mayo 25, 2011

Transporte seguro y barato para ti

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Candidato del PAN a la gubernatura del Estado de México

Los mexiquenses somos trabajadores y desde muy temprano salimos de casa para dirigirnos a nuestro destino. Más de 7 millones de personas nos movilizamos diariamente en el Estado de México y realizamos 14 millones de viajes al día.

La eficiencia del sistema de transporte público repercute directamente en nuestra vida diaria. De su eficiencia depende cuánto tiempo puedes usar diariamente para otras actividades, ya sean productivas o de recreación. En una zona metropolitana como la que conforman Estado de México y DF las distancias recorridas por los usuarios son muy extensas e invierten tres horas al día en promedio en transportarse. La gente gasta aproximadamente el 10% de su vida en transportarse y es por ello que debemos reordenarlo y reestructurarlo de manera inmediata en un diálogo con los concesionarios, los choferes y los usuarios para encontrar las soluciones que también permitan que las 213 mil familias que viven de esta actividad puedan mejorar.

El Estado de México es la entidad con mayores problemas en la movilidad de usuarios de transporte público en el país. Es caro e inseguro.

Actualmente el costo del transporte es de siete pesos por los primeros kilómetros en una misma ruta. Considerando que muchos de los mexiquenses ganan en promedio un salario mínimo de 58 pesos, su gasto en la pesera por dos viajes equivale al 24% de su ingreso diario por persona y así se va multiplicando el costo por cada integrante de los hogares mexiquenses. Ante esta realidad, ya es justo que desde el gobierno del estado haya una transferencia directa a las familias por 300 pesos mensuales para apoyar directamente a la economía familiar, especialmente de los que menos tienen.

Durante el actual gobierno estatal las soluciones al transporte han fracasado especialmente porque han gastado el dinero público en la construcción de un segundo piso que sólo beneficia a los que pueden pagarlo. Construyeron sin planeación el Mexibus en Ecatepec generando más caos y dejando sin puentes peatonales a los usuarios que tienen que arriesgar su vida diariamente al cruzar la avenida para poder abordarlo.

el transporte público ocurren buena parte de los robos y vejaciones que sufren los mexiquenses. Los usuarios me comentan que subirse al microbús les da miedo por los asaltos. Me dicen que las autoridades saben dónde están las rutas más conflictivas y dónde están los tramos más peligrosos. Me cuentan cómo han tenido que cambiar su esquema de vida por uno que evite traer consigo más dinero del necesario o traer más escondido su teléfono celular. Le piden a sus empleadores que se cambien los días de pago para que no les quiten su salario y cómo a veces fingen estar dormidos para evitar ser robados.

Estos son los problemas que a diario viven los mexiquenses, por ello propongo soluciones para tener un transporte seguro. Haremos en la policía estatal un grupo de reacción inmediata certificado que patrulle de manera permanente las rutas más conflictivas, con armas y tácticas especiales. Pondremos botones de emergencia en unidades y paraderos. Con las nuevas tecnologías podrás reportar robos por mensaje de texto, desde tu celular, para que la policía ya capacitada y confiable auxilie a la población. Instalaremos videocámaras de seguridad en lugares estratégicos como paraderos, avenidas o colonias con altos índices delictivos. Esta medida inmediata ayudará a que las personas se movilicen de una forma más segura.

Propongo también que sea de calidad, con nuevas rutas, mejores paraderos, con incentivos económicos para la renovación de unidades, garantizar el seguro del usuario y que sea también un transporte respetuoso del medio ambiente. Que esté integrado, como un gran sistema de conectividad que incluya más trenes suburbanos, como los que tiene diseñados el gobierno federal, así como diversas líneas de autobuses articulados.

Un transporte que esté enfocado a las necesidades de las personas. Retomo la propuesta que hizo el PAN desde hace más de dos años en el Congreso local, la cual considera a más mujeres participando en la economía del estado y, debido al número de feminicidios en la entidad, resulta urgente implementar el Transporte Rosa, con autobuses exclusivos para mujeres, que garanticen su seguridad y tranquilidad. También se adecuarán las unidades para que las personas de la tercera edad, con capacidades diferentes y mujeres embarazadas se transporten con más facilidad y comodidad.

Durante mi gobierno trabajaré por un transporte público que refleje el vigor y la fuerza de nuestra gente. ¡Ya es justo!

El chantaje del engendro

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Decía Sófocles que “un Estado donde quedan impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina en el abismo”. No recuerdo un año sin que los líderes, me resisto a llamarlos maestros, de la Sección 22 del SNTE, no hayan tomado la ciudad de Oaxaca, no hayan planteado un pliego petitorio imposible de cumplir y, finalmente, no hayan terminado recibiendo dinero y posiciones políticas y de poder de los gobiernos, o de sus opositores coyunturales que han pensado que los usan para descarrilar a sus adversarios sin comprender que así los han ido haciendo cada día más fuertes y más impunes. Ha ocurrido siempre, con Diódoro Carrasco y con José Murat, con Ulises Ruiz y ahora con Gabino Cué. No importa quién sea el gobernador y cuál la coyuntura: se ha creado un monstruo que, paradójicamente, cuanto más hunde al estado y a su educación, más poderoso se hace. El único interés es el de ellos.

Oaxaca tiene, gracias a ese engendro (al que con acierto Ricardo Alemán lo califica como un verdadero cártel), la peor educación del país, a pesar de que la principal fuente de empleo del estado sea el magisterio. Pero es un magisterio muy peculiar: muchos no son maestros, porque las plazas se heredan y se venden; cualquiera que salga de la escuela Normal, como sea que lo haya logrado, tiene asegurada automáticamente una plaza de maestro. Las promociones no se dan por la capacidad sino por el trabajo sindical. Ningún sindicato estatal del país tiene las condiciones de la Sección 22, no sólo en términos salariales, sino en una enorme cantidad de prestaciones, aunque no se trabaje, aunque se reciban casi dos meses de aguinaldo u otros tantos de vacaciones. En ninguna otra parte del país hay tantos maestros que no dan clase y trabajan exclusivamente para la dirigencia del sindicato. Bueno, tienen hasta su horario, porque no aceptan esos artilugios capitalistas de los cambios de horarios de verano.

Ahora piden de todo, desde que el Ejército abandone el estado hasta la cancelación del pago de tenencia; desde la anulación de las órdenes de aprehensión contra varios de sus dirigentes (muchos de ellos buscados por delitos del fuero común, que no tienen nada que ver con el sindicalismo) hasta un bono para el día del jubilado y otro bono (que ya tienen, pero quieren que sea aumentado) para iniciar clases, así como un módico aumento de 100% en sus salarios.

En respuesta, el gobierno del estado les ha ofrecido un programa que involucra más de mil 500 millones de pesos, pero lo rechazan porque se trata de apoyos que no les implica dinero para los líderes. ¿Qué ofrece el gobierno de Gabino Cué? Regularizar al personal que trabaja por honorarios; mejorar la infraestructura educativa y otorgar mayor equipamiento a las escuelas, incluida la conectividad de las mismas; darle uniformes y útiles escolares a todos los alumnos, además de establecer un amplio programa de desayunos escolares; becas para los hijos de los trabajadores y aumentos superiores a 5%, además de créditos y otros apoyos.

Pero a los líderes de la Sección 22 no les interesa ni la infraestructura escolar ni los desayunos ni los útiles escolares ni las becas, salvo que les den el dinero de esos programas a ellos para manejarlo. Quieren dinero y por eso piden cosas que saben que no lograrán para quedarse con lo más posible en la negociación mientras ahorcan al resto de la entidad. Saben que, mientras tengan tomado el centro de la ciudad y bloqueada la carretera al aeropuerto, no llegará el turismo, la verdadera fuente de ingresos para quienes no viven del presupuesto; saben que el comercio languidecerá, que los hoteles y restaurantes estarán vacíos. Se trata del chantaje perfecto: la paradoja es que, ahora, es Gabino Cué un gobernador que representa, en mucho, los intereses que esos maestros decían defender y por eso, precisamente, lo enfrentan. Gabino deberá utilizar la amplia coalición que lo llevó al gobierno para poner un coto al engendro.

Dylan, 70 años

Cumple 70 años ese poeta y cantante extraordinario que es Bob Dylan. Quedémonos con una reflexión suya. “Uno se pregunta —escribe en su libro de memorias recordando la época de la guerra de Vietnam— cómo personas unidas por la geografía y los ideales religiosos podían convertirse en acérrimos enemigos. Al final, sólo queda una cultura del sentimiento, de días negros, del cisma, del ojo por ojo, del destino común de la humanidad descarriada. Todo se reduce a una larga canción fúnebre, con cierta imperfección en los temas, una ideología de elevadas abstracciones, de hombres exaltados no necesariamente buenos… Todo está envuelto en un manto de irrealidad, grandeza y mojigatería… Por aquel entonces el país fue crucificado, murió y resucitó”. Felicidades y gracias, maestro Dylan.

Legalicemos las drogas… ¿y luego qué? (3 y último)

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

La legalización de las drogas “malas” (ninguna es buena —el tabaco te carcome los pulmones y el alcohol te desmenuza el hígado aparte de que te enreda las neuronas de tu cerebrito— pero se supone que hay algunas que te provocan una adicción tan repentina, avasalladora, fulminante e irresistible que, justamente, papá Estado te protege de ellas obligándote, si te apetece consumirlas de todas maneras, a que te enredes con traficantes de baja ralea y dudosa probidad), la legalización de la sustancias “malas” —repito— no debiera implantarse, como proponen algunos, por cuestiones de seguridad pública sino por razones de mera modernidad civilizatoria, es decir, para conferirle al individuo soberano atribuciones que solamente a él le competen y cederle el pleno ejercicio de sus responsabilidades.

Puedes llenar de topes las calles pero lo mejor es que los automovilistas conduzcan prudentemente por su propia cuenta (a propósito de los topes, su existencia significa un auténtico crimen para el medio ambiente: ¿han pensado, nuestras coercitivas autoridades, en la cantidad de combustible quemado que soltamos a la atmósfera cuando arrancamos, una y otra vez, luego de las paradas obligadas? ¿Han pensado, también, en el gasto que significa? Los coches consumen mucho menos gasolina a velocidad moderada y constante; pues, en México, hay que detenerse a lo tonto cada 300 metros); de la misma manera, si el único efecto de una prohibición es el brote de una actividad ilegal, lo mejor es dejar que cada quien decida, en santa paz, si se fuma un porro de vez en cuando o si se pierde para siempre en el mundo de los alucinógenos. Ah, y la gente se mete lo que quiere de todas maneras. ¿La prueba? Hay tráfico, hay cárteles, hay producción… Es decir, ya hay un problema, ¿o no?

Que legalicen, pues. Eso sí, luego tendrán que seguirse ocupando de los delincuentes. Porque, digo, nos queda muy claro que no van a desaparecer de un día para otro, ¿o sí?