agosto 30, 2011

Acciones, acciones, acciones

Adrian Trejo (@adriantrejo)
atrejo@callemexico.com
Calle Mexico

Los 10 más importantes empresarios regios –y del país-, sostuvieron la tarde de ayer una reunión de trabajo con el presidente Felipe Calderón Hinojosa.

El tema obligado fue el clima de inseguridad que priva no sólo en Monterrey sino en todo el estado que tiene ya algunos municipios que bien podrían declararse “territorios autónomos”, pues ni las policías se acercan.

El asunto ya ha rebasado al gobierno estatal y por ello los empresarios más influyentes del país, entre ellos Lorenzo Zambrano, de Cemex, y Roberto Barrera, de Gruma, decidieron reunirse con Calderón para externarle su enorme preocupación por el tema de la inseguridad pública.

En la reunión también se comentó de la captura de cinco de los presuntos delincuentes que provocaron el incendio y la muerte de 53 personas; sin embargo, la exigencia de los hombres de negocio fue ir más allá de esta detención que si bien amortigua la crítica hacia el gobierno estatal, no resuelve el problema en tanto no se detenga a los autores intelectuales que son quienes organizan a las células que extorsionan a todos los negocios, independientemente del ramo o del tamaño.

Lo acuerdos no fueron hechos públicos. ¿Habría otroooo compromiso de que no volverá a ocurrir?

Por si las dudas, la Secretaría de la Función Pública, a petición de la Unidad de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, inició una auditoría integral a la Dirección General Adjunta de Juegos y Sorteos.

La petición, curiosamente, no fue provocada por el incendio del Casino Royale; esta fue solicitada el 9 de junio pasado y no va dirigida a ningún permisionario en particular sino a los empleados o servidores públicos, como quiera llamarle, que trabajan en la Dirección Adjunta de Juegos y Sorteos.

Es decir, los muchachos de Salvador Vega Casillas investigan si no hay por ahí de casualidad algún funcionario que le haya pegado al Bingo…sin jugar.

Nada más para precisar, la Cámara de Diputados pretende incrementar su presupuesto para el próximo año en 460 millones 501 mil 806 peses respecto del aprobado para el actual ejercicio.

Mediante un comunicado, el Comité de Administración informó que presentó el anteproyecto de Presupuesto de Egresos para el Ejercicio 2012, el cual contempla un incremento del 8.7 por ciento en términos reales con respecto al del ejercicio para el 2011, que fue de 5 mil 293 millones 124,208 pesos.

Y aunque el incremento solicitado es por lo menos el doble de la inflación esperada para el final del año –en ese indicador se basan los aumentos a los salarios-, los diputados decidieron verse “ahorradores”. Ajá.

Alejandra Barrales demostró el domingo el músculo físico –literal-, al correr el maratón de la Ciudad de México en 4 horas y 19 minutos y hoy pretende mostrar el músculo político en la carrera por la candidatura perredista a la jefatura de Gobierno.

A ver cómo le resulta el evento en el que rendirá su segundo informe de labores.

El problema y el dilema de Peña Nieto

Leo Zuckermann (@leozuckermann)
Juegos de Poder
Excélsior

Creo que Moreira no será el dirigente nacional del PRI a la hora de la verdad, cuando formalmente comience la campaña presidencial.

Enrique Peña Nieto tiene un problema: se llama Humberto y se apellida Moreira. Y es que el ex gobernador de Coahuila, hoy presidente nacional del PRI, gracias al apoyo de Peña, se ha convertido en la figura perfecta para atacar al tricolor con el mensaje de que el “nuevo PRI” es en realidad el “viejo PRI” que quiere regresar a Los Pinos.

En Estados Unidos dirían que Moreira es el poster boy perfecto para este mensaje. Como gobernador de Coahuila gastó muchísimo dinero y endeudó al estado de manera desproporcionada (multiplicó en más de cien veces la deuda pública de su entidad). Lo hizo con opacidad, mintiendo sobre los montos e incluso falsificando documentos. Además es conocido por su nepotismo extremo y se habla del presunto enriquecimiento inexplicable de funcionarios de su gobierno que no tenían un quinto y se hicieron multimillonarios de la noche a la mañana. Para terminar, el líder del PRI es uno de los políticos más cercanos a Elba Esther Gordillo, símbolo máximo del viejo corporativismo priista que sobrevive con vigor.

De esta forma, Moreira es la foto perfecta del póster de la oposición priista que diga: “No se hagan bolas, este es el verdadero PRI que quiere regresar a Los Pinos: el viejo PRI”. Literal y simbólicamente, Moreira se ha convertido en un pasivo para la candidatura presidencial del PRI. Suma poco y potencialmente puede restar mucho. Porque para que Peña pueda convertirse en Presidente deberá presentarse como una figura de un PRI nuevo, moderno, diferente al del autoritarismo, que ha aprendido a gobernar en democracia; que, desde luego, no quiere cometer los mismos abusos del pasado, como sí los cometió Moreira en Coahuila.

En este sentido, el presidente del PRI se ha convertido en un lastre para la próxima campaña presidencial de Peña. Lo más prudente, desde un punto de vista electoral, sería retirarlo de la dirigencia nacional del partido. Pero aquí viene el dilema para Peña.

Los barones priistas, que gobiernan sus feudos a su antojo, van a demandarle garantías a Peña: de que los protegerá, para que puedan seguir rigiendo a placer, si se convierte en soberano. El problema es que si Peña remueve a Moreira, tanto los ex gobernadores como los actuales, que tienen peso político en sus estados, pues desconfiarán de un “jefe” que, a la hora de la verdad, cuando viene el golpeteo de la oposición, los abandona para defender sus intereses personales. Tendrán la idea de que Peña está dispuesto a hacer todo con tal de ganar, incluso sacrificar a sus aliados; aliados que necesita para amarrar la candidatura presidencial del PRI y llegar a la Presidencia.

Si Moreira es relevado, Peña minimizaría uno de los ataques más dañinos que le harán durante su campaña, el de que “chango viejo no aprende maroma nueva”, pero correría el riesgo de alienar a todos los políticos priistas que están buscando que los proteja frente a los abusos de poder que han cometido en sus estados. En cambio, si Moreira se sostiene al frente del PRI, Peña dejaría abierto un flanco muy peligroso para que lo ataquen durante la campaña presidencial, pero mantendría tranquilos a los priistas que están dispuestos a ayudarlo a cambio de que luego los resguarde desde el poder presidencial.

Por lo pronto, todo indica que Peña ha decidido apoyar a Moreira. El domingo se refirió a él como “un dirigente que encabeza el priismo nacional con valor e inteligencia”. Es un respaldo frío, pero respaldo al fin y al cabo. Todo esto puede cambiar, desde luego, cuando Peña amarre la candidatura presidencial del PRI. Ahí ya tendrá el poder formal y la autonomía para tomar las decisiones más convenientes para ganar la Presidencia. Y Peña ya demostró en el Estado de México que no se tienta el corazón cuando se trata de ganar. Por eso creo que Moreira no será el dirigente nacional del PRI a la hora de la verdad, es decir, cuando formalmente comience la campaña presidencial.

No hay regreso

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

Son las cuatro de la tarde de un jueves. Tres autos se estacionan afuera del casino Royale, en pleno corazón de Monterrey. Una camioneta se da el lujo de retroceder varios metros en reversa, buscando un acomodo más adecuado en la entrada del local. De los autos bajan nueve sujetos. Llevan armas, pero no prisa. No corren; se les nota la parsimonia que otorga la impunidad. Con toda calma ingresan al enorme local. Algunos llevan tambos de combustible: planean un infierno. Dicen algunos testigos que los delincuentes les advirtieron lo que estaba a punto de ocurrir. Pero no les dieron tiempo de ponerse a salvo. En realidad no les importó si sobrevivían los clientes y los empleados, que no tenían culpa de nada. Iban a lo que iban. Podemos intuir que su “patrón” les había ordenado darle una “lección” al dueño del casino Royale. Dudo que hayan pensado por un momento en el pánico que causarían, en la muerte de medio centenar de personas que estaban a punto de provocar. Lo suyo es la maldad pura; algunos, delincuentes de carrera. La maldad a sangre fría. En el fondo, sin embargo, todo eso importa poco. Lo realmente fundamental es lo que el acto ilustra. Y lo que revela es trágico.

De todas las conclusiones que arroja el modus operandi de este comando incendiario me quedo con una que me parece particularmente aterradora. Alguna vez leí una entrevista con uno de los comandantes estadunidenses en Irak. Eran los días más complejos de la ocupación, cuando las explosiones de dispositivos improvisados cobraban decenas de vidas todos los días en las calles de varias ciudades iraquíes. En ese contexto, el general en cuestión explicaba que el síntoma claro de la alarmante gravedad de la coyuntura era el descaro de los terroristas. Cuando un delincuente siente que ya no necesita esconderse, decía el comandante, algo realmente anda mal. Eso es lo que ocurrió en Monterrey el jueves pasado. A los salvajes que incineraron el casino Royale y mataron a cinco decenas de personas no les importó la luz del día, ni el tráfico, ni las cámaras de seguridad, ni los testimonios de los sobrevivientes. No les importó nada. No necesitaron el cobijo de la oscuridad para desatar la barbarie. Y eso es terrible.

Si se confirma que el incendio del casino Royale se debió a un escarmiento salvaje por una extorsión no satisfecha, el episodio se convertirá en la suma de muchos de los temores del Estado mexicano. Desde hace años, el gobierno ha explicado que el principal riesgo que corre el país con la consolidación de las estructuras del crimen organizado es la sustitución misma del Estado. En otras palabras: envalentonado por la impunidad absoluta que reina en buena parte del país, el narcotráfico cobra sus propios “impuestos” y ofrece su propia “protección” a la ciudadanía. Es decir, en el vacío, pretende tomar el papel del Estado, robarle el monopolio del uso de la violencia. El casino Royale es la expresión más pura de ese Estado alternativo, mafioso y perverso.

La pregunta, claro, es si ese Estado paralelo es tolerable. Hay quien dice que lo deseable es encontrar un punto medio, un diálogo que implique una tregua con esos mismos actores que pretenden suplantar al Estado mexicano. Otros más prefieren cerrar los ojos e imaginar que todo esto comenzó hace apenas cuatro años, que estas estructuras de poder e impunidad se desarrollaron en ese abrir y cerrar de ojos que ha sido el sexenio incompleto de Felipe Calderón. Ambos —los que proponen pactar y los que pretenden reducir todo a un ejercicio anticalderonista— están en su derecho. Yo, sin embargo, no puedo compartir sus postulados. No concibo un Estado que permita su propia suplantación. Hay cosas simplemente intolerables, por más que las consecuencias sean dolorosas y trágicas. Y a esos, a los del casino Royale, hay que llevarlos ante la ley, a toda costa. Eso, o nos acostumbramos a esa parsimonia homicida, en plena tarde, en pleno tráfico, en las ciudades de nuestro México.