junio 22, 2011

'Tío Lula' por Paco Calderón

Vamos a limpiar al Edomex

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Candidato del PAN a la gubernatura del Estado de México

Durante toda mi vida he apoyado las causas justas de la democracia en México. He luchado al lado de nuestro querido Manuel Clouthier, Maquío, he acompañado a Vicente Fox en la lucha democrática y más recientemente he sido parte del gobierno del presidente Felipe Calderón con quien he trabajado por concretar las reformas de fondo que nuestro país necesita.

Como mexiquense he vivido los problemas de la gente y comparto sus preocupaciones. Me indigna que muchos hombres y mujeres trabajadores vivan el embate del crimen, el que cada día sea más peligroso salir a la calle, haya más violaciones, asaltos y robos, cada vez hay más extorsión y narcotienditas en nuestros barrios, pueblos y colonias. Todos conocemos a alguien víctima del crimen e incluso muchos han sufrido en carne propia la inseguridad y la injusticia.

Hoy los mexiquenses viven con miedo, de salir a la calle por poder ser asaltados, de ser un empresario porque serán extorsionados o secuestrados y lamentablemente es un miedo justificado porque el crimen y la violencia les orilla cada vez más a encerrarse. Una sociedad no puede vivir así. Las calles deben ser de los habitantes del estado, no de los criminales. No es justo que los mexiquenses vivan encerrados cuando los que tienen que vivir tras las rejas son los delincuentes.

Todo esto es indignante, y comparto el coraje de saber que muchas veces son los propios policías que en vez de cuidar a la gente protegen a los delincuentes. Estamos hartos de policías estatales y municipales coludidos con los asaltantes, con los violadores, con quienes venden drogas en las esquinas y quieren envenenar a nuestros hijos en las escuelas. Comparto la impotencia, la frustración de las familias al no poder hacer nada para que esto cambie.

Las autoridades nos dicen que no pasa nada pero las cifras no mienten. Hoy, el estado es una de las entidades más peligrosas del país, estamos entre los siete más violentos de la República, la corrupción de muchas autoridades ha hecho que la delincuencia crezca, la corrupción de la policía, de ministerios, agentes de tránsito y el aumento de giros negros, nos amenazan. La corrupción es evidente y está en todos lados.

Es hora de limpiar la casa y ofrecer soluciones ante la falta de seguridad, porque los entiendo y porque sé qué debemos hacer, por eso les pido el voto a los mexiquenses. Propongo una policía profesional en la que sí puedas confiar. No puede ser que desconfiemos de la policía, hay que limpiar a las policías. Es el primer reto, si tenemos policías corruptos qué caso tiene armarlos y darles más patrullas, para qué darles alas a los alacranes. Vamos a crear una nueva policía, una que sí te cuide. Con pruebas de confianza y antidoping permanentes, con mejores salarios y vivienda para los mejores elementos, policía supervisada por los ciudadanos. Impulsaremos un programa de seguridad escolar para cuidar a tus hijos, para evitar robos y secuestros, así como alejar las drogas de las escuelas. En mi primer año de gobierno instalaremos 10 mil cámaras de seguridad en donde se cometen más delitos.

Atenderemos también las causas sociales que originan la violencia y la inseguridad, por ello impulsaremos la creación de más empleos, más educación, más participación y más civismo.

El Estado de México necesita un gobernador que esté a la altura de este desafío, un gobernador que sí esté dispuesto a hacerle frente a los delincuentes, un gobernador que venga a ponerle un alto a los asaltos, a los robos, a los secuestros que tienen asolados a muchos mexiquenses. Y yo sí tengo esa determinación y no me tiembla la mano porque tengo el coraje y las agallas para limpiar los cuerpos policiales. Seré el gobernador que ponga tras las rejas a los policías corruptos y a los delincuentes. Trabajaré sin descanso para que sean los mejores hombres y las mejores mujeres quienes cuiden tu seguridad. Con policías y políticos honestos vamos a limpiar la casa para tener un Estado en el que todos puedan ver a sus hijos estudiar, crecer, triunfar y ser felices. Vamos por un Estado de México seguro, justo y honesto.

¿Se la van a cobrar a AMLO?

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

Vaya que López Obrador ha errado. La elección de 2006, más que ganarla Calderón, la perdió Andrés Manuel.

¿Qué va a pasar el 4 de julio en el PRD si ocurre lo que indican las encuestas en el Estado de México, es decir, que el candidato del PRI arrase en las elecciones de gobernador? ¿Alguien le va a cobrar a AMLO el error de haber bloqueado la posibilidad de una alianza electoral de la izquierda con el PAN a fin de competirle de verdad al PRI y quizá propinarle un golpe a Enrique Peña Nieto? No lo creo. Así lo sugiere la historia. Y es que una parte de la izquierda adora a AMLO y otra le tiene pavor. Por eso, no lo tocan ni con el pétalo de una rosa. Por eso, sus errores no le cuestan.

Vaya que López Obrador ha errado. La elección de 2006, más que ganarla Calderón, la perdió AMLO. El hoy Presidente tuvo la habilidad de capitalizar las equivocaciones de un candidato que unos meses antes de los comicios tenía una cómoda ventaja en las encuestas. AMLO se equivocó, por ejemplo, al no asistir al primer debate. Pero quizá lo que más le costó en la carrera presidencial fue no responder a las campañas negativas en su contra del PRI y del PAN. Eso le afectó mucho porque, de acuerdo a cualquier libro de texto de mercadotecnia electoral, el candidato que no contesta un ataque negativo lo hace creíble. El que calla, otorga. El periodista Jorge Ramos en una ocasión le comentó a AMLO que este tipo de campañas son comunes y se valen en una democracia. AMLO le contestó: “Siempre y cuando el afectado tenga posibilidad de respuesta, de réplica. Aquí nos cerraron por completo los medios de comunicación”. Falso. En medio de la campaña presidencial de 2006, AMLO pudo haber utilizado spots de radio y televisión, que estaban a su alcance, para responder los ataques en su contra. Más aún, en ese entonces, los medios se peleaban por entrevistarlo. Él era quien se daba el lujo de rechazarlos.

¿Y qué tal el error del plantón en Reforma y el centro del Distrito Federal para protestar por un supuesto fraude electoral que sus abogados nunca pudieron comprobar? ¿Acaso no se equivocó al estrangular una parte de la capital? Hasta él lo reconoce. De acuerdo al perfil que escribió Jorge Zepeda sobre él, AMLO “ha reconocido que la decisión del plantón podría no haber sido adecuada”, pero “era la menos mala de sus opciones”. Así lo ha racionalizado AMLO: no quería parecer timorato como Cuauhtémoc Cárdenas después de la elección de 1988 y temía que sus seguidores cometieran actos violentos de protesta; ergo, escogió el plantón como una opción intermedia. Una decisión que sin duda le costó a él y a la izquierda en la opinión pública. Ni el PRD ni AMLO han podido recuperarse de la mala imagen que tienen en las encuestas.

¿Alguien le cobró este error a AMLO dentro de la izquierda? No. Porque unos siguen adorándolo y otros, que perciben dicho fervor, tienen miedo de enfrentarlo. En las encuestas, Marcelo Ebrard no le hace ni cosquillas entre los izquierdistas. AMLO es el preferido. Y por eso nadie tampoco le va a cobrar que le vaya mal a la izquierda en el Estado de México. Además, siempre tendrá el recurso de desconocer la derrota (“es que la mafia que controla el país nos volvió a robar, bla, bla, bla”) o admitir que perdieron pero con el orgullo de no haberse aliado a “los mafiosos del PAN que son los mismos que los del PRI”.

Lo cierto es que, después de haber impedido la alianza, luego de haber impuesto a Alejandro Encinas como candidato de la izquierda a la gubernatura, AMLO prácticamente desapareció del territorio mexiquense. Ayer Carlos Puig le preguntó si había abandonado a Encinas. Respondió que él antes había recorrido el estado con el candidato mexiquense: “Alejandro está haciendo una muy buena campaña, hay mucha participación ciudadana, lo están apoyando de modo que está bien acompañado […] yo no tengo la menor duda de que va a llegar a la gubernatura”.

No lo creo, porque así lo indican las encuestas. En el mejor de los casos, Encinas ocupará un segundo lugar muy lejano. Y la izquierda, lejos de cobrarle el error a AMLO, procederá a ungirlo como su candidato presidencial.

Drogas: contraalegato

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

Sylvia Longmire, la autora de un libro inminente sobre el narcotráfico: “Cartel. The Coming Invasion of Mexico’s Drug Wars” (“Cártel: La próxima invasión de las guerras de la droga en México”), ha publicado en The New York Times un artículo sosteniendo que la legalización de las drogas no acabará con los cárteles (“Legalization won’t Kill the Cartels”).

La autora pierde por completo el centro de la discusión desde el título de su artículo, pues nadie en su sano juicio sostiene que la legalización de las drogas matará al crimen organizado o acabará con él.

El argumento serio es que le quitará los gigantescos recursos de que ahora dispone y lo hará menos capaz de corromper, reclutar y armarse. Nadie que haya argumentado con rigor en este tema pretende acabar con el crimen organizado. La pretensión es regresarlo a niveles de criminalidad manejables.

La autora vuelve a perder el fondo de la discusión cuando concentra su alegato en la legalización de la mariguana, que representa 60 por ciento del mercado. Precisamente porque el 40 restante es todavía mucho dinero, la propuesta de legalización o regulación legal de la droga debe ser completa.

La cifra más conservadora del negocio de las drogas en México es de 13 mil 800 millones de dólares al año. 40 por ciento de eso es todavía una cantidad enorme, infinitamente mayor que la que puedan recoger los cárteles en las otras actividades delictivas, que Sylvia Longmire describe en su artículo: secuestro, robo de gasolina, piratería, extorsión, tráfico de personas.

Según la autora, algunos expertos en crimen organizado, como Edgardo Buscaglia, sostienen que los ingresos por estos conceptos son ya la mitad de los ingresos del crimen organizado, es decir que los cárteles mexicanos harían por lo menos otros 13 mil 800 millones de dólares secuestrando, extorsionado, robando gasolina y apropiándose de mercados piratas.

La verdad parecen cuentas alegres. En todo caso, no es por estos negocios laterales que los cárteles matan y se matan, desafían al gobierno y aterrorizan a la sociedad, sino por el negocio base, el de las drogas prohibidas, sus plazas y sus rutas.

Una cosa es que la legalización de las drogas no sea viable políticamente, por la ceguera de los gobiernos y el tabú bien sembrado de la prohibición, y otra que no sea el camino más efectivo para arrebatar al crimen organizado la fuente mayor de su peligrosidad: el dinero.

Legalizar las drogas sin duda terminaría reduciendo la violencia en México.