julio 06, 2011

'baboso...' por Paco Calderón

Seguiremos en la lucha

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Candidato del PAN a la gubernatura del Estado de México
El Universal

El proceso electoral en el Estado de México ha finalizado y los resultados no favorecieron el proyecto de justicia y de cambio que encabecé junto con miles de militantes panistas y ciudadanos mexiquenses. En nombre de quienes me acompañaron en estos meses agradezco a todos los ciudadanos que de manera libre y honesta dieron su voto al Partido Acción Nacional. Es gracias a ustedes que seguiremos luchando por un Estado de México democrático y limpio, por una patria ordenada y generosa, como lo hemos hecho desde nuestra fundación.

Recorrer nuevamente el Estado de México me permitió llenarme de nuevas razones para continuar la lucha que no es únicamente electoral. Es urgente la transformación de nuestra provincia para lograr hacer de nuestro estado una tierra de oportunidades para todos los mexiquenses. Existen muchas historias de dolor que pueden ser cambiadas en historias de éxito para millones de familias. Nuestro tejido social está fracturado, pero aún estamos a tiempo para reconstruirlo, pues todavía prevalece la solidaridad en las comunidades; sólo hace falta apoyar más a quienes ya lo están realizando.

Para cerrar este capítulo de una batalla más en la lucha por la libertad y la justicia, quiero compartirles una serie de reflexiones que tenemos en torno a la campaña y a la jornada electoral. En el PAN estamos convencidos de que una elección democrática es un proceso que se constituye por varias etapas, todas igualmente relevantes. En el caso de la elección del Estado de México, observamos con preocupación que existieron irregularidades que no permitieron el buen desarrollo y equidad de las campañas.

En repetidas ocasiones señalamos el ofensivo dispendio de recursos, el uso del aparato de gobierno a favor de un candidato, así como la presión a la que fueron objeto los simpatizantes a lo largo y ancho del estado en actos que se dieron durante la jornada electoral. Fuimos testigos de un proceso claramente inequitativo que refleja la amenaza presente del autoritarismo en el Estado de México. No podemos omitir el señalamiento de muchos vicios y prácticas corruptas que permearon las elecciones del día 3 de julio. Repudiamos el resurgimiento de prácticas que deberían estar ya desterradas y que hoy han regresado con fuerza en estados gobernados por el PRI y en particular en el Estado de México. El uso de la policía estatal para acarrear militantes, entregar despensas, así como para intimidar y detener arbitrariamente el día de la elección a militantes del PAN, resulta deleznable.

Lo anterior constituye la expresión aberrante del abuso que creíamos había quedado en el pasado. En general el proceso electoral careció de un árbitro imparcial que realmente investigara las denuncias que las distintas fuerzas políticas presentamos como la referente al rebase de tope de campaña. Es increíble el cinismo con el que hoy militantes del PRI señalan que el PAN y el PRD nos guardamos los recursos de financiamiento, cuando lo dicen para justificar los más de dos mil millones de pesos que se calcula ellos gastaron, aproximadamente diez veces más el tope de gastos de campaña, violando las leyes electorales estatales. Mienten para evadir una respuesta obvia ante los ojos ciudadanos que vieron el dispendio de recursos por parte del PRI y sus aliados durante este proceso.

Muchas lecciones tenemos que aprender de este capítulo en Acción Nacional. Muchas acciones debemos de emprender a la brevedad. Sin duda, una muy importante será el buscar regresarle el carácter ciudadano e imparcial al órgano electoral. Tenemos que trabajar a gran velocidad para recuperar la confianza y la esperanza de la mayoría de los mexiquenses que fueron quienes no acudieron a votar. Fortalecer nuestras estructuras en todo el territorio estatal y nuevamente convocar a los ciudadanos comprometidos con la búsqueda del bien común y de más y mejores oportunidades para todos.

Por mi parte quiero hacer un reconocimiento y mi fraternal agradecimiento al equipo de campaña comandado por el Ing. Alfredo Rivadeneyra Hernández, a los de las redes sociales, a los twiteros, a los del Facebook, a todos los que siguieron nuestros videos en nuestra página web, a los representantes de casilla, a los representantes generales, a los comités municipales, al comité directivo estatal, al equipo de mujeres y jóvenes, a las organizaciones sociales, a los promotores del voto, a todos los panistas y ciudadanos mexiquenses así como a las personalidades que me acompañaron durante estos 45 días de campaña. Muchas gracias a todos y sigamos con la lucha por el bien de México.

¡Ya maduren!

Sergio Aguayo Quezada (@sergioaguayo)
Reforma

Las elecciones del pasado domingo despiden un fuerte olor a rancio. El PRI da un recital acompañado de sus mañas de siempre y los derrotados responden con infantilismos, como si la alternancia nunca hubiera existido. Elaboro el razonamiento concentrándome en el Estado de México.

Mientras el PRI presume su apabullante victoria, los partidos derrotados descalifican la calidad de la elección. Hablan de operación de Estado, de árbitros parciales, de voto comprado y coaccionado, de cochinero y trampas, de que el dinosaurio está vivo y, en síntesis, que vimos al PRI de siempre. Espléndida descripción de lo acontecido; lástima que en 2011 sean palabras gastadas, frases hechas, discurso arcaico. Les falta explicar cómo es que 62% de los jóvenes y 48% de los independientes pensaban favorecer al PRI días antes de los comicios (véase encuesta de Reforma, 22 de junio de 2011). En otras palabras, ¿por qué no hubo un rechazo ciudadano a las irregularidades y a la corrupción?

En nuestra versión de la democracia el cinismo avasalló al civismo. Encuestas de lo más diversas nos dicen que dos terceras partes de la población aceptan la corrupción que ha crecido durante la alternancia. En 1998 México estaba en el lugar 55 del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional; en 2010 habíamos descendido al lugar 98. Este quebranto en la ética social se refuerza con un notable incremento en el individualismo, lo cual significa que es socialmente aceptable hacer lo que sea con tal de obtener el triunfo. El PAN y el PRD pusieron su costal de arena porque en sus ámbitos de influencia se han olvidado de promover una cultura democrática que combata la corrupción. Hay excepciones, por supuesto, pero en términos generales no fueron capaces de diferenciarse del PRI. ¿Y ahora se asustan por lo sucedido en los comicios?

Esta explicación sobre lo que pasa en todo el país se confirma en la historia reciente del Estado de México. En las elecciones de 2006 el PAN y el PRD vapulearon al PRI y se hicieron del control de dos terceras partes del Congreso local. Ambos partidos tuvieron una oportunidad histórica para aprobar reformas que hubieran modificado de raíz las reglas con las que funciona la política en aquel estado. En lugar de eso las "corrientes" encabezadas por Higinio Martínez (PRD) y Ulises Ramírez (PAN) "negociaron" con el gobernador Enrique Peña Nieto y pospusieron los cambios; el PRI tuvo el tiempo y los recursos para recuperarse y aplastar a sus opositores en 2009 y en 2011, aunado a una interminable colección de abusos y despilfarros en los municipios que alguna vez gobernaron el PAN y el PRD. Ahora lloran y se lamentan cuando sólo cosechan lo que sembraron.

En la elección de este año tampoco lograron diferenciarse ante el electorado. Los programas de Luis Felipe Bravo Mena y Alejandro Encinas son bastante parecidos, de acuerdo con las investigaciones de Mariana Franco en Proceso (26 de junio de 2011) y de Leticia Ayala en Reforma (29 de junio de 2011). Hay también incongruencias entre el discurso y la práctica. En vísperas de las comicios, Encinas denunció que la llamada "Ley Peña alentó una campaña inequitativa". Tiene razón pero vale la pena recordar que tres diputados de Convergencia votaron en el Congreso mexiquense a favor de la Ley Peña que tanto contribuyó a las inequidades.

Los derrotados hablan como si siguiéramos en las décadas de los ochenta y noventa cuando el historial de agravios había engendrado un fortísimo antipriismo entre quienes se consideraban democráticos. Sus análisis se reducen a denunciar al PRI, y en el caso del PRD a presumir que mantuvieron la unidad y a pedir que tengamos paciencia porque prometen que la elección de 2012 será diferente. Esa evasión de la realidad ya no funciona. Algunos de ellos tienen que explicarnos, por ejemplo, el impacto que pudo haber tenido en la militancia el haber desechado la alianza con el PAN (80% de quienes opinaron estuvo a favor de esa unión). Tampoco aclaran cómo piensan combatir las corrupciones e incongruencias que anidan en su interior.

Las elecciones del pasado domingo fueron un día negro para la democracia. No pienso en la victoria del PRI, sino en la forma como la obtuvo y en las infantiles, ridículas y superficiales excusas que nos están dando las dirigencias del PAN y del PRD. Cuando se piensa en el futuro es particularmente preocupante su silencio sobre lo que piensan hacer para erradicar sus incongruencias y para combatir las corrupciones. Tampoco relacionan sus errores con la emergencia nacional.

Su única obsesión es seguir ganando elecciones aunque luego no utilicen esos cargos para atender las necesidades de las mayorías. Ya es hora de que recapaciten y se comporten como adultos responsables de sus actos. Si quieren que los tomemos en serio, hagan una autocrítica sensata y modifiquen su comportamiento. ¡Ya maduren!

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Agradezco las sugerencias de Bernardo Barranco y la información de www.votolimpio.org

La visión de los vencidos

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

AMLO ganó, por lo menos desde su lógica: cuanto más débil esté el PRD, más a merced de su movimiento queda esa estructura partidaria.

No hay eufemismos posibles, tampoco coartadas basadas en la ilegitimidad de los procesos: las derrotas del PAN y del PRD (con sus aliados de Convergencia, ¿todavía se llama así?, y el PT) en los comicios del domingo, para ser procesada, debe partir de ser admitida como tal: como una derrota en toda la línea, donde las excusas sirven para poco.

En el PRD las cosas asumen características de desastre para todos menos para López Obrador, cada día menos corresponsable de lo que sucede en ese partido. El ex jefe de Gobierno capitalino impuso a Alejandro Encinas como candidato en el Estado de México, aunque Encinas en varias oportunidades había demostrado ser muy poco competitivo, y cuando no tenía ni siquiera residencia en la entidad. Desde que compitió por la gubernatura hace 18 años, Encinas no se paraba por el Estado de México. Logró con eso dividir a su partido, operó en contra de lo que opinaba la dirigencia nacional y la local, se opuso a la posibilidad de establecer una alianza con el PAN, lo acompañó en esa jugada la nueva secretaria general, Dolores Padierna, que hasta el día de hoy no ha aparecido para hacer la menor autocrítica de su trabajo. Ese bloqueo llevó a otro, el de Nayarit, que aunado a la cerrazón de Guadalupe Acosta Naranjo de apoyar la candidatura de Martha García, le hicieron perder al PRD y al PAN la que sería la única posibilidad electoral cierta del pasado domingo.

Lo mejor de todo es que López Obrador, que se había hecho acompañar por Encinas en innumerables giras por el Estado de México, en cuanto éste fue candidato y asumió el discurso lopezobradorista, defensa del plantón de 2006 incluida, desapareció de la escena y, salvo un par de actos de campaña, nunca más acompañó al candidato. Sabía que sobrevendría la derrota y no quería estar ligado a ella. Ayer apareció para declarar que él no era responsable de la derrota de Encinas ni de los malos resultados electorales del PRD.

Y es que, con esas derrotas, López Obrador ganó, por lo menos desde su lógica: cuanto más débil esté el PRD, más a merced queda esa estructura partidaria de su movimiento; la idea es vaciar al PRD en el Morena y sumarlo a las dos otras instituciones que ha convertido en lazarillos políticos: el PT y Convergencia. Con eso tiene asegurada la candidatura. Un PRD que hubiera hecho alianzas en el Estado de México y en Nayarit, incluso en Coahuila donde, como hemos visto, no alcanzó ni el registro, se hubiera visto competitivo aunque casi un espejismo (¿el PRD es fuerte en Oaxaca, en Puebla, en Sinaloa?), pero eso no le conviene a AMLO porque lo aleja de sus aspiraciones. Las opciones del perredismo cada día son menores: asume su propio camino y ello implica que muy probablemente se tenga que olvidar de López Obrador o sigue amarrado al carro de cola de un candidato que no lo toma en cuenta y que cada vez que puede se desembaraza de él.

En el caso del PAN insistimos en un punto: los tiempos se le han acortado vertiginosamente con estas campañas y con estos resultados. No puede seguir teniendo siete precandidatos, tampoco cinco o cuatro si asumimos que Javier Lozano (que hubiera sido realmente muy competitivo) cada día aparece más cercano a Ernesto Cordero, que Emilio González ni siquiera cuenta y que Heriberto Félix hace mucho que dejó de presentarse como caballo negro. Del gabinete debe aparecer un solo precandidato y por su parte Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel tendrán que decidir qué hacen con esas dos precandidaturas alternas. Sea Cordero o Lujambio el impulsado desde el gabinete, la decisión se debe tomar en estos días y concretar la salida a más tardar el 15 de septiembre: para esa fecha, si es Cordero tendrá que haber presentado la iniciativa de Presupuesto, y si es Lujambio, con el inicio del ciclo lectivo podrá decir adiós a sus funciones. Ello coincidirá también con la transmisión del poder en el Estado de México, un momento a partir del cual Peña Nieto se podrá concentrar en el trabajo proselitista y volará hacia la candidatura. Sus opositores, que ya están muy rezagados, no pueden permitirle un margen aún mayor porque les será imposible alcanzarlo.

Muchas veces hemos dicho que 2012 no será como 2006. El sacar al PRI de Los Pinos, que funcionó en 2000, se convirtió en el peligro para México de López Obrador en 2006, pero no puede convertirse en un antipriismo visceral para 2012, menos aún en una nueva versión sin cambios, sólo con más participantes de la historia, de la mafia que enarbola López Obrador. Se requieren propuestas concretas, trabajo político, estructuras partidarias operativas y, sobre todo, un nuevo perfil de dirigentes y candidatos, que ni el PRD ni el PAN tuvieron en estas elecciones y deberían mostrar en 2012. Dirían en el lejano 68 que tienen que llevar la imaginación al poder. Hasta ahora, imaginación es lo que menos han mostrado.

Graciosa huida de López Obrador

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Como suele hacerlo, Andrés Manuel López Obrador intentó de nueva cuenta escaparse por la tangente tratando de hallarle cuadratura al círculo:

“Yo acuso a Carlos Salinas, a Enrique Peña, a Elba Esther Gordillo y a Televisa de aprovecharse de la pobreza del pueblo y de la ignorancia de amplios sectores de la sociedad para implantar en México una dictadura encubierta…”.

Acusó de nuevo a “los medios” de un imaginario “cerco informativo”, y atribuyó la derrota de Alejandro Encinas a su más cacareado petate del muerto: “la mafia del poder”, a la que aludió ¡23 veces!

Impermeable a la autocrítica, sigue haciéndole al Tío Lolo con el embuste de que las culpas, siempre, son de otros.

En los otros incluye a más de tres millones de electores del priista Eruviel Ávila, pues “la mafia del poder” los manipuló hasta el grado de que, ofendió, “así gana hasta una vaca…, con perdón de las vacas”.

¡Chíngale!

¿Le importará que Marcelo Ebrard, también ayer, echó a Encinas una responsabilidad que, sobre todo, es de él, Andrés Manuel López Obrador?