julio 11, 2011

El PAN enfermo

Germán Martínez Cázares
Ex-presidente nacional del PAN

El Partido Acción Nacional padece una enfermedad. Una dolencia grave y aguda.

Su achaque tiene tiempo. La causa no está fuera del PAN. Es interna y profunda. No se aloja en el PRI, o en las encuestas, ni en los medios de comunicación. No es un complot externo contra los panistas.

No es, tampoco, la causa de ese dolor, como dirán los puritanos "porque llegó al poder". Los males del PAN no le vienen de tener poder. Conquistarlo y retenerlo es esencia de un partido político. Su enfermedad se manifiesta con algunas maneras de "ser panista" y con algunos "estilos" de gobernar.

Esa afección tiene postrado al PAN frente a las urnas. Perdió su ánimo, parece envejecido. No encanta a los jóvenes y dejó de entusiasmar a muchos ciudadanos. Perdió la ganas de ganar, como un enfermo pierde las ganas de comer.

Luis Felipe Bravo Mena pagó, injustamente, en el Estado de México gobiernos municipales panistas de mentiras, pillos y pillajes. ¿Cómo nos iban a creer los mexiquenses que limpiaríamos la casa, cuando los diputados panistas aprobaron las cuentas de Arturo Montiel?

Pero esos son síntomas de la enfermedad. La enfermedad panista viene de una traición a la libertad. Porque el PAN le dio la espalda a su carácter libertario fracasa electoralmente. (Me incluyo y reconozco ese error, cuando fui presidente nacional del PAN).

Estos son algunos botones de muestra:
 
1. Traicionamos nuestro credo de libertad sindical. Aunque acabamos con los privilegios del sindicato de electricistas. No combatimos frontalmente el corporativismo laboral. En educación, privilegiamos a la cúpula sindical y descuidamos a los maestros y a los padres de familia. Una perla más: en algún estado conocí una "sindicato azul", vulgar copia de los priistas. La ¡asociación de taxistas, Manuel Gómez Morin!

2. En la más reciente reforma electoral, traicionamos nuestra fe liberal. Quienes impulsaron esa reforma constitucional, lo hicieron con el hígado y no con la cabeza, con el fin de dañar a las televisoras. El resultado está a la vista: nadie puede contratar libremente tiempos de radio y televisión, y el supuesto control al dinero en nuestra democracia es un fracaso.

3. Dudamos al apoyar el libre desarrollo de empresas y el impulso a la iniciativa privada para generar crecimiento. En cambio muchos panistas se han convertido en gestores de dinero y programas públicos. En el PAN se escucha cada día más cómo "bajar recursos" de la Federación y, se oye menos cómo producir recursos desde el municipio.

4. Creímos que las coaliciones con el PRD eran el remedio a nuestra enfermedad. Agudizamos el mal. Con los enemigos de la libertad hipotecamos la modernización del país. ¿Queremos más subsidio al campo como el PRD? ¿Más privilegios sindicales o más productividad y competitividad? ¿Queremos a Pemex cerrado o abierto al mundo? ¿Queremos finanzas sanas o seguir gastando y endeudando sin control? ¿Son o no sus políticas públicas un peligro para México? Con esas alianzas cedimos libertad.

5. Explicar la bondad de la libertad requiere inteligencia, preparación, coraje, retórica. Los panistas hemos preferido "armar estructuras electorales"; es decir, formar rebaños de simpatizantes, que sin aprecio por la libertad apoyan y oyen instrucciones sin deliberación. Reciben "línea". En realidad esas "estructuras" son grupos personales que siguen apellidos, montan grillas y generan división interna.

6. Hemos dudado de la libertad de expresión. No hemos dado un lucha frontal por defenderla. Ni cuando la delincuencia amenaza o asesina a un periodista, ni cuando el IFE o el Trife imponen mordazas y silencio a los políticos.

El PAN está enfermo, pero no desahuciado. Su medicina es una fuerte dosis de libertad para recuperar discurso político propio, identidad de futuro, compromisos de modernidad. Así, los electores empezarán a ver una alternativa confiable, que no ofrecen los triunfadores del Estado de México, ni los que gobiernan el Distrito Federal, lugares donde más se deja sentir el padecimiento panista.