julio 17, 2011

'La de malas' por Paco Calderón

El procesador cuántico está a la vista

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

A riesgo de aburrir lectores, para comprender el salto que ha dado en esta semana la carrera hacia la computadora cuántica, es necesario resumir puntos tratados de manera más amplia otros domingos. Puede usted no leer del 1 al 3:

1. La comunicación con nuestras computadoras se da en lenguaje binario: 0 (cero) o 1. Cada dígito de estos dos es un bit de información: el mínimo posible, sí o no. El 1 se expresa como paso de electricidad en un transistor, el 0 como ausencia. Un octeto de bits hace un byte. Los forman todos los posibles arreglos de ceros y unos, en 8 posiciones.

2. En el mundo subatómico ocurre algo inimaginable: superposición de estados. Antes de una observación, un electrón está en varias posiciones a la vez, con diversa probabilidad. Puede estar pasando por un puente de transistor y, a la vez, estar no pasando. Así tenemos 1 y 0 simultáneos. Cada byte se multiplica por un número enorme de posibilidades. Ese estado simultáneo, bit cuántico, se denomina qubit.

3. Hay otro fenómeno que causó la ruptura definitiva de Einstein con la cuántica: lo que en inglés se llama entanglement: enlace, entrelace. Sostiene que dos partículas creadas de forma simultánea se siguen comportando como una sola, aunque estén alejadas por años luz. Ese absurdo fue prueba de que la física cuántica en algún momento había perdido la brújula. Se llamó paradoja EPR (Einstein, Podolsky, Rosen). En 1983 Alain Aspect probó que la paradoja ocurría: la extravagancia EPR venía de la naturaleza.

Un ejemplo cotidiano sería: dos personas arrojan una moneda y descubren que siempre que una obtiene cara la otra, sin duda, es cruz y viceversa… Eso, absurdo porque las monedas no pueden comunicarse, es lo que predice la cuántica, alejó a Einstein de su propia criatura y Aspect en París probó que ocurre. Y es la base de la computación cuántica que avanza a grandes saltos. Acaba de dar otro.

El problema práctico es el siguiente: una partícula pierde su superposición de estados con una observación o cualquier otra alteración del medio. Al entanglement le ocurre lo mismo: es frágil y desaparece.

Al unir la superposición de estados (0 y 1 a la vez) con el entrelace se obtiene un procesador que resolvería en segundos lo que hoy tomaría años a las más potentes supercomputadoras. En otras ocasiones hemos visto cómo los físicos han logrado sostener la superposición de estados y el entrelace por tiempo suficiente para realizar breves operaciones.

La novedad publicada hace días en los Physical Review Letters parece haber resuelto lo necesario para un procesador cuántico. El equipo de Olivier Pfister, en la Universidad de Virginia, logró crear un gran número de qubits entrelazados, algo llamado Qmode, al que no encuentro más traducción que Qmodo. El equipo empleó lásers para conseguir 15 grupos de cuatro Qmodos cada uno. Así tuvieron 60 Qmodos. Cada Qmodo con un color definido de forma muy precisa.

Un láser es eso: un haz de luz con gran pureza, luz coherente porque está en fase (entre dos puntos cualesquiera del rayo hay idéntica longitud y frecuencia). El término viene de las siglas en inglés para Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation: l.a.s.e.r). El equipo consiguió mediciones exactas del número de cuantos de luz (fotones): “Con este resultado, esperamos avanzar de una multitud de pequeños procesadores cuánticos a un masivo procesador cuántico entrelazado, prerrequisito para cualquier computadora cuántica”, dice Pfister.

Las dificultades matemáticas que deberán ser resueltas son del tipo que una computadora cuántica manejaría sin problema: es como desear la gallina cuando aún no se tiene el huevo. Pero se pueden resolver por medio de computación clásica. “Esto tendrá enormes implicaciones sociales, como volver obsoletos todos los actuales sistemas para encriptar datos, e implicaciones científicas de primer orden al abrir asombrosas posibilidades de cálculos para sistemas de extrema dificultad, tales como los sistemas de moléculas biológicas”, dice Pfister.

Para dar una idea del cambio en la vida cotidiana, pensemos en nuestras claves para cajero automático: no podemos hacer más de tres intentos erróneos precisamente porque, si nos dieran un día entero, podríamos probar todas las combinaciones posibles con cuatro números. Las claves militares e interbancarias se crean pensando en una dificultad que exija cien años o más con nuestras actuales supercomputadoras para ser resuelta. Todas serían ya obsoletas.

“La computación cuántica”, señala Pfister, “puede ser resumida en términos de procesamientos de qubits; computación basada en sistemas de un único elemento, tales como átomos o bien ondas de luz monocromática (láser) como unidades de memoria”.

Imprimido, impreso: “Sus impresos no los he imprimido, se los tengo mañana”. El verbo va con el participio regular: imprimido. Lo estamos perdiendo, perder es empobrecer.

Maravillas y misterios de la física cuántica, Cal y Arena 2010.

Mi página web: www.luisgonzalezdealba.com

Delirios guajiros

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

AMLO nunca ha reconocido sus derrotas. Es más, ni siquiera reconoce las encuestas. En 2006, a partir del momento que le fueron adversas, descalificó todos los sondeos de opinión

1.AMLO ya acordó con Marcelo Ebrard un método para elegir al candidato de la izquierda: una encuesta y dos debates.

Regla elemental: lo acordado no está acordado hasta que se pone en práctica. Así que falta todo por recorrer.

La propuesta de Ebrard es una encuesta abierta a la población. Porque de otro modo, dice el jefe de Gobierno, sólo se conocería la intención de voto del PRD, Convergencia y Partido del Trabajo.

La verdad está en que si la encuesta se limita a los simpatizantes del PRD la ventaja de AMLO sobre Ebrard es arrolladora. Según Mitofsky (24-27/jun/11), 63 por ciento a favor de López y 30 por ciento por Ebrard.

Entre los electores independientes la relación se invierte, pero en una proporción menor: 31.8 por ciento por Ebrard vs. 24.7 por ciento por AMLO.

Ahora bien, su competitividad frente a Peña Nieto es similar: AMLO 18.4 por ciento vs. Peña 47.9 por ciento. Ebrard 16.7 por ciento vs. Peña 45.8 por ciento.

La pregunta entonces se formula por sí sola: dados esos números, ¿por qué AMLO aceptaría someter la elección del candidato a una sola encuesta abierta a la población?

Es de esperar que, más allá de sus buenos deseos, Ebrard y "Los Chuchos" tengan una respuesta concisa y precisa. ¿La tienen?

2. AMLO jugará derecho: si gana, gana, y si pierde, pierde.

¡Ajá! La historia del personaje no miente. Nunca ha reconocido sus derrotas. Es más, ni siquiera reconoce las encuestas. En 2006, a partir del momento que le fueron adversas, descalificó todos los sondeos de opinión.

El tiempo no ha mellado ni su temple ni sus convicciones. Hace unas semanas hizo una declaración tronante: en 2006 ganamos por una diferencia de 10 puntos, pero nos robaron la elección. En 2012 nos impondremos con 20 puntos de diferencia.

Sólo los ingenuos -o los tontos- pueden negar la evidencia. AMLO tiene seis años en campaña, ya montó su red de apoyo (Morena) y tiene bajo su férula al Partido del Trabajo y Convergencia.

No hay forma que se baje de ese caballo a menos que él quiera. Pero no hay motivo ni razón para que lo quiera. Y por si fuera necesario: a confesión de parte, relevo de pruebas.

Allí está su declaración más reciente: "No me quieren ver en las boletas, pero no les voy a dar el gusto. Voy a estar en las boletas como candidato de un partido, dos o tres" (Reforma, 14/jul/11).

¿Entendiste, Marcelo, o es necesario que te lo expliquen?

3. La elección del Estado de México quedó atrás. Hay que ver para delante.

No. La elección en Edomex no quedó atrás, está adelante. El 2012 tiene ya su impronta. Los derrotados tienen nombre y apellido: Ebrard y "Los Chuchos".

Les pasó por encima una aplanadora y más vale que lo reconozcan. AMLO mostró su músculo y no hubo valiente que se resistiera.

Lo importante no es la victoria psicológica, que también es; sino la victoria política en toda la línea.

4. El responsable de la derrota en el Estado de México es AMLO.

A estas alturas del partido el debate resulta irrelevante. Pero además, para desgracia de Ebrard y "Los Chuchos", los números no avalan semejante tesis. Los votos sumados de Bravo Mena y Alejandro Encinas no superaron los sufragios por el candidato del PRI.

Por eso nadie le puede pasar la factura. El fracaso debería obligar a tirios y troyanos, perredistas y panistas, a emprender un examen de conciencia: ¿qué estamos haciendo mal? ¿Por qué desaparecieron los corredores azul y amarillo que existían en el Estado de México? ¿Qué han hecho bien los priistas?

En lugar de eso, los perredistas se han arropado en la denuncia de un gran fraude y, al hacerlo, entran en la lógica y el discurso de AMLO.

5. En torno a Marcelo Ebrard se podría forjar una amplia alianza que incluyera al PAN.

El delirio perredista alcanza a Ebrard, "Los Chuchos" e incluso al propio fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas.

La amplia alianza que imaginan y desean para el 2012 es la del jinete y el caballo, es decir, la ven con buenos ojos, la aclaman y promueven, siempre y cuando el candidato sea Ebrard.

La otra posibilidad, Josefina Vázquez Mota, Creel o Cordero, ni siquiera la consideran. No la ven ni la oyen.

El proyecto, sin embargo, no se sostiene. Aun cuando pudiera contar, cosa que no es imposible, con la bendición de Felipe Calderón, el PAN y el electorado panista, para no hablar de los independientes, no entrarían en esa lógica.

Pero hay algo más. Semejante propuesta, por irreal que sea, impulsa la carrera de AMLO por la candidatura del PRD a la Presidencia. Le da armas para denunciar la traición que cocinan Ebrard y "Los Chuchos".

6. Marcelo Ebrard irá hasta el final. Pase lo que pase, no cederá.

Falso. Ebrard irá tan lejos como se lo permita AMLO. De entrada, no es probable que el método de selección del candidato se limite a una encuesta abierta a toda la población.

En términos estrictamente lógicos ambos tienen argumentos fundados. Y frente a dos derechos encontrados, sentenciaba Marx, decide la fuerza.

Pero aún en el caso de que Ebrard impusiera su punto de vista y obtuviera la victoria en una consulta abierta, AMLO tendrá bajo la manga la solución final: yo seré candidato llueva o truene, aunque sólo sea por PT y Convergencia, o te sumas o te atienes a las consecuencias, que incluyen una ruptura del PRD. Fin de la historia.

7. Nueva Izquierda se fajará y no permitirá que AMLO se salga con la suya, a menos, claro está, que obtenga la victoria por el método acordado.

¡Sí, cómo no! El PRD no es una formación de corrientes ideológicas, es un partido de tribus e intereses. Su verdadera cohesión está en el presupuesto y nadie quiere perdérselo. Amén.