julio 05, 2011

Paco Calderón

La coalición que no fue

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

Tampoco nos podemos llamar a sorpresa. Estaba dicho que sin alianza electoral entre las principales fuerzas de la oposición en el Estado de México, la elección de este 3 de julio pasado le resultaría al PRI un evento relativamente fácil de sacar adelante. Habita en esa entidad uno de los grupos políticos mas inescrupulosos en la operación electoral, fundado en un sistema de canonjías, chantajes y amenazas. La expresión más decantada de la cultura de la zanahoria y el garrote: el grupo Atlacomulco.

Y precisamente para eso se impulsaron las coaliciones electorales el año pasado y se intentaron en éste, para vencer en las más adversas condiciones de competencia electoral y en el ambiente más inhospitalario para la democracia, el enquistamiento político, el dispendio de recursos, el uso ilegal de las estructuras de gobierno, la parcialidad de los órganos electorales, la impunidad de una maquinaria que ha llevado a sus extremos el modelo mercantilista de las elecciones. El mismo que se puso en marcha durante el proceso y la jornada electoral pasada.

Sólo una coalición podía haberlos derrotado, porque estaban a la mano las estadísticas históricas, la experiencia éxitosa de las alianzas en Oaxaca, Sinaloa y Puebla que dejaron el sabor de la faena posible, y las encuestas recientes registraban el aumento de la opinión favorable que los mexiquenses iban teniendo sobre la necesaria unidad de las oposiciones. La consulta del 27 de marzo nos sorprendió a los propios organizadores en su nivel de participación y la contundencia por el Sí.

Enrique Peña Nieto lo supo siempre, que una coalición podría descarrilarle su proyecto, incluso desbarrancarle definitivamente sus aspiraciones; no porque el Estado de México represente el país o porque ahí se decida la elección del 2012 para los demás partidos, como ahora pretenden traducirlo. Era definitivo para él, porque el simple relevo del poder local, lo desnudaría de manera singular en la verdadera biografía personal y en su ineficaz desempeño como gobernador que la Televisión ha tenido el buen cuidado de ocultar, y lo que es peor, sobreponer a esa realidad un disfraz de modernidad y progreso.

Peña Nieto esperaba la coalición y temblaba parejo; por eso fue capaz de intercambiar el apoyo de sus bancadas legislativas al aumento de algunos impuestos a cambio de que los dirigentes del PAN y del PRI —teniendo como testigos de honor al secretario de gobierno del Estado de México y al secretario de Gobernación de Felipe Calderón—, rubricaran el pacto de no coaligarse para estas elecciones.

Puesto al descubierto ese pacto vergonzante, la idea de la coalición se abrió camino como reguero de pólvora. Y Peña Nieto se preparó para enfrentarla: diseñó un plan para controlar a los organismos electorales, tribunales, medios de comunicación. Usando maquinaciones rebuscadas y nefastas modificó la ley electoral para cancelar las candidaturas comunes, acortó el tiempo de las campañas para que no hubiera posibilidad de posicionamiento alguno por parte de un candidato opositor, ni comparación de plataformas, ni proselitismo. Sin tapujo, ni vergüenza realizó un descomunal gasto en imagen violando la Constitución y las leyes. Organizó a la estructura priísta de promoción del voto conforme a la división de áreas y dependencias del gobierno del estado, lo que acreditamos con el video que se tomó al Presidente de la junta local de conciliación y arbitraje en el que explicaba la operación, y que demuestra además el sistemático reparto desde el poder de beneficios materiales a cambio de votos. Acto hasta hoy impune.

Desde tiempo atrás introdujo la cizaña en los partidos de oposición para mantenerlos divididos y polarizados. También demostró cabeza fría cuando evitó cualquier riesgo de fractura interna o la posibilidad de nutrir desde sus filas al frente opositor. Cuando hizo candidato a Eruviel Ávila —contra su opinión por no ser uno de sus incondicionales—, demos

Pero Peña Nieto jamás sospechó contar con un apoyo fundamental, con el factor decisivo de su plan, inimaginable para los demócratas de México: el apoyo de Andrés Manuel López Obrador, que colocó sobre esa coalición el chantaje de su ruptura con el PRD si se realizaba. Rehenes desde hace tiempo de su satrapía —con la que los insulta casi a la par de como lo hace con sus adversarios—, las corrientes aliancistas y moderadas del PRD se plegaron a sus designios, en asombroso acto de autoinmolación política. Lo hicieron por la unidad, fue la explicación, pero les faltó decir que en torno de un fanatismo mentiroso que con frecuencia los desprecia.

No les dio ni un punto porcentual más de lo que ya tenían en 2009 las llamadas “izquierdas” del Estado de México, es probable incluso que hayan perdido puntos con relación a las encuestas de febrero y marzo, “pero ya ha quedado claro cuáles van a ser los reales competidores del 2012”, dicen algunos dirigentes del PRD —en continuación del autoengaño— al mismo tiempo que casi desaparecen en Coahuila, y se desfondaron en Nayarit, como nosotros los del PAN en el Estado de México.

El grupo Atlacomulco que tiene a la entrada de Toluca una estatua del profesor Carlos Hank González, en el mero Paseo de Tollocan, le debe una casi del mismo tamaño a Andrés Manuel López Obrador. Le ha dejado a su hijo predilecto el camino franco a la candidatura del PRI, para tratar de concretar la hipoteca mercantil celebrada con Televisa y la plutocracia salinista que pretende regresar al poder. La primera estatua puede ser homenaje a la impunidad. La segunda a la intolerancia.

El retorno de los brujos

Miguel Ángel Granados Chapa
miguelangel@granadoschapa.com
Plaza Pública
Reforma

El viejo PRI, que nunca se ha ido del todo, retornó triunfante al espacio electoral hace 48 horas, en que apabulló a la oposición, generadora en parte de su propia derrota, pero inerme ante los abusos de los gobiernos priistas que se propusieron corregir la tendencia que el año pasado y los primeros meses de éste había conseguido en apariencia el debilitamiento del partido antaño hegemónico, que se apresta a recobrar esa condición.

En rigor estricto, pese a las apariencias, el PRI no obtuvo ganancia alguna. Lo que en realidad ocurrió fue que evitó pérdidas como las que sus antagonistas le infligieron en 2010. Entonces le arrebataron los gobiernos de tres entidades donde no había habido alternancia. Ahora el PRI mantuvo en su poder las gubernaturas de Coahuila, México y Nayarit, y la mayor parte de los ayuntamientos hidalguenses, incluido el de Pachuca, que también ha gobernado siempre, salvo un trienio hace tres lustros.

Para evitar ser derrotado el PRI desplegó los arbitrios que le permitieron dominar la política nacional durante 70 años. En ese prolongado periodo el tricolor era un partido de Estado, sufragado por el gobierno federal y los de las entidades. Aunque en el último decenio no ha podido contar con recursos públicos federales para influir en las elecciones, sigue haciéndolo a través de las participaciones fiscales sin control. Esos recursos, agregados al colosal endeudamiento en que incurren los gobiernos estatales, hacen de sus gobernadores una munífica fuente de aprovisionamiento de su partido y sus candidatos.

Eso permite al PRI realizar campañas costosísimas e incontratables, como ocurría en los tiempos de su pleno dominio. Con dinero público, y acaso otros recursos procedentes de orígenes inconfesables, la ventaja priista se ha vuelto insuperable. En los estados donde anteayer hubo elecciones el pronóstico era fácil, como lo fue en el ámbito federal entre 1929 y 1994. Eran elecciones predecibles: se sabía con plena certidumbre quién ganaría la elección presidencial, como se supo en el proceso a punto de concluir que Rubén Moreira, Eruviel Ávila y Roberto Sandoval ganarían los comicios del 3 de julio.

La plétora de recursos de que disfruta el PRI le permite hacer campañas intensas y eficaces, con las que no pueden competir las de los opositores. Para citar el Estado de México, paradigmático de este retorno de los brujos, el 76 por ciento de los 48 mil espacios públicos (espectaculares y bardas, taxis y autobuses, etcétera) donde se pintaba o fijaba propaganda electoral fue utilizado para la propaganda de Ávila, mientras que Alejandro Encinas y Luis Felipe Bravo Mena sólo contaron con el 16 y el 8 por ciento respectivamente. Por si fuera poco, el gobierno estatal multiplicó su presencia en ese género de espacios, al aparecer en más de 2 mil 500. Una decisión judicial dispuso que 900 de ellos fueran retirados. El Instituto Electoral del Estado de México desacató en los hechos la orden.

Ése es otro de los viejos arbitrios recuperados del pasado en beneficio del PRI. En los años de su dominio autoritario, ese partido y el gobierno controlaban los órganos electorales. Superada por diversos motivos la breve primavera de ciudadanización, las autoridades electorales están de nuevo al servicio del PRI. Sus funcionarios y buena parte de sus consejeros son cuidadosamente escogidos para que gestionen los intereses priistas o impidan actos que los lesionen. Órganos electorales independientes pueden hacer cesar injerencias gubernamentales indebidas. Uno como el IEEM, para ponerlo de nuevo como ejemplo, sirve en cambio para solapar la ilegítima participación del gobierno. Un funcionario de la administración de Enrique Peña Nieto, Bernardo García Cisneros, fue filmado en una reunión con el alcalde de Valle de Chalco organizando los apoyos que recibiría el candidato priista (todavía sin ser designado entonces). En su carácter de presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje, era uno de los muchos servidores públicos de alto nivel a quienes se encargó organizar la intervención gubernamental en las elecciones. El órgano electoral desestimó los señalamientos en su contra, y con ello dio carta blanca a esa participación eficaz sí, pero ilegal, incluso delictuosa.

El propio Instituto acordó realizar revisiones precautorias del gasto de campaña. Uno de los defectos del sistema de fiscalización electoral es su extemporaneidad. Cuando se viene a saber si un candidato erogó más de lo dispuesto es demasiado tarde. Así ocurrirá con aquella disposición del IEEM porque la corrigió en beneficio de Ávila. Dejó de ser precautoria, porque ahora los resultados de la revisión serán conocidos cuando todo se haya consumado. Y aun si fueran contrarios al candidato priista el procedimiento será inocuo pues el beneficiario habrá sido declarado gobernador electo o tal vez ya haya tomado posesión en septiembre próximo.

La oposición unida ha podido hacer frente al abuso priista y a su dominación. La clave para el derrotar a gobiernos priistas en los estados donde no haya habido alternancia y el tiempo parece haberse detenido es la alianza opositora. Lo probaron los casos de Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Las coaliciones en Coahuila, México y Nayarit pudieron intentarlo. Pero las divisiones internas en el PRD impidieron que se consumaran y constituyeran un valladar al retorno de los brujos. El PRI apabulla, pero su oposición no acierta a practicar los modos de impedir que se la arrase.

Cajón de Sastre

Carmen Aristegui comenzó hace seis años a realizar su emisión de entrevistas en la programación en español de la más importante cadena de televisión internacional, CNN. De lunes a viernes, sin faltar siquiera en días de asueto, la brillante periodista ha conversado al aire con mandatarios latinoamericanos en torno de temas oportunos, como lo ha hecho también con líderes y especialistas mexicanos en política y problemas sociales. Su trabajo en esa emisora le ha valido el preciadísimo premio María Moors Cabot, y le ha permitido continuar en contacto con su público en momentos de crisis suscitados por su firme respeto a sí misma y su acrisolada ética profesional. En el tiempo en que dejó de estar en la radio (a su salida de XEW) y durante los días de su desencuentro con MVS, felizmente resuelto, su programa en CNN era un alivio a su ausencia.

Y, al final, nunca se ha ido…

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Fueron más de 30 puntos porcentuales los que dieron la gubernatura mexiquense a Eruviel Ávila.

No son fantasmas que “regresan”. No es el pasado que se nos viene encima para devorarnos el presente. No es que el PRI “regrese”, neta: el tema es que no se ha ido nunca... México llegó a la alternancia sin pasar por la famosa transición. ¿Cómo no iba a ser así, si toda la “estructura” construida por el partido tricolor es la que sigue operando y rigiendo la vida política de nuestro país?

Dicen que fue histórica, la paliza que este domingo le propinó el PRI al PAN y al PRD. Pero también vale la pena decir que, la del domingo, fue una jornada electoral que nos hizo, inevitablemente, recordar aquellos años en que, lo que hoy conocemos como el “viejo PRI”, llenaba plazas y, evidentemente, urnas. Eso entonces, ahora le quitamos el adjetivo (porque el de “nuevo” ya tampoco le queda tanto) y lo dejamos sólo en PRI, porque nos demostró que ése, su modelo, sigue siendo al menos electoralmente vigente. El PRI, el pragmático, el operador político, no desapareció con la alternancia. Tan pragmático y operador como para entender las reglas del juego democrático, y aprender a servirse de ellas.

¿O de qué otra forma explicamos que el domingo se haya llevado todo lo que estaba en juego? Las tres gubernaturas (Estado de México, Nayarit y Coahuila) y la mayoría de las alcaldías hidalguenses. Como en los viejos tiempos, carro completo para el PRI, sus candidatos salieron en autosardina y se irán bajando en sus puestos ganados. Pero ahora, carro democráticamente completo para el PRI… “Politicians are priistas by nature”, decía Adam Przeworski (uno de los politólogos más reconocidos en el EU), refiriéndose a la naturaleza cruda en la que los políticos del mundo entero entienden y ejercen el poder. Y éste, el “nuevo PRI” no lo deja mentir…

Fueron más de 30 puntos porcentuales los que dieron la gubernatura mexiquense a Eruviel Ávila. Y aunque en realidad el abstencionismo fue, como casi siempre, el protagonista inminente, el estudio de votantes que el domingo acudieron a las urnas nos arroja un dato extraño. La mayor parte de los votantes a favor del PRI fueron mujeres y se le agregaron (para sorpresa de no pocos) los “neovotantes”, es decir, jóvenes de menos de 25 años que, seguramente, para muchos fue el estreno de su credencial de elector. Y es que, lógicamente, ellos no conocieron al “viejo PRI”, para ellos es PRI, a secas y con una historia que a ellos no les tocó vivir. Según lo dijo el estudio realizado por CIDAC y Defoe.

Como si no hubieran pasado los años. O como si hubieran transcurrido para decirnos que en esos pasados años nos quedamos. No fue nada nuevo, las encuestas en la víspera ya nos vaticinaban los resultados del domingo, aunque los números reales fueron un tanto más sorprendentes de lo que se esperaba. ¿Indicio de lo que veremos en 2012? Tal vez…

Los partidos que perdieron, y mucho (ahí están los costos de tampoco contribuir a la verdadera “transición” democrática en nuestro país), tienen ahora la penosa y necesaria tarea de analizar sus próximos movimientos ahora que la elección presidencial se acerca cada día más. Y es que, aunque con la sucesión del gobierno en Michoacán como última parada intermedia, poca diferencia podría augurarse si no se plantean cambios de estrategia.

En el PRD, el perdedor no fue simplemente Alejandro Encinas, aunque pretenda asumir la responsabilidad (o quieran que así sea). Claro está que es Andrés Manuel López Obrador quien, queriendo o sin querer, le hizo la campaña al PRI al impedir la alianza PAN-PRD o, mejor dicho, al evitar que cualquier decisión en el interior del partido viniera del grupo de Marcelo Ebrard. Contrario al modelo priista que el domingo se llevó la victoria, el de AMLO quedó rebasado e hizo que el poder político del PRD quedara apenas en un 20% en el Estado de México (y eso sin repartir los votos del PT y Convergencia, que para el caso es lo mismo). La decisión de AMLO costó demasiado al PRD y, con ello, se hace evidente que el partido del sol azteca debió, y deberá, mirar hacia ese otro lado, el de Marcelo Ebrard, como camino viable a la construcción de acuerdos que sí les generen rentabilidad electoral. Del PAN, ni hablar: la ganadora es Josefina Vázquez Mota, por el simple hecho de no haberse subido a un coche que sabía chocado de antemano…

Por lo pronto, el 3 de julio no se olvida como referencia obligada para lo que seguramente veremos en los próximos 363 días…

El estado de México no es un laboratorio para el 2012

Luis Estrada
lestrada@spintcp.com
SPIN-Taller de Comunicación Política
Milenio



Luis Estrada presenta un balance de la jornada electoral del pasado 3 de julio en la entidad mexiquense.

México • Las elecciones para Gobernador del Estado de México de este domingo se asemejan a los comicios de 1993, no sólo porque el PAN postuló a Luis Felipe Bravo Mena y la izquierda a Alejandro Encinas, sino que ahora, como entonces, el PRI ganó en todos los distritos/municipios. El “carro completo” del candidato del PRI, Eruviel Ávila, implicó una ventaja de 40 puntos sobre Encinas y de 50 sobre Bravo Mena.

Para algunos, la baja participación (43%) pudo ser la causa de este resultado, provocada por las lluvias e inundaciones en diversas zonas de la entidad. Sin embargo, hay que evaluar también la poca motivación que tiene la gente para participar en una votación en la que las diferencias entre el primer, segundo y tercer lugar, es tan amplia. De hecho, la participación en Ecatepec y Nezahualcóyotl, los municipios más afectados por las inundaciones, fue ligeramente menor al promedio de la entidad (39% y 40%, respectivamente).

¿Dónde quedaron el “corredor azul” y el “cinturón amarillo”? Al parecer, estos dos conceptos no han sido lo suficientemente consistentes como para formar una tendencia, como se muestra en los gráficos. Tlalnepantla, por ejemplo, que había ganado el PAN en 1999 y 2005, le dio el triunfo el domingo pasado al PRI con 58%, dejando al PAN en tercer lugar. Otro caso: Naucalpan que había ganado el PAN en 1999 (pero perdió en 2005), votó por el PRI también con el 58%, mientras que el PAN apenas rebasó el 22%.

Por su parte, Andrés Manuel López Obrador ganó 79 municipios mexiquenses en la elección presidencial de 2006 (el mejor desempeño para la izquierda en la entidad), incluidos los municipios de Ecatepec y Nezahualcóyotl que tradicionalmente votan para gobernador por el PRI y que esta vez tampoco fueron la excepción: Eruviel Ávila ganó ampliamente en Ecatepec con 64% de los sufragios y Neza con 59%, mientras que el PRD obtuvo 26% y 32%, respectivamente.

Por esta razón, los presagios de la elección del Estado de México sobre los comicios presidenciales del próximo año están sobreestimados. El Estado de México no es el laboratorio de la contienda por Los Pinos. Sin embargo, sí existen algunas orientaciones del electorado que permiten visualizar dónde se encuentran las fuerzas de los diferentes partidos. De 2005 a 2006, 30 municipios que votaron por el PRI para gobernador, votaron por el PAN para Presidente (incluidos Naucalpan y Toluca); y 73 municipios que votaron por Enrique Peña Nieto para gobernador, posteriormente votaron por Andrés Manuel López Obrador (incluido Ecatepec).

Está por verse si los candidatos a gobernador del Estado de México tendrán algún efecto sobre la elección presidencial de 2012. Por lo pronto, un dato que llama la atención es que, mientras que Eruviel Ávila ganó 3 a 1 en su casilla al segundo lugar, Alejandro Encinas no pudo ganar en la suya, quizá a causa de su falta de residencia. Algunos analistas seguirán pensando que ese pudo ser el motivo principal de su derrota, que aún no ha aceptado.