lugares de origen?

La deuda social que existe con las regiones donde habitan nuestros pueblos indígenas es lamentable. Durante décadas han sido los mexiquenses de origen mazahua, otomí, tlahuica, matlazinca y nahua quienes han vivido en la miseria y la marginación sostenida. Son ellos quienes sufren la falta de atención en materia de salud, educación y políticas de desarrollo en general que les permitan salir de la pobreza extrema en la que viven día con día.

La situación geográfica del Estado de México lo coloca en una posición envidiable para ser receptor de inversiones nacionales y extranjeras. Sin embargo, la corrupción en las instituciones públicas cancela la posibilidad de que inversionistas de cualquier tamaño y nivel elijan otras entidades federativas para asentarse. Y nuevamente nos preguntamos: ¿cómo podemos limpiar el sistema y redes de complicidades que asfixian el desarrollo económico de millones de familias mexiquenses?

Por mucho tiempo la zona metropolitana del Estado de México ha esperado respuesta a las demandas de ordenar el sistema de transporte público para dar paso a aquellos que permitan trasladarse de manera rápida, segura y barata. La respuesta de los gobiernos estatales ha sido construir vialidades de cuota para unos cuantos. Y la gente se pregunta: ¿hasta cuándo escucharán y atenderán la necesidad de millones de mexiquenses para tener un sistema de transporte digno y seguro?

En la actualidad existen regiones que por décadas han sido abandonadas, como la zona oriente del estado, en donde aún no existe iluminación y pavimentación en todas las calles, en donde los servicios públicos son escasos y las necesidades de hospitales son altas. En esta región la gente vive al día y sin esperanza de que las cosas puedan mejorar.

Las desigualdades que imperan en el Estado de México son indignantes. El contraste en los índices de desarrollo humano entre diversas regiones nos recuerda por un lado a las grandes urbes de los países desarrollados y por otro lado a localidades con situaciones similares a las que se viven en países africanos. Y todos nos preguntamos: ¿hasta cuándo podremos ser más iguales los mexiquenses? ¿Acaso les importa a quienes han gobernado por más de 80 años el cerrar esas zanjas de desigualdad?

Los ciudadanos mexiquenses tenemos la gran oportunidad de dar paso para remover una estructura política que ya no da más de sí. Después de más de ocho décadas de gobiernos del PRI es el momento de dar el paso a una nueva estructura política que refresque al Poder Ejecutivo estatal y al mismo tiempo genere una nueva forma de vincular al ciudadano con el poder público. La alternancia es posible y es necesaria para resolver los problemas complejos. Apostar por la libertad, la igualdad y la justicia ayudará a consolidar el proceso democratizador basado en la participación ciudadana.

Es la hora de encabezar con alegría y entusiasmo la lucha cívica que, traducida en un movimiento social, otorgue la victoria a los ciudadanos que sueñan con liberarse de la pobreza, el miedo, la corrupción y el abuso de poder.

Manotazo de Peña Nieto

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

Para un mexicano interesado en ser Presidente las candidaturas presidenciales independientes podrían ser su perdición. ¿Por qué?

Como es público, en las próximas horas el Pleno del Senado de la República aprobará un paquete de reformas electorales que, entre otros aspectos, autoriza la reelección de legisladores, permite la iniciativa popular y, sobre todo, da luz verde a candidatos presidenciales independientes para 2012.

Está claro que se trata de reformas constitucionales novedosas, sobre todo porque devuelven a los ciudadanos derechos y libertades básicas, y porque a cambio otorga el derecho de veto presidencial al Presupuesto, y deja en manos del Congreso el control de órganos reguladores, como la Cofetel, la Cofeco y la CRE.

Sin embargo, la buena nueva que significa que el Senado apruebe esas reformas seguramente se convertirá en vergonzosa desilusión una vez que la minuta aprobada por los senadores pase a la Cámara de Diputados para que, a su vez, los representantes populares revisen, cambien y/o aprueben la misma reforma. ¿Por qué podría terminar en vergonzosa desilusión? Por un pequeño detalle.

Porque si bien para la mayoría de mexicanos la reforma pudiera parecer una saludable decisión de los senadores, y hasta un retroceso de la partidocracia, para un mexicano interesado en ser Presidente esa reforma podría ser su perdición. ¿Por qué? Vamos por partes.

¿Quién es ese mexicano para el que sería veneno puro la reforma que legaliza, entre muchas otras cosas, las candidaturas presidenciales independientes para la contienda de 2012?

Todos lo conocen: se llama Enrique Peña Nieto, gobernador mexiquense y más aventajado de los potenciales aspirantes presidenciales de todos los partidos. En realidad es el puntero y seguro candidato presidencial del PRI. ¿Y eso qué? ¿Cómo le perjudica a Peña la reforma política que exitosamente impulsó el senador Manlio Fabio Beltrones?

Pues nada, que para las aspiraciones presidenciales de Peña Nieto sería veneno puro una o más candidaturas presidenciales independientes. ¿Por qué? Porque un candidato independiente, sin el lastre de un partido político, con el empaque social suficiente, el respaldo de la academia, la intelectualidad y la empresa, podría tumbar sin gran dificultad, no sólo a Peña Nieto, sino a cualquiera de los candidatos de otros partidos; sea Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard o Santiago Creel.

¿Cuántos mexicanos, sean militantes partidistas o no, se enamorarían fácilmente de un candidato independiente, alejado de esas groseras y autoritarias estructuras de partido, surgido de la sociedad civil, sin el seño de esos fracasos en que se han convertido el PAN, el PRD y el PRI?

El fenómeno de un candidato independiente podría dar un vuelco dramático a la contienda presidencial de 2012, al extremo de dejar fuera de ella nada menos que a los partidos y a sus candidatos. Eso, claro, si se alinean un candidato independiente carismático y una sociedad al borde del hartazgo de los partidos políticos, de su clase política y de los gobernantes surgidos del tricolor, el amarillo, el azul, o las groseras empresas familiares que son la chiquillería. Por eso la pregunta fundamental.

¿Por qué el PAN, el PRI y el PRD aprobaron una reforma que abre la puerta a los candidatos presidenciales independientes, si es tan peligrosa para sus candidatos ya enlistados? Precisamente ahí está el truco: porque es una reforma con dedicatoria especial para Enrique Peña Nieto.

Es decir, que no sólo van contra Peña Nieto las bancadas del PAN y el PRD en el Senado, sino también la del PRI. Se confirma que estamos ante la moderna versión del “Todos Unidos Contra Peña”. Pero caprichosos como son los juegos del poder, resulta que Peña Nieto no está manco ni cojo y menos tullido. Y autoritario como suele ser, de un manotazo congelará la reforma en la Cámara de Diputados. ¿Por qué? Porque, si no lo saben, Peña tiene el control del PRI en San Lázaro. Y, claro, porque en política los milagros no existen. Al tiempo.

EN EL CAMINO

Una joya del impune robo de calles en la colonia Del Valle. Resulta que en la transitada avenida Coyoacán, entre José María Rico y Parroquia, se roban dos carriles, de los cuatro disponibles, una intocable franquicia de comida rápida italiana, los intocables de la sede nacional del PAN, las impolutas oficinas del SAT y una marisquería sinaloense. ¿Y quién dice algo? Pues claro que nadie molesta a los que se roban esas calles, ninguna autoridad interviene, porque todo es transa, cochupo. Y tampoco hace o dice algo Marcelo. ¿Y los vecinos? Pues sí, esos que se jodan. ¡Total, a quién le importan!

El efecto cucaracha

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La espiral de violencia en México de los últimos años está asociada a la estrategia de combate al crimen del gobierno de Felipe Calderón.

Fernando Escalante ha mostrado que existe una correspondencia estadística entre el aumento de los homicidios y el despliegue de grandes operativos militares y policiacos de la Federación sobre ciudades y regiones.

El centro de la estrategia gubernamental fue debilitar a los cárteles de la droga, cuyo control de los gobiernos locales representaba ya, se nos dice, no sólo un problema de seguridad pública, sino un problema de seguridad nacional.

La versión del gobierno federal es que había que recuperar los espacios perdidos por el Estado, restablecer el monopolio legal de la violencia y regresar al crimen organizado a su condición de hampa manejable.

El centro de la estrategia gubernamental ha sido presionar y fragmentar los cárteles, combatirlos y acotarlos, complicarles el negocio y reducir sus rentas, descabezarlos, dividirlos y enfrentarlos entre sí.

La estrategia ha funcionado. Nadie puede negar que los cárteles se han debilitado y dividido, aunque están lejos de haber desaparecido o no representar ya una amenaza al control territorial de distintas partes de México.

Es cierto que libran una guerra feroz que los desangra y que la fuerza pública federal ha dado golpes decisivos contra capos y organizaciones, dejando en el campo un panorama de bandas fragmentarias que se disputan agónicamente el control de pasos y territorios.

La contracción del espacio, la presión de los operativos de fuerzas federales, ha hecho a las bandas más débiles, pero también más violentas. Las ha hecho también menos eficaces para conducir su negocio fundamental, el más rentable, que es el narcotráfico, al punto de que, como reporta The Economist, buscan espacios más propicios en Centroamérica (“The drug war hits Central America”, abril 16-22, 2011).

Lo que son buenas noticias para la estrategia del Estado son malas noticias para los ciudadanos de a pie. Porque las bandas divididas y desangradas son más violentas y buscan ingresos fuera del negocio de las drogas. Dirigen sus esfuerzos de sobrevivencia hacia delitos que afectan la seguridad de las personas: el secuestro, la extorsión, el tráfico de personas.

Llegados a este punto, la pregunta para los estrategas del gobierno federal es: qué sigue

Al calce. Se entiende el afán del ex presidente Salinas de rescribir la historia sosteniendo que él acertó en todas las cosas y los demás fallaron en todas. La tiene difícil, pero es un hombre perseverante en todo, incluyendo sus errores.