mayo 18, 2011

La denuncia de una mujer humilde

Denise Maerker (@Denise_Maerker)
Atando Cabos
El Universal

¿En cuantos países la denuncia de una mujer humilde, en este caso además madre soltera, negra y musulmana, habría desembocado en el arresto inmediato de uno de los hombres más poderosos del mundo?

A media mañana del sábado, Alicia, la recamarera de origen guatemalteco, aparece en la puerta del cuartito dónde se reúnen los trabajadores del hotel más lujoso de la ciudad llorando y con la ropa desgarrada. Apenas puede hablar. Llora descontrolada y se exprime las manos con ansiedad. Sus compañeras tratan de tranquilizarla, le hacen preguntas. Después de un rato Alicia logra hablar. Empieza a contar y se detiene, llora y se recompone, pero lo esencial sale: el señor de la suite presidencial la atacó, se le apareció desnudo y la arrastró a la habitación, la golpeó y la intentó violar, la tocó con violencia y la obligó a hincarse. Ahí se detiene y gime, no puede seguir.

Sus compañeras previenen al gerente del hotel. El gerente oye la historia y les pide a todas que regresen a sus labores, él se hará cargo. A solas le pide a Alicia que le vuelva a contar todo, con detalle. Alguien aparece y sugiere hablarle a la policía, el gerente lo detiene. El señor de la suite presidencial, les explica, no es cualquiera y les ordena que nadie haga nada hasta que lo consulte con el dueño.

Alicia previene a su hermano. El gerente regresa y propone que todos y todas se tranquilicen. A él se le nota muy nervioso. Le pide a Alicia que haga memoria, quizá sin querer, como el señor es extranjero, hizo un gesto que él malinterpretó. Alicia lo niega. El gerente se desespera y reúne a todos, el asunto es el siguiente: el dueño no quiere oír hablar de policías ni de denuncias, el señor de la suite presidencial es muy poderoso y nadie le va a creer a Alicia, ella va a perder y el hotel va a salir desprestigiado con sus clientes que lo que buscan es confidencialidad y discreción. Lo que esta en juego es el trabajo de todos. Además el dueño ofrece hacerse cargo de todo: qué necesita Alicia, ir a un doctor, le pagan el mejor, tranquilidad, que se tome unos días.

El hermano de Alicia previno a la policía. Cuando el gerente los está convenciendo, llegan los policías. Luego de escuchar la historia suben al cuarto. No encuentran nada. El gerente por órdenes del dueño mandó que se hiciera la habitación. El jefe de la policía ministerial previene al procurador y el procurador le habla a su jefe. “En nuestra ciudad no pueden ocurrir estas cosas”, reacciona indignado. “Sea quien sea tiene que hacerse justicia”. Pero eso sí, le advierte al procurador, no puede haber ninguna equivocación ni pueden caer en una trampa porque entonces lo ponen a él en riesgo de hacer un ridículo internacional.

El procurador habla directamente con el policía que está en el lugar de los hechos. En su voz se escucha el temor de que se cometa un error y le comparte al jefe de ministeriales lo que le dijo su jefe. Le encarga que indague muy, pero muy bien, si es posible creerle a esa mucama.

El policía reporta más tarde: “Jefe, hay cosas que no cuadran. La recamarera gana poco, pero tiene coche. Es madre soltera. Vive con gente que esta ilegalmente en el país. Dicen que el coche lo compró hace poco. No logramos encontrar su casa porque nos da una dirección sin numero en una zona marginal. Además hay contradicciones que me preocupan”.

“Investíguenla entonces”, dice el procurador, y al colgar respira aliviado.

En ese momento en el aeropuerto internacional de la ciudad despega un avión, en el interior y en primera clase viaja tranquilo el cliente de la suite presidencial.

Lo anterior es sólo una ficción de lo que ocurriría en nuestro país en un caso como el que tiene al gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn en la cárcel.

¿En cuantos países la denuncia de una mujer humilde, en este caso además madre soltera, negra y musulmana, habría desembocado en el arresto inmediato de uno de los hombres más poderosos del mundo?

Aquí en México no desde luego, pero tampoco en Francia ni en otros países del primer mundo.

La foto que miente

Ricardo Alemán (@RicardoAlemanMx)
Excélsior

¿Cómo pretende Encinas la credibilidad de los electores, cuando hoy mismo el PT de AMLO pelea contra el PRD de Los Chuchos y de Ebrard?

Desde hace más de 20 años —desde que nació el PRD e incluso en su antecedente, el FDN—, el valor de la unidad ha sido fundamental para hacer creíble la fuerza electoral de la llamada izquierda mexicana.

Más aún, el fenómeno electoral y mediático que convirtió a Cárdenas en aspirante presidencial competitivo en julio de 2008 fue precisamente la unidad de todas las corrientes de la izquierda; acuerdo que hizo posible la generosidad y sabiduría de un político natural: Heberto Castillo, olvidado y hasta despreciado por las generaciones de hoy.

En repetidas ocasiones —y en cada temporada electoral—, los estudios de opinión levantados por el PRD han demostrado que “la unidad” es la mayor demanda social. Pero, también en cada temporada electoral, hombres y mujeres de esa izquierda parecen destinados a la división, la fractura y la polarización.

Viene a cuento el tema porque, la tarde del pasado lunes, Alejandro Encinas, candidato del PRD, PT y Convergencia al gobierno mexiquense, se ganó un diez mediático, al reunir en un mismo templete nada menos que a Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard, Jesús Zambrano y, en general, a buena parte de las tribus y hasta pandillas de la llamada izquierda mexicana.

Sin duda un éxito mediático, sin duda una foto histórica y un logro político que animará a buena parte del respetable y a los profesionales de hacer política mediática. Pero lo cierto es que, contra lo que muchos creen, la imagen de unidad en torno a Encinas no es sino un recurso propagandístico: imagen mediática y estampa que riñen con la terca realidad de un partido fragmentado hasta niveles de vergüenza.

En efecto, en el templete aparecieron juntos, como juntos llegaron y se pasearon a lo largo de una calle, todos los líderes de izquierda. Pero en el mismo templete menudearon las peleas por el lugar, para aparecer en la foto, por estar cerca de “las figuras”, ser parte de esa gráfica histórica. Sin embargo, en realidad eso es lo de menos. Lo verdaderamente grave es que sigue vivo el diagnóstico que, en su momento, mandó levantar la entonces presidenta del PRD, Rosario Robles, y el cual arrojó preocupantes niveles de corrupción entre el perredismo de todo el país, pero especialmente en el Distrito Federal y el Estado de México.

En pocas palabras, ese informe revelaba que las direcciones estatales del PRD —y lo mismo pasa con las del PT y Convergencia— estaban al servicio de los gobiernos en turno; fueran priistas, fueran panistas. Es decir, que los jefes estatales del partido amarillo, sus cuadros, legisladores y alcaldes, pertenecían al PRD sólo de membrete, porque en la realidad eran políticos al servicio del gobernador en turno, el que maiceaba y ordenaba hasta dónde gritar, hasta cuándo protestar y en qué momento callar.

Vale el ejercicio memorioso, porque todos en el PRD conocen el elevado nivel de corrupción de los políticos profesionales de ese partido, y que sólo basta con retirar y/o aumentar la mesada, para fragmentar al PRD, al PT o a Convergencia. Pero incluso ese antecedente de corrupción pudiera ser menor frente a la realidad de la política del día a día.

¿Cómo pretende Alejandro Encinas la credibilidad del respetable, de los electores —ante la supuesta unidad de toda la izquierda—, cuando hoy mismo el PT de Andrés Manuel López Obrador pelea con todo contra el PRD de Los Chuchos y de Marcelo Ebrard? ¿Cómo hablar de unidad, si apenas hace semanas la dirigencia estatal del PRD y el jefe de Gobierno del DF promovían una alianza con el PAN, y hoy AMLO insiste en que esa alianza es una traición?

En rigor —y con un poco de pudor—, los jefes de las tribus y capillas del partido amarillo y de las groseras empresas familiares que son el PT y Convergencia deberían reconocer que la unidad de la llamada izquierda no es sino una farsa más, un nuevo engaño con fines político electorales; que “la foto” en la que todos aparecen sonrientes es lo más parecido a un montaje. Y es que nadie en su sano juicio puede dar crédito a la unidad ficticia de una fotografía que miente, cuando se le compara con la realidad.

Está claro que los estrategas de Alejandro Encinas pretenden vender la imagen de unidad de toda la izquierda —y de sus santones— como una de sus fortalezas, una parte fundamental de su oferta de gobierno. Y también es cierto que abundan los ciudadanos, los políticos y los periodistas a quienes se les puede engañar con una gráfica. Pero lo cierto es que Encinas va a requerir mucho más que una foto engañabobos para ganarle al Revolucionario Institucional.

El virus de la cafetería

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

A los biólogos les encanta clasificar. Y no es simple obsesión filatélica: la taxonomía —la clasificación de los organismos— permite contestar muchas de las preguntas más profundas sobre la vida.

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Evidentemente, el huevo, pues su origen se sitúa al menos desde los peces y anfibios, antecesores evolutivos de los reptiles y sus descendientes, las aves. En el árbol de la evolución, las ramas de estos grupos se sitúan más cerca del tronco principal que la de las aves, indicando que la reproducción ovípara es mucho más antigua que las gallinas.

Otra pregunta: ¿quién está más cerca de la raíz del árbol evolutivo (el origen de la vida): los virus, o las células que infectan, y cuya maquinaria reproductiva usan para propagarse? Puede parecer absurda la pregunta, pues los virus no pueden reproducirse sin células que invadir; pero su simplicidad —básicamente, genes de ácido nucleico dentro de una envoltura de proteínas— sugiere que pudieran haber surgido antes que las células o simultáneamente con ellas. Nuevamente, la taxonomía evolutiva ayuda a proporcionar respuestas.

Estudiando una clase de virus llamados “grandes virus nucleocitoplásmicos de ADN” (NCLDVs), se ha revivido la hipótesis de que el árbol de la vida, en lugar de tres grandes ramas, tiene cuatro.

Habíamos ya mencionado aquí al protozoario marino llamado Cafeteria roenbergensis, que es parasitado por un virus gigante de la familia de los NCLDVs (el más famoso de ellos es el gigantesco “mimivirus”, que parasita a una amiba acuática).

Pues bien: analizando su genoma, y comparando sus genes con los de otros virus gigantes, y con el resto del árbol de la vida, el virólogo Didier Raoult y sus colegas, del Centro Nacional de la Investigación Científica, en Francia, hallaron que la “familia de los mimivirus” parece representar una rama hasta hoy desconocida del árbol de la vida.

Quizá no hayan surgido independientemente, pero al menos por lo que respecta a estos virus gigantes, tomarlos como simples “parásitos” surgidos como una especie de degeneración evolutiva quizá sea una gran sobresimplificación. ¡Lo que se puede descubrir clasificando!