agosto 04, 2011

'Morelia presidencial' por Paco Calderón



Encuestas, balas y votos

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

¿Cuál es la agenda electoral de las bandas del crimen organizado que operan en Michoacán?

La pregunta es pertinente porque en Tamaulipas, unos días antes de la jornada electoral para elegir gobernador del estado, un grupo criminal decidió que no quería a Raúl Torre Cantú en el Palacio de Gobierno y lo ejecutó. Se trató de un operativo de precisión que sigue impune. El gobierno federal y el estatal se llenaron la boca asegurando que no habría impunidad, que los responsables serían presentados ante un juez, pero nada ha ocurrido. Poco se habla del crimen y menos de sus responsables. De manera reiterada he sostenido que esclarecer ese crimen, el del candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas, hubiera puesto al descubierto la intrincada red de complicidades entre la delincuencia y las autoridades, civiles y con uniforme, en ese estado. Tal vez por eso mismo no se ha registrado avance alguno. No descarte usted, amigo lector, que cuando lo juzgue oportuno la autoridad culpará “a Los Zetas” y a otra cosa.

Malos recuerdos.- En Michoacán, en la zona de Apatzingán precisamente, comenzaron los llamados Operativos Conjuntos, que fue la propuesta del gobierno de Felipe Calderón para combatir a las bandas del crimen organizado. De un día para otro, vehículos militares se metieron en calles y callejones de la localidad para combatir a los pistoleros de la Familia Michoacana. Han pasado los años y no hay avances. Apatzingán sigue siendo tierra sin ley; o mejor dicho, sigue siendo una tierra donde la ley la imponen los criminales, que ahora usan del desorbitado nombre de Caballeros Templarios.

¿Qué pasa en esa zona? ¿Por qué el gobierno federal no ha podido con el paquete? ¿Qué papel juegan las autoridades municipales? No es una metrópoli descomunal, sino un sitio relativamente pequeño. Apueste usted, doble contra sencillo, que el alcalde y su equipo de trabajo conocen por nombre, apellido y apodo a los delincuentes que ahí operan. Saben dónde viven, quiénes son sus parientes, cuáles son sus guaridas. Todos siguen tan campantes.

La pregunta es si La Tuta, como se le conoce al profesor normalista Servando Gómez, terminará siendo el gran elector en Michoacán. Si el grupo de pistoleros que comanda decidirá quién participa en la contienda y quién se queda tirado en la cuneta. La Familia y Los Templarios han externado de muchas maneras su interés en participar de manera directa en la cosa pública, no les gusta esconderse, sino exhibirse. El agravante en este caso es que dentro del menú partidista aparece el nombre de Luisa María Calderón, hermana mayor del Presidente de México.

¿Cuántos guaruras se necesitarán para resguardar la integridad de Cocoa? ¿La candidata panista hará campaña en Apatzingán? Las elecciones de Michoacán no tienen ni de lejos la importancia numérica de las que se llevaron a cabo en el Edomex, claro que no, pero sí representan una prueba de fuego para el Estado mexicano en su conjunto, comenzando por las fuerzas federales, pero también para los organismos electorales y para los partidos políticos y sus candidatos. Serán también, a su manera, un laboratorio para demostrar si el Estado está capacitado para imponer la ley en todo el territorio, o si hay regiones que escapan a su control.

Encuestadores.- Es una noticia magnífica que los trabajadores de dos conocidas casas encuestadoras que fueron secuestrados en las inmediaciones de Apatzingán hayan sido liberados sanos y salvos. No se sabe todavía quién los retuvo, si fue un grupo criminal o un grupo policiaco. Lo que preocupa es la libertad de movimientos de que gozan en una zona supuestamente plagada de agentes federales. Pueden secuestrar a nueve personas y sus vehículos y después liberarlos en donde quieren y cuando se les antoja. Una vez más demostraron que hacen lo que se les pega la gana. En esta oportunidad se tentaron el corazón y no le quitaron la vida a sus secuestrados. Si alguien se tranquiliza con el anuncio de que la PGR tal vez atraiga el caso, lo mejor es que recuerde que el caso del asesinato del candidato a gobernador de Tamaulipas también está en el escritorio de la procuradora y, a más de un año de distancia, todo sigue en la más completa oscuridad.

Reflexión imaginaria

Jorge G. Castañeda (@JorgeGCastaneda)
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

Como casi siempre, las recientes declaraciones de Vicente Fox sobre las perspectivas del retorno del PRI al poder en 2012 causaron revuelo: en las filas de su partido, en la comentocracia, e incluso entre algunos priistas que aprovecharon la oportunidad para meter cizaña. En el fondo Fox no dijo nada del otro mundo, simplemente que tenía ideas sobre las elecciones de 2012, y que consideraba que el gobernador del Edomex pertenecía a una nueva generación de priistas nacidos políticamente en la democracia. Detrás de esto, sin embargo, quizás hay algo más que un exabrupto de Fox, o un nuevo pronóstico sobre el resultado.

Nunca le he disputado a mi querido amigo Rubén Aguilar el privilegio de ser el intérprete y traductor de Fox. Nadie lo ha hecho tan bien como él, y sólo podemos lamentar que los sucesores de Fox y Aguilar hayan decidido suprimir esa función. Por tanto, no trataré de explicar lo que quiso decir Fox con estas declaraciones, porque no tendría la más remota idea. De lo que sí tengo idea es de cómo piensa Fox en general, y de cómo piensan, en general, los expresidentes de México a propósito de lo que viene después de su primer sexenio de travesía en el desierto. Hay mucha gente en México que conoce mejor que yo a uno u otro expresidente; pero posiblemente tenga yo más familiaridad que muchos con el conjunto de expresidentes, y sin tener una relación muy cercana con alguno de ellos. Por eso, y porque en una cena hace un año en su casa en Guanajuato, en compañía de Marta Sahagún y de Héctor Aguilar Camín, escuché parte del pensamiento de Fox sobre las elecciones de 2012 atrevo lo que sigue. No es ni mucho menos lo que Fox dijo, ni lo que quiso decir, ni lo que el propio Fox pueda verbalizar fehacientemente. Pero creo que es lo que lo mueve. El primer Presidente de la alternancia en México ha sido sujeto, como todos sus predecesores, a la ley del hielo aplicada por su sucesor. Al día de hoy Felipe Calderón no ha visitado el Centro Fox, maltrató a buena parte de los colaboradores de Fox, y ha filtrado un doble subtexto de lo que piensa de ese sexenio: irresponsabilidad y negligencia en el combate al narco; y frivolidad, ignorancia, incultura, falta de solemnidad y de respeto por la investidura en la forma de gobernar. Y un pecado más: gobernar, justamente, más con personas ajenas al PAN que con panistas duros. Me figuro la siguiente reflexión: Fox piensa "yo no soy muy responsable, soy inculto e ignorante, quizás no muy inteligente, no me puse la camiseta del PAN, no fui un gran político capaz de construir alianzas, ni de lograr resultados extraordinarios en materia económica, social e internacional, o de aprobar reformas importantes, en pocas palabras fui medio pendejo". Pero Fox puede también pensar: "aunque pude hacer algo importante: entregar la Presidencia a un candidato ganador del PAN que no era mi candidato, pero que terminó por serlo. Mi sucesor inteligente, con una cultura superior a la mía, que le devolvió la solemnidad a la investidura y que sí tuvo los pantalones para enfrentar al narco, en otras palabras, que es un chingón, parece que no va a poder alcanzar este mismo objetivo: entregarle el poder al candidato del PAN en 2012".

Me da la impresión de que no se requiere de mucha más sabiduría ni perspicacia para entender los verdaderos motivos de Fox, sin duda inconscientes y desconocidos para sí mismo, para decir lo que dijo sobre el PRI y Peña Nieto. Es muy probable que las declaraciones y sentimientos de Fox en los próximos meses incidan muy poco en el resultado del 2012, y es muy posible que él y sus allegados consideren que la explicación que doy es aberrante. Pero en una de esas valdría la pena buscarle por ahí: qué le hubiera respondido Pepito a su maestra cuando le preguntara: ¿qué quieres ser de grande, como Fox o como Calderón?

¿A quién le importa si es de izquierda?

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Ebrard me parece un hombre de Estado mucho mejor formado que AMLO.

¿A quién le importa si Marcelo Ebrard es de izquierda o de centro? Es más, ¿quién puede definir hoy dónde se ubican la izquierda, el centro, la derecha, en el escenario político? En lo personal, siempre he creído que, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador es un restaurador conservador: su discurso podrá ser muy nacionalista; su oposición al gobierno, muy ruda; sus denuncias contra “la mafia que nos robó el poder”, insistentes, pero eso no lo hace de izquierda, mucho menos que simpatice con el régimen cubano o el de Hugo Chávez, tan autoritarios como el tabasqueño.

Se podrá decir que el ser o no de izquierda se define por la actitud ante el capital privado. En parte es verdad y Ebrard reconoce que quiere una economía abierta, pero siguiendo con nuestra comparación, no es que AMLO no haya hecho negocios con la iniciativa privada: denuncia a la “mafia” como un grupo de poder económico, pero trabajó y mucho con otros grupos. Recuerdo, en su registro como candidato presidencial para 2006, cómo en la primera fila de invitados estaban los empresarios constructores que hicieron tan buenos negocios en el GDF entonces.

En todo caso, la diferencia, lo que debería distinguir el progresismo del autoritarismo, es la transparencia, y el movimiento de Andrés Manuel sigue siendo, durante y después del gobierno capitalino, una de las historias menos transparentes de la política nacional. Hoy, simplemente no sabemos de qué vive su movimiento y las obras viales del DF de su gobierno continúan siendo consideradas información clasificada.

¿La actitud ante el dinero definirá las posiciones en la geometría política? Resulta indudable que René Bejarano y Dolores Padierna se han convertido, siempre lo fueron, en operadores privilegiados del ex jefe de Gobierno y son ellos los que más insisten en que Ebrard no es de izquierda como su jefe López Obrador. Lo cierto es que han pasado ya seis años y Bejarano no nos explica a dónde fue a parar el dinero con el que extorsionaba a Carlos Ahumada. ¿Es de izquierda extorsionar a empresarios?, ¿el fin justifica los medios?

Visto el debate reciente, se podrá argumentar que es el pasado lo que determina el ser o no de izquierda. Esa consideración siempre fue imposible de sostener, pero si vamos a eso, resulta que López Obrador, como la mayoría de los dirigentes del PRD, tienen origen en fuerzas que no eran en absoluto de izquierda. Ebrard era un importante dirigente en el DF durante el salinismo, eso es inocultable, pero casi al mismo tiempo López Obrador era el presidente del PRI en Tabasco con Miguel de la Madrid y se encargaba, personalmente, de escribir el himno de ese partido en su estado natal. No se fue del PRI por divergencias ideológicas, sino porque le quitaron la presidencia del partido y le impidieron ser presidente municipal de Macuspana.

Creo que fue Ludolfo Paramio, un conocido teórico español, uno de los que buceó en qué era la identidad de izquierda después “del diluvio” como él le llamaba a la caída del Muro de Berlín. Y Paramio decía, con otras palabras, que el ser o no de izquierda en la actualidad se definía, en buena medida, por la posición ante las libertades individuales, los derechos, las obligaciones sociales y la democracia. Y básicamente por la tolerancia. Y en ese sentido, no cabe duda de que el gobierno de Ebrard en el DF, e incluso su trayectoria anterior, ha sido mucho más liberal y tolerante que la de López Obrador. Durante su administración, el ex candidato presidencial nunca realizó reformas que ampliaran derechos y libertades individuales, se cerró ante los críticos y los descalificó, no dio y no da hasta el día de hoy una entrevista con alguien que tenga un discurso crítico a su persona, calificó como pirrurris a quienes protestaban por la inseguridad. Se podrá estar o no de acuerdo con las reformas impulsadas durante el gobierno de Ebrard, pero esas son en buena medida las que marcan las diferencias entre el progresismo y el conservadurismo (que creo que es una distinción mucho más clara que la izquierda y la derecha).

En lo personal siempre he considerado a Ebrard, y lo conozco desde hace muchos años, como un liberal en términos personales progresista y bastante más tolerante que muchos de sus compañeros de partido. ¿Alcanza para calificarlo de izquierda? No lo sé, creo que no me importa y tampoco le importa demasiado a la gente. Sí sé que me parece un hombre de Estado mucho mejor formado que López Obrador y que tiene una visión global de las cosas de la que no goza su rival interno en el PRD. En última instancia, habrá que ver si el PRD y los que se denominan a sí mismos de izquierda quieren un candidato liberal y progresista competitivo entre la gente o un candidato que represente ese conservadurismo nacionalista, restaurador, que tantas veces se dice de izquierda sin serlo.