junio 21, 2011

'...Y si me quieren de candidato...' por Paco Calderón


Matar, no. Debilitar, sí

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

La legalización de la mariguana no curaría el cáncer o aseguraría que la Selección Mexicana ganara la Copa del Mundo. Lo que sí haría es quitarle una parte importante de los ingresos a los cárteles.

The New York Times publicó el sábado un artículo de Sylvia Longmire titulado La legalización no matará los cárteles. La autora comienza aceptando que legalizar la mariguana tendría algunos méritos, pero “haría muy poco por obstaculizar la economía de largo plazo de los cárteles —y el número de actos violentos que llevan a cabo en la sociedad mexicana—”. Se trata, me parece, de un argumento enredado y equivocado.

Según Longmire, “la mariguana representa 60% de las ganancias de los cárteles, lo cual les dejaría el otro 40%, incluyendo la venta de metanfetaminas, cocaína y heroína en polvo café y alquitrán negro. Si la mariguana se legalizara, los cárteles todavía contarían con grandes ganancias por la venta de estas drogas”. Yo creo que se ganaría mucho tan sólo con legalizar la mariguana. El 60% de las utilidades es un número muy respetable. Longmire lo debería saber. Como consultora que es, si de repente dejara de ganar más de la mitad de sus ingresos, pues tendría que ajustarse seriamente el cinturón. Además, como lo he dicho varias veces, no veo por qué se tenga que legalizar sólo la mariguana. Hay que legalizarlas todas y regular estrictamente su consumo, en especial de aquellas más peligrosas como la heroína y la cocaína. En otras palabras: hay que quitarles a los mafiosos el 100% del negocio del narcotráfico.

Longmire acepta que la legalización de la mariguana “daría un importante golpe en el corto plazo a los cárteles”. Pero éstos obtienen “una tajada cada vez mayor de sus ingresos de otras actividades ilegales. Algunos expertos en crimen organizado en América Latina, como Edgardo Buscaglia, dicen que los cárteles sólo ganan la mitad de sus ingresos de las drogas”. Pues ella debería saber con más precisión esta cifra porque, según su currículum, fue analista de inteligencia de organizaciones criminales mexicanas. En fin, el caso es que la autora menciona el “amplio” portafolio de negocios del crimen organizado en México: secuestros, extorsiones, piratería de música, películas y software, así como el robo de productos de Pemex.

Tomemos como cierto que sólo 50% de los ingresos del crimen organizado mexicano proviene del narcotráfico, aunque parezca exagerado. Pues bien, al legalizar las drogas, las mafias perderían 50% de su ingreso y, por tanto, la mitad de su poder. Ya no podrían comprar tantos policías, soldados, políticos y armas como ahora. Al legalizar las drogas, iríamos de gane. Además, el Estado le cobraría impuestos a las empresas legales de narcóticos, dinero que podría invertirse para mejorar las policías del país. Hoy ese dinero va directito al bolsillo de los mafiosos. Con la legalización, se transferiría al erario para utilizarlas en la lucha en contra de los otros delitos que menciona Longmire.

La articulista insiste: “Con tantas líneas de negocio, es poco probable que los cárteles mexicanos cerrarían sus cortinas en el caso de la legalización, aunque eso significara una fuerte caída en las ganancias de sus productos más exitosos. Los cárteles son entidades económicas, y como cualquier empresa legítima, los mejores son capaces de adaptarse ante un mercado cambiante”. Luego vuelve a hablar de las ventajas de la legalización de la mariguana para terminar concluyendo que esta política “no va a detener la violencia en México”. Francamente no entiendo qué defiende Longmire. Sí pero no. No pero sí. Ayudaría pero no resolvería.

Nadie, en sus cinco sentidos, argumenta que la legalización sea una panacea. Desde luego que el crimen organizado seguiría operando porque, cuando el Estado prohíbe algo, siempre hay una mafia dispuesta a arriesgar el pellejo para ofrecerlo. Eso lo saben bien los estadunidenses. La legalización tampoco curaría el cáncer o aseguraría que la Selección Mexicana de Futbol ganara la Copa del Mundo. Lo que sí haría es quitarle una parte importante de los ingresos a los cárteles. El maldito dinero que es su principal fuente de poder. Y esto permitiría atacarlos con más efectividad a fin de abatir los niveles de violencia en el país.

¡Es una patraña de Encinas, que decline Encinas!

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Disculpa la insistencia, pero es que sigue el rumor, le digo a Luis Felipe Bravo Mena. Te lo digo porque hoy fue el propio Alejandro Encinas, candidato del PRD, quien habló de tu declinación a la candidatura del PAN para enfrentar al PRI en el Estado de México el 3 de julio.

A la misma pregunta, la misma respuesta, saluda Luis Felipe:

—Contundentemente, no.

Y sube la voz:

—¡No hay ninguna posibilidad de declinación! ¡Ninguna!

—¿Ninguna?

—¡Ninguna, ninguna!

—Es que sigue el rumor.

—Sigue, porque es una campaña de confusión que han desatado el PRD y Encinas para confundir a los electores. Pero que quede claro: ¡no hay ninguna posibilidad de declinación, no existe ese escenario! Estoy en la batalla y nuestra campaña está avanzando. Vamos a la victoria. La palabra declinación no está en mi mente ni existe en mi diccionario.

—Encinas no quita el dedo del renglón.

—Pues que decline él, entonces, si es que tanto está pensando en esa posibilidad. Yo no declino. Te lo digo tajante, como te lo he dicho dos, tres, cuatro veces.

—Encinas habló de que hay un grupo de panistas que están planteando tu declinación y que el PRD decline a favor del PAN en Nayarit.

—Que diga con quiénes ha hablado, que no ande con habladas nada más. Porque ni los dirigentes nacionales, ni el presidente Gustavo Madero ni yo tenemos el menor conocimiento de eso. Es una patraña de Encinas. Si alguien del PAN está hablando de eso, lo está haciendo por su cuenta. No hay la menor posibilidad de que eso ocurra.

Después de escuchar estas palabras, no sé cómo se le podrán dar horas extra al rumor de la declinación. Y, sobre todo, cómo podría darse la declinación. Marquen lo que marquen las encuestas.