agosto 10, 2011

Delfines eléctricos

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio


La evolución produce adaptación. Es por ello que muchas de las características de los seres vivos parecen haber sido diseñadas por una inteligencia superior. Pero en realidad son producto de un proceso ciego de prueba y error —la selección natural—, que muchas veces toma las piezas disponibles para crear órganos novedosos. El biólogo evolutivo Stephen Jay Gould postuló el término, “exaptación” para nombrar a los caracteres surgidos para una función específica que luego son aprovechados para un nuevo uso.

Recientemente se descubrió que el delfín costero Sotalia guianensis tiene la capacidad de detectar campos eléctricos para buscar peces. Hay muchos animales —tiburones y rayas, anguilas— que poseen un “sentido eléctrico”. Pero hasta ahora no se había hallado en un mamífero.

Lo que muchos mamíferos sí tienen son bigotes (técnicamente llamados vibrisas) que les sirven como detectores táctiles para guiar sus movimientos. Los delfines no tienen bigotes: en donde éstos irían poseen unos pequeños poros llamados “criptas vibrisales”, que se consideraban vestigios evolutivos sin función.

Pues bien: al investigador alemán Guido Dehnhardt lo intrigaron estas estructuras, y decidió investigarlas usando una cámara infrarroja. Descubrió que tenían una temperatura muy superior a la de la piel del delfín, lo que indicaba un rico flujo sanguíneo. Esto no tendría sentido evolutivo a menos que tuvieran alguna función útil

Más recientemente, la investigadora Nicole Czech-Damal, de la Universidad de Hamburgo, comprobó que en realidad las criptas vibrisales del delfín costero son electrorreceptores que detectan campos eléctricos.

¿Cómo lo comprobó? Entrenó a un delfín para meter su hocico en un aro, y retirarlo si detectaba un campo eléctrico. Si se lo cubría con una caparazón plástica, perdía su sentido eléctrico, pero si la cubierta tenía hoyos que permitieran la entrada de agua, lo recuperaba.

De esa forma, Czech-Damal mostró, nuevamente, que lo que a primera vista parece un “desecho” evolutivo puede ser en realidad un nuevo órgano producido por la selección natural para dotar a sus poseedores de ventajas adaptativas en la continua lucha por la supervivencia.