septiembre 05, 2011

Invitación a la audacia

Vicente Fox Quesada (@vicentefoxque)
Ex presidente de México
El Universal

En días pasados propuse algunas ideas para enfrentar la violencia, pensando siempre, y no en otra cosa, en las víctimas, sus familias y en la búsqueda de la paz, la armonía y la tranquilidad en nuestro país.

Me propongo profundizar esas sugerencias en una serie de artículos en este diario. Estoy consciente de que las iniciativas diferentes e innovadoras enfrentan resistencia. Siempre ha sido así. Decía Einstein “Viva la imprudencia, abraza la inconformidad. Rebélate con referencia al pensamiento único”.

El primer tema al que hice referencia fue la ayuda internacional. Afirmé, textualmente, que es conveniente “llamar a la integración de un grupo de expertos en el tema en el contexto internacional que aporte ideas y soluciones…”, como lo ha expresado Carlos Fuentes, quien sugiere que ese grupo aporte acciones y soluciones. También afirmé “que ese grupo internacional de expertos convoque a los grupos violentos a una tregua y a valorar la conveniencia de una ley de amnistía”. Jamás mencioné negociar o pactar. Esas son interpretaciones malintencionadas. La propuesta concreta que hice es que esos grupos frenen los actuales niveles de violencia, que alcanzan niveles nunca vistos.

El camino a la paz, armonía y tranquilidad debe sustentarse en valores, respeto a derechos humanos, cultura de la legalidad y debido proceso jurídico. Cualquier otro camino debilita la democracia, la convivencia social y será sólo un triunfo pasajero.

En situaciones límite hay que hallar respuestas acordes. Al estallar el conflicto en Chiapas de inmediato se hicieron valer conceptos de tregua y cese al fuego, por decisión del Ejecutivo y el Congreso que formó la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa). El tema se volvió así en un asunto del Estado mexicano y no sólo del gobierno.

Así, la suma de talentos logró alcanzar una tregua, que hizo posible poner alto a la guerra y avanzar en el proceso de paz y concordia. Sería de gran utilidad que los que participaron de esa decisión dieran a conocer cómo lograron, en aras de los intereses del país, lo que parecía imposible e incluso algunos veían ilegal.

En aquel momento nunca se propuso “negociar la ley” o “ceder el territorio” y, sin embargo, con imaginación y siempre el rechazo a la violencia, se halló la manera de preservar la paz y poner a salvo los intereses de la república siempre respetando la ley.

El diálogo permitió que un movimiento que surge a partir de la declaratoria de guerra se transformara, muy pronto, en fuerza social que hizo que todo el país y el mundo asumieran con enorme simpatía la causa de los indígenas excluidos de los beneficios del desarrollo. El Congreso, a iniciativa del Ejecutivo federal, expidió la Ley de Amnistía para que todos los que participaron en el levantamiento depusieran las armas. Se pasó de la protesta violenta que buscó derrocar al gobierno a los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena.

Soy absolutamente consciente de que son conflictos y situaciones muy diferentes, pero ante la gravedad de la actual situación vale la pena pensar de manera audaz, como se hizo con el conflicto zapatista. De él se pueden aprender muchas lecciones y metodologías que pueden ser válidas en un momento como el que ahora enfrenta el país.

Einstein dijo: “La tolerancia, una dulce virtud, es condición de una sociedad creativa”. ¿O qué? ¿No se da una amnistía de hecho cuando se negocia con un testigo protegido? ¿No se plantea una amnistía cuando se le ofrece a un delincuente dinero por delatar? ¿Cuántos gobiernos en el mundo no son tolerantes con la distribución y consumo de drogas, para evitar una guerra que no conduce a nada?

Don Óscar Arias, premio Nobel de la Paz, no fue al principio comprendido cuando se propuso convocar al proceso de paz para Centroamérica, al cual México se sumó entusiasta. Éste culminó con los Acuerdos de Esquipulas, que trajo paz y armonía a los ciudadanos, sus familias y comunidades.

Ejemplos como ése, con extraordinarios resultados, nos deben animar por lo menos a discutir de manera abierta, en diálogo nacional, cómo salir no sólo el gobierno sino toda la sociedad de la situación de violencia que ahora se vive en el país.

El presidente César Gaviria en Colombia redujo la confrontación violenta con los extraditables a través de la política de “sometimiento a la justicia”. En su momento el presidente López Michelsen y Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura, expresaron que la propuesta de no extradición era razonable y también que se respetaran las fortunas y se recibiría total amnistía judicial a cambio de que los delincuentes se retiraran del negocio e incluso presionaran sobre los grupos independientes.

El presidente Andrés Pastrana se introdujo en la selva colombiana para entrevistarse con el legendario Manuel Marulanda Tirofijo, considerado criminal guerrillero, para buscar un acuerdo humanitario que condujera al camino de la paz y el fin de la violencia. El riesgo valía la pena.

Los casos a los que hago referencia son diferentes y siguieron caminos distintos. En unos hubo éxito y en otros no. Todos, en la búsqueda del bien común y la paz social, consideraron opciones audaces e innovadoras, que se apartaban de lo convencional.

Nuevamente quiero citar a Einstein: “Respetemos las mentes libres, los espíritus libres, los individuos libres”. Démonos la oportunidad de reflexionar, de proponer sin miedo al disenso y sin obediencia al pensamiento único. Por eso y para eso:

Pensemos en todas las víctimas; en los inocentes caídos y también en los soldados, policías y autoridades municipales. Pensemos en las decenas de miles de jóvenes muertos; en sus familias. Pensemos en aquellos que hoy se han sumado a los grupos criminales. ¿Acaso nacieron criminales, acaso llevan la criminalidad en sus genes o sólo carecieron de las oportunidades que buscaron y se vieron obligados a desviar el camino?

Pensemos en los hogares violentados sin orden de cateo; en las personas arraigadas y encarceladas injustamente. Pensemos en la esperanza perdida y el miedo acumulado. Pensemos en nuestro México, su gente, su imagen, su economía y su futuro.

México merece lo mejor de nosotros, de nuestras ideas innovadoras, de nuestra audacia y el sentido del riesgo. México, ahora más que nunca, nos necesita a todas y todos. Nadie debe quedar fuera.




Mentes brillantes, pero desperdiciadas

Andrés Oppenheimer @oppenheimera
El Informe Oppenheimer
Reforma

Andrew Almazán, el joven mexicano de 16 años que acaba de recibir su diploma en psicología y que planea terminar la carrera de medicina a los 18 años, me dijo algo en una entrevista días atrás que yo no sabía: millones de adolescentes excepcionalmente talentosos de Latinoamérica están siendo expulsados de las escuelas públicas por falta de programas para estudiantes superdotados.

En una entrevista desde Ciudad de México, Almazán me dijo que cuando estaba en la escuela primaria se aburría en el aula, y tuvo problemas con los maestros por cuestionar lo que éstos decían en clase.

Sus maestros lo consideraban un chico problemático, y le diagnosticaron el síndrome de déficit de atención, pese al hecho de que tenía un coeficiente intelectual de 163, más alto que el de Albert Einstein. En general, la Organización Mundial de la Salud y la mayoría de los psicólogos consideran que cualquiera que tenga un coeficiente mayor de 130 puntos es superdotado.

"A veces me mandaban a la dirección, porque decían que me insubordinaba a la autoridad de los maestros", me dijo Almazán.

Cuando Almazán tenía 9 años, su padre -un médico cirujano- lo sacó del sistema escolar, y le proporcionó educación en su casa. El joven terminó la escuela secundaria a los 12 años, y empezó a estudiar psicología y medicina simultáneamente a esa edad.

Ahora está completando sus estudios de medicina, y paralelamente está realizando una investigación científica para una cura de la diabetes. Este mes tiene planeado presentar su trabajo de investigación en el Congreso Nacional de Ciencias Fisiológicas de México.

Citando las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, Almazán me dijo que alrededor de un 2.3 por ciento de la población de todos los países es superdotado, lo que significa que tan sólo en México hay unos 800 mil niños con algún tipo de sobrecapacidad intelectual.

"Pero aquí, en México, se pierde alrededor del 95 por ciento de ellos, porque no se los identifica a tiempo", me dijo Almazán. "Estamos perdiendo esa capacidad intelectual, por una tendencia a la nivelación (hacia abajo) al promedio".

Aparentemente, eso no ocurre tan sólo en México, sino en la mayoría de los países latinoamericanos.

En Argentina, donde otro joven excepcionalmente inteligente -Kouichi Cruz, de 14 años, que está cursando tres títulos universitarios en la Universidad de Córdoba- ocupó los titulares hace pocas semanas, las escuelas públicas no ofrecen ningún trato especial a los estudiantes superdotados, según me dijo la directora de una fundación privada para los jóvenes superdotados.

"Al contrario, los expulsan psicológicamente, los golpean", me dijo María del Carmen Maggio, presidenta de la Fundación Para la Evolución del Talento y la Creatividad de Argentina. "Tenemos el caso de un chico de 8 años que fue abofeteado por su maestra, tan fuerte que lo tiro al suelo".

Los maestros no quieren tener que estudiar más para atender a los estudiantes dotados, y las autoridades no quieren aparecer dedicándoles más tiempo y atención a los de mayor talento, agregó.

Al igual que la fundación de Maggio, que tiene alrededor de 30 estudiantes, hay varias instituciones privadas que dan atención especial a los superdotados en varios países de Latinoamérica, tales como las Escuelas Fontán en Colombia, y otras patrocinadas por la Fundación Edúcate en Ecuador, pero pocos sistemas escolares de la región tienen regulaciones especiales para la atención de los estudiantes superdotados, según dicen los expertos.

Eugenio Severin, un experto en educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Washington, D.C., dice que contrariamente a lo que ocurre en Estados Unidos, Europa y varios países de Asia, donde las escuelas públicas proporcionan clases especiales para los estudiantes superdotados, "en los sistemas educativos latinoamericanos no hay experiencias sistemáticas de apoyo diferencial a los estudiantes talentosos".

Mi opinión: Mientras China, India y otros países en rápido crecimiento han creado una meritocracia educativa, que recompensa a las mentes más brillantes, casi todos los países latinoamericanos tienen programas especiales para los niños con desventajas, pero no para los superdotados. En su elogiable afán por expandir la educación a los menos privilegiados y a los discapacitados, muchos países han caído en el extremo opuesto: desalientan los cuadros de honor o cualquier otro medio de identificar y darle atención especial a sus mentes más brillantes.

Al final de mi entrevista con Andrew Almazán, no pude evitar pensar qué hubiera sido de éste joven si su padre no hubiera sido un médico con los conocimientos y medios económicos para poder ofrecerle una educación en su casa. Probablemente Andrew hubiera sido uno de los tantos talentos excepcionales a los que se les diagnostica el síndrome de déficit de atención, son expulsados de sus escuelas, y se convierten en uno más de los millones de talentos desperdiciados de la región.

Más allá del quesogate

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior


En toda esta historia hay demasiada suciedad y si se quiere recuperar la confianza, la verdad debe salir a flote.


Para mis muy queridos amigos Federico y Jesús Reyes Heroles, con un abrazo sincero y solidario.

En Nuevo León se está librando una batalla por la seguridad, mas también una lucha eminentemente política de una clase dirigente que muestra, que exhibe, evidentes huellas de corrupción. En el mensaje presidencial del pasado viernes lo más notable no fue la creación de la procuraduría social para las víctimas, siendo sin duda un capítulo importante: lo destacado fue el énfasis que puso el presidente Calderón en el tema Monterrey, su insistencia en la corrupción que sufren la ciudad y el estado y lo terminante que fue en su compromiso para acabar con las mafias, pero también con la corrupción cuando se dé en cualquiera de los niveles de gobierno.

El problema endémico en Monterrey y en buena parte del estado de Nuevo León es la corrupción. Por corrupción se dejó vivir a las familias de los principales cárteles en el pasado; por corrupción se dejó entrar a Los Zetas a operar en la ciudad; por corrupción, buena parte de las corporaciones policiales locales terminaron trabajando para los criminales; por corrupción, la ciudad está invadida de casinos y giros negros. La Monterrey de don Eugenio Garza Sada y de tantos hombres y mujeres de bien, que construyeron su capital y el bienestar de la región con su trabajo y esfuerzo, ha terminado ensombrecida por políticos de todo nivel y pillos de primera, segunda y tercera categoría, que terminaron aliándose con grupos criminales de todo tipo, amparados precisamente en la prosperidad de la ciudad y lucrando con ella.

El caso de Jonás Larrazabal, y de su hermano Fernando, el primero, si nos atenemos al dicho de su abogado, el más próspero (e inédito) vendedor de queso oaxaqueño de la República, y el segundo, alcalde Monterrey, es paradigmático de esta historia, pero por supuesto no es la única de corrupción que se ha construido en estos años. Aunque, como ocurrió con Bejarano y López Obrador cuando se difundieron los videos de Carlos Ahumada, es la única que está tan documentada. La diferencia con aquellos videoescándalos debería ser que ahora sí se hiciera justicia. Habrá que ver si así sucede.

La entrada de la nueva generación de casinos a Monterrey se dio de la mano con Los Zetas. Primero, autoridades priistas en el municipio; luego, la gestión del impresentable panista Adalberto Madero (que literalmente tomó por asalto al panismo) y, de la mano con ese movimiento, la llegada de Fernando Larrazabal, fueron procesos simultáneos a la apertura que dio la administración de Fox a las casas de juego, a los compromisos políticos derivados de éstas y, según lo que estamos viendo por las declaraciones recurrentes del ex Presidente, de su estilo de negociar con los grupos criminales. Simplemente, sobre todo desde la administración de Adalberto Madero, que en su momento tuvo todo el apoyo de la administración de Fox para llegar a alcalde de Monterrey (e incluso buscar la gubernatura), el narcotráfico, el juego ilegal, pero también todo tipo de otros negocios sucios, en forma notable el robo de automóviles, los secuestros y la extorsión, se asentaron en Monterrey y en toda su zona conurbada.

Aunque de la inseguridad, de las extorsiones de los grupos criminales, también, por lo que vemos, se terminaron aprovechando las autoridades. Mientras Larrazabal daba la lucha contra algunos casinos, otros eran cobijados; mientras algunos eran clausurados por la autoridad municipal, su hermano los chantajeaba para que pudieran volver a abrir; mientras que en algunos casos se denunciaba a los jueces que otorgaban amparos para que pudieran volver a trabajar, aunque estuvieran en situación irregular, en otras se llegaba a acuerdos monetarios para que sucediera lo mismo. Lo más grave: casualmente, los videos donde se ve a Jonás Larrazabal recibiendo dinero o reunido en las oficinas del alcalde con alguno de sus funcionarios más cercanos y con dueños de casinos, son inmediatamente posteriores a ataques armados contra esas casas de apuestas.

En toda esta historia hay demasiada suciedad y, si se quiere recuperar la confianza de la gente (indispensable para recuperar a su vez la seguridad en Monterrey y en Nuevo León), la verdad debe salir a flote: se deben pagar costos políticos y comenzar a limpiar de verdad, en las policías, aunque también en las instituciones, una ciudad y un estado que no merecen vivir esta situación.

El operativo federal que comenzó después de la tragedia del Casino Royale es la oportunidad para hacerlo. Se requiere voluntad y decisión política: el presidente Calderón, el viernes, dijo tenerlas.

Con un agregado: recuperar Monterrey, más allá de lo hecho en Tijuana o Juárez, pero ser una carta decisiva para evaluar la lucha anticrimen de la administración de Calderón.

Simulación trae corrupción

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

La moralina anti-casino está desatada. No parece que un casino haya sido objeto de un criminal incendio provocado, como pudo ser una iglesia, sino que los casinos son lugares que suelen incendiarse de forma espontánea. Como las fábricas de cohetes para festejar la Independencia que no ocurrió el 15 ni el 16. ¿Las maquinas tragamonedas son explosivas? ¿Las ruletas lanzan flamazos? Porque de otra manera no se entiende la súbita decisión del alcalde de Monterrey en el sentido de que no permitirá abrir ni un casino más. ¿Y por qué no?

Prohibición absoluta de casinos, propone Francisco Labastida ya desorbitado, porque generan adicción, dice. Cierto: como el café, el chocolate, el tabaco, la Internet y FaceBook, además de la tele. Y sin duda el sexo: todo genera adicción. ¿Y?

Con los casinos ocurre igual que con el control de cambios: nos quedamos en que el presidente López Portillo decretó el racionamiento de dólares entre lágrimas. Tan incumplible medida en un país con 3 mil 500 km de frontera con el dólar comenzó a hacer agua al instante. Nunca se levantó el racionamiento de dólares y ya no existe. De igual forma, los casinos estuvieron prohibidos y un día hubo muchos. Qué bueno. ¿Por qué nuestras autoridades nos cuidan de nosotros mismos y son tan ineptas contra la delincuencia?

Los resultados serán previsibles: prohibir casinos trae casinos ilegales, ni siquiera clandestinos, sino llenos de luces, como en Las Vegas, pero deben pagar sobornos a las autoridades, como es el caso de Jonás Larrazabal, hermano del alcalde de Monterrey, a quien las cámaras de seguridad (remember Bejarano) muestran en el acto de recibir dinero en los casinos. “Es porque vende queso de Oaxaca y algunos de sus clientes le pagan allí”, afirmó su representante legal a MILENIO TV… Y no le ganó la risa.

Insisto: Los adultos tenemos derecho absoluto sobre nuestros cuerpos, incluido el de matarlo. La despenalización de la droga debe ser total por este motivo, no sólo porque penalizarla es inútil y hasta contraproducente, sino porque no damos derecho al gobierno para decidir por nosotros. Le corresponde poner límites: puedo fumar tabaco, pero no en áreas cerradas donde obligo a los demás a inhalar humo. De igual forma, hay algo que no podemos olvidar: debido a las circunstancias presentes, la prohibición y las balaceras entre bandas por el dominio de un mercado, el carrujo de mota trae sangre. Yo, consumidor, soy el último eslabón, el motivo de la cadena de crímenes. Asumida esa responsabilidad, compre usted lo que quiera.

Un lector me dice que sería como hacer responsables de la esclavitud en las minas de oro a los novios que intercambian anillos en su matrimonio. Respondo que sí, así es. Un ejemplo más sencillo: el marfil. Quien compra una figurita de marfil debe saber que se está llevando los elefantes a la extinción con el único propósito de cortar sus colmillos. Se puede responder: no comprar esta belleza no revivirá al elefante de cuyo marfil se labró. Es verdad. Pero si nadie compra esos objetos, la tienda deja de hacer pedidos, los artesanos dejan de comprar colmillos y los cazadores clandestinos, con bodega llena, esperan a vender su stock antes de salir de cacería. No comprar termina la matanza.

Lo mismo ocurre con los abrigos de piel de leopardo y otras especies en peligro: quien los compra participa en la extinción. Los bolsos y zapatos de piel de cocodrilo se fabrican ahora con animales de criadero. No me gustan, pero no le veo objeción. Como no se la veo al pollo de granja ni al rack de cordero. No soy vegetariano porque la Naturaleza o un Dios creador de infinita maldad nos hizo de tal forma que nos debamos comer los unos a los otros. Nos gustaría ver que la gacela escapa del león, pero no querríamos ver morir de hambre a los cachorritos de león que se quedan sin alimento. El vegetariano debe saber que las plantas perciben la luz y se giran en su busca. A los nopales no les gusta servir de alimento, por eso tienen espinas.

En fin, es tarea del gobierno certificar la seguridad de todo lugar público y la calidad de cuanto se vende. No hacer de papá. Por lo mismo, los casinos y las drogas deben ser reglamentados, no ilegales. La prohibición de casinos no los terminará, sólo va a dejarlos en manos de políticos que cobran cuota por no aplicar la ley. Y su inseguridad será completa porque los inspectores no pueden aplicar reglamentos a lo que no debe existir.

De cómo una belleza busca arruinar su vida y casi lo logra: Olga (Planeta, 2010).