septiembre 09, 2011

Intereses y vanidades contra Pemex, por Repsol

Pablo Hiriart (@phiriart)
phl@razon.com.mx
La Razón

El argumento de Felipe González, el diario El País y “consejeros independientes” acerca de que Repsol pierde españolidad si crece la participación de Pemex, es cuento.

En todo caso expresa el nerviosismo del presidente de Repsol, Antonio Brufau y sus amigos que se benefician de su cargo.

Pemex sólo sube de 4.8 a 9.8 su participación en Repsol y logra mayoría al establecer una alianza con la constructora Sacyr, que tiene el 20 por ciento de las acciones. Esa es una empresa española, no finlandesa ni noruega. ¿Cuál pérdida de españolidad?

Los “consejeros independientes”, salvo uno, brasileño, no tienen más ligas con la industria petrolera que su participación en Repsol. Están ahí por su lucrativa cercanía con Brufau.

Uno de esos consejeros de Repsol es el notario de Brufau en Barcelona. Otro, su amigo de la infancia y negociante de sopas instantáneas. El otro fue compañero de Brufau en el corporativo de La Caixa.

Felipe González, el otro que ha puesto el grito en el cielo por la “pérdida de españolidad de Repsol”, es consejero de Gas Natural, de la que Repsol es dueña en un 30 por ciento, y fue puesto ahí por Brufau, y donde gana carretadas de dinero por el puesto que ocupa.

La legalidad de la operación está fuera de toda duda, como lo expresó el Ministro de Industria, a quien El País regañó en su editorial del jueves 1 de este mes.

Entonces, ¿qué defienden?

Por lo visto, defienden privilegios, cotos de poder y de dinero.

¿Por qué Pemex se alió con Sacyr, una constructora sin relación con la industria del petróleo?

Parece obvio: porque tiene el 20 por ciento de Repsol y junto a ella hace mayoría.

Y Sacyr buscó a Pemex como el aliado petrolero que necesitaba dentro de la compañía. Es decir, ganar-ganar.

Se nos quiere presentar a Sacyr como una constructora equis, y no es así.

Si bien su presidente, Luis del Rivero, es un hombre polémico, Sacyr es la empresa que está construyendo el nuevo Canal de Panamá.

También construye el puente colgante más grande del mundo, que unirá a Sicilia con el resto de Italia.

Y Pemex entra a esa alianza con Sacyr para tener mayor peso en las decisiones de Repsol y hacer sinergias con la petrolera española.

En los planes de Repsol, México no existe. Ahora tendrán que escuchar y debatirse propuestas que impliquen ganancias para ambas partes.

Mientras los mexicanos se limitaban a cobrar su cheque y no opinaban por falta de peso accionario, todo perfecto.

Pero si van a tener un asiento en el Consejo de la empresa, duro contra ellos.

¿Por qué? Porque su alianza táctica con Sacyr le puede alterar el modus vivendi a un grupo de poder político y económico en España.

Y nada se defiende tanto como un privilegio. Entre cierto tipo de personas, claro está.

Ahora bien, ¿conviene o no conviene a Pemex aumentar su participación en Repsol?

La respuesta es sí. De los 10 mil millones de dólares que Pemex tiene en caja y no puede utilizar en inversión en México, hará una inversión en acciones de Repsol por apenas el cinco por ciento de ese monto que tiene inmovilizado.

En el banco le daría uno o dos por ciento. En Repsol, el seis.

Pero no está ahí la ventaja principal, sino en la posibilidad de sinergias de Pemex con Repsol.

Hasta ahora ni nos miran, pero con voz cantante en el Consejo de la empresa, Repsol puede invertir en México dentro de lo que le permite la ley. Contratos incentivados, petroquímica o comprar refinerías en Estados Unidos, como ya tiene Pemex en Texas con muy buenos resultados.

La operación le conviene a Pemex, y le conviene a Repsol.

Aquí, sin embargo, algunos consejeros de Pemex han manifestado su malestar porque no se les consultó para negociar la operación de alianza con Sacyr.

No era obligación hacerlo en este caso.

Y si se hubiese publicitado antes de concretarse, obviamente el proyecto de alianza con Sacyr se habría caído.

Tampoco era una decisión estratégica en sentido estricto. Pemex tiene casi 30 años en Repsol. No acaba de entrar, sólo aumenta cinco por ciento su participación.

Cuando se decidan proyectos específicos con Repsol, ahí sí la Dirección de Pemex deberá consultar la opinión de los consejeros profesionales.

En síntesis, la operación de Pemex en España fue audaz, benéfica, y levantó ámpula en un mundillo de intereses creados allá y lastimó vanidades acá.

A ver si no son estas últimas, las de acá, las que terminen por bloquear un proyecto cuyo beneficio objetivo nadie ha cuestionado en México.

Todos santos

Macario Schettino (@macariomx)
schettino@eluniversal.com.mx
Profesor del ITESM-CCM
El Universal

El presidente Felipe Calderón, quien ha ido cambiando su razonamiento acerca del tema de la seguridad en los últimos meses, lleva un par de semanas criticando fuerte al Poder Judicial. No de manera generalizada, pero insiste en que hay jueces que actúan de manera irregular, y su rigidez provoca que la “verdad jurídica” no se parezca a la “verdad real”.

Este argumento del Presidente, absurdo si recordamos que es un abogado, cobra sentido cuando consideramos que su principal ocupación ha sido ser político. Es una frase con mucho sentido común, pero con mucho riesgo institucional. En un Estado de derecho, la única verdad es la jurídica.

Pero no debemos detenernos demasiado en esta crítica, aunque sea válida. Lo que en el fondo es importante es que el depositario del Poder Ejecutivo considera que ciertos elementos del Poder Judicial no están cumpliendo adecuadamente con su trabajo. La primera vez que lo dijo, el Consejo de la Judicatura salió a defender a su juez, caso excepcional. La última vez que lo dijo, alrededor de su quinto informe, el Consejo ya respondió de forma acre. No aceptan que se critique a los jueces, porque eso mina la estabilidad del país. Si habláramos de futbol, el Presidente ya habría sido castigado con seis partidos.

Pero no es de un juego de lo que hablamos, sino, efectivamente, de la estabilidad del país, y no puede el Poder Judicial colocarse por encima de los demás y asumirse garante de nada. Si los jueces en México fuesen todos personas de altísima calidad moral, no estaríamos en donde estamos. Si fueran todos santos, no tendríamos sueltos a los demonios.

Por décadas, como todo lo demás en este país, fueron subordinados del poder presidencial, y hoy lo son, en muchos casos, de los múltiples poderes que tenemos después del fin del viejo régimen. En cada estado del país el Tribunal Superior es un coto familiar, que en algunos casos se acerca a un siglo de control, por sólo poner un ejemplo. La respuesta del Consejo de la Judicatura es la que podría uno esperar de un “poder fáctico” como les llaman a esas viejas corporaciones que ahora se encuentran independizadas del Presidente.

Mientras que en ese viejo régimen los jueces, como todos los demás, seguían instrucciones, hoy las pueden dar. Más aún, las pueden colocar en el mercado. A veces ellos, a veces sus secretarios de actas, o tal vez los coyotes de siempre. Pero veo difícil que nos pueda convencer la Judicatura de que la justicia en México no tiene precio. Sería verdaderamente sorprendente que en un tramado institucional profundamente corrupto, todos los jueces fuesen impolutos. Creo que sería imposible.

Regreso a un tema recurrente: estamos arrastrando viejas reglas y eso nos impide funcionar. Lo único que se logró reformar del Poder Judicial, poco antes de que el régimen se hundiera, fue precisamente la creación del Consejo y la nueva forma de la Suprema Corte. Pero el primero parece haberse convertido en defensor del coto privado de los jueces, más que en un instrumento renovador y la segunda es hoy plataforma mediática del garantismo jurídico. Mientras la Corte gana las pantallas el Consejo se refugia en la opacidad. Al final, no hemos ganado mucho.

Es indudable que buena parte de las dificultades que tiene el Ejecutivo con el Judicial son culpa del primero, así como es indefendible el argumento presidencial con que iniciamos. La Procuraduría es una vieja institución insalvable, y el MP es inútil como existe ahora. Pero las fallas de uno no implican necesariamente virtudes del otro. No sé si alguien pueda determinar qué es peor, si el que procura o el que imparte algo que no parece justicia. Y ambos tienen siempre la excusa de las leyes mal hechas, insuficientes, ilegibles, inaplicables.

Pero la división de poderes no era para ver cuál resultaba más incapaz y más opaco, sino para evitar que uno solo abusara de todos los demás, como ocurría en el viejo régimen. Hoy tenemos malas leyes, malos jueces y mala procuración de justicia porque no se hicieron para ser utilizadas. Hoy que las necesitamos, no sirven las instituciones.

Por eso, el proceso para hacer de México un país en el que valga la pena vivir no es nada sencillo ni será rápido. Se trata de construir ese conjunto de instituciones que hoy no tenemos. Y para ello no nos sirve ni el enojo presidencial, ni la opacidad judicial, ni el estrellato de los ministros o la grilla de los legisladores. No es por ahí.

Calderón y la legalización

Francisco Martín Moreno
Escritor
fmartinmoreno@yahoo.com
conferenciasmartinmoreno@yahoo.com
Excélsior

En la actualidad el precio de la cocaína en México es infinitamente inferior al que se cotiza en Estados Unidos.

Al Presidente de la República, Felipe Calderón, le asiste toda la razón cuando convoca a una auscultación orientada a recabar la opinión nacional en torno a la legalización, por lo pronto, de algunos narcóticos. La mariguana, a título de ejemplo, ya es legal en materia de consumo en algunos estados de la Unión Americana, siempre y cuando no se le dé un uso comercial. Apenas hace un par de años 47% de los californianos votó a favor de la legalización de este estupefaciente que ya se produce en más de 60% del territorio de Estados Unidos. Es más, se ha llegado al extremo de enviar la yerba sin consecuencias legales a través de los servicios de mensajería como DHL, entre otros más. De acuerdo a lo anterior, si la mariguana es uno de los estupefacientes a los que más recurren los consumidores en un porcentaje que supera 75%, entonces el problema se abatiría sensiblemente si concluyera la persecución de los sujetos que hoy se dedican a la producción y a la comercialización de este producto que de ninguna manera alcanza los niveles de toxicidad de otros enervantes. Si un kilo de mariguana de la mejor calidad costara 100 pesos en México, a título de ejemplo, y del otro lado de la frontera su precio fuera de 10 dólares aproximadamente, habríamos atacado exitosamente este conflicto que hoy se traduce en matanzas, ejecuciones, derramamiento de sangre y desestabilización política en todo el país.

En la actualidad el precio de la cocaína en México es infinitamente inferior al que se cotiza en los Estados Unidos. De todo lo que se trata, que no es poca cosa, es de cruzar la frontera con este tóxico para ponerlo en manos de los distribuidores norteamericanos que lo enajenan a cien veces su valor y además en dólares. Los recursos que hoy se emplean para perseguir a los traficantes de mariguana se tendrían que dedicar a la construcción de hospitales o de centros de atención para los adictos a este estupefaciente en lugar de contratar más policía corrupta que les hace el caldo gordo a los maleantes. Otro rubro que requiere especial atención es el de la enseñanza escolar, si no se pierde de vista que los niños de nuestros días, gracias a las campañas de antitabaco, le retiran a sus padres el cigarrillo de los labios para que no fumen, en el entendido de que, como es sabido, el tabaco mata. Si los estudiantes de primaria fueran ilustrados desde un principio mostrándoles el daño que ocasiona a su salud el consumo de narcóticos de la misma manera que hoy se hace con el tabaco, estaríamos vacunando a las nuevas generaciones para que en el futuro se abstuvieran de consumir enervantes.

Baste decir que en 1934, cuando el presidente Franklin Delano Roosevelt decidió acabar con la prohibición de importar y consumir alcohol, una buena parte de la sociedad norteamericana, de la prensa y del Congreso de EU, atacaron al jefe de la Casa Blanca con el argumento de que en la autorización de importar abiertamente whisky y otros licores, y que éstos se pudieran enajenar hasta en las farmacias, llegado el caso, haría de ellos un país de borrachos, una nación de dipsómanos, en la inteligencia de que cualquier persona podría comprar una botella de alcohol y bebérsela a su gusto sin consecuencia alguna. Los pitonisos, como siempre, se equivocaron: Roosevelt acabó con la prohibición y EU no se convirtió, de ninguna manera, en un país de briagos. En sus razonamientos Roosevelt precisó que la persecución de maleantes sólo había logrado que éstos adquirieran cada vez más poder económico y poder de fuego, al extremo de que un reducido grupo de traficantes de alcohol estaba poniendo en jaque a todo el Estado en una guerra que jamás ganarían porque al acabar con un delincuente como Capone saldría otro, tal vez con el nombre de Nitti o con el de Dillinguer o el de Corleone. Los gigantescos recursos empleados en la persecución de contrabandistas de whisky, la contratación de más policías, en la construcción de más cuarteles y el adiestramiento de las fuerzas del orden, se emplearon entonces en establecer centros hospitalarios en donde los consumidores de alcohol atrapados por el vicio pudieran ser rehabilitados y reincorporados a sus empleos para construir una mejor sociedad como con la que soñaba Roosevelt.

La legalización en México de enervantes constituye un objetivo inaplazable, por lo que debemos saludar con optimismo la moción del presidente Calderón, en la inteligencia de que estamos frente a una guerra que los mexicanos tampoco ganaremos jamás. En Estados Unidos se trató de preservar la salud de la población por medio de la prohibición. ¿Resultado? La gente empezó a recurrir a las drogas y a otras sustancias tóxicas gracias a las complicaciones para hacerse de ellas. Resultó peor el remedio que la enfermedad. Se intentó reducir y abatir a los grupos de gánsteres. ¿Resultado? Las bandas crecieron hasta aterrorizar a la ciudadanía. ¿Se quiso reducir el gasto público? ¿Resultado? El gasto público por la persecución se disparó hasta el infinito. ¿Resultado? Roosevelt legalizó el consumo de alcohol y volvió la paz a Estados Unidos... ¿Qué hacer? Legalizar la mariguana. Al abatir los precios se acabará el mercado y ya no contrataremos más policías ni construiremos más cárceles... Invirtamos en escuelas, no en cuarteles. ¡Legalicemos!

Poder Judicial, ¿como el Legislativo?

Joaquín López-Dóriga (@lopezdoriga1)
lopezdoriga@milenio.com
En privado
Milenio

El corazón no miente, pero engaña.
Florestán


El Poder Judicial, en el priato, siempre fue un apéndice, brazo ejecutor del Presidente de la República que designaba ministros y al presidente de la Corte como empleados suyos, al igual que diputados, senadores, gobernadores y su sucesor.

Agradecidos, eran fieles intérpretes de las decisiones del jefe del Ejecutivo en turno, sin el menor pudor. Todo era un valor entendido: los ponían y obedecían.

A partir de la transición democrática y el fin del partido hegemónico y de las facultades metaconstitucionales del Presidente de la República, los poderes se independizaron, sus deseos dejaron de ser órdenes y asumieron su rol autónomo.

Sin embargo, hay algunos impartidores de justicia que han encontrado en esa independencia el espacio para la trapacería, cómo se desnudó en el tema de protección a los casinos. Hay uno que otorgó a una casa de juego un amparo contra 862 autoridades ante cualquier afectación presente o futura.

Los hay que se han coludido con desarrolladores urbanos, sobre todo en el Distrito Federal, para violar la ley y los hay que han puesto en libertad a personajes como Jorge Hank Rhon y Néstor Moreno, lo que ha terminado de alterar la relación con el presidente Felipe Calderón, al punto que, a través del Consejo de la Judicatura, le mandaron el mensaje de que cuestionar el trabajo de los jueces sin fundamento, por consigna y sin pruebas, atenta contra la estabilidad nacional.

Esta expresión retrata cómo han calado en ese poder las críticas presidenciales, que los llevó a hacer esta declaración que ellos mismos calificaron de inusual.

A esto les respondió Calderón diciendo que no pretende confrontarse con ningún poder y que es la opacidad, la corrupción y la impunidad, lo que atenta contra la estabilidad del país.

Esta discusión la tienen perdida lo jueces, pues quien más, quien menos, tiene un agravio fundado contra ellos.

Que se vean en el espejo de los legisladores, que por actitudes como esas están, con los partidos políticos, en el último escalón del reconocimiento social.

¿Eso quieren?

Retales

1. CORDERO. Después de entregar anoche el paquete fiscal al Congreso, hoy deja la Secretaría de Hacienda Ernesto Cordero para ir por la candidatura presidencial del PAN. El nuevo secretario será José Antonio Meade, a quien en Energía lo sucederá Jordy Herrera;

2. ¿JUEGOS? Apareció una punta de corrupción en la dirección de Juegos y Sorteos de Gobernación. La PGR investiga a Roberto Correa Méndez, quien en su último día de gestión aprobó 41 permisos al mismo concesionario;

3. SILLAS. Santiago Creel reta a Josefina Vázquez Mota a tres debates, eliminando a Ernesto Cordero, no del debate, si no de la percepción de que es precandidato presidencial. Y ella, claro, aceptó de mil horrores.

Nos vemos el martes, pero en privado.

Nueva York, ciudad de los cielos, responde al 11-S con otro rascacielos





AFP
Milenio

La torre principal, One World Trade Center, construida ya en tres cuartas partes, alcanzará mil 776 pies (541 metros), para convertirse en el edificio más alto de Estados Unidos.

Nueva York • Nueva York es una ciudad que mira siempre al cielo y por ello, tras años de trauma por los ataques con aviones secuestrados que destruyeron las Torres Gemelas, se prepara a responder al desafío levantando un rascacielos aún más alto.

De todos modos, empezar a curar la herida ha llevado una década, miles de millones de dólares y lamentables disputas entre los responsables neoyorquinos.

Pocas personas decían que las Torres Gemelas eran bellas, pero tenían algo épico y junto con el Empire State Building formaban parte del alma de Manhattan.

Símbolo del poder financiero estadunidense, y con gente del mundo entero en su interior, el World Trade Center nunca fue sólo un espacio de oficinas.

Rick Bell, director de la filial neoyorquina del Instituto estadunidense de Arquitectura, recuerda la sensación de asombro en el bar Windows of the World, situado en el piso más alto de una de las torres.

"Veías al mundo entero a tus pies y no sólo los edificios y las luces de los edificios, sino el puerto y el océano", dijo Bell a la AFP.

"¿Si era mirar hacia abajo como si las personas fuesen bichitos? No, para nada. Era como mirar hacia los cielos desde un punto panorámico más allá de todo", agregó.

Perder esas dos torres en cuestión de minutos el 11 de septiembre de 2001 no sólo costó la vida de unas 2 mil 750 personas, sino que también afectó la confianza en sí de la ciudad, que tiene a los rascacielos registrados en su ADN.

Y ese golpe, sumado al desafío arquitectónico y urbanístico, significó que la reconstrucción del World Trade Center, o incluso la decisión de reemplazarlo, nunca fuese fácil.

Durante años hubo disputas entre arquitectos e inversionistas inmobiliarios. Los políticos se mezclaron en esas disputas o carecieron de liderazgo. Entre tanto, Ground Zero, como se apodó al lugar tras los atentados, seguía siendo un agujero triste y desolador.

"Se perdió una enorme cantidad de tiempo tratando de determinar cómo proceder", admite Larry Silverstein, un promotor inmobiliario que había adquirido el contrato de arrendamiento de las Torres Gemelas semanas antes de los ataques y que luchó con dureza contra las compañías de seguros tras los hechos.

Lo que surgió de todas esas discusiones y debates fue un plan para construir un World Trade Center completamente nuevo.

La torre principal, One World Trade Center, construida ya en tres cuartas partes, alcanzará mil 776 pies (541 metros), para convertirse en el edificio más alto de Estados Unidos. Su altura en pies corresponde al año de la independencia estadunidense.

La segunda torre será un poco más pequeña y las torres tres y cuatro aún un poco más.

Entre ellos habrá una nueva estación de trenes, un espacio subterráneo de comercios minoristas, un museo del 11 de septiembre y el memorial consistente en dos inmensas fuentes cuadradas situadas en el lugar donde se alzaban las Torres Gemelas.
Pero no todo el mundo está contento con el proyecto final.

A pesar de el que edificio principal será más alto que las Torres Gemelas, los críticos ven su superficie angulosa y espejada como algo insípida, sin el impacto de sus poco delicadas pero imponentes antecesoras.

Para Paul Goldberger, que escribe sobre arquitectura en la prestigiosa revista The New Yorker, la torre principal "es un edificio banal que parece diseñado más por consultores en seguridad que por su arquitecto, David Childs."

Otros critican los plazos de tiempo de construcción y los costos.

Es que si bien el memorial estará listo para el décimo aniversario de los atentados el domingo próximo, el One World Trade Center recién quedará concluido el año próximo y el resto del lugar en 2016, con un costo total estimado en 11 mil millones de dólares, la mayor parte subsidiada por el gobierno.

Para ser honestos, Estados Unidos quizás nunca tuvo un proyecto arquitectónico más difícil de encarar.

Muchos estadunidenses consideran a Ground Zero como un terreno sagrado y esa sensibilidad, transformada a veces en crudo patriotismo y politiquería, ha vuelto cada cuestión, grande o pequeña, en una discusión interminable.

El memorial es probablemente la única pieza del rompecabezas que obtiene aprobación unánime.

Simples y deslumbrantes, las dos grandes fuentes y sus paredes desde donde fluye el agua sin cesar, se convertirán con seguridad en uno de los monumentos más queridos de los estadunidenses.

¡Dios mío, hazme más conservador!

Fran Ruiz
fran@cronica.com.mx
La aldea global
La Crónica de Hoy

La pelea de los aspirantes republicanos a la candidatura presidencial promete excitantes noches de luchas, como la vivida hace dos noches en la Biblioteca Ronald Reagan de Simi Valley (California), reconvertida en un auténtico templo del conservadurismo más rancio.

En el “ring” ocho candidatos, entre ellos Newt Gingrich, quien un día fuera “bestia negra” del presidente Bill Clinton desde su cargo de líder del Congreso; un tal John Huntsman, ex gobernador de Utah y ex embajador de Obama en China, cuyo discurso es, de hecho, más demócrata que el de muchos demócratas que se sientan en el Congreso; o el senador Ron Paul, obsesionado hasta el paroxismo con los inmigrantes, a los que perseguiría e interrogaría para ver si logra expulsarlos de inmediato.

Pero olvídense desde ya de estos políticos, caídos al suelo nada más comenzar la larguísima carrera hacia la Casa Blanca, y céntrense en estos tres otros contendientes, sobre los que corren todas las apuestas. A saber: el ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, quien lo intenta por segunda vez consecutiva, tras su breve carrera en las primarias de 2008, ganadas por John McCain; la “reina” del Tea Party (con permiso de Sarah Palin), la congresista Michelle Bachmann; y, sobre todo, el gobernador de Texas, Rick Perry, quien hasta ahora había sido noticia, primero, por su afición a ordenar ejecuciones de reos, y hace un mes y medio, por su chocante imagen de telepredicador, rezando con miles de personas para que Dios se apiade de Estados Unidos y libre a su “tierra prometida” de la recesión.

Esta insólita imagen, que escandalizó a la prensa progresista y fue objeto de todo tipo de burlas y críticas, con este burdo intento de imitar a los ayatolás de Irán.

Pues bien, pónganse a temblar: cuando el moderador del debate presentó al público a Perry lo hizo festejado que era el gobernador de Texas que más gente ha ejecutado (ya va por los 232 presos muertos); y lo peor: el público estalló en aplausos y vítores. No queda ahí la cosa. La imagen del “góber piadoso” rezando, como si con ello se fuera a solucionar el problema de la crisis económica, como si diera a entender que con el actual presidente Dios ha abandonado a su suerte a Estados Unidos, lo catapultó a la cima de las preferencias en electorales entre los votantes republicanos.

Después de tanto tiempo observando de cerca la política estadunidense, aún me asombra la capacidad de muchos de ellos de someterse a ese sector más inmovilista de la sociedad estadunidense, ese que rechaza aún la teoría evolutiva y cree que somos hijos de Adán y Eva (que, por su puesto son blancos); ese que niega que esté ocurriendo un cambio climático (y mucho menos causado por el hombre, y muchos menos causado por el país más contaminante del plante: Estados Unidos); ese que cree que ser musulmán es igual a ser terrorista; ese que sospecha de alguien moreno de piel y con aspecto hispano es sospechoso de haber cruzado ilegalmente la frontera (aunque si les interesa lo usa para trabajar el campo, en la construcción, de cocinero o de señora de la limpieza); ese que disfruta comprando todo tipo de armas, pese a que al menos una vez por semana hay un tiroteo de civiles.

Todavía hace cuatro años en las primarias el discurso de los aspirantes republicanos era moderado, al menos más moderado que la gestión del presidente Bush. Entonces no existía el Tea Party ni su discurso radical, copiado de organizaciones de extrema derecha casi clandestinas.

Ahora, lo que vimos hace dos noches en el ruedo fueron ocho aspirantes peleándose por demostrar quién era el más conservador de todos, el más radical. Ganó el “góber piadoso”, el que pidió militarizar la frontera con México. ¡Que Dios nos coja confesados!