septiembre 13, 2011

Larranzabal

Javier Corral Jurado (@Javier_Corral)
Diputado Federal del PAN
El Universal

El alcalde de Monterrey, Fernando Larrazabal, ha respondido finalmente al exhorto que el CEN del PAN le hiciera el lunes pasado para que presentara una licencia temporal a su cargo. Ha contestado que, aunque está enamorado del partido, no le hará caso en esta ocasión. Su amor no es ciego.

Su decisión la ha dado a conocer este sábado tras poner en operación una campaña de autopromoción personal en una serie de actos de apoyo a su gestión, entre ellos varias consultas privadas para, presumiblemente, tomar el pulso de la población. “No puedo tomar una decisión que permita que el chantaje triunfe. Soy el alcalde de Monterrey por mandato de mis ciudadanos, por eso digo que continuaré al frente del cargo”, dijo.

Larrazabal fue incapaz de responder a un llamado tan simple y tan trascendente para la salvaguarda de su imagen y la del partido al que pertenece, separarse ¡30 días de su cargo!; incapaz de comprender la oportunidad que representaba —en medio del ruido, el oportunismo político y la confusión— despejar el camino de cualquier investigación sin el fuero constitucional de munícipe, para privilegiar la transparencia e independencia de las indagatorias. En cambio se enroló en una defensa de la democracia, en una inusitada reivindicación sobre su legitimidad y legalidad que ni Acción Nacional ni nadie ha puesto en entredicho. No era una litis jurídica sobre su origen, ni tampoco si mantenía el apoyo popular que lo llevó a la alcaldía, era un gesto de carácter ético el que se le pedía, una posición de moral política, un acto de solidaridad con su partido, para contrastarlo con toda claridad y contundencia no sólo con relación al cínico desempeño del gobernador Rodrigo Medina, sino frente al escándalo de la corrupción que ha envuelto ni mas ni menos que al socio principal de Enrique Peña Nieto: el dirigente nacional del PRI Humberto Moreira, al que se le había sumado por esos días del incendio al Casino Royale su directa responsabilidad en la falsificación de documentos para contratar la multimillonaria e irresponsable deuda del estado de Coahuila.

No sólo ser distintos al PRI, sino distinguibles en esa diferencia, era uno de los motivos de la petición. Ese es el reto fundamental por el que el PAN puede y debe reconstruir el vínculo de confianza perdida entre un buen número de ciudadanos que antes lo apoyaban. Cuando vieron cómo se aflojaban los resortes éticos y se flexibilizaba el rigor contra evidentes conductas ilegales o corruptas, se apartaron de nuestras filas.

Este fue el espíritu con el que actuamos en el CEN del PAN para solicitar esa licencia. Nadie dijo que Fernando Larrazabal era culpable de algo ilegal o irregular en estricto sentido; no se prejuzgó su responsabilidad. Analizamos, sí, un conjunto de elementos puestos en la opinión pública que merecen una explicación mayor a la de envolverse en la bandera de la democracia y el municipio libre, elementos que siembran una duda razonable frente a argumentos y formas tan inverosímiles como el comercio de quesos y la sui generis manera de cobrarlos en una mesa de black jack.

Como todos los elementos que vinculan a su hermano Jonás y a Miguel Ángel García, secretario de Desarrollo Humano municipal, nacen de tres videos que nadie sabe tampoco de dónde salieron y con qué propósito, la licencia era también el mejor instrumento para que esa investigación no estuviera atrapada en la sospecha de una negociación entre niveles de gobierno, e incluso que si alguien tenía en efecto una acusación que hacerle al alcalde se la imputara formalmente y éste exigiera al Ministerio Público deslindar responsabilidades inmediatamente, para poner fin a la especulación mediática, en la que obviamente tampoco podemos descartar el propósito de golpeteo político. Creo sinceramente que Larrazabal ha dejado pasar una oportunidad, y no una trampa como parece calificar a la solicitud que le hicimos en el CEN.

El partido actuó correctamente e hizo su parte, me enorgullezco de esa discusión esperanzadora que duró poco más de cuatro horas y de la decisión que se produjo; dije en Twitter que no me arrepiento ni un milímetro al haber votado por la licencia. Y más allá de Larrazabal y sus medios mirajes, el antecedente es fundamental: deben saber todos nuestros alcaldes, desde el más importante que ahora tenemos —en Monterrey— hasta el más modesto de ellos, que el partido hará los deslindes necesarios cuando su actuación se aleje de nuestras normas, valores y principios.

Nuestra hija

Federico Reyes Heroles
Reforma

La noche es lluviosa. La visibilidad muy mala. El pesado coche circula por una carretera angosta. Conduce una mujer. De pronto la enorme masa metálica se tambalea, ella con dificultades detiene el automóvil. Desciende. Un neumático está pinchado. Bajo la lluvia abre la cajuela y con grandes trabajos comienza la maniobra para cambiar el neumático. Todo está contra ella. En esas está cuando se falsea un tobillo. Se recarga en la parte trasera del auto. La escena queda a la vista de otro automovilista que también combate a la lluvia pertinaz. Se detiene y se aproxima a la mujer, observa el tobillo inflamado, la insegura posición del automóvil, ve unas luces parpadeantes a no mucha distancia. Algo comenta a la mujer que va vestida con cierta elegancia. La carga entre los brazos y se encaminan hacia las luces.

Entran a un pequeño recibidor donde hay dos hombres. Uno atiende el negocio y el otro observa aburrido, tiene una cámara entre las piernas. La mujer, adolorida, ha reposado su cabeza empapada en el hombro del hombre que la carga. El pide una habitación, comprendemos que es un hotel de carretera, ¿de paso?, para ellos de emergencia. El de la cámara mira el rostro del hombre que auxilia a la mujer. Toma su cámara, saca una placa y sale corriendo. En la próxima escena vemos al fotógrafo prendido de un teléfono, jefe, qué cree, me encontré a Don X con un chamacota en un hotel de paso. Tengo la fotografía de ambos. Mándala al periódico de inmediato, es una gran nota. Felicidades. Ahora les hablo para que la publiquen en primera plana.

A la mañana siguiente, frotándose las manos, el directivo del periódico desdobla el ejemplar, la sonrisa muta en perplejidad. Allí está la foto del que ahora sabemos es un prominente empresario con la guapa mujer entre los brazos registrándose en el hotel de paso. Hay un problema, ella es la hija del directivo, una mujer casada, de total probidad al igual que él. Sobra decir que la nota les destruye la vida a ambos a partir de una imagen equívoca. Se llama En carne propia, ya la he citado, según Google el director es Juan J. Ortega y los intérpretes son Joaquín Cordero, Tere Velázquez, Freddy Fernández y Miguel Manzano. La añada es de 1959.

Muchas cosas han cambiado de entonces para acá, pero la esencia de la discusión sigue siendo la misma. Las mujeres y los hombres públicos se convierten en referentes. La hirviente e incontenible curiosidad no separa, quiere saber todo. La exposición de lo privado puede convertirse en negocio. Algo de perversión merodea en ambos lados: en el medio que lo difunde y en la sociedad que lo demanda. No es un asunto de sociedades pobres. En Inglaterra los llamados tabloides son auténticos pasquines con chismes sobre la vida privada de políticos, personas del espectáculo y, por qué no, sobre la monarquía. La demanda por este tipo de materiales es brutal al grado de que, con frecuencia, son mucho mejor negocio que una publicación seria. El acoso convierte a la vida privada de los personajes en un infierno, ahí está la tortuosa vida de Lady Di, quien murió indirectamente como víctima de ese acoso.

¿Hasta dónde es posible frenar esa curiosidad morbosa por la vida privada de los personajes? ¿Hasta dónde se trata de una franca violación de la privacidad? ¿Hasta dónde conocer el comportamiento entre las sábanas de una figura pública añade algo a su capacidad profesional, a su desempeño profesional? ¿Hasta dónde se inventan historias para fomentar los negocios, historias que pueden ser verídicas o falsas, como En carne propia? Pero de 1959 para acá también ha habido muchos cambios, sobre todo tecnológicos. Hoy en cuestión de días, horas, minutos, apoyados en las llamadas redes sociales, se pueden organizar revueltas justicieras o acribillar biografías en 140 caracteres. La velocidad ha desplazado todo: matices, precisiones, etcétera. La primicia por la nota ha caído en el vértigo de las redes. El instrumento se puede convertir en amo que deja de serlo para, quizá sin darse cuenta, ser esclavo.

Pero en el camino hay víctimas, personas con biografías, con emociones que terminan en el paredón del morbo. Reputaciones destrozadas, familias quebradas, inocentes que nunca entenderán cómo el morbo convertido en negocio puede penetrar la esfera básica de la intimidad. Incluso los potenciales delincuentes como Strauss Kahn, deben tener derecho a la privacidad. Ese es el gran valor que está en juego y todos debemos respetarlo. Violentar la privacidad es una exigencia social enfermiza, una deformación del deber de informar que debe estar bajo un permanente escrutinio.

Mucho me temo que en los últimos años en todos los frentes hemos perdido autoridad moral en los terrenos de la defensa de la privacidad. Los dueños de las llamadas "revistas del corazón" y quienes magnifican las notas, los patrocinadores de los reality shows, todos. No comprendemos que podría ser nuestra hija.

¿Cómo decidir candidaturas?

Ricardo Pascoe Pierce
Especialista en análisis político
ricardopascoe@hotmail.com
Excélsior

La capital es donde el Presidente y el PAN reciben sus negativos más altos del país.

Prácticamente todas las encuestas sobre las opciones electorales en el Distrito Federal colocan al Partido Acción Nacional en el tercero o, incluso, el cuarto lugar en la escala de preferencias de los votantes. La ubicación del PAN en ese rango electoral tiene muchas y variadas explicaciones, todas ellas de alguna manera interconectadas. Para tomar las decisiones que se requieren con el fin de salir de ese lugar y volver a colocarse en una posición competitiva, es necesario diagnosticar las razones de ese frágil posicionamiento. A continuación se apuntan cuatro razones que definen el porqué del bajo porcentaje electoral del PAN en este momento.

El resabio del conflicto poselectoral de 2006 sigue presente en la mente de algunos capitalinos, con un saldo negativo para el presidente Calderón y, por ende, del PAN. La capital es donde el Presidente y el partido reciben sus negativos más altos de todo el país, incluso a pesar de que la mayoría de sus habitantes se encuentran incorporados a los programas federales Oportunidades y Seguro Popular.

Debido a la “cuarentena” que ha hecho el crimen organizado del Distrito Federal como estrategia deliberada, la capital es el espacio urbano que más se opone al combate al narcotráfico con la utilización del Ejército y que, además, reclama su regreso a los cuarteles. La oposición capitalina a la estrategia del gobierno federal es contundente, entre otras cosas, por la decisión inteligente de los cárteles de vacunar a la ciudad de su violencia abierta, pues la encubierta sí existe.

El “efecto Peña Nieto” se ha resentido en el DF de manera notoria, especialmente después de las recientes elecciones en el Estado de México. La Zona Metropolitana es un pañuelo y se construyó sobre vasos comunicantes entre municipios y delegaciones, socialmente hablando. Sin contar con una estructura sólida, el PRI se coloca, de repente, en la vanguardia de las preferencias electorales. Es un posicionamiento precario, pero realmente existente.

Después del PRD, el PAN es el único partido que goza de una estructura partidista sólida en cada una de las 16 delegaciones. Siempre ha ganado algunas delegaciones y distritos electorales. Sin embargo, y a pesar de contar con numerosos integrantes reconocidos en los medios de comunicación, no goza de una caballada fuerte de líderes capitalinos. Este hecho implica que debe depositar un gran esfuerzo en la promoción consciente de los pocos líderes que tiene, habida cuenta los fuertes negativos que padece en la ciudad.

En el caso de las precandidaturas a jefe de Gobierno del Distrito Federal, por parte del PAN se han apuntado muchos interesados, varios de ellos sin duda improbables. En vez de iniciar una contienda entre dos o tres candidaturas probables, arranca una carrera que, por tantas opciones improbables, tiende más bien a confundir las opiniones, tanto en la base partidista como entre la ciudadanía en general. Pudiera ser útil que se decretara una línea invisible de arranque para legitimar una precandidatura en este caso: por ejemplo, que se gozara de 10% de simpatías del electorado panista y/o general para poder, legítimamente, aspirar a una postulación. Esto aseguraría la credibilidad de las ofertas, además de su viabilidad a la hora de la contienda constitucional. Cualquier propuesta fuera de este marco se consideraría improbable y, por tanto, inviable.

La seriedad de los partidos políticos a la hora de presentar sus candidaturas es pieza clave para asegurar su competitividad cuando los ciudadanos acudan a las urnas. Y esa seriedad debe verse reflejada en la conjunción de candidatos con experiencia y liderazgo, además de conocimiento público.

Para recuperar su posición de alta competitividad en la Ciudad de México, es preciso establecer reglas que, además de las ya existentes, coadyuven a disipar la confusión reinante y que promuevan el fortalecimiento y la imagen de los liderazgos reconocidos. Ahí se podrá constatar la solidez y la confiabilidad de la estructura partidista que, con mucho esfuerzo, se ha venido construyendo desde hace años y que cuenta con un padrón importante de militantes entusiastas y entregados a la causa de Acción Nacional.

Cordero superhombre

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Que Cordero no es carismático, dicen. Que es medio torpe, aseveran. Que no sabe hablar en público, ratifican. Que le falta personalidad, rematan…

Pues sí, a lo mejor adolece de estas carencias visibles y de muchas otras ocultas. Es un tecnócrata de cepa pura y, muy seguramente, un tipo que en la escuela se la pasaba estudiando para sacar buenas notas en vez de enfocar sus esfuerzos a ganar popularidad. Pero creo, con perdón, que lo mejor que le pudiera pasar a México, precisamente, es no necesitar a un líder carismático, de “personalidad avasalladora” e irresistible “magnetismo”, atractivo, fascinante, gallito y bien sobrado sino, por el contrario, un individuo gris y hacendoso que pueda hacer bien su trabajo y sanseacabó.

De ser el caso, el hombre cumpliría de sobra con los requisitos exigidos. Pero, desafortunadamente, así no son las cosas en este país ni tampoco en una enorme mayoría de naciones donde —a estas alturas del partido todavía— un aspirante debe encarnar virtudes prácticamente sobrehumanas para convencer a los votantes.

La figura del héroe ejerce una fascinación innegable sobre la gente de a pie. Son ellos, los ídolos, quienes realizan aquellas tareas cuyo simple acometimiento nunca nos atreveríamos siquiera a imaginar; son ellos, los superhombres, quienes toman la delantera y nos resuelven así, a nosotros, el dilema de implicarnos en acciones que nos acobardan o que, simplemente, no nos convienen; son ellos, los campeones, quienes llevan sobre sus hombros el peso de la esperanza colectiva y la promesa del futuro.

Esos personajes, por cierto, prácticamente no existen en el mundo real o, en todo caso, viven en la oscuridad de un anonimato tan absoluto como injusto; esos personajes, más bien, son los protagonistas de las películas que miramos y de las novelas que leemos. Ahí, y no en la política, es donde debiera estar su ámbito de acción y nada más. Pero no; a los candidatos los queremos de gladiadores y, encima, guapos. A seguir buscando, pues…