mayo 03, 2011

Pueblos Mágicos

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Uno de los programas más entrañables de la Secretaría de Turismo es el de los Pueblos Mágicos, por medio del cual se hace un reconocimiento a las comunidades que han sabido preservar, a lo largo del tiempo, su patrimonio cultural en condiciones óptimas. Son lugares del país que incluso antes de recibir el título de Pueblos Mágicos ya tenían un lugar especial en el imaginario colectivo. Con la acreditación reciben respaldo de la Sectur para potenciar su valor como destinos turísticos, para bien de las comunidades que los habitan y para que sean detonadores de la economía local y regional. No es un nombramiento permanente, sino que tiene que refrendarse; lo que quiere decir que al aceptar el nombramiento también se asume un compromiso: extremar los cuidados.

La semana pasada dos localidades se sumaron a la selecta lista de Pueblos Mágicos, que llegó a 40. La primera de ellas fue Zacatlán de las Manzanas, enclavado en la Sierra Norte del estado de Puebla. Al entregar el documento que avala el nombramiento, la maestra Gloria Guevara dijo que era una forma de reconocer la riqueza natural, arquitectónica, cultural y gastronómica de Zacatlán. Al mismo tiempo recordó que quedó establecido para las autoridades federales, estatales, municipales y para la comunidad el compromiso de preservar ese patrimonio y sacar todo el provecho posible de la promoción que recibirá el nuevo Pueblo Mágico, como su inclusión en las guías de turismo de mayor impacto y la producción de programas para cadenas de la talla del Discovery Channel.

El gobernador Moreno Valle, consciente del impacto positivo del nombramiento de Zacatlán como Pueblo Mágico, organizó un evento muy lucidor en el que echó la casa por la venta. Dijo algo que explica esfuerzo: “el turismo es la clave para el desarrollo social”. Se espera que la capacidad hotelera de Zacatlán se incremente 60 por ciento en los próximos tres años, con una derrama superior a los 110 millones de pesos.

La segunda comunidad cuya magia cultural se reconoció la semana pasada fue Teúl de González Ortega, en Zacatecas. Se trata de un pueblo que había estado, hasta ahora, fuera del radar turístico. Es un sitio pródigo en historias y tradiciones, con tesoros arqueológicos, coloniales, de la época juarista y vocación para el turismo de aventura, ubicado en el extremo sur del estado. En Zacatecas también Jerez es considerado Pueblo Mágico. El nuevo gobernador del estado, Miguel Alonso Reyes, está decidido a desarrollar el potencial turístico de la entidad como una alternativa concreta para, destacó, “abatir el rezago social de la población”.

Apuntados.- Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del DF, y Mario López Valdez, gobernador de Sinaloa, quieren ser anfitriones del Tianguis Turístico. Ambos instruyeron a sus respectivos secretarios del ramo para que preparen un proyecto ejecutivo que logre convencer a los integrantes del comité que decidirá el nombre de la plaza para la edición 2012 del controvertido tianguis. Aunque cuando se anunció la decisión de sacar al evento de Acapulco, el DF dio un paso al lado, pues no querían lastimar la relación entre Ebrard y el gobernador Ángel Aguirre, ambos del mismo grupo político, al parecer ya lo pensaron mejor y están dispuestos a participar en el proceso de selección, esto a pesar de que la capital ya tiene un evento turístico relevante en su agenda. Los chilangos, golosos, quieren dobletear. El DF es un destino turístico de primer nivel. Durante las vacaciones de Semana Santa visitaron la ciudad más 8.2 millones de personas.

Malova, por su parte, propone a Mazatlán como sede, para la cual ya comenzó una movilización con la comunidad empresarial del puerto. Se trata de una opción sólida. Por cierto, la bellísima esposa desesperada, Eva Longoria, será parte del esfuerzo promocional. No podemos perder de vista que León, la pujante ciudad guanajuatense, también alzó la mano. La localidad tiene experiencia e infraestructura para organizar eventos mayores, y puede presumir de aceptables niveles de seguridad, pero su vocación turística es endeble. Desde el principio, se habló de la opción de Monterrey, pero la Sultana del Norte padece también, como Acapulco, severos problemas de seguridad pública, como lo demuestran los bloqueos de calles y avenidas que organiza el crimen organizado cada vez que se le antoja.

¿Exceso de democracia?

José Antonio Crespo
cres5501@hotmail.com
Investigador del CIDE
El Universal

En la transición mexicana, pasamos de un régimen con el poder excesivamente centralizado —lo cual daba gobernabilidad pero permitía todo tipo de abuso de forma impune— a otro con el poder excesivamente disperso, lo cual complica la toma de decisiones (y no genera rendición de cuentas). El pluralismo partidista, la competitividad electoral y la alternancia presidencial, son tres elementos que en sí mismos reflejan un avance en la democracia. Pero el régimen que muy bien funcionó bajo un esquema de partido hegemónico (en términos de gobernabilidad autoritaria) ha resultado bastante disfuncional en un esquema de descentralización política. Por un lado surgieron para quedarse los gobiernos divididos, que dada la naturaleza revanchista y poco cooperativa de los partidos complica la toma de decisiones. Además, al tener un Legislativo bicameral hay también dificultad para que ambas cámaras se pongan de acuerdo sobre las iniciativas. Es decir, en términos legislativos, no sólo está el problema propio de un gobierno dividido que entorpece la relación entre Ejecutivo y Legislativo, sino además vienen las frecuentes desavenencias entre cámaras legislativas. Una iniciativa largamente negociada y pulida en una de ellas puede quedarse congelada por meses o años en la otra, o bien quedar desvirtuada. Es decir, tenemos una lógica de tres actores legislativos, no de dos, cada uno con su propia agenda.

A lo cual hay que agregar un esquema de tres partidos grandes, dos de ellos en las antípodas y otro que juega estratégicamente para un lado u otro según su conveniencia. Hay también divisiones y fisuras dentro de los propios partidos, no siempre fáciles de allanar. Así, tenemos un PRD reformista y otro contestatario; un PAN más o menos liberal y otro sumamente conservador; un PRI tecnocrático y otro nacionalista-revolucionario. Lo que apruebe una de las facciones de cada partido en una cámara podría estrellarse con la facción contraria de su propio partido en la otra cámara. Finalmente, no sólo cuentan las desavenencias por motivos ideológicos dentro y entre los partidos, sino las estratégicas en la pugna por las posiciones políticas. Un partido de oposición puede bloquear o desvirtuar una iniciativa del Ejecutivo para provocar que éste caiga en la siguiente elección (y ocupar su lugar). Y una fracción partidista en una cámara puede bloquear lo que hace su contraparte en la otra.

También suele recelarse de quiénes promovieron tal o cual iniciativa en una cámara, que les pueda dar lustre para la siguiente elección; es el caso de la reforma política con Manlio Fabio Beltrones, cuyos rivales peñanietistas en la Cámara Baja no quieren los reflectores para el senador, sino para su jefe. Y no sólo eso, sino que aquellos aspectos de la reforma que puedan estorbar a Peña Nieto como probable presidente podrían ser echados abajo a través de la numerosa bancada que controla, y agregar otras que sí le convengan. Tienen razón, es cierto, los diputados al afirmar que no podían aprobar una minuta tan controvertida en cuatro días, pero hay periodos extraordinarios. Sólo que éste va a coincidir justo con el proceso electoral en el Estado de México y otras entidades más. Se trata de un problema muchas veces señalado; los tiempos de elecciones (que se celebran todo el tiempo, pese a su reciente compactación), no son buenos para la negociación legislativa. Y falta también la aprobación de los congresos locales.

Se puede argumentar que así es la democracia, un aparato más bien torpe pero aporta contrapesos, vigilancia mutua y obliga a la negociación plural. Cierto, pero no es verdad que mientras más se aleja uno del modelo de poder centralizado, más se adentre en la democracia; el polo opuesto de la autocracia no es la democracia, sino la anarquía. Los contrapesos excesivos tienden a convertirse en una trinchera infranqueable. El “exceso de democracia”, como se le dice a veces a esta situación, tiende a acercarse más a la parálisis y la trabazón que a los sanos contrapesos y negociaciones fructíferas. Por eso me parece más ágil, flexible y eficaz el sistema parlamentario (pero sin bodas monárquicas) que nuestro rígido y poco funcional presidencialismo. En México, encima, ese “exceso de democracia” no se ha traducido en menos abusos, menos corrupción y menos impunidad, porque en esos temas los partidos sí que se ponen de acuerdo con suma rapidez y facilidad.

Mayorías inútiles

María Amparo Casar
Reforma

Algo pasa que no nos deja avanzar. Y no es precisamente la ausencia de mayorías. El cierre del periodo de sesiones del Congreso nos hizo un favor. Nos mostró que el problema no es de mayorías sino del uso que se hace de ellas y, en su ausencia, de la posibilidad de armarlas, cuando hay voluntad y liderazgo. Las mayorías pueden servir para proponer, aprobar y avanzar pero también para vetar, rechazar y paralizar.

En el Senado no hay partido que tenga mayoría y sin embargo han dado mayores muestras del arte de la negociación para formarlas. Sin mayoría alguna aprobaron reformas constitucionales importantes como la de derechos humanos y la política y varias leyes secundarias.

En la Cámara de Diputados sí hay mayoría: la conforman la alianza PRI-Verde con 258 legisladores y a la que se suma el PANAL para llegar a 267. Y qué hicieron con su mayoría: se negaron a discutir la reforma fiscal, se rehusaron a llevar al pleno la laboral y la de seguridad nacional, vetaron la reforma política e impidieron los acuerdos para nombrar a los tres consejeros del IFE.

Lo que ocurrió con las cuatro reformas demostró para qué sirven las mayorías. La reforma fiscal fue planteada por un senador de su propio partido, pero sus colegas en la Cámara de Diputados le dijeron clarito que no. Les incomodaba su denominación de origen -el senador Beltrones- y el impacto electoral sobre su más seguro candidato. La reforma laboral se negoció con el PAN, se llegó a un dictamen de consenso y al final los priistas la retiraron. Josefina Vázquez Mota acompañada de su bancada los exhibió: retiró la iniciativa del PAN y le firmaron la suya, sin modificación alguna, al PRI. No les importó. Pesó más la amenaza de parte del PRD y de AMLO de hacer movilizaciones que pudieran empañar las elecciones del Estado de México y el costo frente al sector obrero. La de seguridad nacional que recibieron del Senado tampoco les gustó a los diputados del PRI. Propusieron un dictamen alternativo liderado por el diputado mexiquense Navarrete Prida. Los votos les alcanzaban para aprobar una iniciativa con las modificaciones que ellos quisieran pero evaluaron los costos de hacerlo y se arrepintieron. Argumentaron que no se podía legislar al vapor en un tema tan importante. ¿Al vapor? ¡Pero si los senadores se las enviaron hace un año! La reforma política también fue frenada. Necesitaba una mayoría de dos tercios (330 diputados). A la bancada del PRI no le alcanzaban sus votos pero el PAN que tiene 142 diputados le ofreció los suyos. El PRI volvió a quedar exhibido en su negativa. Curiosamente esta iniciativa también llevaba la denominación de origen del presidente del Senado.

La democracia tiene entre sus ventajas la transparencia. Permite conocer la conducta de los políticos. Sabemos quién vota a favor y quién en contra de las iniciativas. Sabemos quién tiene la mayoría para aprobarlas o rechazarlas. Sabemos quién es responsable de que las cosas sucedan o dejen de suceder. Haga usted las cuentas.

La aritmética no miente: el PRI tiene la mayoría de diputados para pasar las reformas legales que hubiesen querido. Si no les parecían las del Presidente, los otros partidos o las de sus propios senadores, bien podían haber propuesto y aprobado las que fueran de su gusto o conveniencia. Pero no. Usaron su mayoría para paralizar, vetar y rechazar.

Lo que sorprende es que Peña Nieto -a quien por error político se ha presumido como el pastor de la bancada- ha planteado públicamente su posición respecto a las mayorías ("Mayorías en el Congreso para un Estado eficaz", El Universal, 16/03/2010). Él afirma que "México ha vivido más de una década sin grandes reformas porque nuestro sistema dificulta la construcción de mayorías" y que "sin mayorías se pierde la capacidad de decidir y transformar ...". Propone como alternativa para generar esas mayorías eliminar el tope de sobrerrepresentación del 8% que admite la legislación electoral mexicana o introducir la cláusula de gobernabilidad para dar al partido que obtenga el 35% de la votación una mayoría absoluta en el Congreso.

El gobernador debería replantearse el tema. Primero porque ningún país con credenciales democráticas ha optado por la cláusula de gobernabilidad en atención a que implica quitarle votos/asientos a un partido que los ganó para dárselos a otro que no lo hizo. La han tenido Camerún, Chad y Corea del Sur. Segundo porque ha quedado demostrado que la mayoría de su partido en la Cámara de Diputados no ha servido para "decidir y transformar" mientras que la no mayoría en el Senado ha demostrado mayor capacidad para hacerlo.

Osama y El Chapo: tiempo e inteligencia

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Con la caída del líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, el narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán se ha convertido en el hombre más buscado en el mundo por las autoridades estadunidenses, cuando menos eso dicen sus listas públicas. Hace diez años, El Chapo se fugó del penal de Puente Grande para convertirse en uno de los narcotraficantes más importantes del planeta. En septiembre hará diez años que Bin Laden se convirtió en el terrorista más buscado, luego de los ataques del 11-S, pero en realidad ya estaba catalogado de ese modo desde tiempo atrás, aunque se creía que no podía realizar ataques de esa magnitud.

Para comprender lo complejo que es dar un golpe así hay que reseñar rápidamente cómo se llegó a Bin Laden. En 2001 se lanzó un enorme operativo militar en las montañas y cuevas de Tora Bora, en Afganistán. Bin Laden escapó con vida y se le perdió el rastro. Hubo una hebra de información hace cuatro años, cuando un detenido en Guantánamo confesó conocer a uno de los mensajeros de Bin Laden. Tardaron más de dos años en localizar a este hombre y a su hermano en Pakistán. Siguiéndolo durante año y medio llegaron a una mansión en el residencial barrio de Abottabad, un lugar de lujo, donde los vecinos compartían con la familia Bin Laden un campo de golf, un complejo de tiendas y hasta un campo de entrenamiento del ejército pakistaní. La mansión se distinguía porque era fortificada, tenía paredes muy altas, casi no contaba con ventanas y tenía sólo dos puertas de entrada. Pero, además, no tenía conexión para internet ni teléfono.

En agosto pasado, hace ya casi diez meses, la inteligencia estadunidense supo que allí vivía Bin Laden, desde entonces comenzaron a checar la información. Apenas en marzo pasado le confirmaron al presidente Obama que tenían localizado a Bin Laden y desde entonces comenzó a planearse el operativo en el que un pequeño grupo de elementos de las tropas de élite del ejército estadunidense acabó en 40 minutos con Bin Laden, recuperaron su cadáver y lo arrojaron al mar, luego de que Arabia Saudita había rechazado recibirlo.

Si se quiere detener al Chapo Guzmán, esté escondido como dicen en el Triángulo Dorado, que es algo así como nuestras cuevas de Tora Bora, o en un complejo residencial de cualquier gran ciudad, como vivía Bin Laden, se tendrá que contar con una operación similar. Se requirieron años de trabajo de inteligencia, una paciencia que trascendió dos administraciones presidenciales y distintos mandos en el ejército y la CIA, para dar el golpe final a Bin Laden. Su caída demuestra que las instituciones y las estrategias de seguridad, cuando se habla de objetivos tan importantes, no pueden depender de cuestiones coyunturales, que un golpe de esas características no se construye del día a la noche y no depende de la buena suerte. Que la protección de la que gozan estos personajes siempre es de fuerzas locales y que se requerirán, por lo menos en nuestro caso, estrechas colaboraciones internacionales, para alcanzar el objetivo deseado.

Y eso se aplica para El Chapo Guzmán y los otros cinco o seis personajes clave del narcotráfico en México, algunos de los cuales no necesariamente están viviendo dentro del territorio nacional… como Osama no estaba en las cuevas de Afganistán.

¿Pasarela u ocurrencia?

Se llevaron la foto y muchas notas de prensa. Fueron el primer partido en mostrar abiertamente a sus precandidatos. Pero la presentación y el seudodebate (una intervención de unos pocos minutos de cada aspirante no es un debate) de los siete precandidatos del PAN no pareció tener demasiada sustancia más que reemplazar la presencia presidencial (Felipe Calderón había viajado a Roma) en un acto partidista.

Lo cierto es que los precandidatos fueron avisados con muy poca antelación. No sabían bien a bien a qué iban, se les dijo que podían llevar a diez personas cada uno y algunos llegaron con contingentes y hasta con playeras con sus nombres. No hubo ninguna reunión previa para organizar el evento ni reglas del juego, por eso no hubo ninguna línea más que decir que iban juntos para enfrentar al PRI. Tampoco se ha planeado nada de lo que ocurrirá después, o por lo menos desde ahora hasta noviembre, cuando se emitirá la convocatoria interna para la selección de candidatos con miras a 2012.

La foto funcionó y se disiparon algunas dudas (es la primera vez que públicamente, por ejemplo, Ernesto Cordero aparece como precandidato, o que Emilio M. González se presenta como precandidato en el DF o que Heriberto Félix se dice panista aunque nunca se ha afiliado a ese partido), pero no ha sido parte de una estrategia, no parece haber nada después de ella que le dé continuidad. Y entonces el peligro puede estar en que funcione como un momento propagandístico pero que sólo genere un desgaste mayor hacia los aspirantes reales o ficticios que posaron para ella. Cuando un hombre no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable, decía Séneca.

La armadura de Peña Nieto no está para delicadezas

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Conversábamos en la radio con el senador del PRD Carlos Navarrete. Acusaba al gobernador Enrique Peña Nieto de ser el “diputado 501” que ordenó obstruir en San Lázaro las reformas aprobadas, por aclamación, por los propios senadores del PRI. Nada para quitarle el sueño a nadie a estas alturas.

Entonces nos avisaron que el diputado y vocero del PRI, David Penchyna, quería rebatir los dichos de Navarrete. Penchyna es político de lenguaje bien estructurado. Cuida las palabras, no suelta cifras ni metáforas a lo loco. Esencialmente, repitió lo que habían dicho Peña Nieto y el presidente del PRI, Humberto Moreira: no hay “diputado 501”, porque el mexiquense no es un villano que meta las manos en el Congreso; los diputados del PRI no aprueban reformas al vapor, bla, bla.

Cómo que al vapor, si el Senado aprobó la reforma de Seguridad Nacional en abril de 2010, lo interrumpí. Me corrigió: se aprobó la semana pasada. No, diputado, fue en abril de 2010. Insistió que no. Le expliqué que hablaba de la de Seguridad Nacional, no de la reforma política. No se movió: según él, las dos llegaron a San Lázaro la semana pasada.

Cuando colgó revisamos las fechas. Teníamos razón: 27 de abril de 2010. Los diputados la recibieron al día siguiente, hace más de un año.

Ya no dio tiempo de escuchar de nuevo a Penchyna, quien llamó para decir que se había confundido. Buen gesto. Pero nos quedó la impresión (supongo que a más de un radioescucha también) de que para la jerarquía del PRI la única verdad será la que proteja al único hombre que los puede llevar de regreso a Los Pinos.

La impresión de que la armadura inoxidable de Peña Nieto no está para delicadezas.