junio 23, 2011

Humberto y Rubén Moreira, el rostro oculto de la corrupción


No pateen esta extraordinaria oportunidad

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Hay que ser justos con la memoria. Existen al menos dos antecedentes directos de la reunión que tendrá lugar esta mañana en el Castillo de Chapultepec: la del Consejo Nacional de Seguridad Pública, agosto de 2008, aquella del “si no pueden renuncien”, de Alejandro Martí; y la estrujante secuencia de testimonios en Ciudad Juárez, febrero de 2010, tras la matanza de los jóvenes en Villas de Salvarcar.

El presidente Calderón se sentó, escuchó y aguantó vara en ambas. Hoy no será diferente con Javier Sicilia y las víctimas que lo acompañan en la Caravana del consuelo. Aunque hay un sentimiento de que esta vez el reclamo será más severo.

Ojalá Sicilia y los suyos no se pierdan en una altercación justiciera. Lo dijo en Ciudad Juárez: son las autoridades que tenemos, y con ellas tenemos que hablar. El néctar del movimiento surgido en Cuernavaca hace tres meses es firme, decidido, pero es suave, poético, es la voz del dolor. Triste sería verlo convertido en reyerta.

Ojalá, también, que el presidente Calderón y sus funcionarios (creo que fue un error de la negociación excluir a los apellidos centrales: García Luna, Galván, Saynez), no vean la reunión de hoy como un mal trago inexorable al que, una vez ingerido, le puedan dar trámite burocrático.

La oportunidad es extraordinaria. No debe patearla un gobierno que, dígase lo que se diga, se plantó frente a los criminales, los hijos de puta. No debe hacerlo el prometedor movimiento social que ha venido a decirnos que la tragedia 2007-2011, no es cosa de cifras, sino de mexicanos de carne y hueso, con nombre y rostro.

Extraordinaria oportunidad para nutrirse mutuamente.